Colección: Los 4 Fantásticos |
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-Alicia, yo no me esperaba nada de esto.- Ben bebió un trago de la jarra
de cerveza.- Entiende que tu llamada me pilló por sorpresa, y sigo sin
saber el motivo de tu repentina reaparición.
-Ya te he dicho que echaba de menos hablar contigo, Ben... Desde que... bueno,
desde que dejamos de salir juntos hemos perdido mucha relación. Y ahora
que vivo sola, no puedo evitar que los recuerdos vuelvan a mi mente.
La pareja se quedó callada, en un incómodo silencio.
-Yo... Nena, la verdad es que nunca se me han dado bien estas cosas, y no se
qué decir en estas situaciones...- Se disculpó Ben.
-Tranquilo.. De todas formas no es la única razón por la que te
llamé. Confío en ti por completo, y necesito que me hagas un favor...
Es algo muy importante para mí, y no quiero que pienses que solo he recurrido
a ti para pedirte esto, realmente te necesitaba de nuevo en mi vida, y lo que
me ha sucedido me ha hecho tener la fuerza para volver a llamarte.
-No hace falta que insistas tanto, Alicia. Sabes que puedes confiar en mí.
¿De qué se trata?
-Verás... Mi padre adoptivo, Phillip...
-El Amo de las marionetas.- Le interrumpió Ben.
-Sí, Ben, vuestro enemigo. Como sabrás, ha estado todos estos
años en la cárcel.
-Nos habríamos enterado si hubiera salido de prisión.
-Pues ayer me llamaron desde la prisión donde lo tenían encerrado,
y me dijeron que...
-¿Qué te dijeron, Alicia?
Una lágrima resbaló por la mejilla de la muchacha.
-...Que mi padre había desaparecido de su celda.
-¡¿Qué?!- Ben la miró boquiabierto.- ¿El Amo
de las marionetas ha escapado de Ryker?
-¡No! No ha escapado, alguien lo ha raptado. Los guardias encontraron
rastros de sangre de mi padre, y eso quiere decir que no quería marcharse.
Alguien se lo llevó a la fuerza. Además hay un testigo, otro guardia,
que afirma escuchar como Phillip pedía auxilio.
-No entiendo... ¿Quién querría raptar al Amo de las marionetas?
¿Y por qué?
-Mi padre me envío muchas cartas mientras estaba en prisión. Nunca
ha sido una mala persona, Ben, y estaba dispuesto a reintegrarse en la sociedad
sin causar ningún mal. Y ahora... Ahora... -Alicia comenzó a llorar,
y la Cosa se acercó a abrazarla.
-Ten por seguro que encontraré al cabrón que ha raptado a tu padre,
Alicia. Yo me encargaré.
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Mientras, en pleno centro de Nueva York...
-¡Todo el mundo al suelo!- Un atracador grita mientras saca un par de
pistolas y dispara al techo. Tras de sí, varios hombres hacen lo mismo
y se ponen un pasamontañas. La gente que estaba en el banco se tira al
suelo, siguiendo las órdenes del hombre armado.
-No puedo creer- Dijo uno de los clientes del banco.- Que aun haya atracadores
en Nueva York... La ciudad de los supers. ¿Cuánto tiempo apostáis
que tardará en aparecer uno de ellos?
-¡Tú!- El atracador que parece el líder señala al
hombre que estaba hablando- ¿Qué coño dices?
-No hace falta que utilice ese tono conmigo, caballero. Solo decía que
en los tiempos que corren, es imposible tomarse en serio el negocio de atracador
de bancos.
-¿Me estás tomando el pelo, joder? ¿Me ves cara de gilipollas?-
El atracador apunta directamente con la pistola al hombre.
-De hecho no le veo la cara, caballero. Lleva usted pasamontañas.
-¿Eres un maldito suicida o qué, joder? ¿Quieres que te
pegue un tiro?- El ladrón no podía creerse lo que estaba pasando.
-Verá, no crea usted que soy un temerario. Simplemente es que este es
ya el cuarto atraco de bancos que presencio, ¿sabe usted? Y en los 4
ha aparecido un superhéroe salvando el día, así que ya
he cogido confianzas, ¿entiende?
