Serie: Caballero Luna
Número: #12
Autor: Ibaita
Título: Cuando los dioses caen I
Descripción de la portada: Marc tumbado boca abajo. La sangre inunda el suelo del lugar.
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-¡¡¡Anubis el Chacal vive de nuevo!!!
El grito resonó en las dunas del desierto. Las alimañas que se escondían entre la arena se estremecieron ante la potente voz. Las aves rapaces que planeaban en círculos bajo el caluroso sol volvieron la cabeza. El grito se perdió en el horizonte.
-¡¡¡Anubis el Chacal vive de nuevo!!!
Marc se levantó de la cama de un salto, despertando a Marlene.
-¿Qué pasa?-preguntó ella.
-¿No lo has oído?-dijo Marc jadeando.
-¿El qué?
-Un grito. Decía “Anubis el Chacal vive de nuevo”.
-Lo habrás soñado… ¿Ves cómo no debías haber pasado tanto tiempo jugando al Prince of Persia aquella noche?
-Anubis no es un personaje de un videojuego. Anubis existe.
-Sí, Marc… Ahora, olvídalo y duérmete.
-¡Es verdad! es un dios, como Khonsu. Me enfrenté a su reencarnación en la Tierra hace años. Pero murió enterrado.
-Pues ya está, olvídalo. Ha sido sólo una pesadilla.
-No, Marlene. Tengo que ir a Egipto.
-¡Has dicho que murió!
-¡Y él ha dicho que ha resucitado! Tengo que ir. No ha sido un sueño, Marlene. No he soñado nada. Ni una imagen, ni nada.
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-<Bienvenido, señor>-dijo un hombre con una limusina-¿Prefiere que hable inglés?
-<No, da igual. Tengo el egipcio un poco oxidado… Así que mejor practicar.>
-<Entiendo.>
-<¿Quién te envía?>
-<¿Eh?>
-<¿Quién te envía a recogerme?>
-<Oh, mi jefe quiere que sea una sorpresa, mr. Spector.>
-<Lo siento, alquilaré un jeep.>
-<Mi jefe ha insistido en que le lleve personalmente.>
-<Deme la tarjeta de su jefe y le llamaré.>
-<Por favor… Insisto>
El hombre sacó una pistola y apuntó con ella a Marc en la cabeza.
-<De acuerdo, de acuerdo… Ya voy.>
Marc cogió las maletas. El chófer se confió y bajó un poco el arma. En ese mismo momento, con increíble precisión, Marc lanzó una de las maletas y le dio al chófer en la cabeza, tumbándolo. El chófer cayó al suelo inconsciente y la maleta se abrió, revelando el traje del Caballero Luna y un arsenal de armas que con algún misterioso método Marc había conseguido pasar por el aeropuerto.
Marc se apresuró a recoger sus objetos y los metió de nuevo en la maleta. Estiró el cuerpo inconsciente del chófer y le registró los bolsillos. En uno de ellos tenía una pequeña estatua de una deidad egipcia.
-Anubis-murmuró.
Siguió registrando y encontró la tarjeta de su jefe, el señor Julian Brown. Curiosamente, no tenía ni nombre ni apellidos egipcios. Marc se guardó la tarjeta, cogió las maletas y emprendió el largo camino.
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-Muy bien, mr. Spector-dijo la recepcionista del hotel en el que Marc había reservado plaza-. Tenga la llave de su suit.
-Gracias.
Marc llamó al ascensor. Esperó unos segundos y entró. Un hombre bien trajeado salía del ascensor. Llevaba un bastón de oro, del que Marc no pudo apartar la mirada. Tenía una bella empuñadura, también de oro, en forma de… Cabeza de chacal.
Uno de los ojos de la empuñadura brillaba misteriosamente. Marc, sin embargo, reconoció el brillo al instante. Era una cámara. Maldijo por lo bajo. No podía atacar a aquel hombre sin pruebas sólidas, pero sin embargo sabía que el tal Julian Brown le estaba vigilando… Y sabía dónde se encontraba.
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Marc dormitaba sobre la cama de su habitación en el hotel. Se agitaba, ya que estaba teniendo un sueño. Si se le podía llamar sueño, ya que mucha gente lo llamaría premonición.
