Colección: Los 4 Fantásticos
Número: #6
Autor: Vázquez
Título: De vuelta del infierno
Descripción de la portada: Johnny Storm, encendido, grita de dolor, de rodillas en el suelo. A su lado, apuntándole con la mano, y riéndose, una figura misteriosa...

Jean Valadier estaba sentado en el sofá, con las piernas cruzadas, sonriendo.

-Vaya, así que puedes crear campos de fuerza invisibles...- Sue se mostraba firme ante el hombre, pero no se sentía así en absoluto. Por dentro estaba completamente destrozada, confundida y desmoralizada. Su hermano se había exiliado de su familia, y su marido había quedado desfigurado por su culpa. Si hubiera aguantado unos segundos más, el espíritu de Muerte hubiera desaparecido para no volver jamás, pero en vez de eso, le había dejado escapar y atacar a Reed.- Verá, señor Valadier, ahora mismo estoy agotada. Mi marido y yo acabamos de volver de...
-Lo entiendo perfectamente, señora Richards es comprensible. No se preocupe, me voy ahora, y la llamo mañana, ¿le viene bien?

Jean se levantó de su asiento, y acarició la cabeza de la joven Valeria.- Au revoir, ma Valeria!

-Ben, acompaña al señor Valadier a la salida por favor; yo creo que voy a acostarme.
-De acuerdo, Suzie... Sígueme por aquí, chaval.- Jean siguió a la corpulenta masa de piedras.

Susan entró a su habitación, la cama estaba hecha, y se tumbó a un lado. En ese momento empezó a llorar. Se sentía más sola que nunca, sin capacidad para hacer nada, inútil.Quería levantarse y hablar con su marido, pedirle perdón por haberle causado esa herida, por hacer que el mundo vea su cara y se sienta asqueado. Decirle que a ella no le importaba su aspecto, pues lo que sentía era distinto. También quería hablar con su hermano, Johnny, y hacerle ver que no tiene la culpa de lo sucedido, que lo mejor para él sería volver con su familia...

En las puertas del Edificio Baxter, Ben habla con Jean:

-Mira, Jean, ahora mismo estamos pasando una mala racha, la Antorcha ha dejado el grupo, y el Doctor Muerte le ha dado una buena a Reed... Así que lo siento si no hemos estado muy conversadores.
-¿El Doctor Muerte no había desaparecido o algo así?
-Una complicada historia, tío. No he estado en la pelea, así que no tengo ni idea de que ha pasado por allí.
-Bueno, entonces será mejor que me vaya, para que descanséis. Toma esta tarjeta, está mi número de móvil, por si necesitais ayuda con los pequeños. He cuidado de muchos niños en mi vida, y estos no son los peores, créeme.
-¿Alguna vez uno de los crios ha venido de un futuro alternativo siendo adulto, o ha usado sus poderes para crear un universo nuevo?

Jean sonrió, y tras una despedida cogió un taxi y se marchó. Ben no estaba seguro que debía hacer ahora. Sue había ido a acostarse, y Reed estaba encerrado en su laboratorio. La Cosa tomó una decisión y, a grandes zancadas, fue a visitar a su viejo amigo. Al entrar, encontró a Mr. Fantástico sentado, trabajando de forma compulsiva, alargando sus brazos para coger distintas herramientas, mientras murmuraba palabras que Ben no alcanzó a escuchar.

-¡Ey! ¿Cómo te va, viejo amigo?- Preguntó Ben, y apoyó su manaza en la espalda de Reed.
-Bueno, considerando que nuestra última batalla ha sido un fracaso, ¿tu qué crees, “viejo amigo”?- Contestó Mr. Fantástico, malhumorado.

Ben guardó silencio un momento, sin saber qué decir.

-Al menos no ha muerto nadie esta vez.
-¿Sólo has venido a molestarme para esto, Ben?
-¡Joder, Reed! Entiendo que ahora mismo no estés con ganas de hablar, pero no tienes por que estar así. Sólo me preocupaba por tí. Pediros disculpas por no haber estado en la pelea con Muerte, quizá si hubiera estado yo...
-No hubiera cambiado nada... Lo siento, Ben, pero me he dado cuenta de que esto es peligroso. Hasta ahora nos la hemos jugado mucho, y nunca hemos vencido realmente. Siempre vuelven, y tarde o temprano tenía que haberme dado cuenta.
-¿Darte cuenta de qué?
-De que no usamos nuestras capacidades con todas sus posibilidades. Que esto no es un juego, y que quizá sería mejor dejarlo.
-¿Te refieres a acabar con los 4 Fantásticos?
-Ahora mismo 3 Fantásticos. Johnny ya no está.
-Volverá, Reed. El chico está confundido. Y tu también, Muerte acaba de... desfigurarte la cara. Es normal que quieras acabar con todo. Será mejor que hablemos de esto mañana, con Sue. ¿De acuerdo?

