Colección: Los 4 Fantásticos
Autor: Vazquez
Número: #4
Título: La Caída de la Antorcha. Parte III
Descripción de la portada: La Antorcha Humana, sentada en el suelo de una pequeña habitación, que parece abandonada. A su lado, un anciano, con media cara quemada.

Johnny siguió su camino, paseando por las calles de Nueva York sin un rumbo fijo. Bajó por la primera boca de metro que vio, y, con cuidado de que no pasara el tren, se metió por los túneles, como un mendigo. Todo estaba muy oscuro, y Storm se guiaba encendiendo su mano, para no tropezarse. Ahí nadie le buscaría. Se haría un pequeño hogar, y tendría todo el tiempo necesario para pensar. Siguió caminando unos minutos, hasta que escuchó un tremendo ruido. El metro se acercaba. Se juntó todo lo que pudo a la pared, para evitar el enorme transporte, y se fijó en la superficie en la que se había apoyado.

Una enorme tabla de madera cubría el muro. No había rastro de más paneles así en las demás zonas del túnel, lo cual extrañó a Johnny. Al golpearla, sonó hueco. Sin duda, había alguna sala al otro lado, o algún espacio vacío. Quizá se hubiera derribado una parte del túnel, y le podría servir de escondrijo provisional. Johnny, sin vacilar, destrozó la cubierta de una patada descubriendo algo que le dejó sorprendido.

-¿Qué demonios es esto?

Se encontraba ante una enorme sala, en el interior de la pared del metro. Había muebles rotos, basura tirada por todos lados, y con un sólo vistazo contó cuatro ratas. Era el espacio que ocupaba una de las habitaciones más pequeñas del edificio Baxter. Un colchón medio roto a un lado, periódicos extendidos cubriendo la mayor parte del suelo, y latas vacías de comida. Se acercó a un resto de comida, y comprobó que era reciente. Con toda probabilidad, alguien vivía ahí. Quizá un mendigo había construido todo aquello. Storm pensó en instalarse ahí, hasta tener decidido un sitio mejor.

Muy lejos de allí, en el Fantasticar:

-¿Cariño? He perdido la señal de Johnny.- Reed tocaba los botones del pequeño mando a distancia, que detectaba el calor corporal de la Antorcha.
-¿Qué significa eso?- Sue contestó asustada. Hace años se prometió no parecer la dama en apuros, ser una mujer fuerte, y lo había conseguido, pero la sensación que sentía ahora... La tenía aterrada.
-No pasa nada, Sue. No creo que sea nada serio. Es posible que, esté donde esté, haya interferencias...- Reed hablaba mientras miraba fijamente el aparato.
-Quizá esté bajo tierra, y eso interrumpe la señal. Puede ser que...
-No.- Le cortó Reed.- He diseñado el aparato para que le detecte en cualquier sitio. Pensé en el Hombre Topo cuando lo creé, así que tuve en cuenta los lugares bajo tierra, incluso Atlantis.
-No entiendo... ¿Entonces dónde se ha metido?
-La única explicación es que se haya internado en una habitación, o un recinto, que haya sido creado para esta función... Esconderse de cualquier radar.- Reed sabía que había otra explicación.... Si el calor corporal de Johnny había desaparecido, podía ser debido a su muerte.

En el Edificio Baxter:

