Serie: Caballero Luna
Número: #7
Autor: Ibaita
Título: ¡Muerte!
Descripción de la portada: Se ve un primer plano del rostro del Caballero Luna sujetando a duras penas un disco con forma de luna. La sangre empapa la zona inferior de la máscara. En el disco se ve el reflejo del engimático anciano.
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El Caballero Luna movió ligeramente un brazo y murmuró un quejido. La sangre inundaba su máscara, impidiéndole respirar. Se la quitó a duras penas. Intentó andar, pero tropezó y cayó de nuevo. El pecho le ardía. Se lo sujetó con la mano. Tropezó de nuevo. Se miró la mano. No había sangre. Imposible. Fuese lo que fuese, aquella cosa le había atravesado el tórax. Podía escuchar sus propios latidos, debilitándose más y más. Intentó levantarse de nuevo. Esta vez le costó aún más, y de nuevó tropezó y cayó. La sangre le resbaló por la cara. Gotas de sudor perlaban su frente, y un solo pensamiento ocupaba su mente: Marlene.
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En un yate, en el Oceáno Pacífico.
Aquel anciano cogió un vaso y se echó un zumo de frutas. Le encantaba el aire del mar. Suspiró, relajándose por completo, y se tumbó en la hamaca. Una gaviota sobrevoló el yate. El Sol se reflejó en su cubierta. Desde el yate se veía perfectamente la Estatua de la Libertad, alzándose imponente sobre la Isla Ellis.
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Lápida saltó de la lancha motora. El nuevo trabajo no iba a ser divertido. De momento, ya había seis drogadictos apuntándole con navajas. El frío criminal sacó una pistola y disparó contra la frente de uno de ellos. El chaval no tendría más de 14 años. Los otros cinco le atacaron. Uno de ellos le hizo un corte en el brazo, haciéndole soltar la pistola. Era muy valiente. Cuando intentó acertar en el cuello, Lápida le echó atrás al tiempo que le sujetaba de la cara. Sin soltarle, consiguió partirle el cuello. Los otros no fueron difíciles de despachar.
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Marc se quedó en el suelo. No podía perder la consciencia. Si la perdía, perdería también la vida.
-¡Oh, no!-dijo una voz. Una chica corrió hacia Marc-¡Creía que era uno de ellos!
-Cúrale-dijo otra voz a lo lejos.
La chica apoyó la mano sobre el pecho de Marc y la energía bortó hasta dejar al justiciero nocturno casi perfecto –la nariz aún seguía rota-.
-Gracias-dijo Marc.
-¡Ey! ¡Un momento! ¡Yo te conozco! ¡Eres el Caballero Luna! Luchamos juntos hace tiempo, ¿recuerdas?
Marc miró por primera vez a su salvadora. La reconoció al instante. Era Puñal. Capa se acercó lentamente.
-Buenas noches, Caballero Luna. Veo que no has cesado de combatir el crimen desde la última vez que te vi.
-Tampoco vosotros. ¿Qué hacéis aquí?
-A fin de cuentas, aquí empezó nuestra historia.
-Estamos intentando limpiar esta isla-añadió Puñal-. Llevamos aquí unas semanas. Tenemos un campamento a unas manzanas de distancia.
-Creo que eso me vendrá bien-puntualizó Marc.
Diez minutos después, Marc había llevado todos sus objetos a aquel lugar. Era un destrozado garaje, que constaba de varias partes. Capa y Puñal vivían en una, y el resto no lo utilizaban. Marc dejó allí todas sus cosas y el helicóptero donde deberían estar los coches.
-Y bien, ¿tú que haces aquí?-preguntó Puñal. Ella y Marc estaban comiendo un bote de conservas cada uno. Marc tenía una venda que le cubría la nariz. También se había puesto en los brazos y en las piernas, incluso una en las costillas; de anteriores batallas (criminales comunes, Bullseye, Zaran, Puños de Navaja…).
-Venía a lo mismo que vosotros: A limpiar la isla. Con suerte, ya sabrán que estoy aquí. Soy una leyenda en los bajos fondos.
-¿Cómo es eso?-Marc les contó todo. La llegada a la Cocina del Infierno, el enfrentamiento contra Daredevil, la llegada de Bullseye, la batalla, después lo de Kingpin, la batalla aérea con los helicópteros; el Castigador, Luke Cage y Jessica Jones; Zaran y Puños de Navaja.
