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Los números de esta mini-serie (o serie limitada como yo digo) están escritos de manera que vayan acordes con los personajes y acontecimientos del Universo Ultimate oficial.
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Eran finales de 1942, tenía 21 años, lo recuerdo bien. Hoy en día la gente piensa que ya no tengo buena memoria, pero la tengo. Recuerdo ese día como si fuera ayer, pronto amanecería, el sonido de las hélices del avión, y de decenas de aviones que volaban allá afuera, era hipnotizante, estaba realmente asustado, en pocos minutos saltaría en paracaídas sobre un lugar del que yo nunca antes había oído hablar.
Alrededor mío los demás soldados tenían distintas formas de esperar a que llegara la hora de saltar, unos charlaban entre si, otros rezaban, y otros, al igual que yo solo esperaban callados la hora del inminente salto, en ese momento trataba de pensar que nada malo me pasaría, y que horas más tarde estaría en medio de otra aplastante victoria aliada.
Todo indicaba que esa sería una gran ofensiva aliada, algo que no me tranquilizaba para nada, porque sea lo que sea que tendríamos que atacar, tendría la suficiente fuerza e invulnerabilidad, que se necesitarían cientos de soldados aerotransportados para derrotar.
Excepto por el sonido de las hélices del avión y los susurros de los soldados que hablaban entre sí, reinaba un silencio que me hacia sentir muy incomodo, un silencio que sólo podía presagiar la llegada del caos.
Traté de encontrar valentía en mi fuerte sentido patriótico. Sea lo que sea con lo que tuviera que pelear sería para evitar que esos malditos alemanes lleven su guerra a la tierra donde nací. Y de paso podría tomar algunas fotos que, con suerte, inspirarían a más hombres a reclutarse en el ejército.
Pensar en eso me hizo sentir enormemente mejor, en realidad no podía esperar a saltar y dispararle a algunos nazis. En ese momento el caos llegó.
Lo recuerdo claramente, el avión temblando frenéticamente, el ensordecedor ruido de explosiones fuera del avión, los soldados queriendo saltar en ese mismo momento, los gritos del sargento diciendo que todavía no era el momento para saltar...
Nos mantuvimos calmados, pero eso era algo difícil considerando el frenético movimiento de la nave y el sonido de la explosiones allá afuera, pero a pesar de todo nos mantuvimos calmados durante el par de minutos que tomaría llegar a la zona de caída.
Ese par de minutos parecieron horas, en el aire se sentía el pánico, la adrenalina fluía por mis venas. En solo segundos tendríamos que saltar.
Una luz verde se encendió lo que significaba que ya habíamos llegado a la zona de caída, los soldados empezaron a saltar uno por uno, después de unos segundos llego mi turno.
Me pare en medio de la salida del avión, vi el desconocido lugar del norte de África en el que tenía que saltar y salté. Lo primero que noté fue el frío viento de la venidera mañana soplando fuertemente en mi rostro, después sentí un fuerte jalón en todo mi cuerpo, lo que significaba que mi paracaídas acababa de abrirse, después de eso escuche una fuerte explosión encima mió, me era imposible mirar hacia arriba y ver que había sucedido, pero un segundo después pude ver un avión en llamas desplomarse hacia el suelo, era el mismo avión en el cual, yo, hace sólo unos segundos estaba...
Mire a mi alrededor y pude ver como cientos de soldados saltaban de decenas de aviones, desde el suelo la artillería antiaérea intentaba todo lo que podía para derribar a los aviones y para que los soldados que ya habían saltado llegaran muertos al suelo. Me sentí sobrecogido por todo lo que me rodeaba, frente a mis ojos veía aviones estallando y desplomándose al suelo, soldados muriendo... Por primera vez en mi vida sentí que mi muerte estaba cerca.
No estoy seguro que paso después, creo que algo estallo cerca mió, lo único que recuerdo es que en cierto momento todo se obscureció y perdí el conocimiento. Lo siguiente que recuerdo es sentir arena en mis mejillas y algún tipo de tela cubriéndome, ya estaba en tierra.
