Colección: Los 4 Fantásticos
Autor: Vazquez
Número: #2
Título: La Caída de la Antorcha. Parte I
Descripción de la portada: Fondo negro. La cabeza de Johnny Storm ardiendo. Una lágrima cae por su rostro, pese al fuego.
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-”Para los que se acaben de incorporar, informamos de que ha habido una tremenda explosión en Chicago, en el local abierto recientemente conocido como “La Llama”. Todavía no sabemos el número de fallecidos, aunque calculamos que oscila entre los 150 y 200. Los bomberos están apagando el fuego y buscando heridos. Vamos a conectar con Trisha Takanawa, que está en el lugar de...” -Sue Richards apagó la televisión en ese momento. Le dolía dejar solos a sus hijos mientras dormían, pero debía ayudar. Mientras salía del hotel, pensó en su hermano. Esa noche, Johnny había salido a la calle, y podía estar por la zona. Se apresuró al lugar del accidente.
Por suerte, el local estaba cerca, y en cuestión de un par de minutos la Mujer Invisible llegó. Varios enfermeros se asombraron al ver una superheroína allí. Sue se acercó a un bombero:
-Vengo a ayudar. Soy la Mujer Invisible, de los 4 Fantásticos. ¿Cómo está la situación?
-Estamos buscando cualquier rastro de vida. El edificio ha explotado desde dentro, puede ser un acto terrorista, una bomba, quizás. Todo el recinto se ha desplomado, estamos retirando escombros, y la policía ha traído perros que huelan cualquier superviviente. ¿Podrías...?- El bombero se calló, al ver como Sue levantaba un montón de trozos de roca.
-Oh, no. Que horror.- Sue apartó la vista, pues había dejado al descubierto decenas de cadáveres quemados, y cenizas. Dejó los escombros en la calzada, y cogió fuerzas para volver a mover más rocas. Pasado un tiempo en el que sólo encontraban muertos carbonizados, Sue vio a un chico tirado en el suelo, totalmente desnudo, a unos metros del desastre. Se acercó al joven, y descubrió que era su hermano.
-¡Johnny! ¿Estás bien?- Sue se giró, para hablarle a un bombero.- ¡Aquí hay un herido, venid!- Mientras un par de enfermeros se acercaban con una camilla, Sue abrazó el cuerpo de su hermano, llorando. Sentía su respiración, lo que la tranquilizó, y se preguntó qué villano había sido el responsable de esta masacre.- Es mi hermano, tened cuidado con él.
-¿No vas a acompañarle?- El bombero con el que había hablado antes se acercó a la Mujer Invisible.
-Llamaré a... Ben. Él podrá encargarse de ayudaros mientras yo voy al hospital.- Sue sacó un pequeño móvil del cinturón.
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A varios kilómetros de allí, Ben Grimm estaba fregando platos y vasos en un bar para pagar su deuda de cervezas. Se ha dejado el móvil en el abrigo, que está apoyado en la barra del bar, así que no lo oye.
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-No lo coge...- Sue seguía llorando.- Probaré con Reed. Por favor, Reed, contesta.
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Reed seguía durmiendo en el Centro Científico de Chicago. Tampoco contestó.
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-Nadie lo coge. Debo quedarme... a seguir buscando supervivientes. Es mi deber. Johnny... Johnny lo entenderá.
Sue se derrumbó, preocupada por su hermano, pero se tranquilizó, obligándose a sí misma a seguir con su labor. Levantó un muro, y descubrieron otro cadáver.
Cuando la ambulancia llegó al Hospital Central de Chicago, llevaron a Johnny a una habitación particular, donde curarle sus heridas. Un par de huesos rotos, y mucha moraduras provocadas por una paliza. Tras una hora, la Antorcha Humana despertó.
-¿Dónde estoy?- Contempló su alrededor, y dedujo que estaba en un hospital. No conseguía recordar qué le había llevado ahí. Ordenó sus pensamientos, hasta llegar a su “secuestro”, y a la explosión.- ¡NO! ¿Hay alguien ahí? Debo saber...- Johnny se levantó de la cama.- ¡Debo saber si ha muerto alguien! ¿Sue? ¿Ben? ¿No hay nadie?
