Colección: Los 4 Fantásticos
Autor: Vazquez
Número: #1
Título: Una noche en Chicago
Descripción de la portada: Sentados en taburetes en la barra de un bar, se ven las espaldas de La Cosa y el Hombre de Arena, con la cara de indiferencia del camarero.
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Noche del viernes. Los 4 Fantásticos estaban en Chicago desde hace dos días. Reed Richards fue invitado a una convención científica para hablar sobre la Zona Negativa y su utilidad en la Tierra, y toda la familia aprovechó para tomarse unas buenas vacaciones, y cada uno aprovechaba en ese momento para hacer lo que más le apetecía.
Reed Richards, Mr. Fantástico, estaba encerrado en el laboratorio del Centro Científico de Chicago, durmiendo tras una dura tarde de investigación. Hacía semanas que no disfrutaba de un sueño nocturno, y tras explorar de nuevo la Zona Negativa en busca de algún peligro, el descanso es merecido
Susan Richards, la Mujer Invisible, sentada en el sofá del hotel, no prestaba atención a la televisión, pensando en que hace mucho que no disfruta de una cena romántica junto a su marido. Pero se tranquilió sabiendo que Reed estaría haciendo algo útil para la humanidad, como acostumbra.
Johnny Storm, la Antorcha Humana, estaba al teléfono, preparando una cita. Pero esta vez, tras confundir por tercera vez el nombre de su pareja, sabe que esta noche tendrá que buscar otra acompañante. Tampoco es un problema, pues tiene una agenda llena de ligues.
Ben Grimm, la Cosa, no se preocupaba por nada que puediera pasar. Disfrutaba de este momento de tranquilidad, sentado junto a Sue en el sofá, riendo a carcajadas mientras ve la televisión.
Y los pequeños Franklin y Valeria Richards, dormían plácidamente en sus camas, aunque quizás no sea por mucho tiempo...
-¿Qué tal estoy, hermanita?- Johnny Storm salió al salón, donde Sue y Ben estaban viendo un programa de humor. El joven héroe llevaba una camiseta negra, con un dibujo de una llama roja en el centro. Se miraba en un espejo sin mirar a su hermana, que llevaba puesto el traje de los 4 Fantásticos- No sé ni por qué te pregunto. Esta noche, ¡Johnny está que arde! ¿Lo pillas? ¡Las calles de Chicago van a estar en llamas! Jaja, ¡hoy estoy que me salgo!
-Deberías descansar un poco, Johnny. Desde que vinimos a Chicago, has estado todas las noches fuera de casa.- Susan mostraba preocupación ante la vida social de su hermano pequeño. Recordaba que a su edad, ella era una chica mucho más tímida, aunque si por algo había sobresalido Johnny Storm, no era por su timidez.
-¡Él ha salido todas las malditas noches y yo me he quedado tirado en el sofá viendo telebasura! Pues esta noche pienso salir yo también, y nadie me lo va a impedir.-Ben se levantó del sofá de golpe.- Ahora mismo voy a cambiarme de ropa, y luego me iré de copas.
-Bueno, pues será mejor que vayas saliendo ya, no quiero toparme contigo en el ascensor. Además, yo voy a ir a una discoteca que han abierto hace poco, pero me parece que tiene un cartelito que dice: “No se permite el paso a trozos de piedra”.-Johnny solía meterse con Ben, y en ese momento miró a su hermana, sabiendo lo que iba a decir.
-¡Johnny! Ben te va a acompañar a cualquier sitio que vayas esta noche, ¿de acuerdo? Y no se os ocurra gritar, he acostado a Franklin y a Valeria, no quiero que se despierten.
-Gracias, Suzie, pero tampoco quiero ir con el cerilla. Seguro que me espanta a todas las chicas.
-¿O quizás tengas miedo de estar sentado en la barra sin hacer nada mientras yo ligo con todas?- Johnny se rió, y lanzó una pequeña llama al trasero de Ben, quemándole los pantalones.
-¡Maldito mocoso! A ver si maduras de una vez, ¡estos pantalones eran nuevos! Te los voy a meter por el...- Ben se abalanzó sobre Johnny, y este lo esquivó, transformándose en la Antorcha Humana y volando por la habitación.
Tras una típica discusión que acabó con Ben persiguiendo a Johnny por la casa y con Franklin y Valeria despiertos y viendo la tele, la Cosa y la Antorcha Humana salieron a la calle.
-Bueno, canijo, espero que te den muchas calabazas esta noche. Yo me voy a beber cerveza, adiós.- Ben se alejó en dirección contraria a su compañero, y a los pocos segundos, éste se convirtió en fuego y salió volando.