-Bueno, pues no creo que aparezca un maldito monstruo de esos antes de que te
reviente la cabeza de un disparo.
-Yo diría que sí...- Dijo el rehén mientras sonreía.
En ese momento el atracador dio un grito, pues la pistola ardía con una temperatura exagerada. Cuando se giró, observó con sorpresa que todos sus compañeros estaban rodeados por un círculo de fuego.
-Joder...- El ladrón miraba hacia todos lados, sin ver al responsable.-
Si tan héroe eres, ¡muéstrate, cobarde!
-Pues baja la cabeza, chaval.- Dijo el tipo con el que había estado hablando
antes.
El atracador miró al hombre, al tiempo que el chico levantó el brazo, ahora lleno de fuego, y lanzó una llamarada al ladrón, quemándolo por completo.
La policía llegó un par de minutos después, deteniendo
a todos los atracadores frustrados, y la ambulancia se llevó al líder
de la banda con quemaduras de tercer grado.
La gente que estaba en el banco en aquel momento dio su testimonio del tipo
que podía controlar el fuego, que ya había huído a la llegada
de las autoridades.
Durante todo el follón de las detenciones, el joven conocido mundialmente
como Johnny Storm desapareció entre la multitud, discretamente.
Confiaba que su disfraz lo escondería del público, pero dar testimonio
a la policía y que le tomaran los datos, le metería en un buen
follón. Tras varios días en la calle, la barba le había
crecido lo suficiente para parecer un mendigo. Sumado a su aspecto desaliñado
y la ropa andrajosa con la que vestía, la gente no se fijaba demasiado
en él. Tras estos días llegó a la conclusión de
que no podía seguir así, y tenía que empezar una nueva
vida. Otra identidad, y alejarse de la vida superheroica el tiempo necesario
para que se pasara todo el asunto de las muertes causadas por él. Había
ido decidido al banco para pedir trabajo como agente de seguridad, para preguntar
si necesitaban algún servicio de algún modo, cuando aparecieron
esos torpes atracadores. Tras pensarlo mucho tiempo, tuvo que hacer algo y detener
a los delincuentes.
-¡Eh! ¡Usted!- Una voz interrumpió los pensamientos de Johnny.
-¿Yo?- Preguntó este sorprendido.
“Mierda... Me han descubierto... Toca huir. Esperaré a ver qué me cuenta.” Pensó.
-Sí, usted. Tranquilo, no se asuste ni huya. He visto cómo ha
tratado ahí en el banco a los atracadores.
-¿Yo? ¿Q..qué he hecho?
“¡Mierda! Ahora sí que me han pillado”- Johnny estaba a punto de salir corriendo. No podía arriesgarse a que le cogieran, pues las autoridades le buscaban por estar implicado en la destrucción de una discoteca y de la muerte de las 200 personas que se encontraban ahí. Johnny había decidido escapar de los juicios, abogados, de su identidad como superhéroe y, lamentablemente, también tuvo que huir de su familia, los 4 Fantásticos.
-Sí, hombre, sí, no sea modesto. Ha sido usted muy valiente al
distraer así a aquellos malhechores. Pocos jóvenes tienen la valentía
que ha tenido usted ahí adentro. Ha conseguido darle tiempo al superhéroe
que ha salvado el día, y crea que yo valoro mucho esos gestos.- El hombre
le tendió la mano a Johnny, sonriendo. Por lo visto, no se había
dado cuenta de que realmente era Johnny el que había provocado las llamas.
-Oh, muchas gracias. Digamos que soy... Un hombre sin miedo.- Dijo Johnny, sonriendo.
“Perdona por robarte el título, Daredevil”- Pensó.
-¿Cómo se llama?
-¿Yo? Eh, sí claro... Franklin. Franklin Lumpkin. ¿Usted?-
Johnny estrechó con fuerza la mano del hombre. Había utilizado
el nombre de su padre y de su sobrino, y el apellido de su viejo cartero del
edificio Baxter.