-¿Y no has vuelto a ver a Kingpin?-señaló Puñal. Capa comía en silencio.
-Sospecho que él envió a Puños de Navaja al igual que envío a Zaran; pero no tengo pruebas, aparte del testimonio de Puños de Navaja.
-¿Eso es una prueba, no? Si no se lo hubiera dicho Kingpin Puños de Navaja no sabría que estás vivo.
-Jessica dice que puede ser algún tipo de artimaña. Me llamará cuando lo sepa. El problema es que el teléfono es de mi mansión.
Capa estaba quieto, mirando cómo Marc y Tandy comían sus botes. Él no necesitaba ese tipo de comida.
-Si me disculpáis-dijo-, creo que es hora de que continuemos con nuestra labor.
Marc hincó el tenedor en la última alubia que quedaba-De acuerdo-dijo.
-Sí, es verdad-contestó Tandy, que había acabado también su bote.
-Vosotros dos por el Oeste y yo por el Este, ¿os parece?
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-¡Atrás!-dijo el pobre hombre-¡Retrocede, fantasma, o te juro que me la cargo!
-Hazlo-dijo el Caballero Luna acercándose lentamente-. Sabes que yo no soy como, por ejemplo, Spiderman. Él haría lo que tú dijeras. Pero yo no. Sabes que si aprietas ese gatillo, nada te protegerá de mí. Te haré daño. Mucho daño.
El delincuente bajó lentamente la pistola. El Caballero Luna aprovechó ese único segundo de duda y lanzó un disco a la mano de su rival. Éste soltó la pistola. Marc había sido un mercenario. Muy bueno. Se había enfrentado a muchas situaciones como esas. Antes, podría haber hecho que aquel delincuente se suicidase con una sóla palabra. Después de Marlene, todo cambió. Marlene… El Caballero Luna cada vez la extrañaba más. Distraídamente, propinó una patada en el estómago a aquel tipo y ayudó a levantarse a la mujer.
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Lápida continuó avanzando por la isla. Le habían pagado por matar. Simple. Había alguien que se entrometía en las operaciones de su jefe, y tenía que eliminarle. El trajeado asesino vio a un tipo retorciéndose en el suelo. Un trabajo sin acabar. Su víctima tenía que andar cerca. Disparó al tipo casi sin darse cuenta. Lo que era la costumbre…
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Mientras, el anciano se acercaba con su yate a la Isla Ellis. En una mesita al lado de la hamaca estaba la droga. Si un hombre normal se metía eso en el cuerpo quizás incluso pudiera derrotar a Spiderman cuerpo a cuerpo. Resumiendo, podría dejar un coche en la azotea de un edificio alto. De nuevo, suspiró y observó el maravilloso aunque contaminado paisaje.
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-¿Qué tal?-preguntó el Caballero Luna.
-Perfecto. Más de sesenta drogadictos curados, y una manzana entera sembrada con estas semillas-contestó Puñal abriendo la palma de la mano-. En cuestión de semanas crecerán unos hermosos arbolitos.
-Estupendo. Con la mala fama que tenemos, de aquí a tres semanas la isla estará como nueva. De hecho, ya se estarán marchando los primeros-y se estaban marchando. Lo que el Caballero Luna no sabía es que estaban llegando a barrios como la Cocina del Infierno, el Bronx o el Harlem.
El Caballero Luna se retiró a su rincón del “campamento”. Allí, cogió el móvil que le había prestado Puñal hacía veinte segundos y llamó a la Mansión Spector. Contestó Marlene.
-¿Sí?
-¿Marlene? Soy Marc.
-¡Marc! ¿Estás bien? ¿Cómo…?
-Sí, tranquila, Marlene; estoy perfectamente. Volveré en un par de días-Marlene rió.
-¿Ya te has dado cuenta de que es imposible acabar con el crimen, cabezota?
-Si hace 40.000 años no existía el crimen estoy seguro de que podremos rectificar-bromeó Marc.
-Por cierto, tienes una llamada de una tal Jessica Jones, de ALIAS Investigations.
-Ah, sí. ¿Qué ha dicho?
-Decía… Espera. Sí. Que Puños de Navaja había sido contratado por Kingpin.
