Colección: Gata Negra
Autor: Vazquez
Número: #4
Título: Infiel IV
Descripción de la portada: La Gata Negra, rodeada de megabites, combatiendo a un enorme robot, que está de espaldas. Felicia, con cara de asombro y miedo.

Felicia despertó de pronto, bruscamente, casi dando un salto en la cama. A su lado, dormía tranquilamente Sueño, su último compañero de aventuras. Desde que lo había visto por primera vez, se había sentido profundamente atraída por él. Felicia reconocía ser una mujer apasionada, pero lo suyo con Sueño había sido demasiado acelerado.

Salió de la habitación, dejando a su acompañante en su cuarto, mientras ella iba a desayunar. Preparó un par de zumos y unas tostadas, mientras se hacían comprobó que el periódico del día no había llegado todavía. Miró la hora en el reloj de la pared, eran ya las 11. Le extrañó no tenerlo, el portero solía cogerlo de su buzón y depositarlo ante la puerta. No le dio mayor importancia, y se bebió su zumo de un trago. Llevo en una bandeja el desayuno de Sueño, pero la puerta del dormitorio estaba cerrada. Juraría haberla dejado abierta. Intentó abrirla, pero estaba atrancada. Asustada, empujó con fuerza varias veces, sin descanso. Al fin, agotada y asustada, la derribó, entrando de golpe. Vacío, y la ventana abierta. Se asomó, sin ver nada, sólo otros bloques de pisos, y la calle. Desde su ático, veía los coches recorrer la ciudad, y las personas diminutas. El sol cegaba a Felicia, que cerró la ventana, confundida. Quizá Sueño había saltado por la ventana, con su agilidad podía hacerlo perfectamente sin matarse. Pero, ¿por qué se había ido sin decir nada?

Felicia siguió recorriendo la casa, hasta que se acercó a su pequeño despacho, un cuarto donde guardaba todos los papeles y documentos que había recopilado en sus años como ladrona y heroína. Escuchó un ruido dentro, y se abalanzó dentro, a capturar al extraño. Allí encontró a Sueño, de rodillas, con varios papeles y carpetas en las manos, todo desordenado.

-¿Qué estás haciendo?- Le gritó Felicia.
-Veras, yo...
-¡Te he estado buscando por toda la casa! Creía que te habías ido. Ven.-Dijo mientras salía por el pasillo, de vuelta a la cocina.- Te he preparado el desayuno.
-Oh, Felicia, gracias, pero no tengo hambre. No tenías que molestarte.

Ernest retiró la bandeja que le ofrecía Felicia, dejándola encima de la mesa.

-Tu tampoco tenías que ordenarme el despacho- Dijo la Gata con ironía.- ¿Qué hacías ahí dentro?
-Bueno, pensé que tendrías algún documento, algún papel que nos ayudara en nuestro caso actual. Me aburría tirado en la cama, y fui a buscar por mi cuenta.
-¿Por qué no me preguntaste? Y... ¿Cómo sabías donde guardaba todo?
-Bueno, no sabía donde estabas, pensé que habías salido, y no me ha costado encontrarlo, estaba a dos pasos del dormitorio.
-Ajá...-Dijo Felicia, aburrida, antes de darle un mordisco a la tostada que no quería Sueño.- Y, ¿has encontrado algo, hombretón?
-Me temo que nada de lo que esperaba encontrar.
-Luego puedes mirar mejor, si te apetece. Te ayudaré a buscar. Sinceramente, no sé que papeles tengo ahí. La mayoría están en cajas, desde la mudanza aquí, del despacho ese no he sacado nada. Solo he metido archivos de cosas recientes.
-No, tranquila, no importa. Verás, me tengo que ir ya. ¿Qué te parece si quedamos esta noche, a las diez y media? Vendré aquí, como ayer, y te llevaré a otro almacén de Crowley. Quizá allí encontremos algo.
-Claro que sí. Después de nuestra aventura, te dejaré volver a casa si quieres.