-De acuerdo, Harkness. El doctorcito Muerte ha vuelto de la tumba una vez más. Le venceremos, le daré uno de mis puñetazos de los domingos, y se acabó la visita al doctor. Siempre pasa... Pero el problema es que tengo que recoger a los crios de Reed y no puedo perder el tiempo en esto.
-Grimm, no es tan fácil. Esta vez, Muerte no es el mismo que antes. Todo comenzó cuando el villano hizo un pacto con los traicioneros Haazareth. Este trío de demonios haría cualquier cosa por una porción de oscuridad, un alma humana sacrificada. Víctor debió sacrificar a un ser querido, para que los tres infernales le dieran tales poderes místicos. Desconozco quién fue el sacrificio de Víctor, pero lo compadezco... Los Haazareth dieron al villano un poder mágico espectacular. Él lo usó para derrotaros a los 4 Fantásticos, secuestrando a Franklin en el infierno, y derrotandoos a la familia al completo.
-Sí, gracias por el resumen, estuve presente cuando me pateó el culo.
-Con ayuda de Stephen Extraño, finalmente Richards logró detener a Muerte, liberando a su hijo del abismo. El trío de demonios arrastró a Muerte hasta las profundidades del infierno, donde lo trataron como a un esclavo más, a un alma caída. Pero Víctor volvió de nuevo a la vida, poco tiempo después. Reed, algo enloquecido tras los últimos sucesos, lo encerró en una “dimensión de bolsillo”, infinita. Confiaba en que de esta manera jamás volviera a causar mal al mundo. Se equivocó, y el cuerpo de Muerte quedó encerrado en el lugar infinito, pero no su alma. Su espíritu saltó de cuerpo en cuerpo, y acabó por poseerte a ti también. Te dispararon, e incluso pasaste un tiempo en coma.. Tras esto, a ojos de la humanidad, Muerte desapareció.
-Bien. Entonces sabrás qué es de él ahora, o cómo sobrevivió.
-Hace poco recuperé su señal mística. No sé si ha recuperado su cuerpo, pero está sediento de venganza de nuevo. Con vosotros, y con los Haazareth. Por lo visto, volvió al Infierno, creando un portal para su viaje. Tras un mortal combate con la tríada de demonios, consiguió escapar junto a bastantes más diablos.
-Bromeas... ¿Por qué no llamas a Extraño y que lo meta en su sombrero, como un conejo? O, mejor, que lo encierre en una pequeña caja de cartón, y lo mande de un patadón a la Luna de nuestra parte.
-Pese a tus vanos intentos de humor, he probado a comunicarme con el Doctor Stephen Extraño. Está en una misión, con su grupo de los Defensores, así que no podrá sernos de ayuda. Pero antes de acudir a los 4 Fantásticos, me ha encontrado otro aliado...
-Sorpréndeme...-Replicó Ben sin entusiasmo.
-No es mi intención, desde luego.

Una pequeña explosión llenó de humo el cuarto. Entre la bruma aparecieron Agatha Harkness y un hombre alto, que empuñaba un tridente. Cuando se despejó la niebla, por arte de magia, Ben reconoció al sujeto. Su pelo formaba dos pequeños cuernos, y sus ojos tenían una gran profundidad. Dos largos colmillos se dejaban ver en su sonrisa. Llevaba el pecho al descubierto, y en él, un tatuaje de una estrella de cinco puntas.

-Oh, perfecto, os habéis transportado a mi casa, llenándolo todo de humo. Ahora Suzie creerá que he vuelto a fumar puros aquí dentro... ¡Y rayos, tú eres Daimon Hellstrom! Nos conocimos en aquella ciudad fantasma, Lawless. Luchamos contra el fantasma de Ravenstrom, aquel vaquero loco, ¿recuerdas?
-Claro que lo recuerdo, Cosa. Pero no me llames así. Soy el Hijo de Satán, y ahora debemos ir en busca del espíritu de Muerte. Créeme si te digo que este villano causó un grave problema en el infierno, y pienso llevarle de vuelta.
-Bien, ahora que os habéis presentado, debemos ponernos en marcha.- Dijo Agatha.
-De acuerdo, ¿quieres que coja alguna nave para irnos? ¿Dónde estará, en Latveria?- Ben se giró, para ir hacia al ascensor que les llevaría al lugar donde guardan los transportes.
-¿Nave? No hasta que no sepamos dónde está Muerte.- Agatha sacó una piedra roja de una bolsa, y empezó a trazar una estrella en el suelo.- Hijo de Satán, siéntate aquí, y búscalo. Yo me uniré a ti en unos minutos.
-Espera, espera, ¿vais a usar el salón como portal al infierno? ¿Se va a armar aquí la batalla?
-No, Ben.
-Entonces podéis seguir, yo iré a ver la tele, cuando lo encontréis, dadme un silbidito.

Agatha cerró los ojos, y comenzó a recitar un hechizo.

