Colección:
Gata Negra
Autor:
Vazquez
Número: #5
Título:
Pelea Callejera
Portada:
MiRo

 


Una figura en la habitación de Felicia Hardy. Las sombras ocultaban su rostro, pero se podía ver como brillaba una pistola en la oscuridad. Sigilosamente, el extraño avanzó, apuntando hacia la cama donde dormía la Gata Negra.

Cargó el arma con calma preparándose a disparar, cuando una figura saltó veloz hacia él. Ya derribado, la Gata le quitó la pistola de la mano, lanzándola lejos. El extraño opuso resistencia, golpeando a Felicia con brutalidad. No decía una palabra. La atacada le propinó una patada, provocando que el invasor chocara contra la mesilla de su cuarto. La Gata saltó de nuevo, y dejó inconsciente al agresor de un par de golpes más.

Al cabo de un rato, el hombre despertó:

-Ya era hora de que abrieras los ojitos, chaval... ¿Te crees que soy tonta? ¿Que no iba a oír como abrías la puerta de mi casa y entrabas en mi habitación?- Dijo Felicia, ya enfundada en su traje de cuero.- ¿Quién eres y por qué querías matarme?
-Me parece que sí, debes ser muy tonta si crees que voy a contarte algo. Bien hecho, me has pillado. Ahora solo tienes que matarme, porque no pienso decir una mierda.- El agresor miraba hacia el suelo, y hablaba muy tranquilo, confiado. La Gata se agachó, y puso su cara enfrente de la del asesino.
-Oh, un tipo duro. Me encantan. Estoy segura de que estés cabreado de que te haya ganado una chica en una pelea, ¿verdad?

El hombre alzó la mirada, y sonrió.

-Gatita, estás perdiendo el tiempo, y también me lo estás haciendo perder a mí. Los dos sabemos que no vas a matarme, y puedes estar segura de que no pienso hablar. ¿Y si nos ahorramos tooodo este patético numerito, y dejas simplemente que me marche? Estos rollos de interrogatorios héroe/villano y de chistecitos fáciles me aburren demasiado.- En cuanto acabó de hablar, Felicia le dió un fuerte puñetazo.- Simple pero no eficaz, chica. Sigo aburriéndome...- Continuó el hombre, como si no hubiera pasado nada.

Un ruido a la espalda de la Gata. Ésta se giró, y dio una patada al aire instintivamente. Una mano agarró por el tobillo a Felicia. Ahí estaba su nuevo compañero, el que le había abierto los ojos acerca de Sueño, y de todo lo que le había rodeado en su último caso.

-Tranquila, gatita, soy yo, Peter.- Dijo, soltándole la pierna.
-¿Es que todo el mundo entra en mi casa sin avisar?
-Este tío dejó la puerta de entrada abierta. Me había pasado para hablarte sobre nuestro problemilla. Ha sido una sorpresa encontrar que tenías otro “invitado”.
-Ha intentado matarme mientras dormía. No quiere decir nada, ni quién le ha enviado a hacerlo, ni por qué.

El intruso pareció sorprendio tras la aparición del aliado de Felicia, pero rápidamente volvió a su actitud pasiva, mirando como discutían acerca de qué hacer con él. Finalmente, se decidieron por dejarle a solas con el compañero de la Gata.

-Bueno, bueno, veamos que tienes preparado para mí.- Dijo el intruso.
-Sé quien te ha enviado. Habéis descubierto el cadáver de Sueño. Los planes de tus jefes se han jodido, y necesitáis matar a la Gata y a mí. ¿Me equivoco?

El intruso se quedó callado un momento, respiró, y comenzó a hablar.