Ernest sonrió, y salió de la cocina, yendo hacia la terraza. Se vistió con su traje negro, y cogió una mochila. Dentro, llevaba una carpeta, en la parte de arriba estaba escrito “Caso Crowley”. También llevaba un ejemplar del Daily Bugle de hoy, arrugado. Se podía leer un titular: “Muere el empresario Alexander Julian Crowley, ahorcado.”

Tras cerrar la mochila, Sueño salta de la terraza, y lanza dos cadenas. Desde el edificio de enfrente, una misteriosa figura observa sus movimientos, siguiéndole con la mirada.

Felicia estaba feliz. Había vuelto a actuar como una heroína, y trabajaba junto a un chico muy atractivo. No podía evitar recordar aquellos tiempos en los que combatía supervillanos junto a Spidey. Rápidamente se quitó ese pensamiento de la cabeza. Quizá durante un tiempo trabajar con Spiderman fue algo maravilloso, pero todo acabó estrepitosamente mal. Desde aquella batalla contra el Dr. Octopus en la que casi muere, todo fue de mal en peor. Finalmente, cuando hizo un trato con Kingpin, para no ser vulnerable en las peleas, fue el final. Spidey era un buenazo, y no alcanzó a entender nada. Felicia lo pasó mal mucho tiempo, pero afortunadamente pudo olvidarlo todo.

Ahora estaba Ernest... Ernest. No le había contado nada más acerca de su identidad. Simplemente le dijo que era mutante, aunque Felicia no tenía muy claro sus poderes. Parecía poder sacar cadenas, o un bastón de la nada, pero... ¿Qué clase de poder era aquel? Tampoco había oído hablar de Sueño, su identidad superheróica. Parecía un héroe novato. La verdad es que era un chico misterioso. A Felicia eso le encantaba. Pero no debía ser tan impulsiva.

Mientras pensaba en él, recapacitó sobre su situación. La primera vez que lo vio, ella estaba en una cabina telefónica, en la calle. Él la agarró por el hombro, llamándole por su nombre. ¿Cómo lo sabía? Más tarde desveló que también sabía que era la Gata Negra, y que no podía contarle en aquel momento cómo tenía esa información... Sospechoso. Y, ahora que lo pensaba, ¿cómo sabía lo que contenían los informes que le entregó a Martha Crowley?

Estupideces. No son más que estupideces. La Gata Negra había estado pensando en ello todo el día, desde que se fue Sueño, y ya casi eran las 10 y media. Se había vuelto una paranoica. ¿Qué pasaba, que ahora debía sospechar hasta de sus compañeros? Seguramente Sueño había actuado por su cuenta, y había recopilado toda aquella información antes de contactar con ella. Hablando de contactar, pensó la Gata.

Levantó la ventana con cuidado, para dejar pasar a Ernest, que le saludó con un beso.

-¿Qué tal, guapa?
-Aquí estoy, hombretón. Con mi traje de batalla puesto. ¿Salimos?- La Gata llevaba su traje de cuero, con un par de cambios. Sus guantes eran de acero, con las garras tan afiladas como cuchillos.- Estoy totalmente preparada.
-De acuerdo. Vamos.

Sueño saltó por la ventana, seguido de la Gata. Ambos se balanceaban por los edificios, con el mismo ritmo.

-¡Sígueme!- Gritó con fuerza Sueño, con una sonrisa pícara.- !Si puedes!

Tras completar la frase, Sueño giró en una esquina. La Gata también giró, un segundo más tarde, y detectó que no había nadie por delante. Ernest había desaparecido. ¿Dónde había ido? Se paró en una azotea de un edificio bajo, confusa. Era imposible que se hubiera movido tan rápido como para irse de repente. Entonces, ¿dónde estaba?

Sin darle tiempo, una figura saltó sobre ella, abrazándola, y tirándola al suelo. La Gata, experta, se deshizo del enemigo, y cayó con una voltereta, rodando. Se puso de pie con agilidad felina, y abrió sus manos, haciendo brillar sus garras, preparadas para cortar al asaltador. Volvía a estar sóla. Con la caída, no había visto donde había ido el extraño. Al girarse, vio a Sueño muerto de risa, tirado en el suelo.