De vuelta a la habitación en los túneles del metro, han pasado horas, y Johnny no ha parado de pensar qué hacer ahora con su vida. Había decidido no volver a los 4 Fantásticos, no hasta que se sintiera mejor, hasta que redimiera su crimen. Tenía que saber la verdadera identidad de Ron Phist. Murió en el accidente, pero... ¿Por qué se empeñó en apresarle?¿Por qué nadie lo conocía? O quizá cambiar de ciudad, de identidad superheroíca y patrullar sólo las calles. Pero un personaje famoso como él sería fácil de reconocer, y tendría problemas. Ya que la justicia le busca, sería un prófugo, y ¿qué comería? ¿dónde viviría? Demasiados problemas...

De repente, un ruido paró los pensamientos de la Antorcha. Johnny se había ocupado de tapar la estancia colocando la tabla de madera en su sitio anterior, pero ahora podía comprobar como se movía. Reed... ¿Le había encontrado? Finalmente, entró en la habitación un tipo bajito, delgado, que vestía con ropas muy sucias, y unos pantalones medio rotos. Su cara, con rasgos duros, estaba lleno de moratones, y tenía una pequeña barba de un intenso color negro. Al pasar, observó al nuevo visitante, y su primera reacción fue quedarse paralizado de la sorpresa, sin articular palabra. Al instante, su expresión cambió por completo, y sonrió:

-¡Ey! ¿Qué hay?- El acento en su voz delataba su lugar de nacimiento, algún lugar de Europa del Este.
-Esto... Perdone que me haya metido aquí, pero necesitaba...- Johnny se levantó del colchón, y se acercó al mendigo.
-Necesitabas un hogar, harto de vivir en las calles, ¿verdad?- El mendigo le tendió la mano al joven.

-”Será mejor que no le cuente quien soy en realidad. Por lo visto, no me ha reconocido”.-Pensó Johnny.- Yo me llamo... John Street.

-Me vendría muy bien algo de compañía, charlar, ¿sabes? ¿Qué opinas, te apetece quedarte aquí?
-Gracias. La verdad es que sólo será un tiempo, hasta que sepa qué hacer con mi vida...
-Eso mismo pensé yo, cuando murieron mis padres. Verás, mi familia vino aquí, a América, para trabajar cuando yo tan sólo era un niño. No fui un buen estudiante, me metí en bandas, robaba, y sólo paré tras la muerte de mis padres, en un accidente. Fue entonces, a los 16 años, cuando estuve sólo, sin dinero y fichado por la policía. Trabajaba en tonterías, la mayor parte cosas ilegales, pero cuando me hice mayor... Acabé tirado en la calle. Un día, cuando paseaba por los túneles del metro, encontré este sitio. La pared estaba completamente derrumbada, y podía ser un buen lugar para dormir y refugiarme... ¡Oh, y qué tonto soy, todavía no me he presentado! Mickhail Firer, pero puedes llamarme Mick. ¿Y tú cómo has llegado aquí, chaval? Llevas ropa limpia, y una mochila llena.
-Prefiero no hablar de ello... Pero, ¿qué son todos esos dibujos de las paredes?- Johnny no se había fijado hasta entonces. Muchas pintadas cruzaban las paredes, hasta llegar al techo. No formaban nada en especial, eran simples esbozos, pintados de negro y rojo, que rodeaban la habitación.
-¿Hum? Oh, nada importante. Ya estaban ahí cuando llegué, y me entretienen, no me disgustan.

El viejo Mick se sentó, apoyado en una pared, y en ese momento Storm se dio cuenta de que al mendigo tenía una gran cicatriz en la parte derecha de la cara, como una quemadura.

-Y dime, chaval. ¿No tienes familia?
-Es... complicado. Mis padres también murieron cuando yo era joven, pero tenía a mi hermana para ayudarme. Si lo pienso, ella siempre ha estado allí, haciendo de madre para mí. Cuando nos quedamos huérfanos, yo no pude aceptarlo. Supongo que me negaba a madurar, a mostrar mis preocupaciones, y preferí seguir siendo el adolescente irresponsable. Luego, mi hermana conoció a alguien, que nos llevó a un lugar... Que nos cambió en todos los aspectos. Sue acabó casándose, y yo me sentí algo más sólo. Y eso me llevó a seguir comportándome de una manera estúpida. Era imprudente, arriesgado. Y en nuestro trabajo, había que pensar. Era cuestión de tiempo que lo fastidiara todo, y así fue. Ellos... Mi familia, no me culpan, pero sé lo que piensan. Están decepcionados. Yo estoy decepcionado. Así que huí de casa. No sé si es lo correcto, pero yo, de momento, lo veo justo.
-No sé si he entendido toda la historia, chaval, pero te entiendo. Te ha ocurrido algo que te ha hecho replanteártelo todo, ¿verdad? Has hecho lo mejor que podías hacer. Pero cambiemos de tema, apuesto a que no has comido nada. Tengo un amigo que trabaja en el McDonalds de aquí encima, y me da una hamburguesa y bebidas. Odio esta comida, pero no me quejo. Sólo tengo una, pero tómala.

