Serie: Nuevos Mutantes
Autores: Advenedizo y Narutaki
Número: #1
Título: Cuenta atrás I
Portada: En su despacho, sentado en su cómoda silla de piel Cíclope se muestra serio tras el escritorio sobre el que está sentada una sensual Emma Frost, vestida de luminoso blanco. A través del ventanal que tienen a sus espaldas vemos a Bestia y Lobezno pasear por los jardines tranquilamente.

Cíclope está en su despacho, sentado en su cómoda poltrona hablando por teléfono algo alterado sin poder terminar de disfrutar las comodidades que su cargo podría ofrecerle.

- ¡Escuche! Le estoy diciendo que necesito tener toda esa comida aquí en dos días... Sí, muy bien, si entiendo que tenga muchos otros pedidos, pero ¡es que yo ya le encargué esto hace dos semanas! –desesperado.

Mientras le dan la réplica tratándo de calmarlo, apoya un codo sobre la amplia mesa de robusta madera y aparta el flequillo de la cara. Toma aire y vuelve a espetar al empresario que le atiende al otro lado del teléfono.

- ¡No! ¡No pueden ser cinco días! El curso empieza en tres días y como comprenderá, no quiera dejar a la gente sin comer el primer día de clase... Hable, hable, si le estoy escuchando... –gesticula con desgana- ¡Tres días! Bueno... De acuerdo tres días es lo máximo. Y tiene que estar aquí por la mañana... Sí, a primera hora, ¡tiene que darnos tiempo a cocinar! Así sí. Quedamos en eso entonces, el lunes a primera hora espero la comida... Bien. Hasta luego.

Tras suspirar ampliamente cuelga el teléfono y se deja caer, cansado, ahora sí sobre el asiento, resbalando poco a poco hacia abajo cuando alguien golpea la puerta levemente pidiendo permiso para entrar. Se coloca bien, algo sobresaltado, y ve, aliviado, que es Emma Frost quien se persona ante él.

La belleza mutante camina tranquilamente vestida con un chandal de la academia, gris, y se sienta sobre la mesa, tomándose ciertas confianzas.

- ¿Va todo bien, Scott?

Mostrándose algo desanimado responde.

- Sí, sólo que no entiendo la poca formalidad de la gente... Nunca me llegaré a acostumbrar a eso, con lo poco que cuesta hacer las cosas bien.

La Reina Blanca le acaricia amigablemente la mejilla y le sonríe.

- Tranquilo, Scott –dulce-. Esta tarde tenemos reunión con los profesores, al menos eso está todo bien atado.
- ¿No hay bajas de última hora ni nada por el estilo?
- No, tranquilo. Se mantienen los puestos como los teniamos planeados.
- Bien... –aliviado.

Se quedan un breve instante abrazados por un incómodo silencio que Cíclope se apresura a romper.

- ¿Están todos ya en el Instituto?
- No, la doctora aun está por llegar.
- Bueno, pues si me disculpas, voy a darme una ducha, necesito relajarme un rato.
- Claro.

Y dejándola sóla en el despacho, Summers se retira caminando tranquilamente hasta su habitación, por los pasillos vacios y silenciosos de la mansión. Pronto va a comenzar el curso, y los días pasan lentos y extresantes.

Antes de que ella se retire del despacho, vuelve a sonar el teléfono. Ve reflejado el número en la pequeña pantalla digital y descuelga el auricular.

- Despacho de Scott Summers, ¿dígame? A ver... ¿Pero ese tema no lo ha solucionado usted con el señor Summers?... Pues entonces ya está, no hay más que hablar... Exacto... Y si no nos tienen la comida para el miércoles por la mañana no va a ver usted un solo dólar... Así me gusta. No pasa nada si llegan una hora tarde. Bien... Hasta otra; un placer.

Y divertida cuelga de nuevo el aparato.

Henry McCoy camina pensativo por una de las galerías de la Mansión-X. Va vestido con un traje de chaqueta de sastre que de otro modo no podría llevar y ha peinado sus melenas leoninas hacia atrás, todo lo cual le da un aspecto bastante formal y distinguido. Lleva en sus manazas de gato una agenda electrónica en la que escribe con un bolígrafo especialmente diseñado para sus garras. Va tarareando una canción.

- Dum, dum, dum…

Toma algunos apuntes y se detiene. Da un par de pasos hacia los ventanales del fondo del pasillo y se escucha el eco de sus pisadas. El viejo edificio está prácticamente vacío a solo una semana de que comience el curso. Da un par de golpecitos nerviosos con el boli.