-¡Vaya susto te has pegado!- No podía casi hablar de la risa.
-No ha tenido gracia, cabronazo.- Le respondió Felicia, herida en su orgullo.
-Debes de estar más atenta, cariño. No es mi problema. ¿Tienes ganas de seguir?- Sueño agarró con fuerza las cadenas, y las lanzó para volver a la carrera.
-Estúpido...- Dijo la Gata cuando Ernest ya se había alejado. De pronto sintió algo, como si estuviera siendo observada. Miró hacia los lados y saltó tras su compañero.

Pronto llegaron a su destino. Era un edificio abandonado, que parecía un almacén, rodeado por vallas. Las saltaron con facilidad, y entraron rompiendo una ventana.

-¡Sueño! ¿Por qué has hecho eso? ¡Con el silencio de la noche, el ruido del cristal al romperse ha podido haber alertado a algún guardia!
-¿De verdad piensas que aquí habrá algun guardia? Por favor...
-¿Me puedes decir que estamos buscando aquí?- A la Gata le fastidió que Sueño creyera ser más experto que ella, dándole consejos y demás.
-Algo incriminatorio, no estaría mal. Por lo que sé esto es, o era, una fábrica de megabites.

Algo enfadada, la Gata empezó a caminar hacia una puerta.

-Bien, pues yo buscaré algún resto por aquí. ¿Me acompañas o buscas por otro lado?- Dijo Felicia mientras se adentraba en otro cuarto.
-Si nos separamos acabaremos antes. Suerte.

Felicia se mostraba furiosa con Ernest, pero era simple apariencia. No quería que su nuevo novio se creyera mejor que ella, la Gata prefería ser la heroína experta de la pareja. Si se hacía la dura, al menos esta noche, confiaba en que se le bajaran los humos a Sueño. Y si él se metía en líos, y ella tenía que salvarlo, mejor aún. Ya se lo estaba imaginando, mientras esbozaba una sonrisa.

-¡Arghhh!
-¿Qué ha sido eso?- Se giró la Gata Negra asustada, preparada para atacar.- ¡¿Sueño?! ¿Estás bien?

Nadie contestó. Asustada, Felicia empezó a correr, atravesando de nuevo el cuarto, de vuelta a la puerta. Pero a escasos metros de la salida, decenas de Megabites saltaron de todos lados, rodeándola.

-Mierda, ¡ahora no!- La Gata Negra combatía apresurada a estos bichos metálicos, más preocupada por la supervivencia de su compañero que por la suya propia.- ¡Sueño! ¡Contesta!

Felicia tomó una decisión. Dejó de arrancarse los megabites del cuerpo, y empezó a correr hacia la puerta más rápido. Debía asegurarse de que Ernest estaba a salvo. Una vez los dos reunidos, podrían derrotar fácilmente a estos pequeños robots, pero ese grito que había escuchado no le dejaba pensar en otra cosa.

Mal plan. Varios megabites se agarraron a los tobillos de la ágil Gata Negra, haciéndola caer al suelo. Con sus reflejos, pudo caer de rodillas, con las manos en el suelo, sin hacerse daño, pero la oportunidad de salir corriendo ya había desaparecido. Se levantó de un salto, cayendo sobre un par de megabites, aplastándolos. Luego con sus garras empezó a destrozar más y más de estos bichitos metálicos. Una brutal furia se había apoderado de Felicia, que actuaba por instinto, destruyendo la gran mayoría de megabites que había. Pero no podía seguir así mucho tiempo, pues por cada uno que aplastaba, varios ocupaban su lugar. Era una pelea interminable. Dio un salto y cogió una barra de hierro de una estantería, y empezó a golpearles con ella sin control. Pero un enorme ruido frenó a la Gata. Un enorme robot atravesó la pared del cuarto, y tras él venían más megabites.

El robot tenía forma humanoide, y medía unos tres metros, aproximadamente. En vez de manos,sus brazos acababan en dos enormes armas por las que disparaba rayos de plasma a gran velocidad. La Gata pensó varias estrategias para combatir al enorme titán de hierro en un par de segundos. Se quedó parada ante él, en posición de ataque, con las rodillas dobladas, para tomar impulso. El robot le apuntó con sus brazos, y disparó. La Gata saltó esquivando con facilidad las descargas de plasma, pero los que no esquivaron tan fácilmente los disparos fueron los megabites que en ese momento rodeaban a la Gata.

