Colección:
Caballero Luna
Autor: Ibaita
Número: #6
Portada: Nememo
Título: Guerra contra el narcotráfico

Kingpin tenía una droga que podía multiplicar por quince la fuerza de un hombre normal. Si en lugar de inyectarse una dosis normal, un hombre se inyectaba una dosis doble, su fuerza se multiplicaba por treinta. Con toda esa droga Kingpin podía crear un auténtico ejército de supervillanos y tomar el control de Norteamérica. El Caballero Luna estaba agotado. El combate con Zaran le había dejado muy débil.

No podía detener a Kingpin porque no sabía dónde estaba. Marc fue al almacén que tenía por base. Allí estaba el helicóptero y las maderas con las provisiones. Se sentó a descansar en el mullido asiento del helicóptero. Minutos después estaba en el hipermercado comprando un sillón. Disponía de toneladas de dinero en la cuenta de Marc Spector, pero había sacado demasiado este mes. Ya no podría sacar más. Se llevó el sillón a cuestas –iba llamando la atención por las calles, suerte que llevaba ropa de civil- y lo colocó en un rincón del almacén. Se sentó y pensó: “Bueno, ya están casi completamente purgados la Cocina del Infierno y el Bronx. ¿A dónde iré ahora? Mmm… Quizás al Harlem… Pero este sillón es tan cómodo… Descansaré un poco más…” Entonces oyó que forzaban la puerta del almacén. Rápidamente, se escondió detrás del sillón y miró a sus oponentes.

-Esconderemos la droga aquí, ¿de acuerdo?

¿La droga? ¿Podría tratarse de la droga que tenía Kingpin? No, eran “camellos” normales. El Caballero Luna aferró un disco. Estaba a punto de lanzarlo cuando vio que entraba otra persona.

-Ey, chavales-dijo-, ¿sabéis quién soy?
-¿Pero qué demonios…? Tú… Tú eres… Lu… Lu-luke Cage…
-Luke Cage, no “Lu-luke Cage”. Comprendo que tartamudees, pero al menos llámame por mi nombre.
“Luke Cage”, pensó Marc, “me ayudará a despejar el Harlem”.

Uno de los criminales disparó, acertando a Luke en el pecho.

-¡Ey! ¡Que pica!

Luke pisó fuertemente el suelo, haciendo volar varias tablas de madera. En una de ellas estaba uno de los criminales, que salió volando para caer en las manos de Cage. Este lo golpeó contra el suelo y lo lanzó contra otro criminal, derribando a los dos. El criminal restante apuntó a Luke a los ojos. Justo cuando iba a disparar, un disco en forma de luna le dio en la mano, desviando el disparo. Segundos después otro le acertó en la nuca y le noqueó.

Interludio

Kingpin se recostó en su silla en el despacho. Era un despacho pequeño, oscuro. Una mesa estaba dispuesta en el centro de la habitación. Había dos sillas, una a cada lado de la mesa. Kingpin estaba sentado en una de ellas, enfrente de la ventana. Otra persona estaba sentada enfrente suyo, en la otra silla. Por la ventana se filtraban unos rayos de sol que iluminaban el rostro de Kingpin. El rostro de la persona que había al otro lado estaba inmerso en las sombras. Kingpin forzó la vista, intentando ver el rostro de la persona que estaba sentada enfrente suyo, pero no consiguió nada.

-¿Y bien? ¿Tienes la droga?
-Sí.
-¿Cuánto me costará?
-1 000 $ los 50 mg.
-¿No es demasiado caro?
-Esa droga está muy concentrada. Si yo tomara 100 mg. Podría sobrevivir a una caída a la calle desde este despacho.
-No está mal. Me quedaré con 500 mg.

Fin del interludio

-¿Quién eres?
-El Caballero Luna. Tú debes de ser Luke Cage. No nos vemos desde hace mucho tiempo.
-Así es. ¿Qué hacías en este almacén?
-Vivo aquí.
-Un sitio un poco raro para vivir, ¿no te parece?
-Vivía en una furgoneta hasta que unos tipos me la volaron. Además de eso tengo una mansión en Wetschester. La reconstruí hace unas semanas.
-Sí… Eh, lo siento por lo del suelo…
-No pasa nada. Lo taparé.
-¡Ey, espera un momento, claro ya te reconozco! Tú eres el que estás limpiando Manhattan de criminales, ¿no? ¿No te das cuenta de que el crimen vuelve a surgir?
-No necesariamente.
-¿Cómo?
-Ahora hay mucho menos crimen que antes. Todo consiste en que crean que estás muerto.
-¿Muerto? ¿Y para qué servirá eso?
-Soy una leyenda. Los criminales creen que soy un espíritu que aparece cuando hay luna llena. Me tienen miedo.
-Es lógico, llamandote Caballero Luna…
-Sí, elegí bien el nombre. Me vinculan con la luna. Entonces, ¿qué me dices? ¿Limpiamos el Harlem?
-Me está esperando Jessica… ¡Ah, qué más da! ¡Manos a la obra!

