Serie: Caballero Luna
Número: #5
Autor: Ibaita
Título: Explorando los bajos fondos
Descripción de la portada: El Castigador y el Caballero Luna están en un oscuro callejón.
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El Caballero Luna ató las balsas con el armamento y la comida al helicóptero.
Había comprado un palo corto, unos sais, unos shurikens y una katana en una tienda. Obviamente, no las vendía como armas. En realidad era una tienda de antiguedades. También había jarrones. Lo importante ahora era continuar su guerra contra el crimen. La Cocina del Infierno ya estaba limpia después de que se fueran Bullseye y Kingpin. Y como Daredevil como nuevo Kingpin, seguro que seguiría limpia mucho tiempo. Puso el helicóptero en marcha hacia el Bronx. Escondió el helicóptero en un almacén vació entrando por un agujero en el tejado y atrancó la puerta por dentro. Después utilizó un cable para preparar una trampa en el tejado. Si alguien intentaba escalarlo, el cable se engancharía alrededor suyo y le atraparía. Después salió por el tejado con cuidado de no pisar el cable. ¿Por dónde empezaría su limpieza? En un callejón vio a una persona disparar a bocajarro contra otra. La figura asesina escapó corriendo. El Caballero Luna vio cómo se metía por otro callejón, y después por otro. La misteriosa figura saltó encima de un contenedor y de ahí a una cuerda con ropa colgando. El hombre se sacó un cuchillo de la bota y cortó la cuerda. Se puso el cuchillo entre los dientes. El hombre y la cuerda se deslizaron hasta caer encima de una valla. Era bueno.
El Caballero Luna saltó desde la azotea y utilizó su capa para planear hasta donde estaba el hombre. Este le vio y sacó un rifle. El Caballero Luna supo que le acertaría si no hacía algo. Dio un giro brusco con la capa y se colocó justo debajo del Sol. El hombre intentó seguirle con la vista, pero quedó cegado por la luz del Sol. Se frotó los ojos. En menos de tres segundos ya estaba listo para la acción. Pero el Caballero Luna estaba en el suelo.
El hombre sacó una pistola y apuntó a la reencarnación de Khonsu.
-No fallaré-dijo.
-No te engañes-replicó el Caballero Luna-. No asesinarás a un superhéroe.
-Así que me recuerdas.
-¿Cómo no iba a recordar esa enorme calavera?
El Castigador sonrió. El Caballero Luna y él se habían visto en varias ocasiones. Se habían visto como amigo y como enemigos. Juntos habían luchado contra atlantes, contra el Imperio Secreto y contra Pesadilla.
-¿Por qué has asesinado a ese hombre?
-Era un mensajero.
-¿De quién?
-De Zaran.
El Caballero Luna había oído hablar de Zaran. Shang-Chi le había contado que Zaran solía trabajar para su padre (el de Shang-Chi). Zaran también había luchado contra tipos como el Capitán América. Zaran era un maestro en artes marciales y dominaba todo tipo de armas blancas. Como Marc. ¿Quién ganaría?
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Interludio:
Zaran se acercó al muelle vacío. Un hombre custodiaba la puerta. Sacó su látigo y lo enroscó alrededor del cuello del guardia. Se acercó al guardia y le partió el cuello. Forzó la puerta con una lanza. Después se deslizó por las sombras. Allí había varios traficantes de drogas. Zaran introdujo una diminuta aguja en el generador que había junto a la puerta y la luz se apagó.
-Debe de ser un apagón-dijo uno de los traficantes sacando una linterna.
-No seas idiota. Tenemos nuestro propio generador junto a la puerta, ¿recuerdas?
-Ummm… Sí. Pero entonces, ¿qué ha podido pasar?
-Calla-le ordenó otro traficante.
-No he hablado-replicó el primero.
-Sí has hablado. Calla.
-¿Por qué?
-No estamos sólos.
-¿Y quién más está aquí? ¿Eh, Jim? ¿Eh?-silencio- ¿Jim? ¿Jim? ¿Estás ahí? ¡Jim!
El traficante sacó otra linterna y vio a Jim muerto en el suelo. Medio segundo después, él también estaba muerto.
Zaran cogió un taxi. A pesar de que iba fuera de la ciudad, la factura no le costó cara, ya que el taxista cayó muerto con un puñal turco clavado en la espalda. Zaran condujo fuera de la ciudad. Horas después bajó del coche y llamó a la puerta de una casa. Un hombre obeso salió a recibirle. Wilson Fisk, alias Kingpin.
-El trabajo está hecho. Aquí tiene la droga. ¿Es usted drogadicto?
-No. No la quiero para eso.
-Y entonces, ¿para qué?
-Es una droga experimental. SHIELD trabajó con ella. No funcionó. Nick Furia quedó decepcionado y eliminó todas las muestras. Por algún motivo, aún quedan algunas. Esta droga triplica la fuerza de los que la toman. Por desgracia, todos los que la toman pierden la cordura. Ten tus 50.000 $.-He pensado que esa droga vale más que eso-murmuró Zaran.
Kingpin chasquó los dedos. Cincuenta armas apuntaron a Zaran. Este saltó y lanzó todos sus sais, sus shurikens, sus cuchillas. Cincuenta exactas. Todos cayeron. Kingpin le apuntó con el bastón. Zaran se dio cuenta de que se había quedado sin armas arrojadizas.