Reed apartó la vista de Ben, volviendo a su mesa de trabajo. Al no haber respuesta, Ben salió del laboratorio cabizbajo, con paso torpe. Ya no sabía ni que hora era, pero no tenía sueño. Se tiró en el sofá, y encendió la televisión. No le apetecía ver ningún programa, y estuvo un rato viendo un pesado anuncio de teletienda, sobre un colchón hinchable. Al rato, Franklin apareció, sentándose junto a la Cosa.

-No puedo dormir.- Le dijo el chico.
-Bueno, pues es muy tarde. Será mejor que te acuestes ya.- Ben cogió el mando y apagó la tele.- Ven, que te acompaño a la cama.
-¿Qué ha pasado hoy?
-Yo... no lo sé, chico. Tus papis han tenido otra batalla con el Doc Muerte, y no ha acabado bien.
-Papá no me ha saludo, ni a mí ni a Valeria.
-Papá está bien, Franklin. Simplemente está cansado de la batalla. Mañana por la mañana lo verás, ¿vale?
-Buenas noches, tío Ben.
-Hasta mañana, pequeño.

A la mañana siguiente, en el comedor del Edificio Baxter, Sue apareció, y vió sorprendida como Ben había preparado desayuno para todos.

-Buenos días, ¿cómo te encuentras?
-Destrozada.- Sue sonrió levemente.- ¿Has preparado tú todo?
-Tortitas, café y zumo. Los huevos para mí. ¿Reed está mejor?
-No ha aparecido en toda la noche. No ha salido del laboratorio...
-Lo está pasando mal.
-Y yo también. Pero al menos recuerdo que tengo una familia a la que querer.- Sue contestó enfadada.- Ayer no saludó ni a Val ni a Franklin. No sé si hoy los verá. Entiendo que esté mal, pero no puede ser tan egoísta. A mí también me gustaría encerrarme en una habitación y no salir para nada. Pero tengo verdaderas responsabilidades... Voy a por los chicos, a llevarles al colegio y a la guardería. Hasta luego, Ben.- Antes de salir del comedor, Sué terminó diciendo.- Saluda a Reed de nuestra parte, si lo ves.

A kilómetros de allí, Johnny Storm vuela a toda velocidad, por los cielos de Chicago. Por fin sabe qué hacer. Tras abandonar a toda su familia, sabe que no puede volver a verlos hasta aclarar todo. Hace días (para Johnny años), un hombre conocido como Ron Phist , supuesto propietario de un local, provocó que Johnny matara a 220 personas.

La Antorcha estaba convencida de que el misterioso hombre era el responsable de la masacre de aquella noche, y tenía que descubrir quien era. El hombre dijo llamarse Ron Phist, pero tras una investigación, la policía no encontró a nadie con ese nombre y esas características. Lo más seguro era que diera un nombre falso, y Johnny debía averiguar cual era su nombre verdadero. Posiblemente murió en la explosión, pero no sería difícil descubrir la identidad de un traficante de HCM.

Se apagó cerca del local la Llama, y caminó hasta las ruinas. La zona estaba acordonada, y Johnny saltó la valla. Empezó a buscar pistas, cuando escuchó una voz tras de sí.

-¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí?- El extraño tenía el pelo largo, y barba de tres días. Vestía de chándal, y agarraba con una mano una mochila, que apoyó en el suelo.
-Estoy buscando a alguien.- Contestó Johnny autoritario.
-Aquí no se puede entrar, chaval. A no ser que busques material.
-Si... Enséñame lo que tienes.- Johnny se acercó lentamente al hombre.
-Ey, no te acerques, espera. ¿No serás un poli?
-No, claro que no. Sólo venía buscando HCM.
-Tu maldita cara me suena de algo. ¿Eres famoso, o algo?- Por suerte, el traficante no reconoció al héroe, ya que éste iba vestido con ropa de calle, y no llevaba su uniforme.
-No demasiado. ¿Tienes HCM o no? No tengo todo el día.
-Ey, tranquilo, tío. La hormona de crecimiento mutante es una droga complicada de conseguir. Si me pillan con ella por la calle, estoy jodido. Por suerte para ti, conozco al tío que vende. Tiene un local aquí al lado, pequeño, pero tiene de todo lo que busques. Acompáñame si quieres.