El hombre cargó la escopeta. En aquel momento estaba a punto de pasar su ex novia. Un disparo en la cabeza y estaría todo arreglado. El hombre ya la veía. Disparó, pero alguien se interpuso en la trayectoria de la bala. El criminal le reconoció. Era Luke Cage. Se dio la vuelta esperando huir, pero se encontró con una figura encapuchada.

-Ey, ¿y a ti qué te pasa? ¿No serás del Ku Klux o algo?

El Caballero Luna le cogió del cuello y le empujó contra la pared.

-Soy el Caballero Luna. Las noches de luna llena vuelvo de entre los muertos para…
-Pero si no hay luna llena…-el Caballero Luna le golpeó de nuevo contra la pared y le noqueó.

La Bóveda.

Puños de Navaja suspiró. No podía creer que le hubieran transladado a una celda de la que era tan fácil escapar. El traslado había sido hace media hora. Los guardias ya se habrían ido, sólo quedaría uno. Tenía sus navajas. Sería fácil. La cámara le enfocaba. Tenía que actuar deprisa. Saltó hasta llegar a la altura de la cámara y la arrancó del techo de una patada. Sus navajas se clavaron en el techo. Se balanceó y golpeó la puerta de metal con tanta fuerza que la derribó. Se desclavó del techo y cruzó sus brazos en el aire justo cuando pasaba junto al guardia. Le decapitó. Tres segundos depués se activó la alarma. Puños de Navaja corrió pasando junto a las celdas en las que estaban encerrados criminales super humanos. Cuando llegaron los primeros guardias se acercó al generador de la luz y clavó una de sus navajas. La luz de emergencia tardaría unos treinta segundos en encenderse. Con los pasillos a oscuras pasó si problemas entre los guardias. Ahora llegaba lo peor: El muro exterior de la Bóveda. Ni siquiera personas como Electro o Veneno lo habían atravesado en ciertas ocasiones. Pero él tenía una ventaja: En ese momento estaban encerrando a Zaran, que había sido detenido hace poco por el Caballero Luna y el Castigador. Justo cuando abrieron la puerta Puños de Navaja saltó y decapitó a los dos guardias que custodiaban a Zaran. Mientras Zaran le miraba sorprendido, Puños de Navaja ya había escapado de la Bóveda.

Luke Cage y el Caballero Luna se dirigían a la casa de Jessica Jones.

-¡Ja! ¿Viste la cara de ese tipo al chocar conmigo y caer al suelo?
-Sí-rió el Caballero Luna-. ¿Y la que puso el otro, el que se creyó lo de que volvía de entre los muertos para limpiar la ciudad?
-¡Luke! ¡Llegas veinte minutos tarde! ¿Qué…?-la recién aparecida Jessica Jones vio al Caballero Luna-Ah, tú debes de ser el Caballero Luna… ¿No estabas muerto?
-Lo del muro fue un montaje para que los criminales me teman.
-¡Y funciona!-rió Luke.
-¿Subes?-preguntó Jessica.
-No, gracias, Mrs Jones.
-Llámame Jessica.

Puños de Navaja tenía que conformarse con vivir en aquella diminuta casa. En fin, al menos después de decapitar a aquel borracho en el bar se había ganado buena reputación… En ese mismo momento, sonó el teléfono.

-¿Sí…?
-Soy Kingpin. Tengo un trabajo para ti.
-Podría interesarme. ¿Cómo sabías mi número?
-Sé todo lo que pasa por aquí. Y por toda la Costa Este. Cuando me enteré que te habías fugado de la Bóveda y estabas aquí supe que eras el hombre adecuado para este trabajo.
-¿Cuál es el trabajo y cuánto dinero es?
-¿Sabes quién es el Caballero Luna?
-Sí. He oído hablar de él.
-Tendrás que eliminarlo. Son 50.000.000 $-Kingpin sonrió. ¿Cuántas veces había prometido esa cifra en los últimos días y no había pagado?
-Hecho. ¿Dónde está?
-Últimamente anda por el Harlem junto a Luke Cage. Cage es un extra: 1.000 $.
-Me parece muy poco.
-Cage no interfiere directamente en mis actividades. Como he dicho, es un extra: Lo coges o lo dejas.

