Serie: Caballero Luna
Número: 14
Autor: Ibaita
Título: Cuando los dioses caen III
Descripción de la portada: El Caballero Luna y Anubis el Chacal, cara a cara.

Egipto.

Julian Brown terminó de hacer la maleta. Con el heraldo de Khonsu muerto, todo había acabado. Ahora un par de llamadas y a disfrutar de unas vacaciones en Hawaii…

Entonces alguien llamó a su puerta.

-Pase-dijo Brown.

Entonces el Caballero Luna entró en la habitación. Anubis el Chacal lo vio de reojo y se dio la vuelta.

-¡Tú! ¡Maldito seas, Khonsu! ¿Es que nunca mueres?

Cogió las dos figuras de cabeza de chacal que tenía en la cama y se las colocó en los puños.

-Si te he matado una vez, podré matarte otra.

El Caballero Luna, en el más absoluto silencio, le soltó una patada en el estómago. Sintió como su pie se hundía en la grasa que había acumulado Brown.

Anubis el Chacal salió volando mientras atravesaba la ventana, para caer desde el piso 30 en la piscina del hotel, donde dos recién casados se besaban apasionadamente en su luna de miel.

Los jóvenes gritaron de terror mientras el nivel de agua de la piscina descendía considerablemente con la caída de Brown. Éste miró hacia su suit. Allí, brillando a la luz de la luna llena, pudo ver el traje plateado del heraldo de Khonsu, quien lo miraba fijamente.

Y por primera vez en su vida, Julian Brown conoció el miedo. Y como el Chacal que era, nadó hasta la orilla y corrió alejándose del hotel.

Pero entonces chocó contra alguien y cayó al suelo. Alzó la vista y vio a Hércules, quien lo contemplaba con mirada indiferente, como quien mira a una mosca.

-¡No! ¡No!

Hércules lo agarró del cuello y se limitó a mirarlo. Aquello no merecía su poder, así que lo dejó caer al suelo.

-<Vale, vosotros lo habéis querido… Hasta ahora sólo había utilizado el poder de mi heraldo Julian Brown… ¡Es hora de que contempléis al verdadero Anubis el Chacal!>

Los ojos de Brown brillaron. Julian Brown murió en aquel momento. Ahora era Anubis el Chacal.

Anubis golpeó a Hércules fuertemente, lanzándolo a varias manzanas de distancia. Se giró y miró al hotel. El Caballero Luna seguía allí, mirándolo fijamente. Entonces, saltó.

El heraldo de Khonsu se tiró desde el piso 30 y cayó sobre las duras baldosas de piedra, destrozándolas y lanzando pequeños pedazos de piedra. Nunca había tenido tanto poder, y pensaba aprovecharlo bien.

Anubis lanzó varios puñetazos que hubieran tumbado a manadas de elefantes. El Caballero Luna los bloqueó pacientemente, para después soltar una patada a su enemigo que le hizo doblarse de dolor. Entonces, el Caballero Luna saltó hacia atrás al tiempo que alzaba las piernas, golpeando a Anubis en la boca y propulsándole al cielo del Cairo.

Cayó desde ochenta metros de altura en plena carretera. Se levantó dolorido. Apenas se tenía en pie. Entonces Hércules apareció delante suyo.

-¿Te acuerdas de mí?

Hércules golpeó a Anubis con todas sus fuerzas. Éste salió disparado y voló, a varios metros de altura, durante varias manzanas, destrozando por completo cualquier coche que se interpusiera en su camino, hasta que un edificio le frenó en seco. Anubis se golpeó contra la pared del edificio, provocando una gran grieta y cayendo al suelo inconsciente.

-Está acabado-dijo el Caballero Luna mientras, junto con Hércules, contemplaba a su caído rival.

En un hospital.

El aire olía a productos químicos. En resumen, el aire olía a hospital. Un olor que la mayoría de la gente detestaba. Bullseye ya estaba acostumbrado a ese olor.