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Ben tenía claro dónde ir. Siempre que había viajado a Chicago, había ido al mismo sitio. Era un bar oscuro, con una larga barra, donde solían estar sentados un par de borrachos que sólo querían conversación. El camarero era un tipo silencioso, con poca paciencia y poco respeto a sus clientes. Había algo que atraía a la Cosa a ese recinto, y al entrar, pidió una cerveza y se sentó junto a un tipo bebido con una camiseta verde a rayas. Ben reconoció al borracho:
-¡Arenita! ¿Qué haces tú aquí?
-¡Qué pasa, Grimm! ¿Qué... qué te trae por aquí?- A William Marko le costaba articular palabra, pues había bebido demasiadas cervezas.
-Este sitio tiene su encanto, ¿no crees? Una clientela normal, un camarero que no te da conversación, y a veces ponen partidos en la tele. Pero dime, Marko. He oído que has vuelto a las andadas, cometiendo pequeños robos. ¿No dejaste eso?- Ben se sentó junto a su compañero, y recordó como hace unos años estaba en una situación parecida, los dos en la barra de un bar, lamentándose de la vida.
-Oh, no me lo recuerdes... La verdad, no sé que hacer.... Hace poco tuve un lío con la Visión, de los Vengadores*. No sé por qué no me detuvo, pero nunca me han caído bien los robots. Me ahorré la típica pelea en la que acabo haciendo el ridículo, así que se lo agradezco. Me animó a volver a ser un héroe, y estuve a punto de... Digamos que pensé en unirme a otro grupo, pero en el último momento abandoné. Estaba pensando que la vida como héroe estaba bien, pero después de que el Mago me lavara el cerebro... No estoy seguro de haber nacido para luchar por la justicia.- El Hombre de Arena dió un trago a su cerveza, y miró a la Cosa.
-¡Maldita sea, Marko! No eres un ladrón, ni un asesino. En todos tus intentos de ser un “súper villano”, has fracasado por completo.
-Muchas gracias, Grimm, tú sí que sabes cómo reforzar mi ego. Por si no lo pillas, estaba siendo irónico... ¿Crees que soy un mal villano? Me habéis vencido siempre porque yo quería ser vencido, cara rocosa. Si quisiera, podría acabar contigo y con tus fantásticos compañeros, ¿sabes? Podría darle tal patada en el culo a Spiderman que saldría volando, y al Capi, hacerle desear no haber salido de ese trozo de hielo.
El Hombre de Arena se levantó de su asiento, pero al estar demasiado borracho, cayó al suelo.
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Mientras tanto, en la discoteca “La Llama”, un joven superhéroe estaba de fiesta, bailando con una atractiva chica. Tras una noche cambiando de pareja continuamente, Johnny estaba sediento, y se acercó a la barra a pedir algo de beber, cuando escuchó una conversación:
-Es lo mejor de la ciudad, tronco. Los héroes han intentado limpiarla de aquí, pero aún conservo bastante. ¿Te apetece probar?- El hombre estaba de espaldas a Johnny, pero por su voz, vio que era un drogadicto, que posiblemente iba colocado en ese momento. No sería difícil atraparlo.
-Dame todo lo que tengas, voy a compartirlo. Es HCM de la buena, ¿no? Sabes las consecuencias si me timas.- El otro tipo parecía más mayor. Iba vestido de traje, y tenía una pequeña cicatriz en la mejilla derecha. Junto a él había otro hombre, más alto. También iba vestido de traje, y Johnny recordó que era el gorila de la discoteca. Estaban traficando con droga, y aunque Storm no sabía que era la droga HCM, no se preocupó por eso.
-Si, si, tronco, mucha confianza y tal. ¿Quieres o no?
-Trae. ¿Con este dinero te vale?- El gorila le entregó un paquete, y el camello lo agarró. Johnny estaba preparado para pararlos, pero su pareja de baile le agarró del brazo. En ese momento de despiste, la Antorcha Humana perdió de vista al camello y al comprador.
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De vuelta en el bar donde estaba la Cosa, el Hombre de Arena se había despertado de la caída. Había pasado bastante rato, y ya no había nadie allí, salvo ellos y el camarero. Ben sujetaba una jarra de cerveza, y dio un trago antes de darse cuenta que el Hombre de Arena había despertado.
-¿Dónde estoy? Ah, Grimm, eres tú, es fácil reconocer tu careto.- Marko se levantó, atontado por la borrachera.
-Tampoco se puede decir que tú estés demasiado guapo. Antes de desmayarte, me estabas contando lo fuerte que puedes pegarme, ¿sabes?- Ben sonreía mientras hablaba con él. Le ayudó a sentarse, y dejó la cerveza en la barra.
