Colección: Gata Negra
Autor: Keazem
Número: #3
Título: Infiel III
Descripción de la portada: Sueño vestido con un traje de licra totalmente negro, con dos pequeñas franjas blancas en los laterales. Una capucha de una capa negra hace que su rostro se vea entre sombras. Está sentado en el marco de la ventana del piso de Felicia. En el lado derecho de la portada puede verse a esta en un primer plano, mirando hacia Sueño y vestida con su habitual cuero negro.

La noche de la ciudad de Nueva York es hoy misteriosa. En el ambiente flotan vientos de cambio, que auguran que algo importante va a suceder en la Gran Manzana. Una figura encapuchada se balancea entre los edificios de Manhattan. Se detiene en una de las azoteas y las cadenas entran dentro de la capa. La figura comienza a correr y salta de tejado en tejado.

Treinta segundos más tarde, en la ventana del ático de Felicia Hardy (cuya identidad secreta es en realidad la Gata Negra) la silueta de Ernest se asoma desde un lateral. Va vestido con un traje negro con una larga franja blanca en cada lateral. La habitación está en la penumbra.

- ¿Felicia? –dice.

Sin respuesta. La ventana está abierta, él la pidió que lo hiciera para que pudiera entrar. Ernest considera eso una invitación y salta al interior del apartamento.

Una sombra, rápida y felina se abalanza sobre él, sin darle tiempo a reaccionar. Dos gráciles manos le agarran de la cabeza y siente como unos labios se aprietan contra los suyos. Puro instinto, salvaje, crudo. Se besan apasionadamente durante escasos diez segundos, pasados los cuales esa silueta en la oscuridad se aleja.

- Veamos que es lo que tienes para mí, hombretón –dice Felicia desde el otro lado de la habitación.

Se hace la luz cuando Gata Negra presiona el interruptor. Sueño casi es cegado, comenzaba a acostumbrarse a la oscuridad.

- Creo que deberías verlo tú misma.

Se dejó caer por la ventana y Gata le siguió. Felicia sabe que Ernest probablemente intenta impresionarla. Buen intento, querido –piensa- pero te olvidas de que yo también lo hago... y mejor.

La caída es rápida, treinta pisos pueden convertirse en unos simples segundos. El mínimo fallo puede acabar con el acróbata en una fabulosa silla de ruedas. Sueño estira la mano hacia la Gata y coge su cuerda. Esta, sorprendida, le aparta con un golpe y la lanza hacia un edificio, colgándose de ella.

- Vaya, esto sí que me ha sorprendido –le grita en la caída cuando se da cuenta de que el mutante le agarra de una bota.

- Me bajo en la siguiente parada –dice Sueño.

Un fuerte impulso envía al mutante a la azotea más próxima. Felicia cae junto a él. Sueño se incorpora y comienza a correr por la azotea.

- ¡Eh! ¡Espera! –grita ella tras él.

Entonces es cuando Ernest salta hacia la azotea más cercana, un salto larguísimo, digno de alguien como Spiderman. Pobre Peter... realmente es preocupante su ausencia. Y más cuando todos los enemigos de Spiderman se están haciendo con las calles (Nota: Ver Spiderman 2-4). Lo poco que ha podido investigar Felicia sobre él ha quedado en meras suposiciones y extensos y detallados informes mentales sobre la actividad de los villanos, pero ni rastro del trepamuros.

Felicia sigue al mutante por las azoteas de la ciudad hasta llegar a un viejo almacén junto al río Hudson.

- En ese almacén Alex Crowley tiene un rentable laboratorio donde se hacen productos demasiado adictivos para los yonquis que los consumen –dice Sueño- Es una puñetera fábrica de drogas: En tu informe a Martha incluiste datos sobre todas estas operaciones irregulares en las que estaba metido “el pequeño” Alex. Parece ser que él descubrió el informe e hizo lo mejor que pudo hacer para que su mujer guardara silencio.

- ¿Y yo qué tengo que ver en todo esto?

