Serie: Segunda Generación
Número: #5
Autor: Ibaita
Título: Rescate
Descripción de la portada: A un lado, Roger Aubrey y Spitfire. Al otro, Yanqui Clipper y Hada. El Vigilante contempla la inminente batalla.
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En algún lugar.
Roger Aubrey se giró.
-¿Qué están haciendo. Spitfire?
-Están hablando. Tranquilízate. No tienen forma de escapar-respondió ésta.
-Perfecto.
Aubrey desapareció. Spitifire esperó unos segundos y Aubrey reapareció en el mismo lugar.
-Sí, es cierto que con éste cinturón se puede viajar en el tiempo…-murmuró mirando el cinturón de Cassandra Locke.
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-¿Cómo saldremos de aquí?-suspiró Patrick.
-Tiene que haber alguna forma. ¿Has probado a pedir ayuda al Vigilante?
-Lo estaba intentando.
Entonces, la imagen fantasmal del Vigilante apareció en medio de la habitación.
-¡Uau! ¡Muy bueno!-aplaudió Patrick-Pero, ¡¿puedes sacarnos de aquí?!
-Mi misión es vigilar, no interferir. Pero enviaré a alguien para que os ayude.
-¡Estupendo! ¿Yeti, Frank…?
-¿Siguen vivos?-se asombró Hada.
-No. Es una persona que también sabe lo que es la Segunda Generación.
-¿Ikaris?-tanteó Hada.
-No. El Doctor Extraño.
-¿El Doctor Extraño?-murmuró Patrick-Pero, ¿él…?
-Es bueno-comentó Hada-. Trabajé con él hace unas décadas. Me ayudó a luchar contra Diablo y Nocturno.
-Sí. Hace 10 años, tuve una conversación con él. Me prometió que ayudaría a esta nueva generación de héroes en todo lo que pudiera. Ahora, ha llegado el momento de ayudarla cuando más lo necesita. Tenéis que escapar de aquí y adelantaros a Aubrey. Ya habrá localizado a Frank. Recordad, todo depende de no luchar contra Aubrey. Un solo error contra él o contra Spitfire, y el Batallón-V se desmoronará… Y sin él, la Segunda Generación no aguantará mucho.
El Vigilante desapareció y Patrick y Hada quedaron como estaban.
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En una mansión en Greenwich Village.
-¿Extraño?-dijo la voz del Vigilante.
-Hacía tiempo, Uatu.
-Sí. Hace 10 años, mantuvimos una conversación, ¿recuerdas?
-Perfectamente. ¿Es por los Defensores?
-No, a lo largo de estos últimos 7 años has hecho un buen trabajo con ellos. Es por otra cosa.
-Habla.
-Yanqui Clipper y Hada.
-¿Qué pasa con ellos?
-Los han raptado. Un grupo que se hace llamar el Batallón-V. Te explicaré todo con detalle…
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-Nos estamos acercando al lugar exacto, señor.
-Perfecto-murmuró Aubrey-. Puedo hacer perfectamente una Primera Línea sin Clipper ni Hada. Yeti, Frank… Paladín, Deathlok, Hombre Máquina…
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Vienen a por mí. Siempre vienen a por mí. Me odian. Yo no quiero ser odiado. Sólo quiero ser normal. Esta vez no son los mismos de siempre. Son gente rara, vestida con trajes de colores. Me da igual. Sólo quiero que me dejen en paz. No quiero que me capturen, ni que me hagan daño. No puedo sentir dolor físico, pero no es el dolor físico lo que me molesta. Intento correr, pero no puedo. No siento mis pies. Nunca los siento, pero ahora no se mueven. Se acercan a mí. Quiero que me dejen en paz. Les grito con todas mis fuerzas que lo hagan, que me dejen en paz. Pero no lo hacen. Nunca lo hacen.
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En algún lugar.
La enorme compuerta que separaba el puerto de la base del Batallón-V del resto del complejo saltó por los aires. El Doctor Extraño no solía combatir a enemigos que únicamente contaban con fuerza física, ya que su especialidad era la magia, como Hechicero Supremo, pero en aquella ocasión era necesario. 10 años antes había prometido ayudar a la Segunda Generación, y en aquel momento era cuando más lo necesitaba.