Johnny mordió la comida, hambriento. No pudo evitar pensar en sus compañeros.

En los cielos de Nueva York:

-¡Por las campanas del Hades, ese demonio ha desaparecido por completo!- Exclamó el Hijo de Satán.

Tras horas de búsqueda, no habían conseguido encontrar ni un rastro de Víctor. Sólo habían conseguido dar con algún que otro espectro que había salido por el vórtice que usó Muerte en su huída, pero estos fantasmas no eran un verdadero reto para ambos magos.

-Hellstrom, deberías contarme qué ocurrió durante la huída de Víctor del Infierno. Sólo sé lo que le he contado a Grimm, que combatió a la tríada de demonios, y que finalmente escapó por el portal que él mismo había creado. Quizá nos dé una pista acerca de su actual paradero, o de sus planes. Lo más lógico es que volviera a vengarse de sus enemigos, los 4 Fantásticos.
-De acuerdo, Harkness. Victor buscaba venganza con sus ex-carceleros, quizá, acabando con ellos, creía conseguir gobernar el inframundo, pero estaba debilitado tras su batalla con los 4 Fantásticos. Los Haazareth volvieron a apresar el alma de Muerte. Como sabrás, el tiempo allí es muy subjetivo. Un instante en la tierra pueden ser años en el infierno. Imagina por un momento lo que debió ser para Víctor. De ser un despótico monarca, a un miserable. No dudo que fue su ira hacia Richards lo que le impulsó a seguir vivo. Sólo un fuerte sentimiento de odio podría ayudar a un alma a escapar de los Haazareth. Con ayuda de otras almas, que ya perdieron toda clase de personalidad pasada, reencontró el portal que había usado para viajar al infierno, a espaldas de sus amos. Estuve presente en su huída, y durante este último mes he conseguido acabar con la mayoría de demonios.
-¿Un mes? ¿El Doctor Muerte lleva un mes entero desde su huída del infierno, y todavía no ha atacado a los 4 Fantásticos?- Agatha no podía creérselo.
-No pensarás que se ha rendido, ¿verdad? Estará tramando algo, esperando el momento oportuno. De todas formas, será mejor que sigamos buscando.

En los viejos túneles del metro de Nueva York:

-Y, Mick, ¿cómo llegaste a ser un mendigo aquí?- Johnny se terminó la hamburguesa y continuó su conversación con Mickhail.
-¿Cómo llegué a ser un mendigo? La verdad es que antes era más poderoso. Tenía a mi control todo una banda. Me seguían fielmente, me obedecían a cambio de seguridad. Pero otro grupo se enfrentó al mío. Al líder del otro lado y a mí nos unía un lazo de rivalidad, y tras una batalla final, acabé exiliado aquí, como un mendigo. Él tomó el control de mis súbditos, liderándolos un tiempo. No pude soportarlo. He estado pensando en cómo acabar con él. He intentado apresar a su familia muchas veces, y nunca funciona...
-Mick, tranquilo, si no quieres, no me cuentes nada más. La verdad es que yo..
-¡Cállate, Storm!
-¿Storm? Sabes quién soy. Yo... debo irme, entonces. No quisiera que te acusaran de hospedar a un criminal. Lamento haber venido sin permiso.
-No, quédate a escuchar mi historia. Después de todo, la conoces bien. Cuando volví del infierno, vagué por América, lejos de mi verdadero hogar. Vigilándoos.
-¿De qué estás hablando?

Johnny se había levantado, cogiendo su mochila. Mick también se puso de pie, sonreía.

-Yo. Soy. Muerte.- La quemadura en el rostro de Mickhail le daba un aire siniestro, demoniaco.

Johnny se encendió, salió volando por los túneles del metro, hasta la superficie. Todo el mundo en la calle se quedó sorprendido, mirándole. No le importó, estaba aterrado.