-No te creas que no te reconozco, Pete. Hace mucho tiempo que no nos visitas, ¿eh?- El intruso sonrió.- Pero aún así hemos seguido sabiendo de ti. Llevas unos años intentando destrozar todo lo que tocamos... Lástima que cada vez que has intentado detenernos has fallado... ¿Nunca has considerado volver a nuestro bando? No te tratábamos nada mal, chico.
-¿Experimentar con mi cuerpo contra mi voluntad, torturarme durante meses y usarme como un perro de caza te parece tratarme bien?
-Bueno, si consideramos que antes de trabajar con nosotros vivías en la calle drogado las 24 horas del día, yo aseguraría que te dimos una oportunidad de hacer algo con tu destino, lo poco de vida que te quedaba la estabas desperdiciando, yendo sin rumbo.
-En aquellos tiempos no sabía lo que hacía. Me ofrecistéis una vida nueva, mintiéndome. Me dijistéis que podiais curarme, y en cambio me convertisteis en un monstruo, y me usastéis como un esclavo. No sé que prefería, la verdad.
-No te convertimos en un monstruo, Pete. Te dimos poder, y nos devolviste el favor trabajando para nosotros. Como tu ex-compañero Sueño, que en paz descanse.

Pete miró directamente a los ojos del intruso, lleno de rabia.

-Bien. ¿Y ahora qué?
-Dado que por fin te hemos encontrado, ya no podrás volver a escaparte. Mis órdenes eran matar a Hardy y esconder su cadáver. La sorpresa ha sido que ahora ella tiene un guardaespaldas que nos interesa bastante recuperar... Mientras sigas protegiendo a la Gata Negra, nosotros seguiremos persiguiéndote, y cuando vuelvas con nosotros convertiremos tu vida en una verdadera ruina.
Pero claro, tienes otra opción. Puedes liberarme, y matar a Felicia Hardy. Yo volveré a la base, y no diré una palabra de ti. Habré cumplido otra misión más con un éxito rotundo, y tú podrás seguir en las sombras, sin preocupaciones.
-También tengo otra opción, gilipollas. Si acabo con tu vida ahora, Felicia seguirá a salvo y nadie sabrá nada de mí.- Dijo Pete con una malévola sonrisa.
-Oh, me pregunto qué opinará Felicia de eso...
-Joder...
-¿Y bien? ¿Matarás a la Gatita?

Pete salió del cuarto, dejando al intruso solo, fuertemente sujeto a la silla. En la habitación de al lado encontró a Felicia, con su traje de cuero. Estaba sentada y parecía preocupada y pensativa. Al ver a su compañero entrar, se levantó y se acercó a él.

-¿Qué ha pasado allí dentro?
-Nada. El muy cabrón no suelta prenda, sería más fácil hablar con una pared... ¿Propones hacer algo con él?
-Paciencia, mucha paciencia.
-No creo que hable ni con esas. ¿Pretendes tenerlo encerrado ahí hasta que diga algo de provecho?
-Ese es el plan y... ¿Oyes algo?

La Gata se giró hacia el cuarto del preso, dando la espalda a su compañero. Los ojos de éste brillaron por un momento. En la penumbra de la casa, cualquier gesto parecía amenazador. El aliado de Felicia tenía un gran debate en su interior acerca de su próximo movimiento. Podía acabar con la heroína en ese preciso momento sin apenas esforzarse, pues se había ganado la confianza de la chica y era su momento oportuno. Así su presencia no sería descubierta y podría seguir huyendo e intentando acabar con sus enemigos.
Si continuaba como ahora junto a la Gata, lo más seguro es que a este paso acabaran descubriéndole, pues la compañía perseguía a Felicia. Si volvían a dar con él y a capturarle, el destino que le esperaba sería peor que la muerte...

Pete tomó una decisión.

Apartó a la Gata de su camino hacia el cuarto del intruso de forma bastante brusca, y de una fuerte patada volcó la silla a la que estaba atado el preso, que cayó también.

