Colección: Los 4 Fantásticos
Autor: Vazquez
Número: #3
Título: La Caída de la Antorcha. Parte II
Descripción de la portada: Las figuras de la Antorcha Humana y de Namor peleando, se ve al príncipe submarino rodeado por las llamas.
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Johnny estaba sentado en una silla de madera muy incómoda, en una habitación de pequeñas dimensiones. Frente a él, había dos hombres, uno de ellos sentado en otra silla, y el otro, el agente Collins, de pie, con las manos apoyadas en la mesa. El policía sonreía, y Johnny sorprendido. No podía creer lo que oía.
-Están... ¿están diciendo que he mentido acerca de Ron Phist?- Johnny Storm no podía creerlo. Le estaban acusando de haber mentido sobre los hechos ocurridos aquella trágica noche, en la que murieron doscientas veinte personas.
-No se ponga así, Sr. Storm. Quería hacerle otra pregunta...¿ha perdido alguna otra vez el control de sus poderes?- El agente Collins apuntó algo en su pequeño cuaderno de notas.
-Mis...mis poderes dependen en gran cantidad de mi estado emocional. Pero puedo manejarlos, he salvado muchas veces el mundo gracias a mi fuego.- Johnny acentuó esta última frase, y los dos policías se miraron.
-Entiendo... Así que tus poderes dependen de tu carácter... Si nos mientes, sólo te estás perjudicando.- El otro policía no había hablado hasta ese momento.- Por favor, sé sincero. Contigo y con nosotros.
-¡No les estoy mintiendo! Jamás he hecho daño a ningún inocente, ¡Jamás!- Johnny se levantó del asiento.
-Cálmate, chico. No querríamos que explotaras.-Los dos policías empezaron a reírse, y fueron interrumpidos por alguien que llamaba a la puerta.
Entró otro policía, mayor, con un grueso bigote blanco, y calvo. Miró a la Antorcha Humana y dijo:
-Saludos, Storm. Es un placer conocerle.- Se giró hacia los dos agentes.- Collins, Kitson, venid un momento.
Ambos obedecieron la orden y salieron de la sala. Al cerrar la puerta, el policía mayor comenzó a hablar:
-¿Qué estáis haciendo? Es un maldito héroe, ha ayudado a mucha gente, y ahora le tratáis como si fuera un maldito ladrón de bolsos.
-Wilson, estamos interrogándole. Tenemos que ser duros. Es tu amor por esos tios disfrazados el que te ciega. Desde que Spiderman salvó a tu hija de ese ladrón, siempre los has defendido.
-Collins, no te permito que me hables así. Vais a entrar otra vez. Os vais a disculpar y a decirle que cuando consiga un abogado, preseguiréis con el interrogatorio, ¿de acuerdo?
Los dos policías asintieron.
-¡Pues vamos!- Wilson se dio la vuelta, y cogió una taza de café.
Collins y Kitson entraron de nuevo a la sala. Kitson se acercó a Johnny:
-Storm, puede salir de aquí. El interrogatorio queda aplazado hasta que consiga un abogado. Supongo que con todo el dinero que tienen los 4 Fantásticos, puede permitírselo.
-Gracias.- Johnny fue en dirección a la puerta.
-Y no salga de la ciudad.- Collins dio un trago a su café.
-Por supuesto, agente.- Johnny dio un portazo al salir de la comisaría.
Cuando llegó a la calle, el joven Storm se puso unas gafas de sol y una gorra. No quería que nadie le reconociera, y empezara a gritarle. Cerca de el edificio Baxter, la Antorcha Humana vio a una antigua novia. Se acercó a saludarla, pero ella, al mirarle a la cara y descubrir su identidad, pasó de largo.
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Cuando llegó a casa, vio el edificio rodeado de gente gritando. No podía pasar entre ellos sin que le reconocieran, así que llamó a Sue:
-Sue, necesito ayuda, el edificio Baxter está rodeado de estos idiotas. Si me ven, me lapidarán.
-No hables así. Debes entender el dolor que padecen, sus familiares han muerto, aunque no ha sido tu culpa. Ahora llego, estaba en el parque paseando a Valeria. Espera ahí y te haré invisible.
-Me parece que no hará falta. Soy un héroe, no tengo porqué ocultarme.
-Johnny, no hagas nada estúpido.
Tras el consejo de su hermana, Johnny colgó el telefóno.
-¡Llamas a mí!
Johnny se transformó en fuego, y seguido a su grito de batalla, una parte de la multitud se giró. Al verle, empezaron a gritar más fuerte, y a lanzarle objetos, que la Antorcha esquivó sin problemas. Entró por la azotea del edificio.
