Colección: Los Defensores
Autores: Exiles, Hiperion & Venenofan
Número: #2
Título: Preliminares
Descripción de la portada: El Doctor Extraño, Estela Plateada y Namor luchan contra innumerables Sin Mente, que avanzan hacia ellos rodeándolos.

El Espacio, a millones de años luz de la Vía Láctea

Un navío de grandes proporciones permanece estático, sin ningún signo de vida. Sin embargo, en su interior, tiene lugar el caos.

-¡Extraño! – El Príncipe Submarino, Namor, usa las alas de sus tobillos para elevarse y esquivar un contundente golpe de un Sin Mente – Tú eres quien más veces ha enfrentado estas criaturas. ¿Acaso puedes…?
-No, amigo mío – El Doctor Stpehen Extraño se eleva a la vez que su compañero y se detiene a una distancia considerable del suelo mientras levita – He luchado contra estas criaturas innumerables veces, cómo señalas, pero me temo que todos mis intentos por hacer que desaparezcan de aquí van a ser infructuosos. El Gran Maestro se ha asegurado de que nadie salga de esta dimensión o de esta nave siquiera.
-Entonces… -El tercer héroe que se encuentra en la nave, el antiguo heraldo de Galactus, Estela Plateada, se posiciona rápidamente junto a sus compañeros gracias a su tabla - ¿Qué es lo que sugieres, Extraño?
-Personalmente, abogaría por recorrer la nave y localizar al Gran Maestro para poner fin a esta locura. Pero esto puede llevarnos muchos años…
-…Y la opción más plausible es combatir a los Sin Mente para acabar cuanto antes con esto, ¿no es así?
-Así es, Estela. Pero si no os importa, prefiero quedarme aquí arriba e intentar ser de ayuda por mis propios medios.
-Sea, pues. He sido separado de mi reino, y si vencer a estas criaturas supone un paso más para el ansiado regreso con mi gente, lucharemos.

El Hijo Vengador no duda un instante y se lanza como un proyectil humano hacia sus enemigos. Cinco Sin Mente son derribados por el ataque de Namor, pero enseguida se ponen en pie.

-Permíteme que mi poder cósmico te ayude, Namor – El Jinete de las Estrellas lanza un certero rayo que manda a los cinco enemigos a varios metros de allí.
-Debo confesar mi agradecimiento, Estela Plateada. Pero habría podido yo solo con ellos.
-Me temo, amigo mío – Norrin Radd se desplaza con su tabla casi a ras de suelo mientras abre los brazos y dispara energía cósmica hacia ambos lados – que tendrás tiempo y suficientes rivales para demostrarlo.

En otra parte del navío, equipada con tecnología muy avanzada.

-Parece que se defienden bien esos “campeones”, Gran Maestro. Quizá hayan sido una buena elección después de todo.
-Te dije que los héroes terrestres se encontraban entre los mejores peones que un jugador puede desear.
-Una lástima que solo sean tres, la verdad es que empiezo a considerar la posibilidad de llegar a divertirme con esto.
-Ah, pero así son las reglas, amigo mío… hay que añadir algo de dificultad a la partida, y un número elevado de fichas no aumenta la diversión ni las probabilidades de éxito.
-¿Por qué el mago no lucha? ¿Qué espera conseguir?
-No podemos conocer sus pensamientos, pero apostaría… y soy un experto en eso, a que intenta obtener algún tipo de ayuda. Terrestre, sin duda.
-Creía que habías dicho que no podría hacer eso.
-Lo dije, pero quizá sea más interesante el juego permitiéndole enviar su mensaje.
-¿No significaría eso añadir más fichas, como tú dices?
-En absoluto. Se trataría simplemente de añadir nuevos factores que otorgarían mayor dinamismo a la partida.
-Hum.
-Tranquilo, sé lo que hago.

De nuevo en la estancia donde se encuentran los Defensores.

