Serie: Caballero Luna
Número: #13
Autor: Ibaita
Título: Cuando los dioses caen II
Descripción de la portada: El Caballero Luna a la derecha, y Hércules a la izquierda. En el lado de Hércules se pueden apreciar una gran cantidad de demonios, y en el del Caballero Luna a Anubis el Chacal.

“¿Quién soy? Nada tiene sentido. Me duele todo, pero, ¿dónde está todo? No siento ninguna parte de mi cuerpo, pero a la vez me duelen. No puedo ver, oír, saborerar, oler ni tocar nada. Sin embargo, siento algo a mi alrededor. Es como si tuviera una especie de sexto sentido. Siento cosas a mi alrededor. Pero, ¿quién soy? El tiempo pasa. Es imposible determinar cuánto. Meses, años, décadas quizás. Siento como pasan los siglos, y los milenios. Con los siglos mi sexto sentido se va afinando. Siento el vacío del infinito a mi alrededor. ¿Estoy muerto? Cada vez siento mejor las presencias que se mueven junto a mí. Algunas quizás estén a miles de kilómetros de distancia, otras más cerca, pero las siento igual. Parece que no son sólidas, son como yo. He pasado lo suficientemente cerca de planetas y meteoritos como para saber lo que es sólido y lo que no. Sí… Ahora lo sé perfectamente. Estoy en el espacio exterior. De pronto vienen a mi cabeza palabras al azar. Sol, Luna, planeta, Júpiter, estrella, constelación. He olvidado muchas palabras con los milenios que han pasado, aunque tampoco recuerdo las que sabía cuando llegué aquí. De pronto, reconozco una constelación. Es Virgo. Estoy seguro. Pero, ¿dónde estoy? ¿Cerca de Virgo? No tiene sentido, estoy a años luz de la Tierra… Sí… La Tierra, ahora lo recuerdo. ¿Es la Tierra el planeta de donde yo vengo? No lo sé. El tiempo sigue pasando. No tengo ni idea de cuanto. Podrían ser de nuevo milenios, o quizá me estoy engañando y sólo ha pasado una década… Es curioso. Recuerdo algo de mi existencia, lo difícil que era esperar 20 minutos. ¿Por qué ahora puedo esperar milenios sin desesperarme? Esperar… Desesperar… “El que espera desespera”. Esto es fantástico. Voy recordando cosas de mi existencia anterior, cosas que he oído… Mi existencia anterior… ¿Me habré reencarnado? ¡Fantástico! ¡Ahora recuerdo cosas de la cultura budista! El tiempo sigue pasando, y de pronto reconozco una pequeña esfera de gas y hielo. Es Plutón. Estoy en el Sistema Solar. Puedo sentir también Júpiter, no demasiado lejos. Lo mejor de todo es que puedo sentirlo a tanta distancia… Al principio no podía ver lo que estaba a unos kilómetros de mí. Y de pronto, siento Júpiter. Su gravedad parece afectarme, pero no demasiado, y al cabo de unos… ¿Meses?, ya he escapado de su órbita. Todavía tengo a mi lado a las presencias que llevo sintiendo durante milenios. Sigo sin concebir una identidad. Ni para ellas ni para mí. Y de pronto, siento la Tierra… La Tierra me trae una oleada de recuerdos. Pero parece que aparecen y luego se esfuman, y no puedo captar ninguno de ellos… El tiempo sigue pasando, y siento la gravedad de la Tierra. Esta vez no es como Júpiter o como muchos de los astros que me han atraído, esta vez sé que no podré escapar de su gravedad. Y siento cómo todas las presencias que me acompañan también lo saben.”

Miles de personas se aterraron cuando sintieron que algo venía del cielo. No podían verlo ni oírlo, pero lo sentían a la perfección. Sentían como unas misteriosas presencias caían del cielo.