Johnny se metió en su cuarto, y se tumbó en la cama. Por suerte, no había nadie en casa, no tenía que dar explicaciones de nada. Eran las siete y media, y se durmió llorando.
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Despertó a las doce y media. Se levantó despacio de la cama para no producir ningún ruido. Abrió un armario ropero, decorado con varios posters de los 4 Fantásticos. Sacó una mochila, y se la colgó de un hombro. De puntillas cogió una fotografía de un estante bastante alto. La miró, en ella estaban Sue, Johnny, Ben y Reed justo antes del viaje que les cambiaría la vida. Los cuatro iban vestidos de astronauta, y Grimm le estaba haciendo los cuernos, mientras se reía. Sue estaba abrazada a Reed, mientras este se mostraba serio. Una lágrima cayó sobre la foto, y Johnny guardó el recuerdo en la mochila, antes de abrir la ventana y saltar. Encendido, echó un último vistazo al edificio Baxter, antes de volar a toda velocidad hacia el horizonte.
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A la mañana siguiente, Reed se levantó el primero como todos los días. Programó a un pequeño robot para hacer el desayuno, y encendió la radio. Quizás dijeran algo en lo que podía ayudar.
“Sigue el atasco frente al edificio Baxter, debido a la gran cantidad de gente que hay ahí en ese momento. Se niegan a moverse hasta que Johnny Storm, el héroe conocido como la Antorcha Humana se entregue a la justicia, y pague por su crimen. Recordamos que este componente de los mundialmente conocidos 4 Fantásticos fue el responsable de la muerte de doscientas veinte personas, tras explotar en un local de Chicago. Mientras, en Central Park hay un tiroteo desde hace varias horas. Parece que la policía tiene problemas en controlar a estos criminales. Nuestros informes nos indican que se tratan de tres ladrones de banco, aunque podrían ser más. Han secuestrado a un anciano, Nathan Lu...”
Reed apagó la televisión y cogió el Fantasticar para llegar a Central Park antes de que hubiera algún herido. Fue entonces cuando, desde lo alto, contempló a la gente estacionada frente al edificio. Mucha más que el día anterior, lamentablemente. Pero Reed no podía pensar en ello ahora. En cuanto llegó a Central Park, escuchó los disparos, y se acercó al lugar del tiroteo.
Efectivamente, había tres pistoleros, pero ni rastro del anciano. Antes de atacar, lo mejor sería que buscara al rehén. Quizás un cuarto delincuente lo tenía escondido. Su cuerpo se había aplastado contra el suelo, y Mr Fantástico se movía como una enorme gota de agua.
Tras una roca, Reed vio al secuestrador, un tipo chino, que sujetaba al anciano con una mano, y con la otra le apuntaba con una navaja. Estaba susurrando algo en su idioma, y fue entonces cuando Reed saltó. Alargó su brazo y agrandó su mano, para cubrir el cuerpo del delincuente, apartándolo bruscamente del rehén. El chino dio un grito, y Reed confió en que sus compañeros no lo hubieran oído por los disparos. Lo noqueó sin problemas, y se acercó al anciano.
-Está usted a salvo, espere aquí mientras me encargo de estos malhechores.
-No... no me moveré de aquí.
-No lo haga.
Reed volvió a aplastarse contra el suelo, hasta colocarse junto a los tres ladrones. Alargó de tal manera su cuerpo que cubrió sus cabezas por completo, y del susto las pistolas cayeron de sus manos. La policía los arrestó, y le dieron las gracias a Mr. Fantástico. Un policía había salido herido, pero no había sido nada grave. Mientras iba hacia el Fantasticar, el anciano se acercó a él.
-Gracias, de verdad. Iba hacia la boda de mi hija, pero me parece que ya llego tarde. La verdad, no sé si se creerá lo que me ha pasado.
-¿Quiere que le acerque a algún sitio? Tengo espacio de sobra.
-No, gracias. Solo quería decirle que he oido que usted ha acabado con la vida de tanta gente... Pero sepa que no me importa. Hoy ha salvado la mía, y en muchas ocasiones otras. Los accidentes ocurren, ¿sabe?
-No, es mi compañero el acusado. Pero gracias por sus palabras.
Reed subió al Fantasticar, mientras el anciano se alejaba. De vuelta a casa, Mr Fantástico pensó en lo que había dicho el anciano. Seguramente, Johnny se alegraría cuando se lo contara, sería bueno tener algo más de apoyo.
