Colección: Los 4 Fantásticos
Autor: Vázquez
Número: #7
Portada: MiRo
Título: Crimen temporal I

-No me he enterado de nada. De nada en absoluto.- Ben estaba de pie, en el laboratorio del edificio Baxter. A su alrededor, varias máquinas destruidas, cables sueltos, echando chispas, y un panel de control destrozado.- Pasa un huracán por casa y ni me doy cuenta...

Sue entró en la habitación, y esquivando la chatarra que había esparcida por el suelo, se acercó a la Cosa.

-Ben, los Exiliados acaban de irse.
-Oh, perfecto, después de la juerga que se han montado, se van sin recoger. Que simpáticos.

La Cosa recogió un aparato del suelo. Empezó a darle vueltas, jugando con él, mientras lo miraba. No tenía ni idea de que era ese cacharro, así que disimuladamente lo volvió a dejar donde lo había cogido.

-Tienes que entender que estaban agotados tras la batalla. Han tenido bajas en el grupo, y derrotar a Apocalipsis, Mr. Siniestro y sus jinetes no es algo que se hace todos los días...* (Todo esto lo puedes leer en Los Exiliados #10).
-Bueno, te recuerdo que he sido yo el que ha destruido la máquina del tiempo para que esos pesados desaparecieran ya. A todo esto... ¿Qué ha sido del simbionte que ha aparecido en mitad de la pelea?
-Ha desaparecido sin dejar rastro. Ha acabado con dos jinetes en segundos... Me alegro de que haya huido sin explicaciones. Enfrentarse a Veneno debe ser aterrador.
-Enfrentarse a Veneno es peligroso. Enfrentarse a mí sí que es aterrador. ¿Te he contado ya como he acabado yo solito con Apocalipsis&Co.?
-Yo diría que sí, Ben. Es más, esta es la quinta vez.
-¡Ben! ¿Puedes seguir recogiendo por otra parte del laboratorio? Tengo que arreglar los controles de la máquina del tiempo, que es lo más dañado de la batalla.- Reed apareció en el laboratorio. Llevaba una caja de herramientas en una mano, y miraba con preocupación varias zonas del laboratorio. Su cara estaba cubierta por una máscara, parecida a una que usara Ben hace años.
-De acuerdo, estirado. Espero no haber fastidiado mucho el invento, pero no se me ocurrió otra solución que destruir el cacharro del tiempo.
-Tranquilo, Ben. No me sorprendió tu actuación. Aunque desde los controles, yo podía haber cancelado el viaje, con idénticos resultados para Apocalipsis, pero sin destrozar nada. De todas formas, ya te he dicho que nos tienes acostumbrados a estas torpes ideas por tu parte.

Ben se alejó hacia otra zona, apesadumbrado. El comentario de su viejo amigo le había dolido.

-Reed, te has pasado con Ben. Él no tiene la culpa de todo este desastre. Una vez más, un enemigo entró en el Edificio Baxter, acabando con todo. Por suerte, ahí estaba la Cosa para pararle los pies. Quién sabe qué hubiera pasado si...
-Había otras formas de detenerlos, Sue.
-Discúlpanos si no somos tan inteligentes como tú, entonces.- Sue salió rápidamente del laboratorio, enfadada. Reed se agachó, y comenzó a arreglar los controles de la máquina del tiempo.

Esa misma tarde, Reed había salido para descansar un poco dando un paseo. Llevaba todo el día arreglando aparatos viejos y lo necesitaba. Llevaba una gabardina, y unas gafas de sol, aunque no hacía demasiado sol a esas horas. Intentaba olvidarse de su rostro quemado, pero las miradas que le echaba la gente no dejaban de recordarle su desfiguración. La gente lo miraba como si fuera un monstruo, e incluso cambiaban de acera para no pasar a su lado.
Al menos aquellos desconocidos eran sinceros. Así Reed supo lo que sentía la gente al verle. Ben y Sue habían intentado ocultarlo, pero ahora sentía los ojos de los demás clavados en él. No lo soportó más, y cambió el rumbo, vuelta al Edificio Baxter.