Por fortuna para Felicia, este robot era tan grande y y aterrador como lento. Así pasó varios minutos brincando por la sala, esquivando las descargas de plasma, y destrozando los megabites que la rodeaban. Llevaba varios minutos combatiendo a este androide, y sintió que no era un simple robot. Sus movimientos delataban algo humano. Quizá alguien lo controlaba por control remoto, o conduciéndolo desde dentro. No importaba. Este robot quizá había herido a Ernest, o pero aun, quizá lo había matado. Solo pensarlo, Felicia se enfurecía. Cuando la cantidad de megabites a su alrededor había sido diezmada, la Gata saltó con un grito a por el robot. Se montó en su espalda, intentando abrirlo. Probó a clavar sus garras en la parte de atrás de su cabeza, pero no lo consiguió, el material con el que estaba construido este androide era más resistente que el acero. ¿Qué podía hacer, allí agarrada a la espalda del monstruoso robot? Intentó fijarse si estaba conducido por alguien desde su interior, comprobando su teoría. La parte trasera del ciborg era como una cabina, por la que cabía un hombre. Decidió atacar por esa zona, pero era imposible. El robot no paraba de moverse, y la Gata no podía clavar sus garras en él. Finalmente, el enorme robot se echó hacia delante, haciendo caer a la Gata bocabajo.

Felicia estaba atontada. Se giró lentamente, y notó que le dolía todo el cuerpo. Vio como el androide le apuntaba con uno de sus brazos, y empezaba a brillar.

-Joder...- La Gata cerró los ojos, preparada para recibir el golpe. Intentaba moverse, pero varios megabites la habían agarrado, y se habían enganchado al suelo con fuerza. Tenía brazos y piernas paralizados.

Imaginó que pasaría después de esto. Nadie sabía nada de ella desde hace mucho, y no sabía si Sueño tenía alguna relación con alguien más. Por su parte, si ahora moría, nadie la echaría de menos. Nadie buscaría al culpable de su muerte.

Apenas un segundo después, escuchó un enorme ruido. Abrió un ojo, todavía asustada, para ver qué había pasado.

Para su sorpresa, un chico vestido de negro había derribado al robot, que estaba tumbado en el suelo. Empezó a dar puñetazos al titán metálico, y la armadura se iba abollando.

-¿Sueño?- Preguntó la Gata.

Su salvador se giró, y Felicia vio que su cara estaba tapada por un pasamontañas. A decir verdad, no iba vestido como un superhéroe. Iba vestido totalmente de negro. Una camiseta de manga larga, guantes, vaqueros y botas militares. Desde luego, aquel tio no era Ernest. Tenía mucha más fuerza, pues había derribado al robot de 3 metros sin problemas. Se movía muy rápido, sin parar ni un sólo momento, esquivando los manotazos furiosos que daba su enorme rival desde el suelo. Con un salto, el desconocido héroe llegó a la parte de la cabeza, agarrándola con ambas manos, y de un fuerte estirón la arrancó. En su interior, una cabeza humana cayó al suelo, inconsciente. La Gata gritó al ver quien conducía desde dentro al robot. Era un agotado Ernest.

La Gata no sabía qué hacer. Su novio acababa de intentar matarla. Había hecho bien sospechando de él, pues había demasiadas cosas que no coincidían, pero... No podía evitar sentir que ella también había perdido algo. ¿Y quién era su actual salvador? Como escuchando los pensamientos de Felicia, el desconocido empezó a hablar:

