Colección: Gata Negra
Autor: Keazem
Número: #1
Título: Infiel I
Descripción de la portada: La Gata Negra subida de cuclillas a un tejado en una vista picada que deja ver la calle: la puerta del hotel Plaza y un hombre vestido con traje entrando. Gata tiene la mirada clavada en el hombre y sostiene una libreta en su mano derecha, la cual tiene apoyada en su rodillas. Tiene un micrófono portátil colocado en la oreja, y tapado por el pelo (sólo se ve la parte del micrófono en sí).

Nos encontramos en el ático de Manhattan de Felicia Hardy, un apartamento que ha alquilado recientemente, tras haber vivido una temporada en la Costa Oeste. En cierto modo es una suerte el hecho de que haya vuelto a Nueva York, porque el caso con el que comienza hoy le reportará una gran suma de dinero.

La silueta de la Felicia sale de la ducha y coge su albornoz. Mientras se lo pone, canturrea la canción que están poniendo en la radio. El radiocasete también está en el baño, enchufado en el lugar habitual del secador.

- Over me and over you, stuck together with God's glue –se ata el nudo del albornoz- It's going to get stickier too, it's been a long hot summer. ¡Let's get under cover! –se seca los pies con una pequeña toalla- Don't try too hard to think…¡Don't think at all!

Abre la puerta del cuarto de baño y sale entre el vapor de la ducha, que se ha concentrado en el baño (el cual no tiene ventanas).

I'm not the only one –reza una voz ronca desde los altavoces del cuarto de baño. La última frase está acompañada por un grito a dúo entre la voz del cantante y la de Felicia que, emocionada, acompaña a la canción- ¡Staring at the Sun!

La canción sigue mientras Felicia vuelve al cuarto de baño, esta vez con un cepillo en la mano y peinándose. Desenchufa el radiocasete y conecta el secador. Termina de peinarse y secarse y se encamina de nuevo a la habitación, presidida por una gran cama de matrimonio totalmente deshecha. Con el dinero que va a cobrar, contratará a una muchacha para que se encargue de la limpieza y no tendrá que dedicarse a esas tareas.

Se pone el traje de cuero negro y se coloca los auriculares y el micrófono inalámbrico. Apaga la luz de su habitación y abre la ventana. Lanza su arpón al tejado y se agarra fuertemente a la fina cuerda.

- Allá vamos, Felicia –se dice mientras salta hacia el edificio de enfrente.

Alexander Crowley se encuentra en la puerta del Hotel Plaza Nueva York. Mira su reloj y parece algo inquieto. Desde un tejado cercano, una silueta de mujer observa cada uno de sus movimientos.

Alexander es otro marido infiel, otro de esos imbéciles que hacen que sus mujeres paguen los modelitos de Felicia Hardy. Acostumbrada a este tipo de casos de averiguaciones sentimentales, Felicia es toda una experta en la vigilancia de estos hombres. Son tan predecibles que considera su trabajo como si fuera bajar a comprar el pan o hacer la comida. De hecho, para ella hacer la comida es más complicado que seguir a los adúlteros.

Para sorpresa de Gata Negra, un hombre se acerca al Señor Crowley. Se saludan efusivamente e intercambian algunas palabras antes de entrar en el Hotel. Felicia toma las fotos de rigor y desciende a un callejón cercano. Es hora de cambiarse y de averiguar más sobre nuestro enigmático romance.

Según los datos que la Señora Crowley presentó a Felicia, ha visto una carta de una amante secreta que les citaba a esta hora en el Hotel Plaza. Menuda sorpresa se iba a llevar cuando descubriera con quien había ido a verse su marido.

Antes de buscar la habitación en la que nuestros dos amigos estaban intimando, Felicia Hardy decidió mirar en la cafetería del hotel. Aún agradece el haberlo hecho, porque aquí es donde se encuentran los dos hombres, acompañados de una despampanante mujer pelirroja. Felicia se sienta en uno de los sitios que quedan libres y pide un café. Sabe que un café en el Hotel Plaza supone un grave desembolso económico, pero se lo va a cobrar a su clienta, para la que por suerte eso no es un problema.

Desde su posición, Felicia puede escuchar toda la conversación.

- Creo que, si pretende que alcancemos un acuerdo, debe ofrecer algo más. Estamos hablando de un servicio de primera calidad que requiere de una tecnología punta –dice el hombre que acompañaba al señor Crowley- no creo que eso suponga un gran inconveniente dadas las circunstancias. ¿No cree?
- Desde luego... y no es mi intención despreciarle a usted y a los Megabites, conozco su reputación en la materia de la seguridad.