- Ah, McCoy, Sócrates impenitente, ¿cómo piensas cuadrar los horarios de un profesorado que alterna las clases con viajes al espacio exterior y batallas con Magneto?

Se sobresalta levemente al acabar la frase y olisquea el aire.

- Que hábito tan desagradable.

Lobezno, apoyado en una de las paredes del otro extremo del pasillo, da otra calada a su puro Montecristo.

- Cada cual tiene sus vicios. ¿Tienes ya la fórmula del horario perfecto, cerebro? ¿Me toca este año dirigir otra vez las practicas de “Supervivencia en entorno hostil”?

La Bestia frunce el ceño y sus gafas diminutas resbalan levemente sobre el puente de su nariz.

- Si te interesa tanto, mi salvaje compañero, este año vas a sufrir un sensible recorte en tus horarios lectivos. Nuestros queridos codirectores y yo hemos decidido otorgarte un nuevo estatus algo más oficial.

Lobezno avanza hacia él lanzando volutas de humo y con expresión de fastidio. La luz de los ventanales le da de lleno, debido a lo cual entrecierra los ojos, y Hank puede ver como va vestido con su traje de hombre-x de cuero negro.

- ¿Qué dices? No me va ese rollo.
- Mmm… - Hank luce una sonrisa divertida – Si ni siquiera sabes de que estoy hablando. Queríamos hacerte director del nuevo y flamante “Programa de becas”.
- Pfff – Logan lanza una enorme voluta – La escuela es gratuita, ¿por qué iba a ser necesario un programa de becas? Cualquiera puede matricularse, siempre y cuando sea mutante.
- Ah, pero, ¿y los que no pueden matricularse? – Hank se relame con cierta satisfacción – La escuela es ahora mas publica que nunca, mi rebelde compañero, y paga impuestos como cualquier otra exclusiva academia privada, así que tenemos que dar un barniz de oficialidad a todas nuestras actividades. El “programa de becas” serán básicamente operaciones de rescate o reclutamiento de pobres mutantes desvalidos.
- ¿? Eso es básicamente…
- …lo mismo que hemos estado haciendo hasta ahora, por supuesto. En principio iba a dirigirlo yo, pero mis labores de coordinación de los temarios y el profesorado van a tenerme ocupado casi a tiempo completo. Incluso voy a delegar la dirección de la enfermería.
- ¿Ah si? ¿Y a quien vas a colocar ahora? No me imagino que ninguno de tus alumnos sepa todavía lo suficiente como para…

El timbre suena a lo lejos, retumbando un débil eco por la galería.

- ¡Aja! – dice Hank, elevando una garra hacia el techo –. He ahí tu respuesta. Si me acompañas, podrás recibirla conmigo. Se trata de una vieja conocida que se encontraba en una situación laboral precaria que yo he venido a socorrer. Sin duda ha debido sortear la verja exterior con la autorización que aun debe conservar.

Lobezno acompaña la parrafada de Hank con una mirada de impaciencia mientras lo sigue hasta el vestíbulo. Allí el mutante azul abre con entusiasmo la puerta, preparando una broma que sin duda tenia pensada desde hace un rato, para quedarse paralizado inmediatamente. En la entrada se encuentra un matrimonio maduro y de aspecto mas bien pudiente que parece haber bajado de una limusina cercana que incluye chofer de uniforme. Ni siquiera parpadean ante el aspecto de Hank, que les tapa a Lobezno. El parece algo estirado, mientras que ella se encuentra casi ansiosa.

- Aeehm… hola, bienvenidos al Instituto Xavier, soy el Dr Henry McCoy, Jefe de Estudios, y ustedes sin duda son…
- Estamos encantados de conocerle, Dr. McCoy – dice la mujer, mientras estrecha con sus manitas una de las zarpas del sorprendido anfitrión –, no sabíamos que nos recibiría usted. La profesora Frost en persona nos ha dado acceso a las instalaciones del campus y…

La tos de la codirectora hace sobresaltarse a todos menos a Lobezno. Los dos hombres-x se apartan para dejarle paso. Emma lleva un traje blanco con falda que le da un aspecto tan elegante y oficial como el de Hank.

- Sres. Bloomingdale, es placer tenerles por fin aquí, pasen, pasen, por favor – prácticamente los arrastra hasta el interior, donde los sorprende la presencia de Lobezno, que los recibe con una mueca a medio camino entre la sonrisa y la amenaza –. Sin duda el Dr. McCoy los recibió al creer que se trataba de alguna de las citas que el tenia concertadas para hoy. Ah… permítanme que les presente al Sr Logan, uno de nuestros profesores…
- …y flamante nuevo director de nuestro Programa de becas… - añade Bestia con retintín.