Rápidamente trate de sacarme el paracaídas de encima pero era algo mas difícil de lo que esperaba, aparte de que por todo lo que sabia en frente mío podía haber un alemán listo para disparar con su rifle a quienquiera que saliera de debajo del paracaídas. Momentos después sentí como alguien sacaba el paracaídas de encima de mí.
Cuando ya estuve libre pude ver frente mío a un soldado, quizás de unos 30 años o mas, que me ofrecía su mano para levantarme, la cual acepté.
“¿Te encuentras bien?” Me pregunto.
Yo le dije que me encontraba algo adolorido, pero que aparte de eso me encontraba bien.
“¿Cómo te llamas, hijo?” Me pregunto.
“James B. Barnes, soy fotógrafo de guerra.” Le contesté.
“Bien, yo soy el cabo James Howlett del primer batallón canadiense de paracaidistas, y justamente te estaba buscando a ti.”
Le pregunté porque me buscaba.
“Ya lo sabrás, hijo. Casi todo tu pelotón esta muerto, así que sígueme e intenta no perderte.”
En ese momento caí en cuenta de lo que sucedía a mi alrededor, alrededor mío ya había decenas de soldados, quizás cientos, que intentaban contener a los alemanes dentro de una especie de base militar, varios metros más delante de nosotros, en medio del desierto, moverse en la arena del desierto era algo difícil, pero era incluso más difícil considerando que había al menos media docena de nidos de ametralladora resguardando la entrada de la base militar. La mayoría de los soldados, al igual que yo, caminaban lo más agachados que podían, para evitar que alguna de las tantas balas que pasaban les pudiera dar.
Noté que el cabo Howlett no hacia eso, caminaba erguido y seguro de sí mismo, a pesar de que muchas veces las balas pasaban tan cerca de el que casi lo rozaban; nunca había visto tanta valentía en un hombre.
En cierto momento noté que el cabo Howlett me llevaba peligrosamente cerca de los nidos de ametralladoras.
Le grité que estaba haciendo, preguntándole si no deberíamos estar ayudando a alguno de los tantos pelotones que necesitaban ayuda y que se encontraban en una posición relativamente segura.
El me dijo “Hijo, a donde te llevo es el lugar más seguro de todo este maldito lugar, considerando quien está allí. Pero si tú quieres unirte a alguno de estos pelotones condenados a muerte, no podría importarme menos. Pero, me pidieron que te encontrara y te llevara conmigo, y no le conviene a nadie aquí que quien me lo pidió se pase las siguientes horas preocupado de si su amiguito se encuentra bien. Sígueme o quédate, a mi realmente no me importa.” El cabo Howlett dijo eso y siguió caminando, yo continué siguiéndolo.
Le pregunté quién estaba en donde íbamos.
“No me creerías si te lo dijera, hijo. Tienes que verlo tú mismo.” Me contesto
Esa respuesta me confundió, pero en ese momento tenía otras cosas en las cuales pensar, entre ellas mantenerme vivo.
De vez en cuando podía ver un a muchos soldados, que fueron heridos, retorciéndose de dolor en el suelo, gritando por un médico, mientras se desangraban... Me preguntaba si eso es lo que me esperaba. Así que me concentre en seguir al cabo Howlett a donde quiera que me estuviera llevando, no podía hacer nada más que eso por el momento.
“Unos metros mas y estaremos allí.” Me dijo Howlett, después de decir eso una fuerte explosión ocurrió frente de nosotros.
“¡¡Maldita sea, han empezado a lanzar mortero!!” Gritó furioso Howlett.
Nos cubrimos detrás del fuselaje de un avión desplomado, esperando más fuego de mortero, pero ese fuego no llegó. Howlett y yo nos asomamos por los lados del fuselaje que nos cubría para ver qué sucedía, el fuego de mortero había dejado una espesa nube de humo y polvo, así que no se podía ver nada, hasta que en cierto punto un estallido detrás de la nube de humo permitió que se pudiera perfilar a decenas de soldados obviamente alemanes acercándose sigilosamente a nosotros.
“ESTÁN CONTRAATACANDO, DISPARA” Me ordenó Howlett, orden que yo obedecí.