“¿El Doctor Muerte había vuelto? Parece que podía cambiar de cuerpo, como la otra vez.”-Johnny pensaba sobre lo que acababa de suceder. Tenía miedo de que se repitieran los hechos. Víctor ya había tomado posesión del cuerpo de la Antorcha, y más tarde del de la Cosa, provocando su muerte.

En los cielos de Nueva York:

-¡Sue! ¡Acabo de detectar a Johnny! Está a pocos metros, cerca de la boca de metro más cercana.-Reed y Susan habían estado buscando sin éxito a la Antorcha, y por fin el radar dió con su presencia.
-Gracias a Dios... ¡Vamos!- Sue pusó a toda velocidad el Fantasticar.

En un par de minutos, vieron la estela de fuego de la Antorcha surcar el cielo, hacia su dirección. Un campo de fuerza paró su trayectoria, dejándolo suavemente en un asiento del vehículo. Johnny, al ver a sus compañeros, se apagó.

-Johnny, ¡por fin! ¡¿Cómo se te ha podido ocurrir escapar así?!- Susan mostraba un grave enfado, pero se acababa de quitar un gran peso de encima.
-¡Muerte!- Johnny agarró a su cuñado por los hombros.- Ha vuelto, Reed. El Doctor Muerte ha vuelto.
-Lo suponía. Siempre vuelve. ¡Siempre lo hace! No puede dejarnos en paz, tiene que morir y renacer. Llama a Ben.
-Tranquilízate, Reed. Esta vez todos nos haremos cargo. Es muy posible que no tenga la misma fuerza que antes. Ni sus poderes mágicos. Ha perdido todo lo que le hacía un villano de primera. Será mejor que contacte con el Doctor Extraño, ahora lo llamaré, quizá tenga alguna idea.-Sue se hizo cargo de la situación enseguida. Parecía una líder nata, dejando a Reed casi sin palabras. Casi.
-Johnny, ¿qué aspecto tenía Víctor? ¿Poderes? ¿Usó magia?- Reed comenzó a interrogar a la Antorcha.
-No era su cuerpo, sino el de un viejo vagabundo. No usó ninguna clase de poder, pero supongo que sigue teniendo aquello de saltar de cuerpo a cuerpo. El cuarto donde le encontré en el metro, estaba lleno de pinturas arcanas, quizá...
-Sin duda, para esconder su presencia. Será mejor que nos lleves a él.
-Reed, me parece que ya es demasiado tarde...-Sue señaló a la espalda de su marido. Tras de sí, se encontraba Mickhail Firer, volando cubierto de un aura verde. Su aspecto era cómico, un anciano bajito, delgaducho, enfrentándose a tres superhéroes, sonriendo.
-Cuanto tiempo, Richards. Sue, un placer.- Muerte les apuntó con las manos, disparando un par de rayos, que la Mujer Invisible paró sin problemas con su campo de fuerza.
-¡Apartáos de él! Quizá pueda meterse en vuestro cuerpo.- Gritó Susan.
-De poder hacerlo, ya lo habría hecho.-Contestó Reed.
-¿Eso piensas, Richards?- Muerte apuntó una vez más a su enemigo, pero súbitamente empezó a arder. Las llamas quemaron el cuerpo del anciano, provocando un grito horrible, de verdadero sufrimiento. Mick cayó sin vida a la calle. Los 4 Fantásticos descendieron con el Fantasticar.
-¿Johnny?-Dijo Sue.-¿Has sido tú?
-Yo... No he sido.- La Antorcha estaba confundida. ¿Había podido crear él aquél fuego? No parecían llamas suyas, no desprendían calor.
-He sido yo.- Daimon Hellstrom flotaba sobre ellos, con su gran tridente cubierto de fuego.- El demonio no ha muerto, va a seguir combatiendo. Podéis apartaros, esta lucha es mía.
-Hellstrom... ¡Tú caerás el primero!

Mick, pese a haberse roto el cuello y la mayoría de huesos al caer contra el suelo, se levantó sin problemas. El espíritu de Muerte estaba furioso.

EN LA PRÓXIMA ENTREGA... LUCHA ENTRE DEMONIOS ¡MUERTE CONTRA EL HIJO DE SATÁN!