-¡¿Pete?! ¿Qué demonios estás haciendo?- Preguntó el hombre desde el suelo. Pete sacó una pistola de su traje y de dos tiros acabó con su vida. Fueron dos disparos seguidos, como dos fuertes golpes a la pared. Dos disparos fríos, carentes de emoción alguna ni de cualquier rastro de humanidad.
Felicia se quedó paralizada. Por un segundo pasaron miles de ideas por su cabeza. Se dio cuenta que no sabía apenas quién era su aliado, pero que había confiado en él sin conocerle siquiera. Quizá era otro asesino, y ahora iría a por ella. Se abalanzó contra el chico, desarmándole.

-¿Qué has hecho?
-Tenía que hacerlo. Este hombre era de la compañía. No iba a decirnos nada y ¿qué podíamos hacer? ¿Tenerlo retenido toda la vida? Tarde o temprano escaparía, dando mi... nuestro paradero.
-¿También a ti te buscan?
-Es una larga historia, Gata...
-Créeme, tengo toda la noche.
-De acuerdo entonces. Verás, mi infancia no fue sencilla. Mi padre murió en el ejército, por un accidente, y mi madre tuvo que encargarse de mí y de mi hermano. Una cosa llevó a la otra, necesitábamos dinero, y a mi hermano la droga le pareció la solución. Empezó de camello y siguió tonteando con los productos. Al cabo del tiempo, ambos estábamos completamente enganchados. Una noche que yo estaba totalmente metido, tirado por la calle, unos hombres me ofrecieron un trato.
Me dijeron que querían curarme. Me librarían por completo de la droga sin ningún esfuerzo. A cambio, sólo tendría que trabajar para ellos. Yo estaba harto de mi vida, y acepté en aquel momento. Solo era un estorbo para mi familia, y así quizá podría conseguir dinero de una forma mejor. Como puedes suponer, esa gente era la compañía. Es cierto, me libraron de cualquier sustancia, pero experimentaron brutalmente conmigo.
Cuando pienso en lo que me hicieron durante aquel tiempo... Se me pone la carne de gallina. Al fin acabaron con esa tortura y empezaron a entrenarme.
Con las pruebas me habían dotado de poderes sobrehumanos, eso ya te lo conté. Tengo 4 veces más fuerza, más velocidad, más resistencia, agilidad, etc. que una persona normal.
De todas formas, no tardé en darme cuenta de qué palo iba esa gente. Me habían hecho sufrir para nada, solo para conseguir mercenarios, asesinos que trabajaran para ellos. Me harté. Les dije que estaba cansado de ellos, que quería dejarlo, y me lo negaron. Más de una vez intenté escapar, y solo me torturaban más y más. Seguían mandándome a misiones, la mayoría de ellas con Sueño, para que me vigilara por si intentaba huir.
Acabé matando a varios guardias una noche, y me fui sin dejar más rastro.
A partir de ese momento, podía haber tomado el camino de cambiar de vida, esconderme de ellos, conseguir algún trabajillo, cambiar de ciudad y de identidad... Pero decidí utilizar mis nuevos poderes para acabar con la compañía, hundirla por completo. Y hasta ahora he estado así, huyendo mientras luchaba contra ellos.

Peter guardó silencio un momento, y la Gata comenzó a hablar.

-Vaya... ¿Y cuál es el problema ahora?
-Que estoy contigo. Ahoran pueden localizarme, perseguirme. Después de lo que les he hecho con el tiempo, quieren venganza, y te quieren también a ti.
-¿Qué sugieres? ¿Qué nos separemos?
-En absoluto. Con este agente suyo muerto, ya no hay tanto problema. Además, la unión hace la fuerza. Tienes experiencia, puedes cuidarte solita, te lo reconozco. Y sería genial que te unieras a ayudar... Si quieres, por supuesto.
-Esta panda de cabrones ha intentado matarme más de una vez. Y además han jugado conmigo, haciéndome quedar como una tonta. Son mala gente, y yo me dedico a patear a la mala gente. Está claro que te ayudaré. De todas formas, eso no quiere decir que esté de acuerdo con tus formas... Yo no mato.
-Date tiempo a ver como es esta gente de verdad, y te saltarás tu regla. Esta gente no es humana. Son capaces de hacer cualquier cosa con tal de ganar, no dudarán en matarte, en jugar contigo, en intentar utilizarte... De momento no se me ocurre ninguna otra forma de pararles los pies. De todas formas, es ya tarde, casi va a amanecer. ¿Qué te parece si me paso por aquí mañana a eso de las 10 de la noche y salimos de patrulla? Sé un par de locales que son sospechosos...
-Por supuesto, Peter. Mañana nos vemos entonces.
-Hasta mañana.