Mientras tanto, Ben estaba en un bar, tomándose una cerveza. Leía un periódico deportivo, y cada cierto tiempo echaba una mirada hacia la televisión del local, donde estaban echando un partido. Pese a las distracciones, la Cosa estaba mortalmente aburrida.

-Esta batalla junto a los Exiliados me ha sentado bien, hacía cientos de años que no le daba una buena tunda a un maloso. Aunque no soy yo el que más estrés necesita quitarse. Entiendo como se siente Reed, pero últimamente está demasiado borde con el resto del mundo... Y a Sue le está afectando demasiado. Creo que se siente culpable por lo que pasó en aquella pelea... La familia entera se está yendo a pique desde que se fue la Antorcha. Debería ir a buscar a Johnny, quizá eso arregle las cosas...
-O podrías callarte y dejarme ver el partido.- Dijo un tipo sentado de espaldas a la Cosa, varisa mesas por delante.
-Joder... ¡Soy un maldito superhéroe! ¡Y todo el mundo sabe que los superhéroes pensamos en voz alta!- Gritó Ben, antes de beberse lo que le quedaba de cerveza de un trago.
-¿Un superhéroe? ¿Quién eres? ¿Spider-man o Psiquiátrico-man?- El hombre se giró, para ver a Ben levantado, con las mangas remangadas, sonriendo.
-No. Soy la Cosa, chaval. Y harías bien en tragarte tus palabras.

En el Edificio Baxter, Sue está sentada en el sofá, jugando con Valeria.

-Hola, Sue.- Jean apareció en la habitación, acompañado de Franklin.
-Vaya, hola, Jean. ¿Te apetece beber algo?
-No, gracias. Verás, he visto que llevas todo el día mal. ¿Necesitas hablar?-Jean se sentó frente a la Mujer Invisible.
-Yo... Franklin, vete a tu cuarto con tu hermana a jugar, ¿quieres?- Franklin cogió a su hermana pequeña, y se marchó.
-Sé que soy nuevo aquí, y no sé que os ha pasado, pero no he podido evitar ver que los ánimos aquí están por los suelos.
-Nunca hemos estado así, Jean. Como todas la familias, siempre hemos tenido algún bache, que hemos acabado superando. Además, todo se complica mucho más si se lleva nuestra vida, como héroes famosos. Cuando era pequeña, soñaba con vivir con mi marido, y mis hijos, en una casita a las afueras de la ciudad, y hacer una vida típica. Pero me ví obligada a madurar pronto, y estar al cuidado constante de Johnny. Quizá siempre me he preocupado demasiado por todo, porque siempre he sido la única en preocuparse.
-Te entiendo... Pero continúa hablando, por favor.
-Verás, esta vez no es lo mismo. Johnny, mi hermano, nos ha abandonado. Todos los medios se pasaron semanas machacándolo. La policía lo busca, ya que tiene un juicio pendiente. Ya sabes lo de Reed, y... Noto que me culpa por lo que le ha pasado...
-Verás, Sue... No creo que él te culpe. Sigue siendo tu marido, y...- En ese momento, Mr. Fantástico entró en la habitación, interrumpiendo a Jean.
-Vaya, estáis aquí... los dos.
-Hola, Reed.
-Señor Richards, ¿qué tal?
-Bien, la verdad. Aunque se me han ocurrido un par de ideas para mi aspecto.
-Oh, genial, cariño. ¿Qué vas a hacer?
-Pronto lo verás.- Tras esto, Reed salió hacia el laboratorio.
-Bueno, Jean.-Continuó Sue.- ¿Y qué hay de ti? Llevo toda la tarde hablando, supongo que es tu turno. Cuéntame como has llegado aquí.
-Bueno... No hay problema. En el momento en que empieces a aburrirte, me avisas y paro. Viví gran parte de mi vida en Francia, con mi familia. Era una vida normal y corriente, hasta que un amigo me enseñó libros de magia arcana, y me picó la curiosidad. Así, fui consiguiendo fama en el mundillo, hasta que hace unos meses Agatha y yo nos conocimos. Ha estado enseñándome desde entonces, haciéndome aprovechar al máximo mis capacidades.
-¿Y tus poderes mutantes?-Preguntó Sue. Era algo que le llamaba la atención de el canguro de sus hijos.
-Oh, suponía que te interesaría. Pues en la adolescencia me di cuenta de que podía mover objetos a distancia, empujándolos con mi mente. Sinceramente, siempre creí que tenía telequinesis hasta que Agatha me reveló lo que era en realidad...
-Campos de fuerza invisibles, como los míos.- Terminó la mujer Invisible.
-Exacto. Y, si te soy sincero, acepté este trabajo también por interes. Esperaba que me enseñara algo más de mis poderes.
-¿Que te enseñara algo más? ¿Quieres que te ayude a controlarlos al máximo?
-Exactamente. Nunca he logrado hacer todo lo que me proponía, y hasta el más mínimo campo es un gran esfuerzo.
-Te entiendo. Yo tardé bastantes años en hacerme a mis poderes. ¿Cuándo te apetece empezar a entrenar?
-Pues cuanto antes mejor. ¿Estás libre esta tarde?- Preguntó Jean con una sonrisa.
-Vamos hacia el gimnasio. Te prestaré un traje de los 4F.