-Es muy fácil reirse de mi situación, claro. Pero estoy pasando un mal momento, no sé quién soy ni qué se espera de mí. No quiero volver a ser un héroe, todos me verían como “el villano reformado, que nos puede traicionar en cualquier momento”. Ser un héroe es demasiado complicado. Todo el mundo pendiente de tí para ver como la cagas. Demasiada tensión.
-Si decidieras ser villano, tendría que pegarte, y he bebido demasiado como para moverme mucho.
Ben bromeaba, pero comprendía su situación. Hace mucho, él también se había sentido así. Temía que le vieran como “el monstruo que quiere ser un héroe”. Con el tiempo, y con ayuda de su familia, logró aceptarse como lo que es.
-¡Eso es! ¡Necesitas una familia, Marko!
-Creo que has bebido demasiado, amigo. ¿Quieres que empiece a tener hijos? ¿Ser un hombre de negocios, quizá?- El Hombre de Arena se empezó a reir, imaginando la situación. Pero Ben no bromeaba esta vez.
-No me refiero a eso, Marko. Un grupo de gente, que te acepte tal y como eres, que esté dispuesta a perdonar todo lo que hayas hecho. No me gusta hablar de esto, pero yo siempre me he visto como un maldito monstruo. Al principio, creí que debía comportarme como tal. Además de mi mal genio, me había vuelto más salvaje. Pero, por suerte, tenía una familia que me apoyaba, a la que no le importaba mi aspecto. Que me hacía sentir como Ben Grimm, y no como la Cosa.
-¿Sabes, Grimm? Quizás tengas razón. Lo pensaré. Pero ahora estoy cansado, y no sé cuanta cerveza más cabe en mi cuerpo. Ha sido una bonita velada, y me has abierto los ojos. Pero pagas tú.- Marko se transformó en arena, y salió arrastrándose del bar, dejando sólo a la Cosa.
Ben observó el gran número de vasos que llenaba la barra. El camarero le miraba sonriendo. La Cosa, enfurruñado, se sacó la cartera de los vaqueros, y estaba vacía. Muchas familias que vivían cerca del bar, fueron despertadas tras oír un grito. Algo así como “Maldito Storm”.
Johnny Storm había perdido al camello, y volvió con su chica a bailar, aunque no podía dejar de pensar en ello. ¿Qué era el HCM?
¿Alguna nueva droga de diseño? Tal vez no fuera muy peligrosa, pero si algunos héroes se habían esforzado por eliminarla, algo tenía que tener.
Entonces, vio una cara conocida al otro lado de la sala. En un largo sofá rojo de terciopelo, estaban tumbados varios chicos, entre ellos el que había comprado la droga. Junto a él estaban un par de chicas tumbadas, y detrás, de pie, dos tipos de negro, más mayores y robustos. Uno de ellos era el gorila. La Antorcha se alejó de la pista de baile, y se acercó al sofá. En ese momento, el hombre de la cicatriz esnifó unos polvos blancos. Johnny no llegó a tiempo, y así el joven se metió esa sustancia al cuerpo.
-¡Dejad eso y salid de aquí ahora mismo! ¡Deja la droga ahí!- Johnny Storm señalaba al chico, el cual le miraba con indiferencia.
-¿No sabes quién soy? Soy el dueño de este local, así que déjame en paz o haré que te echen y te den una paliza. Ahora, fuera.
-¡NO!- Johnny encendió el brazo, sin saber qué hacer. No podía quemar al chico. Al ver el brazo de Johnny ardiendo, los dos guardaespaldas sacaron dos pistolas, y empezaron a disparar.
-¡Llamas a mí!- La Antorcha Humana se encendió, derritiendo las balas antes de que le alcanzaran. Aún así, era demasiado tarde. El chico y sus amigos habían probado el HCM, y era demasiado tarde. La Hormona de Crecimiento Mutante otorgaba poderes a sus consumidores, y Daredevil había intentado limpiarla de las calles.
-Vaya, vaya... Si es la famosa Antorcha Humana, de los 4 Patéticos... ¿Estás solito? Pues debes saber que en este momento no eres el único con poderes especiales...- Sus ojos le brillaban con un intenso color verde, y tenía marcas en la cara. Antes era bastante delgado, pero ahora era mucho más fuerte. Mientras hablaba, varios chicos se levantaron del sillón. Mostraban el mismo aspecto.
Arremetieron contra el héroe, derribándolo. Entre tanto, los dos guardaespaldas, viendo el efecto que había tenido con los otros, también esnifaron, transformándose también en dos fuertes bestias de ojos verdes. Johnny no podía luchar con todas sus fuerzas. Tenía miedo de hacer verdadero daño a sus atacantes, que eran presas del efecto secundario de la droga. Tampoco podía moverse como quisiera, pues la discoteca estaba llena de gente, y todos les rodeaban, observando la pelea y haciendo fotos.