Llevaba ya unos cuantos meses hospitalizado*. Las cosas no habían salido como él preveía en la conspiración contra Marc Spector. Nunca imaginó que Kingpin pudiera llegar a pesar tanto.

Entonces, un hombre vestido de negro entró en la habitación.

-¿Bullseye?
-¿Qué quieres?-repuso éste.
-Tengo que hacerte una oferta… Una oferta que no podrás rechazar.
-Qué te apuestas a que sí.
-Sabes, últimamente hay pocos mercenarios… Muy pocos. Con Masacre y Bushman fuera del gremio… Pues bueno, es algo muy complicado**. Así que necesitábamos más mercenarios. Y recurrimos a ti.
-Por si te has olvidado, tengo todos los huesos del cuerpo rotos.

El hombre de negro sonrió.

-Mentira.
-¿Cómo que mentira?
-Te han mentido, Bullseye. Estás en perfectas condiciones de salud.
-¿Es que no me ves?
-En los meses que has estado aquí todos tus huesos se han recuperado.
-Eso es imposible. Mi columna vertebral…
-Por si te has olvidado, tu columna vertebral tiene implantes de adamantium. Apenas ha sufrido unas grietas.
-Entonces, si estoy totalmente recuperado, ¿por qué los médicos no me lo han dicho?

El hombre de negro rió.

-Es obvio. Hacerte creer que tienes todos los huesos rotos es la forma más fácil de mantenerte preso, ¿no crees?

Con mucho esfuerzo, Bullseye se incorporó.

-Vaya. Supongo que tenías razón. Pero no puedo moverme bien…
-Llevas demasiado tiempo en reposo. Esto te ayudará.

El hombre de negro le inyectó una jeringuilla. Bullseye se hizo crujir las articulaciones. Podía moverse con total libertad.

-Vaya. ¿Qué es?
-El líquido que te han estado administrando los médicos los últimos meses, potenciado con unas drogas de diseño.
-¿Drogas de diseño?
-Sí. Dan superpoderes***.

El hombre trajeado de negro le tendió una bata de médico y una máscara de las que usan los cirujanos, y él mismo se vistió igual. Después, los dos salieron por la puerta con la cabeza gacha.

Marc Spector volaba en un avión, regresando a casa. Ya se había despedido de Hércules, y ahora su pregunta más importante era… ¿Qué haría con su poder? Apretó el puño. En aquel momento sentía que ni tenía aquel terrible poder fluyendo con sus venas, pero quién sabía cuando volvería a aparecer… Tal vez cuando su vida corriera peligro… Tal vez cuando tuviera a un dios como Thor o Hércules cerca… Tal vez cuando Anubis volviera a atacar… Tal vez cuando él volviera a morir…

-Atención, pasajeros, ya estamos llegando. Por favor, abróchense los cinturones.

El avión comenzó a descender poco a poco, hasta que al fin aterrizó. Marc recogió su equipaje y salió del aeropuerto. Una limusina le esperaba a la entrada. Marc entró por la puerta trasera y se sirvió un whisky. El chófer, Frenchie, se volvió y le miró.

-Marc, ¿qué tal?
-Bien, Frenchie. Lo de Anubis ha resultado ser una larga historia… Ya te la contaré.

Frenchie arrancó la limusina.

-¡Ah! Se me había olvidado una cosa-dijo el chófer-. Marlene me ha dicho que te diga que una tal Jessica Jones acaba de dar a luz.

 

*El motivo se vio en esta misma colección, en el número 4.

**Ver Caballero Luna 10 y 11 y Masacre 2.

***En esta misma colección y en Los 4 Fantásticos 1.

¿ESTÁ ANUBIS TERMINADO? ¿QUIÉN HA VENIDO PARA UTILIZAR A BULSEYE? TODO ESTO TENDRÁ RESPUESTA EN LAS PRÓXIMAS PÁGINAS DE CABALLERO LUNA.