Lobezno estrecha las manos de la pareja con cierto fastidio. Emma arrastra al matrimonio hacia el interior, a su despacho, dejando de nuevos solos a los otros. Bestia cierra la puerta.

- Vaya perfume el de la tía.
- Si, yo también lo he notado. De un gusto horrible, a la Avispa le habría horrorizado.
- ¿Ahora damos paseos a los padres para que conozcan las instalaciones? ¿Qué fue de aquella época en la que escondíamos la tecnología S´hiar bajo el sofá cuando aparecían?
- Bueno, lo cierto es que a diferencia de ti, Logan, yo si viví esa experiencia como implicado directo, y te diré que en cierto modo es una mejora. Ahorra muchos problemas que los padres sepan a que clase de escuela vienen sus hijos.

El timbre vuelve a sonar. Hank vuelve a reaccionar igual que antes, abriendo de golpe para buscar la sorpresa de su compañero… siendo de nuevo él el sorprendido. Ante sus hocicos se encuentra una jovencita que debe rodar la veintena, de raza negra, alta, delgada…

- Aurrr… Bienvenida, Monet… el despacho del Sr. Summers es el tercero por el pasillo de la derecha, te estará esperando – dice Bestia, con decepción.
- Gracias Dr. McCoy. Encantada de volver a verlo. Lo mismo digo Mr. Logan.
- Niña… - pronuncia por todo saludo Lobezno.

Bestia vuelve a cerrar.

- Bueno, realmente no creo que te suponga ninguna sorpresa si te lo digo ya… Mi sustituta al frente de la enfermería de la escuela es…
- Cecilia Reyes… - dice Lobezno, mientras enciende un nuevo puro con la colilla del anterior.
- Rurrgh… - gime McCoy.

La voz cándida de la mujer se escucha a través de la ventana en un radio cercano a la casa.

- Jedebiah, William, ¡a comer!

Los dos jóvenes muchachos sentados en el porche ven rota su armonía por el aviso. No habían sentido hambre durante toda la tarde, pero la perspectiva tan cercana de una buena cena a base de comida mejicana les hace rugir las tripas tan pronto como su cerebro incita al estómago.

Se ponen en pie, no sin antes terminar la conversación dejándola en estado de espera.

- Bueno, vamos dentro o tu madre se enfadará... –dice William.
- Nah, tranquilo. Es peor que se enfríe la enchilada.

Ríen divertidos por el último comentario y corren inquietos y con alegría dentro de la casa de madera, donde relajados, los dos críos y la madre de uno de éstos toman la cena con avidez, pero disfrutando de los ardientes sabores sureños. Recuerdan entre taco y taco que su padre volverá de su viaje a Amsterdam.

Pronto, la mesa llena de platos con salsas de colores verdosos y rojizos y con pastas harinadas se vacia, y la mayor parte del alimento ha pasado al estómago del trío que ve como se consumen los últimos días de su estancia en su pequeño refugio en la montaña, lejos del mundanal ruido de la ciudad.

Vuelven al porche, con el cielo ya estrellado y con la sensación de hambre ya echándose una siesta, o quizá un largo sueño hasta la hora del desayuno, siguen charlando.

- Jo, Jed –en tono desanimado-. Nos vamos a ver bien poco este año, tu todo el curso encerrado en ese instituto para mutantes...
- Bah –desenfadado-, será divertido. Creo que es mi lugar, ¡y será tremendo convivir con los X-Men!
- ¡Sí! ¡Podrías pedirles autógrafos para mí!
- Hombre... No soy de ir incordiando, pero a ver que puedo hacer –sonriente.

Al rato la madre se sale y se sienta junto a ellos abrazándolos cariñosamente. Los tres, se dejan seducir allí fuera, por la leve brisa y ese místico encanto que nos fascina de la nocturnidad.

Cecilia Reyes sujeta un vaso de precipitados con la mano derecha mientras se ajusta las gafas sobre el puente de la nariz con la izquierda.

- ¿Qué hace esto aquí, McCoy? ¿Te has vuelto incapaz de distinguir la enfermería del laboratorio?

Hank, junto a ella en la zona médica de la mansión, alarga una zarpa para recibir el vaso. Él continúa con su traje, Cecilia, sin embargo, tiene un aspecto mucho más informal. Acaba de llegar de un viaje más o menos largo y lleva puesto un conjunto vaquero, pantalones y chaqueta, y una camisa.

