Colección:
Daredevil
Autor: Ibaita&Metallicas
Número: #4
Portada: MiRo
Título: Ver sin ojos (Parte 4)

 

**Nueva York.

-Señoría. Este hombre ha abusado mental y físicamente de un alumno menor de edad.
-¡Protesto!
-No aceptada. Continúe señor Murdock.
-Gracias. Como decía, un profesor agredió y maltrató a su alumno, y no apostaría por que no le hiciese nada más…

Hubo una pausa. Matt se paseaba por la sala, delante del juez, ayudado por su bastón.

-¡Llamo al estrado a Alejandro Rodriguez!

Un chico se levantó de su asiento. Se agachó y palpó con la mano el asiento. Tras unos segundos, cogió algo alargado. Era su bastón. Hubo un murmullo entre los presentes. El chico llegó al estrado ayudado por su bastón. Luego, con cierta dificultad, subió al estrado, y se sentó.

-Supongo que habrán podido observar que Alejandro es ciego.
-¡Protesto! ¡El señor Murdock intenta dar pena!
-¡Está insultando usted a un niño ciego! ¡Diciendo que da pena! –Exclamó Matt.

Hubo otro murmullo.

-¡Silencio en la sala!

El murmullo cesó.

-¡Protesta denegada! Prosiga señor Murdock.
-Alejandro Rodriguez, ¿Ha sido usted maltratado por el señor Frank Smith?
-Si.
-Especifico más la pregunta: ¿Ha sido usted maltratado más de una vez por el señor Frank Smith?
-Si.
-Una más: ¿Ha sufrido usted abusos sexuales por parte de Frank Smith?

Hubo un pequeño murmullo, que pronto cesó.

-S… Si.

El murmullo creció, la gente se daba la vuelta y hablaba con el que tenía detrás.

-¡Silencio, por favor!

El silencio absoluto se apoderó de la sala. La gente miraba con compasión al pobre niño ciego.

-No tengo más preguntas.

Matt Murdock se sentó en su asiento.

-Señor Sedyas, su turno.
-Gracias señoría.

El fiscal se levantó y acudió al centro de la sala. Alejandro Rodriguez seguía en el estrado.

-Señor Rodriguez, tengo unas preguntas para usted: ¿Tiene alguna prueba que apoye que ha sido maltratado? ¿Tiene algún testigo? Empiece respondiendo a la primera, por favor.
-No tengo ninguna prueba…

El abogado Sedyas sonrió.

-Pero sí tengo testigos.

La sonrisa del hombre desapareció.

-Está bien… Señoría, pido un pequeño descanso, para hablar con mi cliente, el señor Frank Smith.
-Está bien. Tenéis una hora y media.
-Gracias.
-¡Se levanta la sesión!

-¡Matt! ¡Debes saber una cosa!
-Dime, Foggy.

El hombre sin miedo y Foggy Nelson estaban delante de las puertas del juzgado.

-Se rumorea que han sobornado al jurado y al juez.
-¡Vaya! ¿Quién? Ese penoso profesor es muy pobre, no podría sobornar ni a un gato.
-No creo que haya sido él.
-¿Quién?
-No lo sé, solo te quería decir que esto se puede poner más difícil de lo que era en un principio.
-Gracias, Foggy, pero no te preocupes, ganaremos.


Alejandro Rodríguez caminó a tientas por la sala en dirección a un banco.

-Hola, Bobby.

Sólo hubo un silencio por respuesta.

-Bobby, sé que estás ahí. ¿Qué ocurre?-dijo Alejandro.
-No, nada… Es que… Mira, Alejandro, no sé si debo testificar…
-¿Qué? ¿Por qué no? Tú lo viste…
-Es que… Da igual. Lo haré.


-¡Se abre de nuevo la sesión por el caso de acoso contra Frank Smith!

Alejandro y Smith ocuparon sus respectivos puestos.

-Llamo al estrado al testigo Robert Windsor.

El chico que había estado hablando con Alejandro se puso en pie y caminó lentamente hacia el juez. Llevaba una sudadera negra y unos vaqueros gastados.

-Cuéntanos lo que viste, Robert-le tuteó el juez.
-Yo… Yo…

Bobby se giró y vio a Alejandro, que le estaba mirando fijamente a pesar de no poder verle.

-Yo no vi nada, señoría. Alejandro me pagó 20 dólares si decía que había visto que el señor Smith le acosaba.
-¿Qué?-soltó Alejandro-¿Cómo has podido, Bobby?

