Colección: Los 4 Fantásticos
Autor: Vázquez
Número: #5
Título: La Caída de la Antorcha. Parte IV
Descripción de la portada:Johnny avanza cabizbajo, vestido con ropa de calle. Al fondo, una imagen de Johnny de espaldas, con el uniforme de los 4 Fantásticos (un homenaje a la portada del Amazing Spider-Man #50).
-Hellstrom... ¡Tú caerás el primero!- Gritó Muerte.
Su espíritu estaba en el interior del cuerpo de un anciano de origen latveriano, Mickhail Firer. Pese a su pequeño y débil cuerpo, Víctor, al tomar posesión del viejo, podía controlar sus grandes poderes mágicos. Una gran aura verde emanaba de él, mientras avanzaba hacia su enemigo. Daimon Hellstrom se alzaba frente a él orgulloso. Su pecho desnudo dejaba ver el gran tatuaje de una estrella de cinco puntas. Sujetaba con fuerza su tridente, que ardía con fuego místico. Su capa se movía a causa del fuerte viento que había comenzado a soplar en el campo de batalla.
La ciudad, a su alrededor, estaba desierta. Sue había creado un campo de fuerza a su alrededor, para que no entrara ningún inocente, y fuera herido. A un lado de ambos combatientes se encontraba Reed Richards, el científico héroe conocido como Mister Fantástico, apoyado en el Fantasticar, sin saber cómo actuar. Pese a que el Doctor Muerte era su enemigo más poderoso, se sentía marginado del combate. Estaba muy lejos de sus posibilidades, desde luego.
-Tenemos que hacer algo, Reed. Cualquier cosa, no podemos dejarle sólo contra el Doctor Muerte.- Susan necesitaba encontrar su papel en la batalla. No quería sentirse inútil.
-No puedes hacer nada, Sue. Confía en el Hijo de Satán, y concéntrate en el campo de fuerza.- Junto a ellos, apareció Agatha Harkness, una anciana bruja, que hacía años había cuidado de su hijo, Franklin. Había notado la presencia de Muerte, y había acudido a Daimon Hellstrom, el cual también buscaba al villano. Juntos, contactaron con Ben Grimm, la Cosa, para avisarle de su vuelta del abismo.
-Hola, Agatha. Me alegra que estés aquí. ¿Alguna idea?- Susan miró con esperanza a la anciana.
-Creí que el de las ideas era tu marido.
Reed estaba sentado, con las piernas encogidas. Apoyaba la cabeza en sus manos, mientras decidía qué hacer. La última vez, se dejó llevar por su ira, por el miedo, y eso le llevó a perder el control. Había estado a punto de perder a su familia, al punto de llegar a sacrificarse a sí mismo por salvarles de Muerte. Todas las noches había dejado un tiempo para decidir qué hacer en un caso como este... Pero volvía a sentirse inútil. No debía dejar combatir al Hijo de Satán. Muerte era cosa de los 4 Fantásticos.
Johnny estaba apartado de sus compañeros, no quería hablar con ellos. La última vez que había hablado con ellos, era por medio de una nota de despedida. Pensaba mantenerse alejado de ellos semanas, quizá meses. No había aguantado ni un día entero sin su presencia. En cuanto vió que Mick Firer, su colega vagabundo, estaba poseído por Muerte, huyó volando, pidiendo ayuda a su hermana y a su cuñado. No le tomarían en serio si con cada problema volviera a casa para luego marcharse. Mientras todos estaban en silencio, Johnny se prometió repetidas veces que se iría en cuanto Muerte fuera derrotado... En el caso de que lo consiguieran.
-Antes de encontrarnos con Muerte, hemos contactado con Grimm. Sigue a salvo, en el edificio Baxter, pero no podrá participar en la batalla.
-Agatha, si desde el principio sabías que no podemos hacer nada para acabar con él... ¿Por qué le has llamado?-Preguntó Susan, que había perdido la paciencia.
-No quiero decírtelo así, Susan, pero pensábamos usaros de cebo. Muerte rondaría a vuestro alrededor.- Agatha contestó con seriedad a Sue.
-¿El Hijo de Satán está al corriente de los poderes de Muerte? No se están moviendo, sólo se mirán fijamente el uno al otro. ¿Sabe él que Víctor puede cambiar de cuerpo? Está demasiado cerca, y podría hacer contacto.- Reed hablaba sin mirar a nadie, sólo estaba concentrado observando a ambos luchadores.