-Lo siento-murmuró Kingpin-. No deberías haber matado a mis hombres. Ahora la recompensa no será tan… Generosa
Una moneda de diez centavos voló hasta la mano de Zaran.
Fin del interludio.
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El Caballero Luna y el Castigador se sentaron sobre unas cajas, estudiando la situación.
-¿Qué hace aquí Zaran?
-Al parecer, ha conseguido una droga experimental que triplica la fuerza de los hombres que la toman, o eso dicen todos los rumores-el Castigador sacó un ordenador de bolsillo y tecleó unas palabras-. Mierda. Esto no encaja.
-¿Qué pasa?
-Uno de los sujetos se volvió loco al tomar la droga. Al parecer, escapó de trece agentes de SHIELD armados hasta los dientes, destrozó la chapa del Helitransporte y se tiró desde una altura de seiscientos metros. Cayó en algún lugar del río Hudson. SHIELD le atrapó cuando pasaron los efectos de la droga.
-Para hacer eso hace falta mucha más fuerza que el triple de la de un humano normal-señaló el Caballero Luna.
-Exacto. Nos enfrentamos a algo muy peligroso.
-¿Y si Zaran toma esa droga? Ya tiene bastante fuerza de por sí. Con tanta fuerza podría causar un veradadero caos en la ciudad. Mucho más que cualquier otro supervillano.
-Sí. Debemos detenerle antes de que se le ocurra inyectarse una jeringuilla.
Zaran se agachó detrás de la casa de Kingpin. Tras recoger todas sus armas se acercó a la ventanilla del garaje de Kingpin y forzó la cerradura. Entró. Se escondió tras el primer coche que vio. Era una limusina. Desde allí atrás identificó el sistema de alarma. Una cámara exploraba la habitación. Miraba para la derecha, y dos segundos después para la izquierda, dos segundos después para la derecha y así sucesivamente. Cuando miaraba para la derecha Zaran lanzó una cuchilla a la cámara. Esta se atrancó. Entonces subió por las escaleras. Se acercó al estudio, pero cuando iba a abrir la puerta esta explotó en pedazos. A cien metros de ditancia el Castigador bajó el bazooka. Zaran se levantó del suelo, aturdido. El bastón de Kingpin le apuntaba. Pero entonces un disco en forma de luna atravesó la habitación y se clavó en el brazo de Kingpin. Este soltó el bastón. Zaran le lanzó un sai a Kingpin.
-¡No!-gritó el Caballero Luna, y apartó a Kingpin de un empujón.
O al menos le apartó un poco. El sai pasó silbando junto a la cabeza de Kingpin. El Caballero Luna cayó al suelo. Los brazos le dolían mucho. No parecía que se los hubiera roto, pero dolían. ¿Cuánto pesaba Kingpin? Los brazos le ardían del empujón. Era como empujar una pared de roca. El Castigador sacó un modelo Colt 45 y empezó a disparar a Zaran. Las balas rebotaron en la armadura de este. Zaran sacó un bastón y se acercó al Caballero Luna. Este se agachó y golpeó a Zaran en la mandíbula. Kingpin aprovechó el jaleo para huir.
El Castigador y el Caballero Luna se acercaron a Zaran. “Es peligroso”, pensó Marc, “quizás incluso más que Bullseye.” Zaran se lanzó contra el Castigador. Este se partó justo a tiempo. El peligroso asesino cayó al suelo. Preparó tres sais y los lanzó. Los tres le acertaron en el pecho al Castigador. Estaba sangrando. El kevlar le había protegido lo suficiente como para sobrevivir, pero cayó al suelo aturdido. Lentamente cayó al suelo. El Caballero Luna lanzó un disco directo al cuello de Zaran. Este lo esquivó y lanzó un sai. El Caballero Luna lo esquivó. Estaban igualados. Ninguno ganaría.
-No podrás derrotarme, idiota.
-Esta lucha no tiene sentido. ¿Por qué luchas contra nosotros?
-Vosotros habéis empezado.
-Yo no he tenido nada que ver-acalaró el Caballero Luna-. El Castigador ha disparado y entonces yo me he encontrado con él.
-El Castigador iba a por Kingpin, ¿verdad?
-Es un buen momento para aclararlo. ¿Qué hacía Kingpin aquí?
-Es su casa.
“Debería estar en Oregón”, dijo el Caballero Luna para sus adentros.
-¿Qué hacías con él?
-Como has visto, iba a cargármelo.
-¿Por qué?
-Me la ha jugado. Le he entregado una droga que triplica…
-¿Qué?
-Una droga que…
-¡No! ¡No es eso! ¿Por qué le has entregado esa droga?
-Ey, él me pagó, yo sólo…
-¡Idiota! ¡Con esa droga podrá dominar el crimen de toda Norteamérica!
-¿Y a mí que me importa?
El Caballero Luna golpeó con furia a Zaran en la mandíbula. Se acercó al Castigador y le intentó reanimar. Este consiguió levantarse a duras penas. Marc le resumió lo que había pasado, y que Kingpin iba a hacerse con toda Norteamérica. El Castigador sólo pudo decir:
-Lo siento, pero no puedo encargarme de Kingpin. No mientras haya tipos como Zaran sueltos. ¿Irás a por él?
-Sí. Intentaré detenerle.
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¿Qué pasará con el Caballero Luna? ¿Podrá detener a Kingpin? ¿O Kingpin conseguirá repartir la droga entre todos sus empleados y conseguir una legión de criminales sobrehumanos?
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EN FEBRERO... ¡MÁS!