Hubo fuertes murmullos que quedaron silenciados cuando el juez golpeó varias veces con el martillo. Murdock abrió la boca aturdido, pero no dijo nada. Había escuchado claramente los latidos de Bobby Windsor. Sabía perfectamente que mentía, pero toda la sala había interpretado el titubeo como una traición a Alejandro, y eso había sido, pero no de la forma que pensaban, sino de una mucho peor.

-Silencio, silencio-pidió de nuevo el juez-. Ya sólo nos queda llamar al acusado, el señor Smith.

Frank Smith se quedó sentado como estaba, sonriendo con confianza.

-Señor Smith-dijo Sedyas-. ¿Ha maltratado o acosado sexualmente alguna vez a Alejandro Rodríguez?
-No.

De nuevo hubo murmullos, pero esta vez más bajos, ya que no cogió a nadie por sorpresa.

-Entonces, afirma que Alejandro está mintiendo.
-Sí.
-¿Tiene algo más que decir?
-Sí, tengo una acusación.

Sedyas sonrió. Aquel caso le haría famoso.

-¿Contra quién, mr. Smith?
-El justiciero enmascarado conocido como Daredevil me agredió en mi propio apartamento.

Y una vez más, toda la sala estalló en rumores, más fuertes que nunca. Matt comprendió que estaba perdido, por primera vez en un juicio. Juez, jurado, acusado y abogado defensor contra él, y habían conseguido poner de su parte a todo el público.

-Matt Murdock-dijo el juez-, ¿afima ser usted el justiciero llamado Daredevil?
-No tengo obligación a responder a esta pregunta, señoría.

El juez sonrió.

-Entonces, ¿usted sabía de antemano que Daredevil había cometido allanamiento de morada y acoso físico al acusado?
-Sí.
-Entonces, Matt Murdock y Alejandro Rodríguez, deberán pagar entre ambos una indemnización de 75.000 $ a mr. Smith por allanamiento de morada, acoso físico y soborno a testigos falsos.
-Hablando de soborno…-susurró Foggy enfadado.
-Y el señor Rodríguez deberá pagar una indemnización por falsa acusación. Eso será en la próxima sesión, hasta entonces, le será asignado otro abogado. En cuanto al señor Murdock, no podrá ejercer como abogado desde ahora.

-Se levanta la sesión.


Matt salió solo del edificio, con paso firme. Caminaba bajando las escaleras sin ningún rumbo. Sus pies resonaban en las baldosas, pero le parecía un sonido hueco. Como todo. Había perdido, y esta vez de verdad. Se destrozó todos los botones de la camisa, furioso, dispuesto a balancearse por los tejados de la ciudad.

Pasó por debajo de la Estatua de la Justicia mientras se iba quitando la chaqueta.. Su balanza y su espada se alzaban hacia el cielo. Sus ojos vendados miraban al frente. Matt desvió la mirada. Definitivamente, no había justicia.

Su sentido del radar percibió claramente un objeto moviéndose hacia él. Durante un segundo, fue lo único que estuvo claro. Era un tenedor de cuatro puntas, hojalata, 14 centímetros de largo, no supo calcular los gramos por la velocidad a la que se movía. Iba directo a su cabeza.

En apenas medio segundo, Matt recordó todo lo que había pasado los últimos días. Desde el ataque con Puño de Hierro a la muerte de Tifoidea, pasando por el apartamento de Frank Smith hasta el último juicio. Ni siquiera se había despedido de Alejandro, después de haberle arruinado la vida. Si el pobre niño hubiera cogido cualquier otro abogado, nadie habría sobornado al juez y al jurado. Matt se preguntó si debía esquivar el tenedor.

Y sí. Lo hizo. Porque no podía permitir que Bullseye le ganase después de lo que le había hecho a Danny y a Alejandro. No lo esquivó inmediatamente con agilidad, sino que lo esquivó con un gesto torpe, rodando y cayendo al suelo expuesto al siguiente ataque, que siendo otro tenedor podría esquivar.

Lejos de lo que pensaba Matt, el tenedor que acababa de esquivar alcanzó a uno de los brazos de la Justicia, previamente agrietado, y la pesada espada de plomo cayó sin que Matt tuviera nada que hacer. La afilada arma se hundió entre las dos Ds del pecho de Matt, sacando inmediatamente un reguero de sangre.

Bullseye se acercó lentamente y sonrió con malicia. La Estatua de la Justicia miraba al frente con los ojos vendados mientras su espada descansaba en el pecho del abogado.