Puños de Navaja lo pensó. Si iba con el Caballero Luna, no tendría que buscarlo. Y mientras los 50 millones los empleaba en seguir viviendo con el lujo de antes y los 1000 $ los empleaba en algún caprichillo…

-De acuerdo. Acabaré con los dos.

-Bueno-dijo Luke Cage-, ha sido un placer conocerte. Y además ya te has ganado una buena reputación en el Harlem, supongo que el crimen descenderá.
-El crimen nunca desaparecerá, pero tienes razón, Descenderá. Entonces, adiós.

En ese mismo momento una flecha voló y se clavó en el hombro de Luke.

-Pero, ¿cómo demonios ha podido clavar…?-Puños de Navaja cayó de un tejado e interrumpió su frase-¿Sabes?-susurró al Caballero Luna-Este tío tiene pinta de ser el que me ha lanzado la flecha.
-No sé cómo ha podido con esas “manos”. Igual no tiene nada que ver. Concedámosle el beneficio de la duda.

Puños de Navaja dio un salto doble hacia el Caballero Luna girando sus manos. Con las navajas, habría decapitado a un hombre normal, pero el Caballero Luna tenía muy buenos reflejos. Casi sobrehumanos. Se agachó y evitó al asesino.

-Se acabó el beneficio de la duda-murmuró.

Marc le dio una patada en la boca a Puños de Navaja, pero no le noqueó. Puños de Navaja sí le noqueó a Marc. Mientras, Luke intentaba desclavarse la flecha, pero no podía rasgar su propia piel. Todavía estaba intentándolo cuando Puños de Navaja utilizó la trampa que le tenía reservada. Esitró de una cuerda y a Luke le cayeron encima diez toneladas de ladrillos. En ese mismo momento llegó un coche patrulla, que pasaba por allí. Un policía salió del coche.

-¡Eh! ¡Pon las manos donde pueda verlas!

Puños de Navaja le enseñó las navajas.

-Eh… Esto… Pues…

Puños de Navaja saltó y clavó una de sus navajas en el pecho del policía. En ese momento llegó Jessica Jones, preocupada porque Luke aún no había llegado. Al ver a Puños de Navaja, lo primero que hizo fue golpear al villano, lanzándolo por los aires. Después cogió la pistola del difunto policía y le apuntó, junto al compañero del policía.

El asesino saltó hacia ellos. Cruzó los brazos y asesinó al policía, pero Jessica logró evitarle. Después le golpeó de nuevo. Puños de Navaja chocó contra el coche patrulla y lo volcó. Estaba KO.

Jessica ayudó a levantarse a Luke y a Marc.

-Unffffffff… Gracias-dijo éste último.
-De nada. ¿Quién era ese tipo?
-No lo sé.
-¿Le hacemos hablar?
-¿Eres detective, no? De Alias o algo así.
-Sí. ¿Por?
-Espero que consigas descubrir quién es. Cuando lo sepas, avísame-dijo Marc dándole una tarjeta-. Ahora tengo que irme. Adiós.

Jessica leyó la tarjeta. Decía “Marc Spector. Mansión Spector, nº 13 de Seabreeze Crescent, Southampton, Long Island, Nueva York” y un número de teléfono.

-En fin-suspiró.

El Caballero Luna intentó concentrarse en los mandos del helicóptero. Estaba remolcando su “hogar”. Limpiaba la Isla Ellis y volvía a la Mansión Spector. No volvería intentar eliminar el crimen. Era imposible. Ya estaba llegando. Allí todos eran “camellos”. Todos. La Isla Ellis siempre había estado vinculada con la droga. Marc vio la Estatua de la Libertad, alzándose imponente. Por fin, llegó a la Isla Ellis y aterrizó el helicóptero junto a un edificio abandonado. Todo apestaba. Limpiar aquello iba a costar. Con pereza, guardó su “hogar” bajo una pasarela de madera. Entonces empezó la labor. Subió a un edificio y fue saltando de tejado en tejado, hasta que algo pasó. Un puñal se clavó en su espalda. ¿Se clavó? No. Le atarvesó. Entró por la espalda y salió por el pecho. Marc murmuró un ruido ahogado y cayó de bruces contra la piedra, rompiéndose el tabique nasal. La sangre corría por el tejado.

¿CONTINUARÁ?