-<¡Huid!>
-<¡El cielo se cae!>

Las presencias tomaron tierra. Iban cada una con tanta distancia que mientras caían la Tierra giraba, de modo que cayeron en distintos puntos de la geografía. Aquellas en concreto cayeron sobre Egipto. En cuanto se posaron en la arena seca y ardiente el terror se desvaneció de los egipcios. Las presencias captaban la forma de los egipcios, y de los animales que tenían cerca. De forma que, deseosos por encontrar alguna identidad, tomaron esas formas.

“<Sí. Por fin sé quién soy. Es curioso. Cuando he aterrizado, unas extrañas palabras en un idioma que no comprendo me han venido a la cabeza: “Marc Spector”. Pero no importa. Sé quién soy: Khonsu, el dios de la luna. Y nada podrá cambiar eso.>”

Egipto.

El cuerpo muerto de Marc Spector yacía en el suelo de un pequeño templo. Después de matarlo, Brown había dejado el cuerpo como ofrenda a Anubis y había cerrado las puertas y la había sellado con el poder de Anubis. Un sello inquebrantable. Nadie, excepto Anubis el Chacal, podía abrir esas puertas.

Sin embargo, aquel día al forastero que entró en el templo no le hizo falta abrirlas: Al comprobar que estaban cerradas, las atravesó con un fuerte placaje.

Cuando el polvo se posó, el forastero caminó por el templo hasta llegar al cuerpo de Marc Spector.

-¿Caballero Luna?-preguntó, en un inglés muy claro-Soy Hércules, de los Vengadores.

Nadie contestó.

-Es curioso. Mi pensamiento racional me dice que estás muerto, pero algo me ha traído hasta aquí y me hace hablar contigo. Lo sé porque soy Hércules. Quizá tú no seas el verdadero Khonsu, pero algo en mi interior me dice que eres su heraldo. Ah… ¿Recuerdas los viejos tiempos?

“<Nosotros, los dioses, estamos por encima de los mortales. Los mortales nos llaman de muchas formas, pero ha habido una que me ha gustado especialmente… Hércules*. Tengo que averiguar quién es Hércules, y por qué le han confundido conmigo. Pero los años pasan y estoy demasiado ocupado con mis tareas como dios de los 360 días del año**. Thot domina los 5 restantes. Para cuando me decido a visitar a Hércules, Egipto ha caído. Muy poca gente cree en mí. Al no creer en mí, me debilito… Pronto desapareceré. Tengo que conocer a Hércules antes.

De forma que parto para Grecia. Cuando llego, me encuentro con una horda de demonios que ha asaltado lo que llaman “Olimpo”. Y es entonces cuando conozco a Hércules. Está luchando contra los demonios, y parece que lo hace bastante bien. Mientras luchamos, me cuenta que todo empezó el día anterior. De forma que me limito a viajar al plano astral, donde pido permiso a Ra para borrar de la existencia el día anterior. Él junta sus poderes con los míos y acabamos borrando ese día y sustituyéndolo por otro en el que no pasa absolutamente nada.

Me hago amigo de Hércules, quien me cuenta una vez en la que conoció a un dios llamado Thor, que venía de una extraña ciudad de dioses llamada Asgard.>”

Hércules permanecía inmóvil frente al cadáver del Caballero Luna.

-Sí, en verdad eres heraldo de Khonsu… Y también fuiste un excelente miembro de los Vengadores***, por lo que he oído. Me pregunto quién ha podido hacerte esto…

Una figura espectral flotaba en un vacío infinito.