- A decir verdad, es una de las razones por las cuales te ofrecí el “jugoso” (y remarco como he colocado las comillas sin mover los dedos para señalar la ironía de que, como la mayoría de los profesores, no vas a cobrar) contrato que te convierte en la nueva enfermera jefe de la Escuela-X

Cecilia deja caer la voluminosa bolsa de viaje que carga en el hombro en el suelo junto a uno de los armaritos de la enfermería y comienza a rebuscar entre los cajones, comprobando el material.

- Veo que te has preocupado de que no falte de nada. Supongo que podré grapar a cualquier mutantito que se caiga de un árbol.
- ¿Y desde más alto?

Cecilia observa un rollo de venda con aprensión y suspira. Da la espalda a La Bestia, que permanece en el mismo sitio que al principio mientras ella ha dado vueltas por toda la habitación, revolviendo aquí y allá.

- Intentaré hacer un apaño con todas las lesiones, superheroicas o no, que hagáis pasar por mi enfermería.
- ¿Ya tomas posesión? ¿Sin ni siquiera darme tiempo para despedirme del agua oxigenada?

Sin volverse para mirarlo, la Dra. Reyes estira el brazo y señala con el índice hacia la puerta.

- Tengo que organizar mi consulta.
- …
- Venga. No agotes mi paciencia.
- Ni siquiera hemos hablando de como te ha ido con tu recuperación de la adicción al Delirio.
- Si no estuvieses seguro de que estoy desenganchada no me habrías llamado.
- Oye, que ni siquiera sabes donde está tu habitación… - se queja Hank mientras sale.

M, acomodada en una de las dos sillas para invitados que posee el despacho de Cíclope escucha las meditadas explicaciones del nuevo director del Instituto Xavier.

- Cómo sabes, Monet, la mayoría de los profesores, aunque imparten materias en las que son expertos en mayor o menor grado, no han sido preparados para ejercer como docentes y mucho menos a cargo de grupos mutantes…

En su propio despacho, Emma Frost presenta un paisaje idílico a los señores Bloomingdale.

- Nuestro profesorado ha sido concienzudamente seleccionado, y les puedo asegurar que se trata del personal mejor preparado para atender las necesidades educativas especiales que poseen estos chicos.

- El problema es que durante los primeros años de la escuela – continúa Cíclope – los alumnos éramos preparados para controlar nuestros poderes en la vida diaria, para ejercer de superhéroes o para las operaciones de rescate… pero el profesor Xavier nunca previó aumentar el número de alumnos de tal manera y no nos preparó para que nos convirtiésemos en profesores cuando llegase el momento.

- La escuela posee una tradición de casi 20 años en la preparación de jóvenes, señor Bloomingdale, y por eso puedo asegurarle que su hijo recibirá una preparación integral para convertirse en un ciudadano perfectamente normal.

- …por eso quiero que iniciemos algo que puedes llamar “el Doctorado Xavier”… contigo y con otros antiguos alumnos de la segunda y tercera generación que no habéis llegado a ejercer como hombres-x, para formar a los profesores del mañana… alumnos que hayáis sufrido los peores tiempo de la histeria antimutante pero que no estéis condicionados por vuestra experiencia como superhéroes.

- Pero, profesora Frost, con todos los rumores que corren acerca de los ataques a la escuela y de los supervillanos a los que se enfrentan ustedes a diario, y sobre todo después de la revuelta del Día Abierto el año pasado, que vio por televisión todo el país, y lo ocurrido con Magneto… mi principal preocupación es la seguridad de nuestro hijo.

- Con todo, seguirás recibiendo el entrenamiento tradicional, nunca sabemos cuando puede ser necesario… y no estaría de más que participases en alguna misión de búsqueda y rescate. Ver en primera persona las situaciones que pueden llegar a vivir los mutantes… es algo instructivo.

- …y además, ya saben que la prensa exagera en exceso. La revuelta no fue más que una rabieta de adolescentes demasiado espectacular, que los profesores pudimos sofocar sin problemas… y nuestro personal de seguridad está más que sobradamente preparado para hacer frente a cualquier extremista, tanto humano como mutante.

- Puede considerarme como la primera alumna del “Doctorado”, sr Summers.

- Puede considerar a nuestro Tommy como el primer alumno del nuevo curso, profesora Frost.

Emma y Scott sonríen con condescendencia.

EL CURSO VA A COMENZAR EN ESTE SINGULAR INSTITUTO... NUEVOS MUTANTES #2 PRONTO EN SUS PANTALLAS