-Yo... Hola. Estarás confundida, lo entiendo. Déjame explicarte lo que ha pasado... La mujer de Crowley te contrató para que investigaras a su marido, si tenía amantes. Después de descubrir que Crowley tenía negocios ilegales, alguien te capturó, supongo que Sueño, y te borraron la memoria. Pero querían tenerte vigilada, y te metieron un topo, que es este de aquí.- Señaló a Sueño, todavía inconsciente.
-Pero... Si me borraron la memoria, ¿por qué me mandaron a uno de los suyos para hacerme recordar? Si no hubiera pasado nada, seguirían seguros.
-Los efectos del suero del olvido no son permanentes. En un par de dias empezarás a recordar lo que ocurrió. Por eso debían asegurarse de que, aunque lo recordaras, creyeras que habías acabado con ellos. Sueño te ha estado trayendo a fábricas abandonadas de megabites, pero son almacenes que ellos mismos iban a derribar. Cuando recuperaras la memoria, creerías haber acabado ya con ellos, y no volverías a interponerte en sus asuntos. Supongo que entonces Sueño desaparecería, o quizá seguiría ahí, vigilándote.
-Entonces... ¿Por qué ha intentado matarme?
-Ayer, cuando estuvo en tu casa, te robó esto.- El desconocido sacó de su mochila una carpeta. En ella estaban las fotos que tomó Felicia hará unos días. Allí estaban Crowley, una mujer pelirroja, y Sueño, vestido normal.
-Ése de ahí es Crowley, y está con Ernest, y con otra mujer...
-Tú tomaste estas fotos. Se las diste a la mujer de Crowley, a la que mataron. Pero Sueño imaginó que habrías hecho copias de seguridad, y las robó, junto a otros informes. También te robó el Daily Bugle de ayer, donde hablaban de la muerte de Crowley. Sospecho que lo mataron como castigo por haberse dejado espiar. Ahora ha intentado matarte al ver que él también estaba comprometido por las fotos, y si las veías, sospecharías de él. Puede ser que su vida también corriera peligro por aparecer en las fotos, al igual que Crowley.
-Entiendo... Así que Sueño quería matarme para que no descubriera las fotos. Por eso sabía todo sobre mí, y conocía todo sobre este caso... Ahora me pregunto... ¿Quién demonios eres tú? ¿Y cómo sabes tanto sobre todo esto?
-Prefiero mantener mi identidad secreta, y no tengo ningún nombre chorras de esos que os gusta poneros. Yo era un viejo compañero de tu amigo Ernest. A los dos nos atraparon un día con mentiras. Nos inyectaron bastante mierdas, nunca supe que hacían conmigo. Ahora tengo cuatro veces más fuerza, velocidad y resistencia que los demás. A él también le inyectaron cosas para tener sus poderes. Yo, cuando vi lo que me habían hecho, los abandoné. Él siguió trabajando para ellos...
-Me dijo que era mutante...
-La mejor excusa para no darte explicaciones de sus poderes.
-Cabrón...
-Sé lo que sentías por él. Estuvo vigilándote durante un par de días, para que no te hiciera nada.
-¿Por qué no me avisaste antes?- Le gritó la Gata, enfadada. No soportaba pensar que Sueño le había sido infiel de esa manera.
-Pensé que podías apañártelas sola. No esperaba que tuvieran este robot aquí, y menos que fuera tan resistente. Además, no quería revelar mi presencia todavía.
-¿Y qué hago ahora?
-Puedes alejarte de todo esto y dejarme que siga sólo.
-¿Cómo sé que dices la verdad?
-No lo sabes. Te aconsejo que vuelvas a casa. Yo me encargaré de este cabrón.- Se giró hacia el robot, y sacó a Sueño de su interior.
-Estoy molida, pero no quiero que actúes solo contra ellos. Prométeme que, si me voy, contactarás conmigo.- La Gata echó una última mirada a su ex-compañero.
-De acuerdo. La verdad es que me gusta como trabajas. Tendrás noticias mías, tranquila.
-Pues me voy... ¿Llevarás a Ern... a Sueño a la comisaría?
-Claro, vete tranquila. Adiós.

La Gata salió del cuarto, y él vio como saltaba la valla, de camino a casa. Cuando se aseguró de que Felicia estaba fuera de vista, se acercó a Sueño. Seguía tumbado bocarriba, inconsciente. Le sujetó con fuerza la cabeza, y con un chasquido le rompió el cuello.

CONTINUARÁ MUY PRONTO CON MÁS DATOS SOBRE ESTE MISTERIOSO PERSONAJE