-Michael. Mike Daltrey. Verá, no crea que solo vengo a agradecerle lo
que ha hecho, caballero. He visto su aspecto desaliñado, e imagino que
andara usted mal de dinero. Yo tengo un bar, y creí que le vendría
bien trabajar de camarero.
-¡Guau! Pero si no me conoce de nada, no tengo experiencia como camarero,
perdone.- Johnny no podía creer en este golpe de suerte.
-Mi bar está en una mala zona de la ciudad, ¿sabe? En plena cocina
del infierno. La mayoría de los camareros no me duran ni dos semanas
antes de cambiar de trabajo, por atracos o por simple terror a la zona. Pensé
que, con su valentía, no tendría problemas en trabajar para mí.
Es usted el tipo que busco, de verdad.- Mike le sonrió sinceramente.
-Vaya, pues... Me deja usted sorprendido, la verdad. Pero ¿sabe qué?
Acepto. ¿Cuándo empiezo a trabajar?
-Mañana por la mañana mismo si le va bien. Y ahora que ya vamos
a trabajar juntos y voy a ser tu jefe, no me trates de usted.
-Claro, Michael.
-Chaval, llámame Mike. El nombre del bar es el Ritz. Pero no te esperes
nada lujoso, es una tabernucha de poca monta.
-Justo como me gustan. Mañana nos vemos entonces.
Johnny se despidió del hombre, y salió andando con una sonrisa
en la cara. Las cosas habían empezado a irle bien, nada más cambiar
de vida, ya había conseguido trabajo, dinero asegurado y alguien con
quien hablar. ¿Para qué más?
Se quedó durmiendo una noche más en un banco del parque, sabiendo
que aquella noche sería de las últimas que dormiría en
tan pésimas condiciones.
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Reed Richards salió del laboratorio, a tomar un descanso. Tras pasar toda la noche trabajando, creía que era necesario dar señales de vida. Una ducha rápida para despejarse, y rumbo a la cocina.
-¡Vaya, señor Richards, que sorpresa encontrarnos por aquí!- Dijo Susan al ver a su marido. -Creía que habías renegado de las demás habitaciones de la casa, exiliándote en tu labo.
Sue se levantó de su silla y metió la taza del café en el lavavajillas. Cuando estaba enfadada o nerviosa, no podía para quieta.
-Sue, sabes que lo siento. Pero después de lo que pasó con Muerte, hemos de estar preparados para todo. Ahora somos sólo 3 en el grupo, y tenemos que tener todos los sentidos activos. Después de las heridas de mi cara...debemos estar preparados para cualquier lesión por el estilo, es una prueba más de la peligrosidad de este trabajo.
Reed se señaló el rostro, la parte quemada estaba envuelta en vendas.
-Pero Reed, llevamos años como los 4 Fantásticos, y nunca nos
ha pasado nada excesivamente grave hasta ahora.
-¿He de recordarte aquella vez que Victor mató a Ben, o la primera
vez que me desfiguró la cara? Y no estoy saliendo del doctor Muerte,
teniendo muchos más enemigos...
-Yo soy la primera preocupada por nuestra salud, Reed. Y por la de nuestros
hijos. No te llamaría la atención si no pensara que... Te estás
obsesionando. Demasiado.
-No te preocupes, Sue. Me he pasado las noches trabajando en el laboratorio,
tienes razón. Pero ya te conté mi plan para construirme una máscara
que ocultara mi rostro. La estoy dotando de distintos prototipos, basados como
te dije en la tecnología de industrias Stark, semejante a la IA de Iron
Man. Eso me ayudará en muchas deducciones importantes. Además,
he estado pensando acerca del sueño de la otra noche sobre ese policía
temporal, y me he estado preparando. Estoy construyendo un aparato muy sencillo,
que simplemente crea... interferencias, por decirlo así, ante las ondas
de viaje temporal. Si otro sueño me avisa sobre su llegada, quizá
pueda incluso evitar que llegue a nuestro presente, o a nuestra dimensión.
-Bueno, Reed, todo eso considerando que ese sueño fuera realmente algún
tipo de premonición.