Howlett y yo apuntamos nuestros rifles hacia la nube de humo, ya sin ninguna iluminación detrás que permitiera perfilar a los soldados, nosotros disparábamos prácticamente a ciegas, esperando que nuestros disparos lograran darles.
Creo que disparamos dos rondas de cartuchos antes de detenernos, después de eso sólo esperamos a ver si intentaban devolvernos los disparos, eso no sucedió. Pasaron unos segundos y la nube de humo lentamente se disipo, permitiendo ver lo que se ocultaba detrás de ella. Cuando dejó ver que había dentro de ella, sentí un profundo miedo.
La nube de humo ya se había disipado y podía ver, claramente, como un par de tanques “Tigre” se acercaban a nosotros.
Empezaron a disparar, primero a los soldados a nuestro alrededor, para dispersarlos, después vi como uno apuno al fuselaje.
“¡¡APÁRTATE!!” Grito Howlett.
Corrimos lejos los mas rápido que pudimos, en unos segundos el tanque disparo, logramos apartarnos lo suficientemente lejos del tanque para que el disparo no nos afectara.
“Se supone que el debió encargarse de los tanques...” Escuche murmurar a Howlett.
A pesar de que logramos salvarnos del disparo del tanque aun estábamos lejos de encontrarnos a salvo.
Los dos tanques aun se encontraban enfrente nuestro, no teníamos ninguna forma de repeler el ataque de ese par de tanques, además alrededor nuestro no había nada en lo cual cubrirse, que fuera lo suficientemente fuerte como para aguantar el ataque de un tanque, éramos blanco fácil.
Ambos tanques empezaron a disparar sus ametralladoras, en ese momento sentí que moriría.
Trate de correr pero los disparos se acercaban a mí más rápido de lo que podía correr, tropecé, en ese momento supe que era cuestión de segundos para que el disparo de las ametralladoras me alcanzara, sabía que pronto sentiría el dolor producido por las balas de la ametralladora atravesándome, y que segundos después de que las balas alcanzaran algún órgano vital yo moriría.
Pero, un segundo antes de que los disparos me alcanzaran Howlett se paro enfrente mío y recibió los disparos por mi, debió haber sido toda una ronda de disparos la que el recibió.
Sentí como las lagrimas brotaban de mis ojos, al pensar en el pobre de Howlett sacrificándose por mi, vi como cayó muerto enfrente mío, y vi como los tanques seguían allí listos para otra ronda de disparos. A pesar del sacrificio de Howlett yo aún moriría. Pensé en mamá, en Steve, en Gail, y cómo no los volvería a ver, las lágrimas ya corrían por mis mejillas.
Mientras la gotas de mis lagrimas caían al suelo y mojaban la seca arena del desierto acepte lo inevitable, moriría.
Allí tirado en el suelo, espere a que me dispararan, un minuto después los tanques aun no habían disparado, y me di cuenta de que no dispararían. Confundido, me pregunté porque.
En ese instante los tanques estallaron enfrente de mí, dejando una estela de denso humo, quede perplejo ante aquello.
Un segundo después sucedió algo aun más sorprendente. Howlett, que un minuto antes se había sacrificado por mi, recibiendo una ronda de disparos en el pecho y caído, frente a mí, aparentemente muerto al suelo, ahora frente a mis ojos se estaba levantando como si solo se hubiera tropezado y caído.
“Eso dolió...” pude escuchar que murmuro.
Pero lo mas sorprendente vino unos segundos después.
El sol empezó a salir en el horizonte, y yo dirigí mi mirada de Howlett a los tanques, en ese momento pude ver como desde detrás de ellos salía la silueta de un hombre, no era la de un soldado alemán, más parecía la de uno de nuestros soldados.
La silueta se acercaba a nosotros, lo único que pude distinguir fue una especie de estrella blanca en su pecho.
En pocos minutos ya estaba en frente nuestro.
“Levántate, Bucky.” Me dijo el hombre.
Quede enormemente aturdido cuando me di cuenta de quien era.
“¿¿S... Steve??” Fue lo único que encontré para decir.
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¡¡¡LA INCREIBLE HISTORIA DEL SUPERSOLDADO VUELVE PRONTO A SUS PANTALLAS !!!