-Muerte no puede poseer el cuerpo de Hellstrom. Por lo que he conseguido saber de sus poderes, su posesión ha sido reducida drásticamente. Ahora sólo entra en contacto con los humanos de origen latveriano. Aún así, tuvo suerte por salir del infierno con vida, del castigo de la tríada de demonios.
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Daimon Hellstrom hasta el momento había permanecido callado, totalmente quieto, sin mover un sólo musculo. Sujetaba su tridente con fuerza, y las llamas habían cesado. El Hijo de Satán tenía cuentas pendientes con Muerte. En su huída, liberó a demasiados demonios, y era su deber devolver a todos al lugar del que nunca debían haber salido. La tierra debía permanecer limpia de esta raza abismal, y sólo Muerte se interponía en su camino. Sabía que sería un duro rival, pero en este momento, lo había estado estudiando. Con un veloz gesto, apuntó a Víctor con su tridente, lanzando fuegos místicos, que fueron directos a su objetivo.
Muerte observaba paciente a Hellstrom. Al mirarle a los ojos, recordó aquella misma mirada hacía un mes, en su huída del infierno. Los Haazareth lo habían apresado, sometiéndolo a las más horribles humillaciones que un monarca podría aguantar. Pero al cabo de innumerables años de servil tranquilidad, Muerte reencontró el portal por el que había entrado tras desaparecer en la última batalla contra los 4 Fantásticos. Junto a él, se había llevado a varios demonios de menor rango, prometiéndoles la libertad. Él sabía que no todos conseguirían salir vivos, es más, contaba con ello. Pero encontró algo más, aparte de los guardias del infierno. Dijo que se hacía llamar Hellstrom, era el Hijo de Satán. En una larga batalla, Muerte huyó por el portal, pues veía imposible derrotarlo en su terreno. Víctor dejó de recordar al ver que hacia él venían multitud de llamas lanzadas por Daimon.
-Esta vez no, Hellstrom.- Gritó Muerte, tras esquivar las llamas con pasmosa facilidad.- Esta vez estoy preparado, y tú no estás en el Infierno.
-Huíste de tu derrota una vez. No permitiré que ocurra de nuevo.
-¡Y yo no volveré al Infierno!
-Cuando muere un demonio, como tú, no va al Infierno. Simplemente desaparecerás, para no volver. Y creéme, yo voy a matarte.
Daimon Hellstrom saltó de improviso hacia Muerte, propinándole un puñetazo que lo derribó. A fin de cuentas, el cuerpo no tenía mucha fuerza, era sólo un anciano. Víctor estaba arrodillado ante el Hijo de Satán, que lo miraba con orgullo.
-No acabaré con tu vida si no es necesario. ¿Vas a volver al averno?-Daimon le tendió la mano.
-Imbécil.- Contestó Muerte, al tiempo que, apuntándole con la mano, dedos pulgar, índice y meñique extendidos. Un rayo surgió que catapultó al guardián infernal hacia atrás.
Víctor levitó hacia su enemigo. Le apuntó con ambas manos, pero al tiempo que empezaba a atacar, algo lo agarró, inmovilizándolo.
-Richards...-Susurró Muerte.
En efecto, Mr. Fantástico había extendido sus brazos, agarrando por el cuerpo a Muerte. Al instante, dió vueltas sobre sí mismo, y lanzó al villano muy lejos. Confundido, Víctor ascendía hacia el cielo, y un enorme golpe le dejó casi inconsciente. Se había chocado contra el campo invisible de Sue. El campo lo arrastró de nuevo al lugar de la batalla, y Agatha susurró unas palabras. Al instante, unas bandas oscuras atraparon a Muerte, dejándolo indefenso ante Daimon. Éste apuntó con el tridente hacia el demonio, y sus llamas místicas surgieron de pronto. No le dieron tiempo al malvado de reaccionar. Todos vieron como el anciano Mickhail Firer se quemaba poco a poco. De su piel salía humo, y Johnny y Sue apartaron la vista.
-¡Aaaargghhh!-Gritaba.- <¿Qué hacéis? ¡Socorro! Piedad, por favor...>
-¿Qué dices, Muerte?- Le gritó Hellstrom.