-Mierda-dijo Marc tapando el auricular.
-Te he oído-replicó Marlene-. ¿Qué pasa? ¿Es algo malo?
-Sí. Un señor del crimen obeso está intentando acabar conmigo-mientras Marc decía estas palabras Lápida se acercaba.
-Vaya-se mofó Marlene, aunque sabía que no era para reírse-. Entonces, ¿cuándo volverás?
-Si todo va bien, el sábado. Adiós. Te quiero.
-Adiós-Marc colgó.
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Lápida se introdujo sigilosamente en el garaje quitando unos tablones. En cuanto pisó el garaje, Capa le oyó y se teleportó al lado suyo. Lápida se dio cuenta y le agarró de la cara, metiéndole los dedos en los ojos. Capa gritó. Entonces aparecieron Tandy y Marc.
-Aprieta ese gatillo-murmuró el Caballero Luna-. Sabes que cuando lo aprietes nada te protegerá de mí.
-Oh, vamos… Llevo desde que tenía 15 años metido en esto… ¿Te crees que tus truquitos van a funcionar conmigo? Mírame. No estoy nervioso-era imposible saber si Lápida estaba nervioso. Su voz y su cara eran extrañamente frías-. Como des un paso más sus sesos decorarán las paredes-justo entonces, Capa recobró la consciencia y absorbió a Lápida. Al cabo de unos segundos, le soltó.
-Frío… Mucho frío…-murmuraba el asesino.
-¿Quién te envía? Kingpin, ¿no es así?-le interrogó Marc cogiéndole del cuello.
-No… No… He venido aquí… Porque mi jefe… Estorbabais… Sus negocios…
-Tu jefe es Kingpin, ¿no es así?
-N… N…
-¿NO ES ASÍ?
-No… No… Me envía… Cabello de Plata…
Los tres héroes urbanos se miraron desconcertados.
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Cabello de Plata contempló la Isla Ellis un lugar de muerte, más de cerca. Aquella operación para devolverle su cuerpo de anciano le había dejado agotado. Cogió la droga y avanzó lentamente de su hamaca a la silla de ruedas. Un hombre alto y corpulento cogió la silla de ruedas y le condujo por la pasarela hasta la Isla Ellis. Cabello de Plata sacó un walkie talkie y pulsó el botón de comunicación.
-¿Lápida?
La voz sacó a Marc, Tandy y Capa de su sorpresa.
-¿Lápida? Contesta. Cambio.
Marc se acercó al walkie talkie que tenía Lápida en el bolsillo de la camisa y lo cogió.
-Aquí Lápida-dijo, intentando imitar la voz del peligroso asesino-. Cambio.
-¿Han sido eliminados Capa y Puñal? Cambio.
-¿CAPA Y PUÑAL?-dijo Marc olvidando la voz de Lápida. Cabello de Plata apagó el walkie talkie. Le había descubierto.
“Capa y Puñal”, se dijo Marc a sí mismo. “Así que Cabello de Plata buscaba a Capa y Puñal. Entonces, esto no tiene nada que ver con Kingpin. Pero si Zaran y Puños de Navaja habían sido contratados por Kingpin, el gordito me seguirá buscando… Esto no encaja.”
En ese momento, apareció Cabello de Plata en una silla de ruedas, empujado por el hombre corpulento. Marc tiró un disco a una pared; el disco rebotó y alcanzó al hombre en la sien.
-Eso ha sido completamente innecesario-dijo Cabello de Plata.
-Cabello de Plata-susurró Capa-. Veo que sigues vivo.
-Sí, me han quitado mi cuerpo de cyborg.
-Entonces, ¿cómo esperas derrotarnos?
-Oh, con esto-dijo Cabello de Plata mostrando las drogas. Marc se imaginó lo que eran.
-No-murmuró. Cabello de Plata ingirió las drogas con sobres incluídos.
Comenzó a levantarse. Ya no se encontraba tan débil. Las venas de la sien y del cuello comenzaron a hincharse. Los botones de su camisa se rompieron. Gritó. Las mandíbulas se desencajaron, mostrando una boca capaz de engullir un coche entero. Sus dedos se volvieron más y más gordos. Comenzó a crecer, haciendo sus ropas jirones. Le salió una joroba en la espalda, pero siguió creciendo. Los músculos se hincharon, y la transformación acabó.