-Esta noche, Anubis renacerá. Traerá con él una época de sangre y dolor, y la muerte del heraldo de Khonsu. Pero éste renacerá, y derrotará a Anubis de nuevo. Y ahora… El Chacal llama a la puerta.
Marc despertó de pronto con un sobresalto. Descubrió que lo que le había despertado era un timbre. “El Chacal llama a la puerta.” No era la primera vez que Khonsu le comunicaba mediante misteriosas voces cómo atacaría Anubis. Marc cogió un cuchillo y se lo escondió tras el antebrazo. Abrió la puerta con sumo cuidado. Desde luego, no era lo que esperaba.
Un empleado del servicio de habitaciones se encontraba ante él portando una bandeja de plata, que tenía una chocolatina.
-Tenga. Es un regalo de un tal mr. Julian Brown.
-Gracias-dijo Marc con desconfianza, cogiendo la chocolatina. Desde luego, aquel tipo no era muy sigiloso.
El empleado se retiró y Marc contempló la chocolatina. Una cabeza de chacal. Entonces, sintió algo extraño. La chocolatina pesaba mucho. Con excelentes reflejos, Marc la tiró por la ventana. La chocolatina explotó dejando una estela de gas, probablemente tóxico.
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La noche se cernía sobre Egipto.
El Caballero Luna se deslizó por la ventana del hotel y contempló el paisaje. “Esta noche, Anubis renacerá.” Marc se fijó en un extraño templo, rectangular. Hubiera jurado que aquella tarde el templo no estaba ahí. Entonces, durante un instante, tuvo una visión, que después desapareció.
Una enorme cabeza de chacal apareció sobre el templo.
Cuando la imagen se desvaneció, Marc se frotó los ojos, con cuidado de no caer de la repisa de la ventana. Aún con los ojos cerrados, la imagen seguía en su mente. Agitó la cabeza y lanzó un cable a la noche, deslizándose sobre Egipto con gran agilidad.
Marc se acercó al templo, extrayendo una muleta plegable. Ya casi se había recuperado del disparo, pero los saltos por Egipto le habían devuelto el dolor a la pierna.
La puerta principal del templo era enorme, y estaba abierta. A los dos lados de la puerta había estatuas de Anubis.
Marc entró en el templo. Se encontró en una amplia estancia rectangular, la única de todo el templo. Un hombre estaba de espaldas en el centro, y en aquel instante se dio la vuelta.
No era lo que Marc hubiera esperado de “mr. Julian Brown”. Era un hombre gordo, y a la vez musculoso, desnudo excepto por un taparrabos y con una cabeza de chacal en cada puño, grande y de metal. A Marc le dio la impresión de que con cada puño americano, si se le podía llamar así, podría destrozar una pared de ladrillo.
-<Khonsu, no me has hecho esperar demasiado. Ten un regalo.>
Anubis pisó una baldosa falsa y una pared despidió una gran cantidad de lanzas, directas al corazón de Marc. Éste hizo lo posible por esquivarlas y sólo se le clavó una en el hombro.
-¡Aaaargh! <¡Eres tan cobarde como el animal que te da nombre!>
Marc calló de pronto. Aquellas palabras le habían salido involuntariamente, sin que él pudiera hacer nada por evitarlas.
Marc intentó ponerse en guardia, pero Anubis le golpeó con uno de sus puños americanos, haciéndole saltar varios dientes. Después le golpeó de nuevo y le tiró al suelo, clavándole aún más la lanza.
Anubis se agachó para rematarle, pero entonces Marc hizo lo inseperado. Con la empuñadura de su muleta le atrapó la cabeza, y después le soltó una patada. Un fino hilo de sangre brotó de la nariz de Anubis.
-<Vaya, Khonsu, elegiste bien tu heraldo…>
El plan de Marc era girar la muleta para romperle el cuello a Anubis, pero era demasiado tarde. Éste ya se había librado, y hundió los puños en el corazón de Marc.
Después los sacó, mientras Marc comenzaba a escupir sangre y a exhalar su último aliento.
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¿PODRÁ ANUBIS TERMINAR CON EL HERALDO DE KONSHU? MUY PRONTO LO SABREMOS ¡SOLO EN AF!