Los Megabites... Felicia recuerda aquella vez que se enfrentó a Intangible y a unas pirañas electrónicas bastante molestas a las cuales éste había llamado Megabites... ¿Se trata de los mismos trastos? Si es así estamos hablando de algo de vital importancia. ¿Seguridad? ¿Protección? Pero...¿Proteger el qué?

- Así pues –dice la mujer, que parece ser la persona de mayor posición de las tres- duplicamos la suma si con eso cerramos el trato indefinidamente. Recibirá la mitad del pago en su cuenta bancaria y la otra mitad al terminar el proyecto.

¿Infidelidades? Esto huele turbio, Felicia -piensa Gata Negra- y no parecen precisamente simples infidelidades. Sin embargo, no es mi problema.

Gata enfoca la cámara lenta y disimuladamente hacia los reunidos y hace varias fotos (las suficientes como para ganarse la paga), no sin antes asegurarse de que el flash estaba apagado. Abandona la cafetería acto seguido y se dirige a la calle. En cierto modo es un alivio el que el Señor Crowley no sea infiel, seguro que la paga es más generosa –piensa la Gata- Ahora sólo falta tomar las fotos de la salida, apuntar las horas y elaborar el informe para la Señora Crowley.

- Peter y MJ viven en el mismo edificio que yo –dice Flash Thompshon- la verdad es que la vida no me trata mal... dentro de lo que cabe.

Tanto Flash como Felicia se encuentran en la puerta del apartamento de Flash. Él está en la silla de ruedas y ella, en el umbral, a punto de marcharse.

- Me alegra que hayan vuelto –dice Felicia con un pequeño tono de ironía, demasiado sutil como para que el cabezadura de Flash pueda captarlo- y me alegra que, pese a tu estado, te encuentres bien.
- Sí...Gracias. Oye, te agradezco mucho que te hayas pasado por aquí a ver a un pobre paralítico... Sobretodo después de lo que pasó. Yo...
- No te preocupes, Flash –le corta Felicia- Lo entiendo. Buenas noches.
- Buenas noches... Felicia...

La puerta se cierra y Felicia Hardy baja a la planta baja por las escaleras. No es lo mejor que se pase a ver a Peter, posiblemente éste no estaría y tendría que charlar con MJ y, a pesar de que no se llevan mal, cuando se trata de Peter, la cosa puede acabar mal. En cierto modo es lógico, teniendo en cuenta que Peter y la Gata Negra tuvieron una apasionada relación hace unos años que fracasó estrepitosamente.

Felicia no sabe que será del asombroso de Spiderman, hace días que no se habla de él en los periódicos. Es algo bastante inusual, sobretodo si estás suscrita al Daily Bugle.

Cuando volvió a casa, Felicia ojeó las páginas del Bugle.

- ¡Oh, Dios mío!

Muere por asfixia la mujer del empresario Alexander Julian Crowley

Fue asesinada en extrañas circunstancias en su ático de Manhattan. La policía afirma que fue ahogada por alguien. La principal acusada es la señora que se encargaba de la limpieza.

Sobre las diez de la noche del día de ayer, Martha Crowley, mujer del archimillonario Alexander Crowley fallecía bajo extrañas circunstancias en su ático en Manhattan. La mujer se encontraba sola en su domicilio junto con la encargada de la limpieza, una mujer chicana llamada Amelia Gerrard.

Según las declaraciones de la empleada, fue a despedirse de Martha tras su jornada laboral cuando se la encontró inconsciente en el suelo del despacho familiar. Tras llamar a las autoridades, se comprobó que había fallecido por asfixia.

El despacho estaba revuelto. Los cajones abiertos y vacíos por el suelo. Las estanterías vacías, con su contenido desparramado por toda la habitación.

Las huellas dactilares encontradas en el cuerpo de la victima no coinciden con la de Amelia. Sin embargo, en la tarjeta electrónica de registro de entradas y salidas del apartamento no se contabiliza ninguna realizada en las dos horas anteriores al fallecimiento de la víctima, con lo que Amelia permanece bajo custodia de las autoridades.

Es terrible la noticia... ¿Qué podría haber hecho la Señora Crowley para ser asesinada? ¿Quizás estar en el lugar equivocado en el momento equivocado?

Lo que más preocupa a Felicia no es su muerte, seguro que Alexander anda en asuntos turbios y se le han ido de las manos. Lo peor de todo es que no va a cobrar aquella cifra de cuatro ceros de la que se habló en su momento.

- Bueno... De todas formas se me han quitado las ganas de contratar a una asistenta –se consuela Felicia mientras comienza a hacer la cama.

Continuará...

¡LAS DETECTIVESCAS AVENTURAS DE FELICIA SIGUEN EN UN MES!