- Te atraparon, Felicia. Te drogaron y te borraron los recuerdos. Ahora no supones ningún problema para ellos... No les interesaba matarte porque el caso atraería el interés de alguno de los superhéroes de Nueva York. No les interesaba hacerse publicidad.

- A propósito, Sueño... –pregunta extrañada ella- ¿Por qué conoces mi verdadera identidad?

- Quizás más adelante pueda explicártelo: ahora no es el momento.

- ¿Qué sugieres?

- Bueno, estamos ante un laboratorio ilegal en el que se hacen productos ilegales... ¿Qué tal si hacemos nuestra buena acción del día?

Felicia sonríe. Ernest es demasiado parecido a Spidey... demasiado.

Salta sobre el tejado del almacén y desde éste al suelo, en el interior del cercado. Con sus uñas electrificadas y sus años de experiencia como ladrona, Felicia no tarda más de un minuto en hacer que la cerradura del enorme portón metálico se abra.

El interior del almacén está en un incómodo silencio. Las luces están apagadas y se ven grandes mesas en las cuales hay numeroso equipo con el cual se hace la droga. Al fondo del almacén, como bien muestra la luz de la pequeña linterna que Gata Negra ha encendido, hay varias cajas de dimensiones descomunales. Muy seguramente estén llenas de mercancía ilegal.

- No detecto ninguna otra forma de vida en este lugar, Gata –dice Sueño- quizás simplemente debamos llamar a la policía.

- Bien –dice ésta dándose la vuelta.

Mientras Sueño sale a la puerta del almacén y hace la llamada desde un teléfono móvil, Gata Negra escucha un sonido. Pequeños chasquidos que se acercan poco a poco a ella. Tarda unos segundos en reconocerlo, pero recuerda esos chasquidos: son los Megabites, unos pequeños seres metálicos con los que se enfrentó hace unos años (Nota: recordemos que Gata no recuerda su último enfrentamiento con ellos, en el número anterior).

- ¡Sueño! ¡Problemas! –dice con el cuerpo recubierto de los pequeños insectos robóticos.

Ernest corre hacia ella, con un bastón que surge de la nada de sus manos. La lucha comienza, furiosa. Sueño elimina con precisión a los pequeños insectos mientras permanece suspendido en el aire (gracias a su bastón, él no vuela), lejos del suelo, donde puedan alcanzarle los Megabites. Felicia, por su parte, está muy ocupada en quitarse de encima a los bichitos.

Dos minutos más tarde, el suelo del almacén está lleno de Megabites dañados e inservibles.

A lo lejos comienzan a oírse sirenas.


- Estuviste estupenda, Felicia.
- Soy estupenda, Sueño –dice ella entre risas.
- Me preguntaba si querrías...
- Estaba esperando a que me lo pidieras, querido.
- ¿Cuándo te viene bien?
- Ahora.
- ¿Ahora? –logra decir Ernest antes de que ella le agarre fuertemente y salte del tejado hacia la carretera.

Sueño grita pensando que se va a dar un buen golpe (evidentemente no está tan acostumbrado como Felicia) cuando un delgado y fuerte hilo aparece con velocidad en las manos de la Gata Negra. Ella se balancea hasta una terracita de otro piso y, tras detenerse, mira fijamente a Ernest.

- ¿No lo hueles?
- ¿Oler qué? –responde él, contrariado.

Su respuesta es un beso feroz y pasional por parte de Gata Negra. En él nota como se desata la pasión contenida de Felicia.

La luna brilla sobre la ciudad de Nueva York, queriendo destacar entre las nubes de polución que la rodean. Ilumina una azotea de Manhattan, en la cual hay un mantel tirado en el suelo, dos platos vacíos con restos de tomate frito, dos copas cristalinas y una botella de vino tinto.

Un edredón oculta algún tipo de bulto en movimiento. De él se desprende olor a deseo y placer.

Una silueta humana cruza la terraza.

MUY PRONTO MÁS FELINAS AVENTURAS... AGUARDA AL GATA NEGRA #4