Al cabo del rato, Sue y Jean estaban en el gimnasio del edificio Baxter. Estaba rodeado de máquinas especializadas para cada miembro de los 4 Fantásticos, pero sobretodo abundaban pesas y aparatos para la Cosa. Allí estuvieron entrenando durante un par de horas, en las que Sue usaba sus poderes elevando pesas de cada vez más kilos, o haciendo campos de distinta altura, o grosor. Jean observaba atento, y la imitaba.

Ben estaba ya en casa, cuando sonó el telefóno.

-¿Quién es?
-¿Ben? Soy yo, Alicia.- Una voz débil hablaba desde el otro lado.- Alicia Masters.
-Glup...- Ben se quedó sin palabras.- ¡Caray, Alicia! ¡Cuanto tiempo! ¿Qué quieres?
-Tengo que contarte algo... ¿Puedes quedar mañana? ¿En la cafetería a la esquina de la calle Yancy?
-Claro, Alicia. ¿Es urgente?

Un pitido al otro lado del telefóno, Alicia había colgado. Ben se quedó un rato con el auricular en la mano, y luego colgó él también.

Cuando Jean se fue, la casa quedó tranquila de nuevo. Sue dio a cenar a sus hijos, junto a Ben, y más tarde cenaron Reed y Susan juntos, casi sin hablar. Era un silencio que incomodaba a la pareja, y Mr. Fantástico sacó un tema:

-¿Sabes, Sue? He estado pensando y... Quizá deberíamos buscar un cuarto miembro para el equipo... Provisional, por supuesto.
-Ya he aceptado que Johnny no quiere volver, Reed. El nuevo miembro puede estar con nosotros hasta que mi hermano vuelva. Sea cuando sea eso.
-Si quieres me encargo yo del trabajo. Quizá sea duro para ti...
-No. Creo que ya es hora de aceptarlo. Las cosas cambian, y cuanto antes avancemos, antes lo superaremos. Además, la búsqueda del nuevo miembro debe ser cosa de los cua... de los tres.- A Sue casi se le escapó decir cuatro, pero lo disimuló rápido.
-La pregunta es... ¿Quién? ¿Deberíamos buscar un antiguo miembro? ¿Llamar a aquellos héroes interesados en unírsenos?
-¿Qué te parece si mañana empezamos a llamar a los héroes de más confianza?-Preguntó Susan.
-Fantástico.- Reed y Sue rieron.

Medianoche, laboratorio del edificio Baxter. La máquina del tiempo comienza a brillar. Es una larga lámina métalica, que al situarse sobre ella, puede transportar al que la utilice a cualquier momento temporal. La máquina comienza a funcionar, y allí aparece un hombre.

Cuarto de Ben Grimm, la Cosa. El rocoso héroe despierta de su sueño, tras un fuerte ronquido. Le ha parecido oír un ruido en la casa. Por si acaso se levanta, y avanza hacia el lugar del que ha salido el ruido. La puerta del laboratorio ha sido destruída, para sorpresa de la Cosa.

Cuarto de Reed Richards, Mr. Fantástico, y de Sue Richards, la Mujer Invisible. Reed despierta de golpe.