Johnny acompañó al traficante por callejuelas de Chicago, llenas de prostitutas y drogadictos, que le observaban curiosos. Mientras caminaba, pensaba en lo que estaba haciendo. ¿Era irresponsable por su parte ir él sólo a por un traficante de HCM, buscando la identidad de Ron Phist? ¿Qué diría una vez llegara? ¿Y luego, debería detener a los traficantes del local? Mientras Johnny se preguntaba esto, su acompañante se paró frente a una puerta metálica, llena de pintadas. La abrió, y miró en su interior. Tras decir algo, le dijo a Johnny que pasara. La Antorcha se encontró en una sala oscura, iluminada por un par de bombillas. En su interior había todo tipo de paquetes, seguramente llenos de droga. Las paredes estaban llenas de cruces, e imágenes de santos. Lo que más sorprendió a Johnny fue la identidad del hombre que le esperaba en el interior del lugar.

-No. No puede ser. Deberías estar muerto, con la explosión...
-Y tú deberías estar en la cárcel.- Contestó Ron Phist.- ¿Acaso no recuerdas que huí antes de que explotaras, estúpido?- Vestía distinto a la otra vez. Había pasado a vestir como un cura, lo que extrañó a Storm.
-¿Quién eres tú realmente?

Ron Phist se echó a reír con fuerza.

-¡No te acuerdas de mí! Aquella noche me asusté, creyendo que habías venido a buscarme otra vez... Y no sabes quien soy. - Siguió riéndose, como un loco.- Tú y tus amigos me hicisteis sufrir durante años, ¿y lo has olvidado?
-¿De qué estás hablando?
-¡Soy Jeremiah! ¡El último profeta verdadero del señor! Tus amiguitos, el Doctor Extraño y aquella furcia llamada Valquiria me combatisteis, simplemente porque quería llevar a cabo un sacrificio para Dios, y el mago de pacotilla, me encerró en el infierno...*(Marvel Team-Up #35). Pasé años allí encerrado, sufriendo las peores torturas, pero seguí manteniendo la cordura pues tenía fe en el señor. Sabía que un día lograría liberarme, que Dios me sacaría del infierno, del hogar de Satán... Y finalmente así fue. Un hombre que también fue encerrado allí logró abrir un portal, y múltiples presos y demonios intentamos salir de allí. Sólo aquel hombre y yo logramos escapar.
-¡Hablas de Muerte!
-¡Calla, infiel, y escucha! Finalmente, una vez libre de aquella cárcel infernal, tuve que buscarme la vida. Las primeras semanas logré encontrar trabajo como traficante de esa droga, que confiere poderes casi divinos al que la toma. Con el dinero conseguido, podría comprar un local propio, donde crear la verdadera iglesia, como en los viejos tiempos.
-¡Te recuerdo! Eras aquel mutante psicópata, que se creía enviado de Dios. Simplemente podías lanzar rayos que recogías de la mente de “tus fieles”... Y el otro día, al verme... Creíste que había vuelto a combatirte, ¿no?
-Fui estúpido al creer que podrías recordarme. El infierno me ha cambiado mucho. Dios me dio mis antiguos poderes, pero estos... ¡Son de Satanás!- Ron Phist, o Jeremiah, movió su mano con fuerza, y Johnny se encendió.
-¿Cómo es posible que... controles mi fuego?

Johnny notaba como poco a poco se iba encendiendo, más y más. Empezaba a llegar a súper nova. Si seguía así, volveria a explotar, y esta vez, a los lados del local, había bloques de pisos. Morirían cientos de personas de nuevo.

-Jajajaja, ¡reúnete con el demonio, estúpido blasfemo!- Jeremiah bajó la mano de golpe, y Johnny cayó al suelo de rodillas, apagado.
-¿Qué... Qué haces?- Johnny estaba débil. Al obligar a su cuerpo a cambiar tan radicalmente de temperatura, sus fuerzas habían caído.
-Me río de ti, estúpido. Volvamos a empezar.

De nuevo, Jeremiah levantó su brazo, y Johnny empezó a calentarse. El fuego ardía débilmente, pues no tenía energía. El falso profeta apretó los dientes con fuerza, levantó ambos brazos, y la Antorcha volvió a arder con mucha más fuerza. Volvió al estado súper nova, y empezó a gritar. Johnny se levantó del suelo, estaba levitando involuntariamente, y el suelo bajo él empezó a calentarse hasta casi fundirse. Jeremiah bajó los brazos, y Johnny cayó de bruces al suelo, con un grito al caer sobre el suelo ardiendo.