El héroe encendió la tele, y vio las imágenes del local destrozado. Varios cadáveres tapados con mantas. Familiares de las víctimas llorando. Y detrás, con el uniforme de los 4 Fantásticos lleno de polvo y cenizas, Susan Richards. Al ver todas las imágenes, y a su hermana en el lugar del accidente en vez de con él, Johny Storm no pudo más. No pudo con la presión de cientos de vidas perdidas por su culpa. Toda la pena de los familiares y amigos de los muertos se acumularon en su cuerpo, y Johnny cayó derribado al suelo, desmayado.
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Mientras, Susan había terminado su trabajo. Pese al agotamiento y al mal cuerpo que se le había quedado tras ver tanta muerte, se dio prisa por llegar al hospital donde estaba su hermano.
-¿Dónde está la habitación del paciente Johnny Storm?- Seguía con el traje de los 4 Fantásticos, y mucha gente se quedó mirando.
-¿Es usted Sue Richards? ¿La Mujer Invisible? Fírmeme un autógrafo para...- El encargado tras la mesa, había sacado una libreta y un bolígrafo, mientras miraba a Susan.
-¡Por favor, mi hermano está muy grave! ¿En qué habitación está?- Sue no tenía tiempo para fans, estaba muy preocupada.
-De acuerdo...- El encargado recogió el cuaderno, y miró el ordenador.- Habitación 113, 2ª planta, al fondo a la derecha.
-Gracias.- Susan salió corriendo, y subió por las escaleras hasta la habitación de su hermano.-¡Johnny!
Johnny Storm estaba tirado delante del televisor. Tenía la cara llena de golpes, y le sangraba el hombro derecho.
-¡Johnny, despierta! ¿Estás bien?- Susan se agachó, a despertar a su hermano. En ese momento, entró un enfermero, que recogió al paciente y lo puso en la cama.
-Lo siento, se debe haber despertado hace poco. Le hemos dejado sólo para que pudiera descansar. Voy a llamar al doctor, ahora vendrá.- El enfermero salió de la habitación, dejando sólos a los dos hermanos.
-Hermanita... ¿Cómo están? ¿Han muerto...muchos? Es culpa mía...- Johnny seguía atontado, y no hablaba con claridad.
-¿Quién te atacó, Johnny? ¿Qué súper villano te ha hecho esto?
-¿Súper villano? Sería fácil...culpar al Hombre Topo por todo esto, ¿sabes? Pero no...- Johnny empezó a llorar.- Ha sido culpa mía... yo provoqué el fuego... Murieron por mi culpa...
-¿Qué? No puede ser.... ¿Qué pasó?
-Perseguía a un drogadicto, que traficaba con HCM... Tenía un par de guardaespaldas que le cubrían, y los tres acabaron mutados por la droga... Me dieron una paliza, y cuando iba a encenderme para escapar... Perdí el control de mis poderes por completo... Exploté por mi forma nova y....- Johnny miró a los ojos de su hermana. Ambos lloraban.- ¿Han muerto muchos?
-Tengo que llamar a Reed...o a Ben. Ahora vuelvo.- Sue estaba conmocionada por las palabras de su hermano.
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A varios kilómetros de allí, Reed se había despertado. Encendió la televisión antes de irse, el canal de noticias las 24 horas. Allí vio el desastre ocurrido en el local “La Llama”, y vio imágenes grabadas de cuando su mujer estaba allí. Pensó que lo mejor sería acudir al lugar.
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Mientras, en un oscuro bar de Chicago, Ben Grimm había saldado su deuda con el dueño del lugar, y encontró varias llamadas perdidas en su móvil de Sue. El teléfono de la Mujer Invisible sonó al salir de la habitación de Johnny.
-Ey, Sue, soy Ben. ¿Qué pasa? Tengo 3 llamadas tuyas.
-Ben, ahora te iba a llamar... Necesito que vengas rápido al Hospital Central de Chicago. Es Johnny, ha ocurrido algo.