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Al llegar al edificio Baxter, la primera familia había despertado. Ben seguía medio dormido, y comía sus tostadas mientras miraba al vacío, casi hipnotizado. Sue intentaba dar de comer a Valeria, pero ésta estaba ocupado estirando del pelo de su hermano mayor, que estaba haciéndose la mochila para ir al colegio.
-Hola Ben. Cariño, estaba...- Reed se sentó a la mesa.
-Ya lo sé, Reed, lo he oído por la radio. No he querido despertar a Johnny, aún sigue en su habitación-Sue sirvió un vaso de zumo a su marido.
-¿Aún duerme? Pues quería contarle algo que me había sucedido en el tiroteo, supongo que se lo contaré más tarde.
-Voy a llevar a Franklin al colegio y a Valeria a la guardería, Ben, ¿podrías despertar a Johnny en un cuarto de hora?- Sue se levantó, y ayudó a su hijo a ponerse la mochila.
-Claro, Suzie. ¿Voy preparando el cubo de agua fría para tirárselo a la cara?
Sue salió con Franklin y Valeria, y cogió el Fantasticar.
-Estirado, ¿qué piensas hacer esta mañana?- Ben se terminó el desayuno, y se dirigió al sofá.
-Pues un periodista quiere hacerme una entrevista sobre el último artículo que publiqué en esa revista científica, pero seguro que es una tapadera para preguntarme por Johnny... ¿Y tú, Ben?
-Estaré viendo la televisión, y luego me leeré algún comic... Y claro, estaré atento a cualquier alarma, o atenderé a cualquier héroe novato que necesite mi ayuda, y hablando de héroes novatos, voy a despertar al cerilla.
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Ben se levantó, y abrió la puerta del cuarto de Johnny. Curiosamente, estaba cerrado por dentro, pero la Cosa hizo un poco más de fuerza, y derribó la puerta.
-¡Levántate, dormilón!... Oh, mierda. Reed, ven aquí un momento, creo que ha surgido un imprevisto.
-¿Qué pasa? Reed corrió al cuarto de Johnny.
-Johnny no está. Puede que lo hayan secuestrado.
-Imposible, es muy difícil pasar la seguridad del edificio Baxter. Además, no hay ningún signo de violencia en el cuarto. Me parece que se ha marchado. ¿No ha dejado ninguna nota?
-Hum...-Ben revolvió los comics que había sobre la mesa, sin encontrar ninguna pista.- Nada de nada.
Mientras, Reed leía la nota que había encontrado sobre la cama, para sorpresa de la Cosa.
-”He decidido ausentarme por un tiempo, no sólo de el edificio, sino también de el grupo. Los 4 Fantásticos no deben tener criminales entre sus filas, y es así como me siento tras todo esto. No voy a ir a juicio, pues sé lo que me ocurrirá, y no creo poder asumirlo... He cometido tantas imprudencias en mi vida, que jamás creí que esto acabaría ocurriendo. Cuando me recuperé, volveré, y espero que sea entonces cuando me perdonéis por todo. Johnny. PD: Por favor, no me busquéis.”
Cuando Reed acabó de leer en voz alta la nota, Ben y él guardaron un silencio. Acto seguido, Richards dijo:
-Ben, debemos encontrarlo. Por suerte, tengo un aparato que detecta el calor corporal de Johnny, por si alguna vez lo secuestraban. Voy a buscarlo. Mientras, llama a Sue al móvil. En cuanto deje a los niños, que vuelva. Oh, y ya que voy al laboratorio, adaptaré el transvensor funcional a la corriente de materias, no creo que me lleve más de...- Reed salió hablando sólo, y Ben releyó la nota.
-Johnny, no hagas nada estúpido, por favor...
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A kilómetros de allí, mientras Johnny Storm daba un paseo por las afueras del Bowery, vestido de paisano, alguien le interrumpió el camino. Un hombre levitaba ante él. Llevaba un chaleco oscuro, y unos pantalones negros. Sus pies estaban descalzos, y sus tobillos adornados por dos pequeñas alas que se movían sin parar.
-Saludos, Storm. Que sorpresa encontrarme aquí contigo. ¿Qué te trae por aquí?
-Quítate de enmedio, cara pescado. Mira que eres pesado, Namor.
-Haré como que no he oído ese comentario, Storm, pues necesito tu ayuda, y la de tu hermana. Por cierto, ¿cómo se encuentra?
-Casada, Namor. Ahora, vete un rato a tomar por...
-No terminarás esa frase, por tu propio bien. ¿Buscas pelea? Tal vez luego te calmarás, y podré conversar contigo acerca de mi problema.