-¡Está hablando latveriano! Pide misericordia, no es Muerte. Estás quemando al huésped de su cuerpo, el mendigo.- Saltó Reed.
-Imposible, mi fuego no quema, solo arden al contacto los demonios.
-<Por favoooor... ¿Qué he hecho?>-El anciano Mick Firer continuaba dando alaridos. Se contemplaba a sí mismo, viendo sus manos derretirse.
-No pararé, Richards. ¿No lo conoces? Es Muerte, está fingiendo.
Johnny Storm corrió hacia el anciano, intentando contener el fuego. Sabía que con quien había hablado antes no era Mick, sino Muerte inventándose su vida, pero... No podía evitar sentir cariño hacia el mendigo. Pero el fuego mágico estaba fuera del alcance de la Antorcha. La vida del anciano desapareció entre los brazos de un Johnny desolado.
-Ya está. Muerte no volverá, podéis estar tranquilos.- Hellstrom descansó. Había sido una batalla corta, pero seguía tenso por el combate. A niveles mágicos, había sido increíble.- Entre todos, lo hemos conseguido.
-El Doctor Muerte sigue vivo.- Susurró Agatha Harkness.- Ha salido del cuerpo del mendigo en el último momento. ¡¿Cómo has podido ser tan estúpido, Daimon Hellstrom?!
-Imp...imposible. Mi fuego místico...
-Ha fallado. El espectro de Muerte nos rodea, estad atentos. Puede atacar en cualquier momento.
Reed Richards protegía a su mujer, preparado para defenderla a cualquier signo de ataque. Sue, por su parte, estaba completamente preparada. Se preguntaba si uno de sus campos de invisibilidad podrían detener a un fantasma. Agatha se colocó en una posición en la que podría lanzar hechizos viniera de donde viniera el ataque. Johnny Storm acababa de soltar al mendigo, del que sólo quedaba el esqueleto. Daimon miraba horrorizado al cadáver que acababa de provocar.
Ben Grimm, en el edificio Baxter, cambiaba de canal de televisión, justo antes de que se le cayera el plato de palomitas al suelo. No tenía ni idea de qué había sucedido con ambos magos. Había intentado conectar con Reed un par de veces, pero su comunicador del traje no funcionaba... Se preguntaba cómo estaría Johnny...
Daimon Hellstrom tardó demasiado en reaccionar. Una figura invisible traspasó su cuerpo, produciendo un enorme dolor en el pecho del Hijo de Satán.
-¡Es completamente invisible! Quizá pueda hacer algo...-Agatha pronunció varias palabras en un idioma parecido al latín, y entonces pudo contemplar el espectro de Muerte. Una figura humana, desnuda. La bruja vio el rostro cicatrizado, lleno de quemaduras, de Víctor, y no pudo evitar sentir asco.- Ahora podéis verlo, ¿verdad? ¡Richards, está avanzando hacia ti! Intentad mantenerle quieto, si está demasiado tiempo sin un cuerpo humano, se desvanecerá. ¡Sólo debes impedir que se mueva, Sue, haz un campo invisible a su alrededor!
Un muro invisible rodeó a Víctor. Sue no dejaría que ese monstruo se acercara a su marido. Entonces, sintió una grave sacudida. Otro golpe. Le estaba debilitando sobremanera la fuerza que Muerte usaba para atravesar su campo. No eran puñetazos, eran como impactos de energía. Podía sentir como su campo se debilitaba, y Sue con él. Había visto lo que Víctor había hecho tan sólo atravesando a Hellstrom, el dolor lo había dejado inconsciente. Si le hiciera algo peor a Reed...
-Sue, ¡resiste! Si Muerte está quieto un poco más, su espíritu se extinguirá por completo.-Gritó Agatha.
-Cariño, tranquila... Sólo aguanta un poco más...-Reed se sentía totalmente inútil en la pelea. No había hecho nada, era incapaz de pensar un plan. Muerte era un enemigo mucho más poderoso que él. Al igual que Mr. Fantástico, Johnny observaba la situación. Veía como Susan lloraba de la presión de mantener el campo, su nariz sangraba.
Finalmente, el muro se quebró. El espectro de Muerte agarró por la cara a Reed, quemándola.
-No sé como te libraste de la herida que te causé, Richards.- Le susurró Víctor al oído. Reed escuchaba la voz en su cabeza.- Pero esto te acompañará a la tumba.