Peter salió de la casa por la ventana, de un salto. La Gata lo perdió de vista cuando cruzó una esquina. Felicia decidió continuar su sueño interrumpido, ya a salvo de cualquier agente de la compañía. Volvía a estar metida en líos. Tras todo el tiempo de tranquilidad como detective privada, volvía a estar en un caso complicado, utilizando su identidad de la Gata Negra para combatir villanos. Pese a la preocupación que la atormentaba, no le costó demasiado dormirse de nuevo.

Cuando despertó, vió que eran casi las 2 del mediodía. Se calentó una lasaña para comer y se sirvió un vaso de agua. La noche anterior había sido demasiado caótica. Peter le había contado todo lo que sabía sobre la compañía, gente sin escrúpulos para conseguir sus fines. Pero Felicia seguía confusa en varios puntos, pues no sabía cuáles eran los fines de esta empresa. Al principio parecía dedicarse a la producción de robots, pero tras todo lo ocurrido parece que se esconden muchos más secretos...

Tras terminar la comida, Felicia salió de casa, y se pasó la tarde entrenando en el gimnasio, poniéndose en forma. Se puso el traje cuando empezó a anochecer, y decidió hacer algo de patrulla hasta que llegara la hora en que había quedado con su compañero.
Tras un rato de ir de un sitio a otro, balaceándose por los tejados, escuchó varios gritos. Parecía una pelea. Se dirigió hacia allí, dispuesta a encontrar algo de acción.

-¡Idiotas! ¿De verdad creéis que podéis contra mí?- Gritaba un hombre de 2 metros de alto y bastante musculoso. Se encontraba junto a la puerta de atrás de un bar, y amenzaba a un grupo de 4 o 5 chicos, todos armados con navajas o cadenas.
-¡Cállate, subnormal! Danos todo lo que lleves y no te haremos nada.- Dijo uno de los chavales, que llevaba una máscara de Spiderman para ocultar su rostro.
-¡Vaya, Spidey! ¡Cuánto tiempo!- Los chicos se giraron hacia el lugar de donde procedía aquella voz femenina. Al volverse, el chico de la máscara recibió una patada en la cara, procedente de la Gata Negra. Cayó al suelo en ese momento.- Oh, te recordaba más ágil, ¿no has estado entrenando?

La Gata continuó golpeando a los otros chicos, todos cubiertos con máscaras. Una vez hubo derribado al último, y preparada para marcharse, recibió un enorme puñetazo en el costado que la tiró al suelo. Estaba confusa, pues estaba segura de haberlos derribado a todos. Al mirar hacia la dirección del atacante descubrió que el que la había tumbado era el hombretón al que había protegido.

-¡Tú, furcia! ¿Crees que necesito protección de una mujer? Podía haberles partido la cara mucho más rápido que tú.
-¿Ah, si, muchachote?- La Gata se levantó de un ágil salto.- No puedo creer que vayas de chulito habiéndome pegado por la espalda.

El hombre comenzó a correr hacia ella para tumbarla al suelo, pero de un salto le esquivó, y el bruto se dió un cabezazo contra la pared.

-¡Arggh! ¡Deja de moverte!- Un par de puñetazos esquivados más, y la Gata atacó, con un zarpazo a la cara del tío.