-¿Qué ha pasado?
-Te lo contaré cuando vengas. Ven rápido, Ben... Por favor.
-Claro Suzie, hasta ahora.-Ben colgó el teléfono, cogió su gabardina y salió corriendo del bar.
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Minutos después, Reed Richards llegó al lugar de la explosión:
-Disculpe, agente, ¿ha visto a mi mujer? Soy Mr. Fantástico.- Reed se dirigía a un policía con un largo bigote, que tomaba un café apoyado en su coche, mientras observaba la actuación de los bomberos.
-Si, claro. Se ha ido hace un rato al Hospital Central de Chicago. Creo que el Hombre Antorcha estaba herido. ¿Se llama así, no? ¿Hombre Antorcha?
-Supongo que se habrá enfrentado a algún villano... ¿Él estaba bien? ¿Estaba muy herido?
-Que va... se ha salvado de milagro. Ha habido doscientas víctimas por la explosión, ¿sabe? No ha habido supervivientes, sólo su compañero. Le he visto de lejos, pero sólo tenía golpes, y estaba inconsciente. Si el culpable de esto ha sido un villano, espero que le cojan, de verdad, pero no hemos visto ningún tipo sospechoso en la zona. Quizá pueda usted mirar algo ahí dentro, pistas o yo qué sé. Nos vendría bien su ayuda.- El policía sabía que se quitaría mucho papeleo si un superhéroe se encargaba de esto, así que le daba la bienvenida.
-De acuerdo. Los villanos destacan por su egocentrismo. Siempre quieren dejar claro que ellos son los responsables, sembrar el caos y el miedo. Apuesto a que ha dejado una cinta o cualquier rastro que me lleve al... asesino.- Reed se alejó del policía, mientras observaba los escombros, buscando el lugar donde se había producido la explosión. Encontró un rastro, un agujero que conectaba con el sótano.- Mmm... parece que alguien se ha abierto paso al exterior desde el sótano...quizá haya sido así como ha salido Johnny de dentro... ¿Pero cómo ha sobrevivido estando en el núcleo de la explosión?
Reed bajó por el hueco, usando sus poderes para alargarse, y meterse entre los escombros, pero no pudo hallar nada pues todo estaba lleno de rocas o ceniza.
-No consigo encontrar nada. Y tampoco puedo saber qué ha causado todo esto. Puede haber sido una bomba, un controlador de fuego, como Johnny, o... Me quedaré aquí un rato más a investigar, espero que Sue esté bien.
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Ben Grimm llegó al hospital. Pasó de largo del encargado, y gritó:
-¡¿Dónde está Johnny Storm?! ¡Tengo que ir a ver cómo está! Oh, Sue, estás ahí...
Sue estaba en la sala de espera, llorando. El médico había llegado a la habitación de su hermano, y ella prefirió quedarse en la sala de espera.
-Sue, ¿cómo está? ¿Quién le ha hecho esto?- Ben se sentó junto a ella, ocupando tres asientos.
-Unos...mafiosos le atacaron... en la discoteca.- Sue no podía hablar.
-Sabía que no tenía que haberlo dejado solo. Siempre se mete en líos, pero ¿unos mafiosos han podido dejarle así?
-Él provocó el accidente, Ben... En la discoteca...
-¿Qué accidente? No sé que ha pasado, he venido aquí directamente.
-Mira la tele, Ben.
Ben Grimm alzó la vista para ver el pequeño televisor que había en la sala de espera. Se quedó callado al ver las imágenes en la televisión.
-Oh, no, Johnny... ¿Qué has hecho?
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5 horas después amaneció. Johnny estaba dormido, pero había necesitado calmantes para pasar la noche. Sue estaba sentada en una silla junto a la cama, seguía despierta, y acariciaba a su hermano. Reed había llegado hace un tiempo al hospital, pero la Mujer Invisible le había mandado a él y a Ben al hotel para cuidar de Franklin y de Valeria. Quería pasar la noche con su hermano, sola, pensando en el futuro, y en cómo afrontarían la situación.