La herida que lucía Reed era aterradora. Toda su cara estaba completamente deformada. Al verla, Agatha recordó el rostro de Muerte, eran iguales. Sue empezó a llorar, no había conseguido mantener el campo. Unos segundos más y habrían vencido, pero no había resistido. Levantó la vista hacia su marido, y contempló la herida. Corrió a abrazarle.
-¿Dónde ha ido Muerte?-Se preguntó Agatha.- No ha continuado atacando... Con Hellstrom inconsciente, ha podido pasar la barrera mística que nos rodeaba... Seguramente ha huído al cuerpo de algún latveriano.
-Oh, Reed, ¡lo siento mucho! Yo... no he hecho suficiente.
-Víctor siempre... Siempre mejora después de cada batalla. ¿Qué pasará la próxima vez, Sue? ¿Me matará a mí? ¿A mis seres queridos?- Reed estaba en estado de shock, no notaba la horrible cicatriz que tapaba su cara por completo.
Sue siguió abrazada a Reed. Agatha se agachó para despertar a Hellstrom. La estrella de cinco puntas de su pecho se había borrado por completo, al traspasarle el espíritu de Muerte, había hecho que desapareciera, pero... ¿Qué consecuencias tendría esto?
Johnny observo a su familia por un lado. Ya lo tenía claro. Su sitio no estaba con ellos. Si no se hubiera escapado, Reed no hubiera tenido que buscarle, y hubieran estado preparados para el ataque de Muerte en el edificio Baxter. Avanzó hacia el cuerpo sin vida de Mick Firer. Era sólo un esqueleto, el fuego místico del Hijo de Satán lo había reducido a esto.
-Me encargaré de que tenga un entierro digno. Supongo que la historia que me contó Muerte era en realidad la de Mick. Yo... Adiós.- La Antorcha se encendió, con el cadáver en los brazos.
-¡Johhny, no te vayas!-Sue soltó a Reed, y se acercó a la Johnny, que se apagó.- Eres mi hermano, y lo que ocurrió en aquel lugar fue un accidente. Irás a juicio, se demostrará que eres inocente, y volverás a ser un héroe. Formas parte de los 4 Fantásticos, de nuestra familia... ¿No es eso lo importante?
-Lo importante son las 220 personas muertas. Soy inocente, pero no hay nada que lo demuestre. Debo saber quién era ese Ron Phist, cómo perdí el control de mis poderes, como saltó mi forma nova. Hasta que no sepa qué me ocurrió no volveré. Los 4 Fantásticos es un grupo con un honor que yo he perdido. Quizá algún día lo recupere. Hasta entonces, habrá una baja en el grupo, espero que busquéis un buen suplente. No me busquéis, por favor. Adiós.
-¡Johnny, no!- Demasiado tarde, la Antorcha Humana ya había salido volando. Susan le miró desde el suelo. Podía pararlo, pero...
-No lo hagas... Entiende al chico, quiere estar sólo. Al menos, dale eso.- Agatha sujetó a la Mujer Invisible del hombro.
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Una hora más tarde, Reed y Sue regresaron al edificio Baxter. Agatha había intentado curar el rostro de Richards varias veces, con distintos hechizos, pero no había conseguido nada. Esas quemaduras no eran simples heridas. Tiempo atrás, Mr. Fantástico había sufrido el mismo castigo en media cara, y sólo un supuesto dios lo había curado. Antes de marcharse, Agatha les había dicho que había mandado a un amigo a recoger a Franklin del colegio y a Valeria de la guardería. Sabía que Ben no se acordaría, y había contactado con él telepáticamente.
Cuando llegaron, Ben corrió hacia la pareja de héroes.
-Tíos, no os vais a creer lo que ha pasado. Agatha Harkness ha estado aquí, acompañado de un tío raro, el Hijo de Satán, ya os hablé de él. Pues bien, me han dicho que Muerte ha regresado y...- Ben miró el rostro de su mejor amigo.-Oh, por mi tía Petunia. ¡Reed! ¿Os habéis enfrentado a él? ¿Qué... qué te ha hecho en la cara?
-Me ha hecho un monstruo. Esta batalla la ha vencido.-Reed sonrió, pero no tenía razón alguna para ello. Se había defraudado a sí mismo.