Los mutados estaban dando una paliza a Johnny, que sólo podía defenderse. De cinco o seis que le pegaban, al final sólo quedaron tres. Eran muy fuertes, y de mayor número. Johnny no tardó en caer inconsciente.
Cuando despertó, vio que estaba atado a una silla. Instintivamente, pensó en encenderse y salir volando, pero una voz llamó su atención:
-Yo que tú no haría un solo movimiento. Mi guardaespaldas, Michael, te está apuntando con una pistola. En cuanto te enciendas, disparará, no lo dudes. Permíteme presentarme, quiero que sepas quien te ha vencido. Soy Ron Phist. Has hecho mal metiéndote en mi vida. ¿Por qué estabas hoy aquí? ¿Me estabas espiando? ¿Buscabas Hormona de Crecimiento Mutante? Si contestas a estas preguntas, no morirás.
Johnny sentía la pistola apoyada en su nuca. Al fin había descubierto que era la droga HCM, y entendió todo. Sabía que podía escapar fácilmente de su encierro, pero prefería sacarle más información a Ron.
-¿Quién te vendió la droga? Si me dices el nombre, saldrás ileso de aquí.-Johnny estaba tranquilo, y recibió un puñetazo de Ron. Por lo visto, los efectos de la HCM seguían, pues tenía una fuerza muy por encima de sus capacidades.
-¡Aquí soy yo el que hace las preguntas, imbécil! ¡Yo estoy en posición de amenazarte!
Otro puñetazo, y la silla en la que estaba Johnny perdió el equilibrio, provocando su caída. Sus raptores rieron. De repente, llamaron al móvil de Ron.
-Me tengo que ir, fueguito. Vuelvo en un momento.- Ron atravesó la habitación, y subió unas escaleras. Johnny seguía tirado en el suelo, y desde allí, recorrió toda la habitación con la vista.
Parecía un almacén. Era un espacio bastante grande, y parecía que hace años que nadie hubiera estado ahí, pues estaba lleno de polvo, con estanterías destrozadas, y un par de cajas de cartón vacías. Oía música, pero no hizo caso. Seguramente estaba en un lugar abandonado, a kilómetros de cualquier lugar habitado. Una mano le cogió el hombro, y estiró de él, levantándolo.
Johnny se giró y vio al guardaespaldas.
-Mi hermano, el que estaba antes junto a mí, está herido, tio. Le has quemado las manos, y están completamente negras. Es posible que tengan que cortárselas por tu culpa, capullo.
Le dio un golpe con la culata de la pistola, y Johnny perdió un diente. Volvió a caer al suelo, pero ahora estaba decidido. Iba a salir de ahí fuera como fuera. Ron volvió a la sala, y empezó a hablar.
-Sigamos con nuestra conversación, amiguito. ¿Qué hacías esta noche en mi local?
Johnny estaba furioso. Sintió un escalofrío, y luego escuchó un disparo. El tiempo se paró, y lo vio todo a cámara lenta. La bala se había fundido al chocar contra su piel, y el guardaespaldas le miraba asombrado. Ron había salido corriendo, y subía las escaleras. Johnny se miró a sí mismo, y vio que estaba en su forma súper nova. No podía controlarla, de un momento a otro, iba a explotar.
-Oh no...- Johnny había sido impulsivo al transformarse, controlado por la furia.
Una explosión destrozó el local. El fuego se vio desde varias manzanas, y muchos edificios de alrededor fueron brutalmente sacudidos. Johnny había sido encerrado en el sótano de la discoteca, y en el piso de arriba había más de doscientas personas. Doscientas veinte personas murieron aquella noche.
Johnny abrió los ojos, a tiempo de ver cómo caían sobre él toneladas de roca. Las logró fundir, usando sus últimas fuerzas. Con el fuego, logró hacer un túnel hasta el exterior. Mareado, fue consciente de lo que había provocado. Escuchó ambulancias, y camiones de bomberos acercándose. Se alejó lentamente del lugar de la explosión. Sentía que debía huir de allí, pero no llegó muy lejos, pues se desmayó a escasos metros del fuego.
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Al norte de Chicago, El Hombre de Arena se acercó a una cabina.
-Vamos, puedes hacerlo. Esta vez no colgarás, Marko, puedes hacerlo.- Escuchó un como descolgaban el teléfono al otro lado.- ¿Llamo al grupo de los Thunderbolts? Verá, soy el Hombre de Arena..
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EN EL PRÓXIMO NÚMERO, ¿QUÉ OCURRIRÁ CON JOHNNY STORM? ¿Y CON LA EXPLOSIÓN PROVOCADA POR SU FORMA DE SUPER NOVA?