-¡Sue! ¿Has oído eso?- Despierta a su esposa.
-Nnno, Reed... ¿Qué ha pasado?
-Creo haber oído un ruido. Como una pelea.
-Igual Ben vuelve a ser sonámbulo, cariño. Duérmete, y mañana nos contará.- Sue se arropó, y cerró los ojos de nuevo.
-No, Sue. Algo me da mala espina. Voy a ver que ocurre, por si acaso.

Reed se levanta de la cama. Sale del cuarto, y camina lentamente explorando la casa. La habitación de su viejo amigo está vacía, asíq que Reed supone que algo malo ha ocurrido. Los ruidos de pelea han parado hace un rato. Decide ir al laboratorio, y ver desde allí las demás salas gracias a las cámaras que tiene instaladas.

Al llegar allí se encuentra con una situación para nada esperada. Ante él, un hombre de pie. Va cubierto por una armadura robótica, verde brillante. Con un diseño futurista, su cabeza la cubre un casco, y un radar su ojo izquierdo. Su cinturón está lleno de compartimentos. Lleva unos guantes cibernéticos, que le llegan hasta el antebrazo, y sujetaba un par de armas que brillaban con intensidad.

Reed observa al desconocido durante lo que parecen horas. Entonces, se percata de que su compañero de equipo, la Cosa, está en el suelo, incosciente. Quizá muerto.

-¿Quién eres tú? ¿Qué le has hecho a la Cosa?
-Reed Richards de tierra 616, queda detenido por uso ilegal de viaje temporal en repetidas ocasiones. Ha sido el responsable de desequilibrios dimensionales imposibles de restaurar. Por tanto, el castigo consistirá en que su existencia sea borrada de su mundo para toda la eternidad.- El desconocido saca el arma, y apunta a Mr. Fantástico.

Reed se despertó del sueño de golpe. Recordaba todo lo sucedido a la perfección, el extraño enemigo temporal, y la muerte de su compañero. No pudo evitar tener un mal presentimiento.

A la mañana siguiente, Mr. Fantástico relató lo sucedido a sus compañeros.

-Por experiencia, sería un error tomar esto como una falsa alarma. Un hombre, posiblemente de otra dimensión, va a venir al edificio Baxter a deterneme por... viajar a través del tiempo de forma ilegal, si mal no entendí en el sueño. Fue una situación bastante confusa.
-¿Viajar a través del tiempo de forma ilegal? ¿Qué tontería es esa?-Saltó Ben.
-Tras pensarlo, he deducido que este desconocido es una clase de... Policía temporal, por decirlo así. Por lo visto, nuestras misiones relacionadas con el viaje temporal han debido alterar el curso de algún detalle histórico (todavía por determinar)... Seguramente el último incidente con los Exiliados fue la gota que colmó el vaso, y este agente temporal se sintió atraído.

Reed calló un momento, para pensar con claridad, y continuó hablando.