-Ya me has cansado, infiel. Ahora, por la gloria del Señor... Empieza el sacrificio.

Levantó ambas manos, y Johnny volvió a encenderse con un grito. La forma súper nova volvió a aparecer. Jamás los poderes de Johnny habían sido forzados hasta ese límite, pero esta vez la Antorcha se sintó más fuerte que nunca. Jeremiah dio un brusco paso atrás.

-¿Qué... qué está pasando?

Jeremiah estaba perdiendo su poder frente a la Antorcha, que había comenzado a caminar por el aire, dejando llamas a su paso.

-Ibas a... volver a hacerme explotar... Pese a las vidas que se iban a perder... Tú eres el culpable de las otras... muertes...- Johnny seguía avanzando lentamente hacia el profeta.
-¡No! Fuíste tú el que explotó, tú eras el héroe, y ahora no eres más que un asesino. Y esta vez, vas a morir, no tienes amiguitos que te ayuden.

Johnny se dio cuenta que poco a poco se estaba calentando. Iba a explotar si seguía así, tenía que salir de allí cuanto antes.

Rápidamente, furioso, se giró hacia el profeta y se elevó hacia el cielo a toda velocidad, atravesando el techo al fundirlo, tal era el calor que desprendía. Podía haber detenido a Jeremiah, pero lo habría matado. Antes de salir volando, Johnny vió sonreir a su enemigo... Ya a kilómetros por encima de la tierra, Johnny volvió a explotar. Para entonces, Ron Phist ya estaba lejos de allí.

La Antorcha se apagó, y cayó veloz hacia el suelo, pero a unos metros, logró volver a encenderse, y con un grito de triunfo, aterrizó a la perfección. Tras todo aquel esfuerzo físico estaba agotado, pero sintió como el control de sus poderes había aumentado considerablemente, ya que podía controlar la temperatura de su cuerpo con total perfección, sin cansancio.

Se sentó en el suelo de la calle de Chicago. Con su ropa rota, su cara llena de ceniza, y sus manos quemadas, la gente confundió a Johnny con un mendigo. Pensó en como cambió todo tras aquella fatídica noche... Tras ser manipulado para explotar, la Antorcha se convirtió en un asesino, y, pese a saber que no es el responsable, no dejará jamás de sentirse culpable por todas y cada una de las víctimas. No le quedó otro remedio que huir de la justicia, y ahora es un prófugo. También pensó en lo que acababa de suceder. Había tenido que dejar huir a aquel psicópata, que insistía en ser un profeta enviado por Dios, para no volver a explotar en medio de la ciudad. La primera vez que se encontraron, hace varios años, Jeremiah se había hecho con el control de mentes de inocentes, fundando una religión, o una secta. El mutante se alimentaba de las mentes de aquellos jóvenes para alimentar sus poderes, y así realizar sus sacrificios. Atrapó a la Valquiria, para matarla, pero Johnny y el Doctor Extraño consiguieron vencerlo, y el mago finalmente desterró al mutante al infierno. Si no estaba suficientemente loco, al escapar de allí por el portal que abrió el Doctor Muerte, acabó desquiciado.

Y la Antorcha Humana tuvo que tomar una decisión el último momento. Salir volando, dejando escapar al verdadero responsable de todas esas muertes, o acabar con su vida explotando ahí mismo, con el riesgo de acabar con más vidas inocentes. Se vio obligado a tomar esa decisión por sí mismo, sin ayuda de ningún compañero. Johnny supo que ya jamás será el héroe que solía ser, y menos el componente charlatán e inmaduro de los famosos 4 Fantásticos...

-¿Y ahora qué?- Pensó Johnny.- ¿Qué debo hacer?- No se sentía con fuerzas de buscar a Jeremiah, que podía estar ya muy lejos de allí. Además, la justicia seguía persiguiéndole, y todavía no tenía ninguna prueba de su inocencia. Quizá debería trabajar sólo un tiempo más. Al menos, debía seguir buscando al verdadero asesino lejos de la ayuda de Ben, Reed y Sue. Así, la Antorcha se quedó dormida, sentada en la calle junto a un cubo de basura vacío.

EN EL PRÓXIMO NÚMERO LOS 3 FANTÁSTICOS EN BUSCA DE UN NUEVO MIEMBRO MIENTRAS COMBATEN UNA NUEVA AMENAZA