-Prefiero tomármelo en serio y evitar sorpresas. Pero ¿sabes qué?
Hoy no pienso entrar en todo el día al laboratorio. ¿Los niños
están ya en el colegio?
-Sí, cariño, los ha llevado Jean. Tendrías que hablar más
con él, es realmente agradable.
-¿Qué te parece entonces si vamos de compras y luego te invito
a comer fuera?
-Quizá en ese caso te perdone.- Contestó Sue, sonriendo.
La pareja salió del edificio Baxter, confiados en que les esperaba un magnífico día por delante.
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Por otro lado, muy lejos del edificio Baxter, en la Cocina del infierno, Johnny
Storm entró al bar. Pese al aspecto cochambroso que había dicho
Mike Daltrey, el sitio no tenía tan mala pinta.
-Vaaaya, ¡Franklin! No estaba seguro si vendrías al final, me
alegra que hayas cumplido tu promesa de trabajar aquí.- Mike salió
de la barra, y le dio un fuerte apretón de manos a Johnny.
-Ya lo ves, Michael, no todos los días te hacen ofertas tan tentadoras.
Necesito una nueva vida, ¿sabes? Un cambio de aires. Siento tener este
aspecto tan de mendigo, debería arreglarme algo antes de trabajar...
-Sí, tienes razón. Vete a la trastienda del bar. Ahí hay
un baño para los que trabajamos aquí, tienes una pequeña
ducha y maquinilla de afeitar, si quieres arreglarte un poco la barba esa que
llevas. Ahora estoy trabajando yo y tu turno no empezaría hasta dentro
de una hora, así que puedes tardar lo que quieras, si te apetece relajarte.
-Vaya, Mike, eres un gran tío.
-Sé que no defraudarás las esperanzas que tengo en ti, chico.
Nos salvaste en el atraco del banco, ahora me toca salvarte a ti.
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Johnny entró al baño. Se dio una larga ducha, y se sintió
con fuerza de nuevo. Al verse en el espejo, se quedó boquiabierto.
Desde luego, ni él mismo se reconocería, parecía un mendigo
por completo. Al coger la maquinilla de afeitar, se le ocurrió algo.
Ese disfraz de vagabundo le había impedido que le reconocieran, pero...
Una vez arreglado, Johnny Storm era conocido en el mundo entero como miembro
de los 4F. ¿Cuánto tardarían en reconocerle?
Se afeitó con cuidado, dejándose un bigote fino unido a una perilla,
que le disimulaba un poco el rostro, pero de todas formas era reconocible...
Giró la cabeza intentando pensar algo cuando vio algo que le dio esperanzas
de nuevo. El viejo Mike debía estar lleno de canas ya, y tenía
un tinte de pelo negro en el baño.
Una vez terminado el cambio de imagen, sacó ropa limpia de la mochila
con la que había huído del edificio Baxter.
-¡Demonios! Cuando decías cambiar de aspecto, no me imaginaba
esto.- Dijo Mike al ver la nueva imagen de Johnny.- Te llego a ver así
en el banco, y nunca habría imaginado que te faltaba trabajo. ¿A
qué se debe el tinte de pelo?
-Bueno, Mike, ya sabes... Nueva vida, nueva imagen. ¿Por qué no?
-Me parece bien, chico. Ahora te iré enseñando como funciona todo
por aquí. Primero, una parte fundamental del mobiliario del Britz.- Mike
señaló a un tipo sentado en la barra. Llevaba el pelo rubio largo,
recogido en una coleta y con una gorra de béisbol. Unas gruesas gafas
de sol tapaban sus ojos. - Ése de ahí es Buzz.
-Así es.- Contestó el hombre.- Y soy el cliente fundamental (y
prácticamente único) de tu amigo Mike.
-Pues como te decía, Franklin, parte del mobiliario. No hace otra cosa
que beber y hablar, pero es buen tipo, y paga sus deudas.
-Oh, Mike, es lo más bonito que me han dicho nunca.- Dijo Buzz sarcásticamente.
-Bueno, Franklin, voy a explicarte un poco como va el asunto aquí en
el bar, te explicaré lo básico.