“¡¿Qué hago aquí?!”, bramó, “¡¿Quién osa desafiar a Khonsu?!”
“Tú no eres Khonsu”, dijo entonces una voz.
“¡¿Cómo osas?!”
“Yo soy Khonsu, infiel”.
“¿Qué…? Pero, ¿cómo…?”
“¿Confundido… Marc Spector?”
“Marc Spector… Esas palabras me resultan familiares”.
“¿Qué tal está Marlene?”
“¡Marlene! ¿Está bien? Yo… ¿Qué…?”
“Es normal que estés confundido. Eres Marc Spector, el Caballero Luna, Puño Vengador de Khonsu.”
“Lo recuerdo. Pero, ¿cómo…?”
“Hace ya mucho tiempo, te doté de poderes para vencer a Anubis el Chacal. Lo hiciste, y te quedaste los poderes, con los que seguiste derrotando a seres malvados como Morfeo, Bushman, o el desdichado Hombre-Lobo”.
“Yo… Ya recuerdo…”
“Hace poco, Anubis el Chacal renació. Por ningún motivo en especial. Simplemente, no se puede matar a un dios”.
“Sí…”
“Renació bajo la forma de Julian Brown. Al renacer, provocó una onda expansiva que sintieron todos los dioses relacionados con él. Bueno, por ejemplo Horus está demasiado lejos para sentirla inmediatamente, pero a la velocidad del sonido… Tardará mucho tiempo en oírlo, aunque si se acerca a la Tierra… En fin, lo importante es que al sentirla tú, viajaste a Egipto para detenerte, donde te encontraste con sus mercenarios. Derrotaste al primero y evitaste al segundo, pero para evitar la chocolatina rellena de gas tóxico, envié a los Sacerdotes de Khonsu a avisarte, quienes se comunicaron contigo por medio de un sueño.”
“Así que fueron los Sacerdotes… La verdad, nunca me cayeron muy bien. Les debo una.”
“Finalmente, Anubis el Chacal, deseoso de luchar contigo, proyectó una imagen de una cabeza de chacal sobre el templo en el que se encontraba. Tú acudiste allí y él te mató.”
“Los Sacerdotes de Khonsu dijeron que renacería”.
“Y renacerás. Más fuerte que nunca. Por cierto, Hércules te está esperando”.
“¿Hércules?”
“Sí, ha derribado la puerta del templo. Ha debido de sentir tu muerte debido a la amistad que tuvisteis hace tantos siglos. Si no lo hubiera hecho, jamás podrías salir de allí.”
“¿Tú no podrías sacarme?”
“¿Atravesar el sello del Chacal sin un heraldo en la Tierra? No, no podría.”
“Bueno, pues… Nunca había tenido la oportunidad de hablar contigo cara a cara. Y muchísimo menos, de vivir las experiencias que tú viviste. Ya sabes, el viaje por el espacio, y eso… Ha sido un placer conocerte”.

Marc creyó que Khonsu decía algo, pero no pudo saberlo con exactitud, ya que todo empezó a dar vueltas hasta que quedó sumido en la más profunda oscuridad.

Hércules vio sorprendido cómo se curaban todas las heridas del Caballero Luna. Entonces éste se incorporó y se puso en pie. Tenía la pierna perfectamente, a pesar del disparo que había recibido en la lucha contra Bushman.

-<Vamos a arrancarle la cabeza a ese chacal>-dijo.

*En Heracléopolis, Khonsu era llamado Heryshef, que a su vez era la traducción de Hércules. Khonsu también fue identificado como el dios cocodrilo Sobek.

**Para los egipcios, el año constaba de 12 meses de 30 días, 360 días. Los 5 días restantes no pertenecían al año. La leyenda cuenta que el dios Thot había prometido a su esposa Nut que su hijo sería faráon. Al oír aquello, Ra se puso furioso y lanzó una maldición por la cual ningún hijo de Nut podría nacer en ningún día ni ninguna noche del año. Para ello, Thot retó a Khonsu por el control del calendario. Ganó y creó 5 días más, en los cuales Nut dio a luz a 5 hijos.

***El Caballero Luna fue miembro de los Vengadores de la Costa Oeste.

LA GUERRA ENTRE DIOSAS PROSIGUE DE LA MANO DE IBAITA EL PRÓXIMO MES