Éste empezó a sangrar, se echó las manos a las heridas de la cara, momento que aprovechó nuestra heroína para propinarle una patada en el vientre, que tumbó al hombre. Le dejó inconsciente de un varazo en la cabeza, y ató de manos y piernas a cada uno de los atacantes. Se metió al bar para hablar con el camarero.

-¡Ey, colega! Ahí detrás, en el callejón, te he dejado 6 regalitos. Será mejor que llames a la poli para que vengan a recogerlos.

La Gata disfrutaba de este tipo de peleas. Peleas callejeras, donde todo estaba permitido hasta cierto punto. Durante su vida como ladrona se había acostumbrado a este tipo de cosas, pero en cuanto te juntas con superhéroes tu vida cambia y ya no hay vuelta atrás. Cuando iba junto a Spiderman, cada día había un maloso al que detener y una misión rarísima que terminar. Odiaba a los malos ocultos en las sombras y todo ese rollo. Felicia adoraba tener al contrincante frente a frente. Saber a quien pegar, y una vez que tu enemigo estuviera en el suelo, todo hubiera acabado. Pero ahora estaba metida en algo que le daba mala espina... Y Felicia no tenía miedo, pero estaba preocupada.

A las 10 llegó a casa, y poco después llego su acompañante.

-Buenas noches, linda gatita. ¿Estás preparada ya?
-Yo siempre. Tú primero, te sigo.

Peter saltó por la ventana, y comenzó a correr por las azoteas de los edificios, y a saltar por los espacios entre los tejados. Corría realmente rápido, y sus saltos eran impresionantes. También lo eran sus reflejos, esquivando cualquier obstáculo sin pestañear siquiera. La Gata le había dicho que iría por detrás de él, pero realmente no le quedaba otra, pues era demasiado rápido. Tras un rato corriendo sin parar, Peter se paró súbitamente.

-¿Qué pasa?
-¿Recuerdas que te dije que sabía de un lugar sospechoso de ser de la compañía?
-Por supuesto, imaginaba que íbamos en dirección allí.
-Y así es. Mira abajo. Cuidado no te vean.

Felicia se asomó desde la azotea. Al principio sólo distinguía a un grupo numeroso de hombres, rodeado de los insectos robóticos de la compañía, los Megabites. Algunos iban armados, y otros cargaban cajas cargadas de piezas de robot.

-¿Vamos a por ellos? Entre los dos podemos sin problemas.- Preguntó Peter.
-Por supuesto, adelante.- Sin esperar a su compañero, la Gata dio un salto que la catapultó directa hacia aquellos hombres. Caía totalmente erguida, con los brazos estirados, dispuesta a caer sobre sus enemigos. Al tocar el suelo ya había tumbado a dos agentes, y de una patada giratoria tumbó a otro par.
Mientras tanto, Peter continuaba peleando, tan rápido que no se distinguí hacia donde se movían sus puños. Varios de los hombres sacaron sus armas, y empezaron a disparar contra Peter y la Gata. Peter esquivaba las balas, haciendo que sus enemigos las recibieran. Se movió veloz hacia los que portaban las pistolas, y los consiguió desarmar. Mientras, la Gata golpeaba con su vara de metal a los Megabites que los atacaban. Nos les costó acabar con la pelea.

-Te he dicho que no tendríamos problemas.
-Peleamos bien juntos.- Respondió la Gata.- Y estos combaten como aficionados. ¿Vamos dentro?
-Espera, antes vamos a mirar la furgoneta en la que venían.

La Gata se acercó al transporte, quedándose de piedra ante lo que vió. La furgoneta estaba pintada con el escudo de SHIELD. Inmediatamente corrió hacia uno de los enemigos inconscientes, y le miró en los bolsillos. Sacó la cartera, y ahí encontró una placa de agente de SHIELD.

-¿Peter?... Creo que estamos metidos en serios problemas...

La Gata Negra en problemas... Agentes de SHIELD corruptos... Decisiones de Peter... ¡Y más! No os perdáis “HUÍDA SIN DESTINO!