-Y bien, Extraño… - Namor propina un puñetazo a otro Sin Mente, que aturde al ser extradimensional pero no lo derriba - ¿Logras algo o vas a permanecer ahí sentado hasta que nuestras fuerzas flaqueen o nos marchitemos?
-Atribuiré tus palabras a la tensión del momento, Namor – el Hechicero Supremo levita varios metros por encima del atlante, con las piernas cruzadas, los brazos extendidos y los ojos cerrados - Y sobre tu pregunta, creo que estoy a punto de lograr mi objetivo. Tan solo necesito unos momentos, y podré unirme a la batalla.

Una vez dicho esto, y mientras sus dos compañeros a la fuerza continúan luchando, una luz de tonalidad azul le envuelve. El haz continúa acentuándose, hasta que el Doctor Extraño ya no es visible.

-Extraño, ¿Qué ocurre? – Estela Plateada dirige su tabla hacia arriba de nuevo.
-La… energía… que he convocado… demasiado poderosa… - la voz del Hechicero Supremo, aunque débil, resuena por toda la sala – Estela… debes… canalizarla…
-¿Cómo?
-Dame… tu mano…
-Pero no logro verte, ¿cómo entonces…?
-¡Estela! – Namor habla desde abajo – Aunque a veces mi temperamento haga que sienta la misma simpatía por Extraño que la que sentirías tú por un pepino de mar, si él dice que le des la mano… ¡hazlo!

Norrin Radd extiende entonces su mano y la introduce en el haz de luz. Apenas un segundo después, nota la energía de la que le hablaba el mago.

-Tienes razón… Es muy poderosa. ¿Hacia dónde…?
-Alza… tu otro brazo…

Estela Plateada obedece la orden, y entonces un fogonazo de luz sale de su otra mano. A una velocidad inusitada, la luz recorre la nave y atraviesa la pared.

-¿Qué era eso? – dice mientras observa su mano
-El aviso – Stephen se recupera mientras seca el sudor de su frente – Para la Tierra. Así sabrán lo que pasa
-¡Estela! ¡Extraño! Os aconsejo dejar la charla para otra ocasión
-¿Qué ocurre, Namor?
-Dímelo tú, mago. Tú los conoces.

El Hechicero Supremo dirige la mirada hacia abajo, y observa a los Sin Mente agrupándose, e ignorando al atlante. No tarda en percibir que del ojo único de las criaturas comienza a crepitar energía.

-¡Namor! ¡Sube aquí, rápido! ¡Van a lanzar su rayo! Si te alcanza…

El atlante observa durante un segundo a las criaturas, y al comprender también lo que va a ocurrir, asciende hacia sus compañeros. Unos segundos después, los Sin Mente disparan al unísono sus rayos hacia arriba.

La estancia llena de maquinaria.

-Me gustaría una explicación más precisa de por qué has dejado que el mago envíe su mensaje, Gran Maestro.
-No lo he hecho
-¿Insinúas…?
-¿… que ha logrado enviarlo por sí solo? Así es. El poder que ha utilizado es mayor de lo que pensaba. Ya te dije que eran peones formidables.
-Quizá, pero prefiero esperar a ver los resultados. Pero, insisto en que me expliques…
-El mensaje no le llegará a Thor
-¿Qué…?
-El mensaje del mago llegará a la Tierra, pero no será Thor quien lo reciba. ¿No es eso lo que te preocupaba?
-En efecto. Ni a Thor ni a…
-Amigo mío, cuando organizamos esta partida te aseguré que no te llevarías sorpresas inesperadas. Y nunca incumplo las reglas que yo mismo impongo.
-Pero no has intervenido en el envío del mensaje, ¿cómo vas a hacer que no llegue a alguien que no pueda contactar con Thor?
-No voy a hacer nada. Si el mensaje fuera destinado al asgardiano, lo impediría. Pero no es el caso. Para empezar, está llegando a Manhattan, y el tronador no está allí. Será sin duda captado por alguien relacionado con la misma magia que el mago ha utilizado. Y dado que muchos de estos sujetos se encuentran ahora ocupados o incapaces de atender el mensaje*, creo que tan solo puede llegar a una persona que encaja con el perfil idóneo para la partida. Observa esa pantalla.

El centro de Manhattan a mediodía. El sol brilla y la bulliciosa ciudad se mueve sin descanso. En un restaurante, Kyle Richmond se encuentra sentado en una mesa mientras lee atentamente la carta de menús.