Sue pensaba que, de momento, nadie sabía que el culpable era la Antorcha Humana, así que podrían callarse, y decir que el culpable era cualquier villano. Pero no era justo. Los 4 Fantásticos eran héroes, no podían hacer eso. Seguramente la gente perdonaría a Johnny, pues había salvado al mundo entero decenas de veces. Sin él, ahora la Tierra no existiría, habría sido tragada por Galactus, o invadida por los Skrulls, o por Annihilus.
El mensaje público fue emitido en toda América a las 10 de la mañana. En él, Mr. Fantástico, portavoz del grupo, narraba los hechos ocurridos aquella noche. Cómo, en un acto de heroísmo, Johnny Storm había sido atrapado por los villanos. Sin saber donde estaba, había utilizado sus poderes, y perdido el control. Para acabar, Reed se disculpó ante los familiares y amigos de las víctima. Johnny había podido salir aquella mañana, pues solo tenía varios golpes y el hombro dislocado, y así, unas horas más tarde, los 4 Fantásticos volvieron a New York, al edificio Baxter.
Al llegar, vieron toda la calle ante el edificio taponada por gente. Pedían la destrucción del lugar, la dimisión de los héroes y que Johnny Storm fuera castigado por la justicia. Al ver el Fantasticar, los manifestantes lanzaron piedras y objetos a los 4 Fantásticos.
-¿Por qué?- Al llegar a casa, Ben estaba furioso.- Con todo lo que hemos hecho por ellos... ¡Lo estamos pasando mal, y aprovechan para jodernos más aún!- Ben se asomó por la ventana, y empezó a gritar.- ¡PARAD!
-Ben... Tranquilo... Buscaremos un abogado. Matt Murdock, por ejemplo, es uno muy bueno con mucha experiencia en esto, le llamaré.
Reed Richards cogió el teléfono.
-Nelson&Murdock, abogados. Aquí Matthew Murdock. ¿Quién es?- Una voz firme contestó.
-Matt, soy Reed Richards. ¿Has visto... has oído en la tele lo de Johnny?
-Precisamente iba a llamarte, Reed. Sé lo que me vas a pedir pero... Tienes que comprender que con todo esto... con los rumores de mi identidad como Daredevil, no quiero llamar más la atención de la prensa. Lo siento mucho, pero os puedo recomendar otros abogados, mejores que yo, que aceptarán vuestro caso.
-No pasa nada, Matt. Lo entiendo, no me di cuenta al llamarte. De acuerdo, adiós.
-Suerte.- Matt colgó el teléfono, y se arrepintió de no haber prestado ayuda a su compañero. Pero Reed lo entendía.
Reed, Ben y Sue se pasaron todo el día llamando a diferentes abogados, recibiendo negativas de todos ellos.
Despacho 1: Un abogado sentado en una silla de cuero negro. Su mesa está llena de papeles, y detrás del hombre hay una mujer interesada en la conversación que su compañero mantiene por teléfono:
-Lo lamento, Sr. Richards, pero no podemos aceptarlo. Pese a que la publicidad del juicio nos beneficiaría, no estamos interesados en defender a un héroe causante de doscientas veinte muertes por su ineptitud. Adiós, Sr. Richards.
Despacho 2: Un abogado pelirrojo, con barba de tres días, está levantado, con una expresión furiosa mientras habla por el móvil:
-¡Sr. Grimm! ¡No voy a permitirle que me hable así! ¡Olvídese de nuestro bufete para representar a su compañero!
Despacho 3: Un abogado más joven, rubio, y con perilla. Sonríe mientras sostiene el teléfono. Es un despacho oscuro, con un cuadro torcido detrás, y la mesa ocupada por un ordenador antiguo:
-Claro que sí, señorita Storm, vamos a representar a su hermano. Pero a cambio, le pido una cena para nosotros dos sólos, com una cita, ¿qué le parece? Ah...¿está casada? ¡No, no cuelgue!