-O quizá la causa tenga algo que ver el haber dejado a Apocalipsis y los suyos encerrados, sin saber cual fue su destino... O puede que esto sea una mera casualidad, y quizá nuestro viaje en el tiempo ilegal todavía no haya ocurrido. Es complicado tener una teoría clara en estos temas.
-En resumen, estirado... No tienes ni idea de lo que ha podido pasar.
-Sí, también se podría decir así, Ben.
-¿Qué debemos hacer entonces, Reed?- Preguntó Sue
-Este sueño sólo ha sido un aviso, una premonición. No tenemos idea de cuando vendrá aquí. Puede que venga mañana, o tal vez dentro de meses. Lo que si tengo claro es que es un adversario muy poderoso. En mi sueño, acabó con Ben sin esfuerzo alguno. Para empezar, vamos a intentar evitar su llegada. No debemos usar la máquina del tiempo para nada.
-Vamos, un cacharro más acumulando polvo.
-Sí, Ben. Hay que pensar que hemos sido muy arriesgados con todos esos viajes a través de la línea temporal. Siempre he puesto por delante mi curiosidad científica a nuestra propia seguridad... Pero eso va a acabar.
-Pero Reed, ¿qué problema hay en viajar al pasado? Tú mismo explicaste que al cambiar un hecho importante, se crea una realidad alternativa donde se produce el cambio. Como aquella vez en la que intenté volver a mi estado humano, dándome una cura a mi yo del pasado.*(Ver Marvel Two in one vol.1 numero 50)
-Lo sé, Ben, pero aún así hemos hecho algo que ha llamado la atención al individuo de mi sueño, así que debemos andarnos con cuidado y prepararnos para el combate. Que yo recuerde, tenía un par de armas, pero no recuerdo nada más. Siento no ser de mucha ayuda.
-Tranquilo, estirado. Somos expertos en apalizar malosos. Seguro que acabaré con este tío con un par de bofetadas bien dadas.
-Eso espero.- Reed sonrió, y al instante cambió su expresión, como si hubiera recordado algo.- Oh, ayer dejé un trabajo a medias en el laboratorio. Veréis, dado mi actual estado, lo mejor será que oculte mi rostro cuando estemos en una batalla. Aprovechando esta desventaja, estoy trabajando en un casco, basado en diseños de Tony Stark para Iron Man. Esto me ayudará a calcular distintos datos que pueden ser una gran ventaja, gracias a varios radares que voy a incorporarle. Por ejemplo, me ayudarán a encontrar puntos débiles en armaduras o demás objetos cibernéticos, además de calcular daños.
-Vaya, sí. La verdad, eso parece... ¿Cómo decirlo?... Aburrido.- Dijo Ben, tras levantarse de la mesa.- He quedado en media hora, así que voy a prepararme para salir...
-¿Con quién has quedado?- Preguntó Sue, pero la Cosa se hizo el sordo y se encerró en su habitación.- En fin, será mejor que vaya dándole prisa a los niños. Franklin tiene que irse al colegio ya.- Sue se levantó también de la mesa, dejando a Reed sólo, que no tardó en marcharse.

Una hora después, Ben seguía esperando en una terraza de una cafetería. Iba vestido de una manera elegante, algo poco habitual en él. Apoyado en un silla junto a él yacía un ramo de flores, que parecían de plástico. Ben miró su reloj (diseñado por Reed), y al levantar la vista, una sonrisa invadió su rostro. Ante él estaba Alicia Masters, que acababa de llegar.

-¿Ben?- Preguntó, tímida.
-Sí, Alicia. Soy yo. Creía que no ibas a venir.- Ben ayudó a su antigua novia a sentarse.
-Yo... He estado a punto de no venir. Pero al final me he decidido. ¿Qué tal estás? Hace mucho que no hablamos.
-Si, Alicia. Quizá demasiado. Me alegró que me llamaras para quedar, de verdad. Últimamente todo va fatal entre los 4F.
-Me enteré de lo de Johnny. Llamé, pero un robot no me dejaba hablar directamente con vosotros.
-Sí, ya nos ha pasado un par de veces. Tenemos que cambiar a la recepcionista cyborg. En fin, lo de Johnny fue una desgracia, desde luego. Fue algo que lo cambió. Después del... accidente, no fue el mismo, y era cuestión de tiempo que se fuera, para despejarse. Hasta yo he necesitado un planeta para mí sólo, para pensar. *(Ver Marvel Secret Wars)
-¿Cómo están Reed y Sue?- Alicia miraba al suelo, con sus ojos ciegos.
-Peor. Reed sufrió unas heridas en su última batalla, que le han destrozado la cara. Sue también está fatal. Pero... ¿Para qué me llamaste? Dijiste que querías contarme algo.
-Sí, yo... No sé si puedo. Verás, antes de todo... Quiero decirte que te hecho de menos, Ben.- La Cosa volvió a quedarse mudo, como en la conversación por teléfono.- Ha sido una tontería.- Continuó Alicia.- Lo siento.- Mientras hablaba se levantó, pero Ben la sujetó suavemente del brazo.
-No, no te vayas, yo también te he hechado de menos.- Ben cogió la mano de Alicia, y ella se la estrechó también.

En el edificio Baxter, un estallido. Un hombre apareció allí, enfundado en una armadura.

-Buscando a Reed Richards de tierra 616...

LA BATALLA DE ESTE NUEVO ENEMIGO DE LOS 3F, LA REAPARICIÓN DE ALICIA Y MUCHO MÁS EN EL PRÓXIMO NÚMERO ¿DÓNDE SI NO?