-Asqueroso-dijo Tandy.
El anciano cogió a Capa de la cabeza y le arrojó contra la fachada de un edificio. Por sus actos se podía deducir que las drogas le habían vuelto loco.
-¡Tenemos que contenerle hasta que se pasen los efectos!-gritó Marc para hacerse oír entre los pasos de Cabello de Plata, que hacían temblar el asfalto.
El criminal agarró una caja repleta de sacos de polvo (posiblemente droga) y la lanzó hacia Puñal, sin ni siquera apuntar. La caja salió de la isla y cayó en el agua a unos cientos de metros. Después arrancó una farola y comenzó a batear todo lo que se encontraba en su paso. Cajas de madera, muros de ladrillos y la propia farola se destrozaron a su paso. Puñal le lanzó un cuchillo de luz al brazo. Una de las venas se desinchó ligeramente. El poder de Puñal hacía pasar los efectos de las drogas.
-¡Eso es!-razonó el Caballero Luna-¡Tandy! ¡Intenta quitar el efecto de las drogas a Cabello de Plata!
-¡No es tan fácil como parece!-replicó Puñal agachándose, y evitando así que Cabello de Plata le arrancase la cabeza de un farolazo-¡Necesitaré concentrarme para generar suficiente luz! ¡Dame tiempo!-pidió esquivando otro farolazo.
“Vale”, pensó el Caballero Luna, “menos mal que me he acordado del cable de emergencia”. Deslizó sus dedos en la bota y sacó una pequeña cápsula. Aquello había costado buena parte de su fortuna. Ahora que conocía la fórmula podía producir fácilemente de esos. En la bota tenía tres docenas. Abrió la cápsula, apuntó y salió disparado un largo cable, que se enganchó en un tejado. Por el otro lado salió otro cable como contrapeso. Entonces el cable se tensó, el otro se encogió y el Caballero Luna salió disparado con el pie extendido hacia Cabello de Plata. Le dio tal patada en la boca que la masa de músculos voló literalmente casi diez metros. Mientras, Puñal estaba generando una enorme bola de luz.
-No sabía que podías hacer eso-dijo Marc, girando lo suficiente como para que el puñetazo sólo le rompiera una costilla.
-Yo tampoco-gimió Puñal.
-No podré distraerle mucho tiempo-añadió Marc mientras Cabello de Plata le arrancaba casi toda la mitad superior del traje.
-Lo sé-le espetó Tandy.
Puñal lanzó la bola de luz. Cabello de Plata cayó al suelo. Entonces, sus músculos comenzaron a desincharse, poco a poco. Sus mandíbulas se encajaron, su altura volvió a la normalidad y su joroba desapareció. Ahora era un simple anciano indefenso de nuevo. Murmuraba frases incomprensibles.
-Quítale el “mono” y vámonos-sugirió Marc, cogiendo a Capa.
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Media hora después.
-Entonces, ¿te vas?
-Sí. Necesito detener a Kingpin. Si le vendió las drogas a Cabello de Plata, pudo habérselas vendido a otros.
-Comprendo-murmuró Capa-. Tandy y yo nos ocuparemos de la Isla Ellis.
-Cuando vuelva a la Mansión Spector, invertiré un par de millones de dólares en su reconstrucción. Intentaré financiar un hospital para mutantes, y, quizás, un bar con una habitación dedicada exclusivamente a super héroes.
-Me parece bien. Nosotros acabaremos con la droga de la Isla Ellis de una vez por todas.
Marc se puso su nuevo traje, con la réplica del Manto de Khonsu. Debajo del traje se había vendado todas sus heridas. Cogió unos nunchakus y una serie de navajas que había obtenido de los yonkis, se metió en la bota las pocas cápsulas de cable que tenía y los discos con forma de luna en el cinturón. Capa y Puñal le habían ayudado a poner un techo a su “hogar”, de forma que lo remolcó con el helicóptero hasta su antigua ubicación en los muelles. Entonces dio un salto, apoyó una mano en la pasarela de madera y se impulsó, cayendo en el suelo, dos metros por encima de su helicóptero. Y corrió hacia el Edificio Fisk.
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CONTINUARÁ... ¡LEED CABALLERO LUNA!