Mientras Mike explicaba a Johnny como funcionaba el Ritz, Buzz leía el Daily Bugle, cuando de repente:
-¡Guaaau!- Exclamó Buzz.- Ey, Mike, tengo una nueva noticia superheróica.
En el Bugle dicen que el Amo de las Marionetas ha escapado de prisión.
-¿El Amo de las Marionetas?- Preguntó Johnny, sorprendido, y se
giró para ver el periódico.
-Ja, ja, ja, Franklin, no creas que somos unos frikis de los supertipos, pero
la verdad es que Buzz y yo solemos pasar el tiempo cotilleando de estos asuntos.
El Amo de las Marionetas es un viejo enemigo de los 4 Fantásticos, y
hacía tiempo que no sabíamos nada de él.
-Vaya, me sonaba el nombre de algo pero no lo situaba.- Johnny disimulaba. No
pudo evitar sonreír al pensar que estaba con dos fans de los superhéroes,
que desconocían estar junto con la vieja Antorcha Humana. Se hizo el
despistado para que, por si acaso, no sospecharan nada.
-Aquí dice que encontraron huellas de agresión en la celda, sangre.
Pero el editorial del Bugle afirma que, como villano que es, lo más seguro
es que Masters escapara intencionadamente.- Comentó Buzz.
-Nunca se sabe qué pensar de estos tipos.- Señaló Johnny.
La conversación acerca de un viejo enemigo le trajo recuerdos de su familia,
sus compañeros de equipo... Y tomó una decisión.- Por cierto,
Mike. Sin querer abusar, tengo que pedirte un favor.
-Claro, Franklin, suéltalo.
-¿Me dejas hacer una llamada?
-Si solo es eso, adelante. El teléfono está en la trastienda.
Johnny salió un momento y se fue a la parte trasera del bar. La primera vez que había entrado solo había visto el baño, pero ahora contempló estanterías con comics y libros, un colchón con sábanas y una nevera. No le costó encontrar el teléfono fijo, en una mesilla. Marcó de memoria un número y escuchó como empezó a marcar tono:
Sonó bastantes veces, sin escuchar respuesta. De pronto, la voz de Reed Richards:
-Hola, soy Mr. Fantástico...
-¿Reed? Soy yo, Johnny.
-...líder de los 4 Fantásticos. Usted ha llamado a nuestro número
privado. Ahora no me encuentro disponible, pero si desea pedir cualquier tipo
de auxilio, llame a nuestro número público fácilmente encontrable
en...
-¡Argh! Es el contestador automático...- Johnny colgó.-
Volveré a llamar en otro momento. Espero que estén bien
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En ese momento, Reed y Sue se dirigían a una misión complicada misión para Reed: Una mañana de compras. Ambos ignoraban que su compañero desaparecido había intentado dar con ellos.
Johnny volvió al bar, donde seguían conversando Buzz y Mike. Por lo demás, seguía vacío.
-¿Todo bien, chaval?- Preguntó Mike, al ver la cara de preocupación
de Johnny.
-¡Claro! He llamado a mi hermana para decirle que he encontrado trabajo
y que todo va bien, pero no estaba. Ya probaré en otro momento- Johnny
pensó que era mejor decir la verdad, en vez de una excusa que sonara
falsa. No quería que Mike pensara que era un delincuente o un aprovechado.
-Vaya, ¿y nos presentarás algún día a tu hermana?
Tendrá consumiciones gratis mientras venga aquí, jajaja.- Bromeó
Mike.
-No, verás... No está en América. Está... Trabajando
en Europa, ¿sabes?- Ahora sí que tuvo que mentir, no le quedaba
más remedio.
-Vaya lástima. Imagino que la echarás de menos.
-Sí, la verdad es que sí....
En ese momento entró una mujer al bar, y Mike animó a “Franklin” a que se estrenara como camarero.
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¡La búsqueda del Amo de las Marionetas de la mano
de la Cosa y Alicia Masters! ¡la nueva vida de la Antorcha Humana! ¡la
búsqueda de un cuarto miembro para el equipo! ¿Cabrá en
un sólo número?