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Edificio Baxter:
Los tres superhéroes hablan entre ellos sobre Johnny:
-Estirado, no he conseguido nada. He sido educado con todos esos inútiles, pero nada...
-Yo tampoco he podido hacer nada, Ben. Hay que entender que es un tema peliagudo. No sé a quien más llamar.- Reed se sentó en el sofá, junto a su esposa.
-¿Qué le diremos a Johnny? Si no conseguimos un abogado...- Sue también estaba decepcionada por la poca ayuda recibida. Habían llovido llamadas de compañeros héroes. Capitán América, Iron Man, Hulka, Spiderman, Charles Xavier... Muchos amigos se habían preocupado por su situación, pero a la hora de la verdad, no era suficiente.
-Tranquila, Sue. No necesitamos un abogado. No voy a ir a juicio. He salvado tantas veces la vida de esos imbéciles... Y ahora... Estoy tan furioso... Siempre he sabido que esto pasaría. Que algún día, un héroe la fastidiaría, y todo el mundo olvidaría todo lo que ha hecho por ellos, las veces que los ha salvado de la muerte. Pero jamás pensé que yo sería ese héroe. Desde mi cuarto se oyen los gritos de la gente. Quieren que vaya a la silla eléctrica. Quieren matarme, y ningún puñetero abogado está ahí para defenderme. Pues no puedo más, lo dejo. Lo dejo todo. Yo... Yo....- Johnny se tiró al suelo, y comenzó a llorar. Sue lo abrazó.
-Johnny, ha llamado la policía. Quieren que respondas a unas preguntas, van a interrogarte sobre los mafiosos contra los que luchaste ayer.
-Iré. Les explicaré todo. Les doy la última oportunidad de perdonarme.- Johnny se levantó.-Pero...si algo sale mal... Lo dejaré todo.
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6 de la tarde. Johnny estaba sentado en una sala de interrogatorio, esperando a la policía. Lleva media hora allí. Se entretiene jugando con fuego, creando figuras. De repente, entran dos policías al cuarto.
-Buenas tardes, Sr. Storm. Soy el agente Collins. Mi compañero es el agente Kitson. Para empezar...(tome esta taza de café). Para empezar, querría preguntarle acerca de los mafiosos a los que perseguía. ¿Cómo eran?
-Si. Recuerdo su nombre, Ron Phist. Tendría más de 50 años, con pelo canoso. Un gran mentón, y una cicatriz en la mejilla derecha. Por lo que me dijo, era el propietario de aquel lugar. Le acompañaban dos guardaespaldas, el nombre de uno de ellos era William. También tenía varios amigos, que me atacaron también
-De acuerdo, solo queríamos asegurarnos de eso... Richards ya nos había dicho el nombre de Ron Phist, el propietario de “La Llama”, ¿verdad? Lo curioso es que hemos contactado con los verdaderos propietarios, que por casualidad no habían ido esa noche a su discoteca. Pero, escuche esto, los propietarios son dos chicos de unos veinti tantos años, y ninguno se llama Ron Phist. Además, (ahí va mi parte favorita), no hay ningún Ron Phist en Chicago. Hay uno en Nueva York, pero tiene 4 años, no creo que pudiera hacer nada. Así que dígame, hijo...¿De dónde ha salido Ron Phist?
-No...No puede ser... Quizás mintió sobre su nombre...
-Esa es tu teoría. La mía es que no ha existido ningún mafioso. La HCM fue limpiada de las calles por Daredevil. Se extraía del Búho, y no hay más. Es imposible. Hay policías en Chicago infiltrados buscando HCM, y no sólo en Chicago sino en todo el mundo. Y nada. Mi teoría es que te gusta jugar con el fuego. Perdiste los papeles, quizás tu novia te dejó plantado, no sé. Y te enfadaste, y explotaste...literalmente.- El agente Collins se acercó a Johnny, y sonrió.
-¡NO! ¡Se llamaba así! ¡Yo ví la droga!¡No soy un asesino!
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EN EL PRÓXIMO NÚMERO, EL FINAL DEL INTERROGATORIO... ¡Y LA FURIA DE LA ANTORCHA!