-Cuando me dijiste que te gustaba la lectura, no creía que te referías a esto.

Kyle alza la mirada y observa a una atractiva chica pelirroja, vestida con un cómodo conjunto veraniego y con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Patsy! Me alegro de verte. Permíteme decirte que estás preciosa. Ten cuidado, si Stan Lee te ve volverá a editar cómics tuyos.
-Oh, vamos. Vas a hacer que esta gatita presumida se sonroje – responde mientras se sienta.
-Bueno… ¿y qué tal te va todo? Hacía tiempo que no quedábamos.
-Todo genial. Estoy considerando alguna que otra oferta de trabajo. Lo que pasa es que a veces lo medito mientras estoy noqueando a algún ladronzuelo de noche.
-Así que la Gata Infernal sigue en activo.
-Sí, pero Halcón Nocturno ya no sale en los periódicos desde hace tiempo.
-Bueno… estoy algo ocupado con la empresa. Las cosas no van mal, pero podrían ir peor.
-Seguro que lo arreglarás. Ey, por allí viene Val…

Kyle se gira y observa al otro lado de la calle a otra de sus amigas, en este caso una chica rubia de complexión fuerte y alta.
Entonces, de repente, una luz azulada procedente del cielo impacta en cuestión de segundos contra la chica. Esta cae hacia atrás, rompiendo el cristal del escaparate de una tienda tras ella.

-¡Val! – ambos amigos no duda un instante y se ponen en pie. Apenas un momento después, ya se encuentran socorriendo a su compañera.
-Aléjense, vamos. Nosotros nos encargamos de ella – Kyle trata de alejar a la gente que, curiosa, se va a acercando a la escena - ¿Cómo está, Patsy?
-Parece que bien, Val es resistente.
-A…a…
-¿Qué pasa?
-Ayuda… Defensores… peligro… ayuda…

Y la heroína conocida como Valkiria se desmaya tras esas palabras.

-Está inconsciente, pero se recuperará. Debo admitir que estoy perpleja.
-Yo también, pero ha mencionado a los Defensores, ¿no? Pues hagámosle caso. Hagamos una visita a Greenwich Village.
-Sigh. Y yo que esperaba una tranquila comida entre amigos…

-¡Bandas de Cyttorak, protegednos! – el grito es lanzado, y unas bandas de color carmesí se interponen en el camino de los mortíferos rayos lanzados por los Sin Mente, protegiendo a los tres héroes.
-Justo a tiempo, Extraño. ¿Cuál es el siguiente paso que sugieres?
-Estoy pensando, Namor… Estela, ¿crees que serías capaz de resistir los rayos e incluso absorberlos?
-Creo que he soportado cosas peores, mago. Vale la pena intentarlo.
-De acuerdo. Entonces, distrae a las criaturas mientras absorbes la mayor cantidad de energía posible. Namor y yo actuaremos enseguida.
-De acuerdo.

El jinete de las estrellas vuela por encima del escudo que forman las bandas de Cyttorak, y se lanza hacia sus numerosos enemigos. Estos centran entonces sus disparos en él, mientras los esquiva con gran elegancia con su tabla. Entonces, se aleja un poco de la escena para que le sigan y sus compañeros estén libres para actuar, y a continuación se detiene.

-Está bien, criaturas. Si para acabar con esta batalla sin sentido debéis dispararme, no os lo impediré.

Los Sin Mente no entienden nada de lo que Norrin Radd dice, pero disparan una nueva ráfaga a su inmóvil blanco.

-Perfecto… Namor, ha llegado el momento. Dirígete por la espalda hacia los Sin Mente mientras están ocupados y déjalos caer más cerca de aquí.
-No es mi estilo atacar por detrás, mago, pero todos tenemos ganas de acabar con esta locura. Lo haré.

El Príncipe Submarino se lanza en picado a realizar la misión que Extraño le ha encomendado, mientras el mago se prepara para su siguiente paso.
Pasan los minutos, y poco a poco Namor y Estela cumplen su papel.