-No digas eso, viejo amigo. Podrás volver a la normalidad en cuestión de tiempo, ya verás. Tranquilízate.- La Cosa recordó a otro miembro.- Y... ¿Johnny? ¿Está bien? ¿Lo habéis encontrado?
-No volverá, Ben. Necesita estar en paz consigo mismo...-Sue no sonreía. Al contrario, estaba agotada, triste, y sabía que había fallado a su marido y a su hermano. Pasarían semanas hasta que todo volviera a la normalidad.
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Un minuto de incómodo silencio por la habitación fue cortado por el estrépito del timbre del teléfono. Sue se apresuró a cogerlo.
-¿Sí?
-¿Hola? ¿Es usted la señora Richards?- Una voz con un fuerte acento francés contestó a Sue.
-¿Quién es usted? Estamos en una situación complicada ahora mismo, yo...
-Oh, escuche. Me llamo Jean Valadier, y Agatha me ha pedido que recogiera a sus hijos.
-¡Oh, claro! Muchas gracias, ¿podría traerlos al edificio Baxter?
-Claro que sí. Soy un experto en mi trabajo, soy canguro de niños desde hace diecisiete años. Traje a los niños a mi casa y les puse una película de Disney. He llamado varias veces, pero solo contestaba un robot idiota, y odio las máquinas.- Jean hablaba muy rápido, y a Sue le costó entenderlo todo. Por suerte, sus hijos se habían mantenido al margen de todo esto.- Ahora iré hacia allá, hasta luego.
-Adiós, y muchas gracias, Jean.
Sue colgó el teléfono, y miró fijamente a Ben. Como había dicho Agatha, se le había olvidado ir a recoger a los niños.
-Esto... Sue, sé que estamos todos muy alterados tras todo esto, pero... He de confesarte que se me ha olvidado recoger a los chicos, lo siento, pero no te preocupes, seguro que...- Ben se dio prisa en pedir disculpas.
-No, Ben, tranquilo, están a salvo, me lo acaban de decir por teléfono.
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Media hora después, llegó Jean. Reed fue al laboratorio, no quería asustarle, dijo. Ben pasó a recibir al canguro, y Sue preparó una taza de café para el invitado. El canguro era un tipo que rondaría los cuarenta años. Era alto, vestía un elegante traje con corbata, y lucía un bigotito y perilla. Empezaba a quedarse calvo, y Jean lo disimulaba con un sencillo peluquín negro, engominado. Estuvieron conversando un rato, aunque Susan no quería seguir hablando. Su hermano acababa de independizarse del mundo, se había marchado como un prófugo, y su marido acababa de ser atacado por su mayor enemigo, y su cara estaba llena de quemaduras, que eran incurables. Se sentía tan cansada, que desearía dormir durante meses, para despertar y que todo esto hubiera sido una pesadilla. Que todavía siguiera siendo la chica inocente, sin poderes sobrehumanos, la chica que pasara desapercibida.
-Verá, Sra. Richards... He pensado en presentarme como canguro de los pequeños. Ya hemos tomado confianza, y sería una pena despedirnos tan pronto, ¿eh, mes petits?-Dijo hablando hacia los niños.
-Gracias por la oferta, Jean, la verdad es que necesitamos a alguien para que cuide de Franklin y Valeria mientras nosotros nos vamos de misiones, pero... Es un trabajo complicado, Jean. Es muy peligroso, cualquier enemigo podría pasar para secuestrar a nuestros hijos, y herirte... O algo peor.
-Oooh, no se preocupe, verá. Agatha ha pensado en mí para llamarme por un secretito que tengo... Soy mutante, no tendré ningún problema. Además, soy un iniciado en temas mágicos, así es como conocí a la señora Harkness.- Las últimas palabras las dijo tan bajito, que a Ben le costó enterarse de lo que había dicho. El poco volumen y el fuerte acento francés dificultaban la compresión.
-¿Mutante? ¿Qué clase de poderes, Jean?
-Campos de fuerza indestructibles e invisibles, madame. ¿Qué le parece?- Jean sonrió con malicia tras estas palabras.
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EN EL PROXIMO NÚMERO LA FAMILIA DEBERÁ AFRONTAR SU NUEVA SITUACIÓN. ¿QUÉ SERÁN LOS 4 FANTÁSTICOS SIN UNO DE SUS MIEMBROS?