Namor arremetió contra la Antorcha, que en ese momento se encendió, y esquivó al atlante. Éste estuvo a punto de chocar contra la acera de la calle, pero se apoyó en ella y retomó el ataque. Con su grito de batalla (“¡Imperius Rex!”), Namor alcanzó a la Antorcha, dándole un brutal puñetazo en las costillas. Pero Johnny estaba más furioso que nunca, y lanzó una enorme llamarada, que Namor consiguió esquivar por muy poco. El mestizo atlante estaba sorprendido, pues tomaba esta batalla como una de las de siempre, en las que acaban pidiéndose disculpas mutuamente, y arreglado. Pero esto era a muerte.
-¡Storm! ¿Qué haces?
-¿No lo ves?- Johnny sonrió, y volvió a lanzar una llamarada, que alcanzó a Namor en el pecho, y soltó un grito. Éste no hizo al creciente dolor, y dirigió un tremendo izquierdazo a la madíbula de la Antorcha, derribándolo al suelo.
-¿A muerte? Pues a muerte.
Namor luchaba con fuerzas renovadas, dirigiendo un golpe tras otro a Storm, que los recibía con pasismo, casi sin defenderse. La tremenda fuerza de Namor hacía mella en el héroe, y parecía inconsciente, cuando algo cambió en su mirada. Se levantó, temblando, y extendió los brazos hacia el cielo. El atlante paró su ataque, y esperó a ver qué hacía Johnny. El príncipe tenía honor, y no iba a golpear al herido. No atacaría a un enemigo indefenso, pero qué más lejos de la realidad. Al cabo de unos pocos segundos, Johnny empezó a lanzar oleadas de bolas de fuego, seguidas, y pese a los esfuerzos por esquivarlas, una dio en el tobillo de Namor, inutilizando sus alas. Johnny creó una espada de fuego, provocando en el cuerpo caído del hombre submarino una última quemadura, dejando una cicatriz en su brazo derecho. Tras esto, la Antorcha agarró a Namor, y empezó a ascender alto y hacia el mar. A una distancia prudencial, soltó a Namor, que descendió rápidamente, sin poder volar, quedando incosciente con la caída contra el agua salada. Las olas lo arroparon, dándole un descanso. Habiendo derrotado a su enemigo, Johnny partió rápido de la zona, sin esperar a que despertara.
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En el edificio Baxter.
Sue acababa de llegar a casa, tras la llamada de que Johnny había desaparecido.
-¿Cuándo se ha ido de casa?
-He mirado el despertador de Johnny, y lo tenía programado a las doche de la noche. Seguramente salió volando de aquí, con la maleta preparada. Este aparto indica que sigue aquí, en Nueva York. Lamentablemente, no es muy exacto. Tardaremos varias horas en encontrarlo, deberíamos salir de aquí ya, pero está cerca del mar.
-¿Y Franklin y Valeria?
-Sue, si yo me quedo en casa, me encargaré de ellos. Tampoco creo que me necesitéis para esta misión.- Ben se ofreció voluntario para esperar en casa.
-Gracias Ben. Reed, ¿salimos ahora?
-Cuando estés preparada, cielo.
A las diez, el matrimonio de héroes salió de casa. Sue había llenado la cabeza de Ben de órdenes y consejos, pero a la Cosa ya se le habían olvidado la mitad. No era la primera vez que se quedaba sólo en el edificio, ni mucho menos. Vale, puede que de vez en cuando le surgiera alguna misioncilla, y que a veces su hogar quedara destrozado, pero esta vez se haría responsable seguro. Ben cogió un DVD y empezó a verlo mientras se terminaba la caja de cereales... Sólo necesitaba eso... Una mañana tranquila.
-¡Benjamin Grimm!- Una voz interrumpió sus pensamientos, y Ben soltó un grito con su ronca voz.- No te asustes, Grimm. Soy Agatha Harkness, me recuerdas, ¿no es así?
-Nunca podré acostumbrarme a estas cosas de la magia. Supongo que estás comunicándote conmigo mentalmente, via mágica...
-Por supuesto. Por ello, no es necesario que hables en voz alta, Ben. Con un pensamiento puedo entenderte.
-Vieja bruja...- Pensó Ben, sin percatarse de que cualquier idea surgida en su mente podía ser escuchada.
-Esto es serio, Grimm. El Doctor Muerte ha huido del infierno.
-¿Qué? ¿Por qué tenía que ser ahora?
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EN EL PRÓXIMO NÚMERO LA BÚSQUEDA DEL DR. MUERTE Y... ¿QUÉ HARÁ LA ANTORCHA?