-Estela… ya estás cargado de energía, y los Sin Mente están en posición. Si hay que actuar ahora, que sea rápido. Concentra todo el poder en una ráfaga que alcance a todas las criaturas.
-¿Pero eso no las fortalecerá? No las he visto afectadas por su propia energía.
-En efecto, la absorben. Y si reciben tanta…
-Se sobrecargarán. Tiene sentido. Adelante, entonces.

El antiguo heraldo de Galactus extiende sus brazos y dispara un poderoso haz de energía que combina el poder que su antiguo amo le dio y el que acaba de absorber. Los Sin Mente reciben de lleno el impacto y comienzan a moverse descontrolados y a brillar con fuerza.

-¿Van a explotar?
-Contendré la explosión, Namor.

Así, con las mismas bandas que usara minutos antes para protegerse, el Hechicero Supremo envuelve a las criaturas. Una sonora explosión envuelve el lugar y, una vez retiradas las bandas, nada queda donde antes había una veintena de enemigos.

-Lo hemos logrado…

-Lo han logrado…
-Lo que esperaba. Ahora, si me disculpas…
-… tienes que hablar con los peones sobre la partida
-Así es.

-Saludos, Defensores – el Primigenio se materializa ante sus sorprendidos invitados
-¡Gran Maestro! Ya hemos acabado tu juego, ¿podemos…?
-Oh, os equivocáis, alteza. El juego ni siquiera ha empezado. Esto tan solo era una prueba de vuestro poder. Os comunico que habéis aprobado sobradamente.
-Ahórrate los halagos. ¿Qué es lo que quieres esta vez?
-Iba explicároslo, Norrin Radd. Necesito una serie de objeto para abrir un portal. Nada más.
-¿Un portal? ¿Qué clase de portal?
-No es necesario que sepáis nada sobe él para que el juego se desarrolle. Cuando acabe la partida, quizá me tome la molestia de desvelaroslo.
-Al menos asegúranos que no pondrá en peligro el universo.
-Ah, Doctor. Me extrañaba tu silencio. Tienes mi palabra de que no. Tómala si quieres, pero ya deberías saber que no la doy a la ligera.
-Está bien… ¿Cuáles son los objetos y dónde están?
-Ah… Estoy cansado de hablar… toma este manuscrito, mago. En él lo encontrarás todo.

Un escrito con aspecto antiguo se materializa en manos del Doctor Extraño, quien comienza a leerlo.

-Reconozco algunos de estos objetos, de mis años de aprendizaje con el Anciano y de algunos libros que poseo. Hace tiempo que quedaron inactivos, no sirven para nada y se los creía perdidos.
-Quizá sea así… o quizá tus libros y tu mentor no son tan infalibles como creías.
-¿Qué debemos hacer al encontrar los objetos?
-Simplemente quedáoslos. Cuando solo os falte uno, supervisaré esa parte del juego y me quedaré con el resultado final.
-Bien. Entonces…
-Ha llegado la hora, Defensores. Debéis partir de mi nave. El tiempo apremia.
-Pero…
-No más dudas, mago. Todo lo que necesitáis ya lo tenéis.

Así, los cuatro interlocutores desaparecen de la estancia.

Epílogo 1:

-Parece que por fin va a empezar el juego. El Gran Maestro confía mucho en esos héroes terrestres, pero siempre es bueno guardarse un as en la manga. Él mismo lo admitiría. ¿No crees, Wong?

El joven oriental no puede responder, pues se encuentra amordazado y con las manos y pies atados.

Epílogo 2:

París, 20 días antes. Dos policías pasean por un parque en una tranquila noche de verano.
De repente, una poderosa luz procedente del cielo llama su atención. Siguiendo su trayectoria con la vista, observan cómo algo impacta a escasos metros de allí.
Con rapidez se dirigen al punto dónde ha caído el objeto.

-<¡Mon Dieu! ¿Qué es esto?>
-<Parece una piedra preciosa. Pero mira su tamaño… debe valer… una fortuna…>
-<Será mejor llamar al profesor Lobineau, del museo…>

RACAMALAKA RUCUTUKUKU CHAPAPÚ FETÉ. ¡¡LEE DEFENSORES!!