Docenas de guardias dispararon contra él, pero las balas rebotaron en un escudo mágico. El Doctor Extraño hizo un gesto y los guardias quedaron atrapados en las Bandas Carmesíes de Cyttorak. Extraño hizo otro gesto y el Ojo de Agamotto se elevó. Giró y un haz de luz exploró el complejo, atravesando las paredes de metal como si no existieran. Por fin, localizó a Patrick y a Hada y la Capa de Levitación le elevó hasta el techo del complejo, dirigiéndole a la celda.
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-Spitfire, creo que tenemos invitados.
-Es el Doctor Extraño, señor.
-¡Aubrey!-gritó una voz.
Aubrey se dio la vuelta y se encontró cara a cara con Hammond.
-¿Desea algo, señor?
-Hay intrusos.
-Lo sé, señor. El Doctor Extraño.
-Esto no tiene ningún sentido. No debería conocer nuestra existencia, y aún así, no tiene motivos para atacarnos.
-Intentaré detenerlo, señor. Spitfire, ya sabes lo que tienes que hacer.
-Sí, señor-dijo ésta, saliendo por una puerta supervelocidad.
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Me han encerrado en una celda. Fuera están hablando de mí. Dicen que no debería poder moverme, pero que me muevo. Es difícil. Me han drogado, y además algo del suelo tira hacia mí con fuerza. Golpeo los barrotes, pero no pasa nada. No es justo. ¿Yo no hecho nada? ¿Por qué me tienen que encerrar? Un hombre con el pelo blanco se acerca a mí.
-¿Tú eres Frank?-dice.
No sé quién soy. Sólo sé que todo el mundo me odia. El nombre de “Frank” me trae recuerdos lejanos. Unos viejos amigos me llamaban así.
-¿Te suena el nombre de Frankenstein?
Frankenstein… Le recuerdo. Frankenstein fue el idiota que me dio vida. Por su culpa soy así. Por su culpa todos me persiguen. Le odio con toda mi alma.
-¿Te suena Primera Línea?
Sí… Primera Línea. Eran amigos míos. Me trataron como a un igual. Eran gente muy amable.
-Sí-digo con un hilo de voz.
-Estupendo. ¿Te gustaría volver a estar con ellos?
-Sí-repito.
-Muy bien. Conocerás a gente nueva. A más amigos. Ya lo verás, Frank.
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Extraño vio cómo algo se acercaba a gran velocidad. Un conjuro y se detuvo. Spitfire quedó paralizada, pero aún pudo decir algo por un auricular.
-¡Paladín, Deathlok, Hombre Máquina! Necesitamos refuerzos en el Sector 7! ¡Ya!
Extraño la ignoró y continuó su camino hasta llegar a la celda de Patrick y Hada. Desconectó el sistema de gravedad y les tendió la ropa de unos guardias que había cogido por el camino.
-Gracias, doc-murmuró Patrick, poniéndose la ropa a la vez que Hada.
-Intenta localizar el cinturón de Patrick-sugirió Hada.
-Eso intento-respondió el Doctor Extraño mientras el Ojo de Agamotto se alzaba de nuevo.
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Paladín, Deathlok y el Hombre Máquina salieron a la vez de sus aposentos.
-¡Corred!-gritó Paladín sacando su arma. Deathlok también sacó la suya y X-51 estiró sus extremidades.
Avanzaron rápidamente por los pasillos hasta localizar a Spitfire, aún paralizada.
-Son buenos-comentó Paladín.
-Sinceramente, no sé que hago aquí-replicó Deathlok.
-¡Mira, bicho!-soltó Paladín-¡No sé si en esa dimensión tuya rara existió Primera Línea, pero me da igual! ¡Fueron héroes! ¡Y si Aubrey dijo la verdad podemos crear un nuevo grupo junto con los supervivientes de los originales! ¿Es que no lo entiendes? ¡Crecí con Primera Línea! ¡Para mí, esto es como…!
-¿Podríais dejaros de cháchara, aficionados?-rugió Spitfire.
-¿Es que tú tampoco conociste a Primera Línea?-protestó Paladín.
-¡Era super heroína mucho antes de que existiera Primera Línea! ¿No tenéis trabajo, idiotas?
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-Lo tiene un hombre. El Ojo de Agamotto dice que es Roger Aubrey.
Patrick soltó una maldición por lo bajo. Entonces llegaron Paladín, Deathlok y X-51. No tardaron en comenzar el ataque. X-51 se preparó para envolver con sus brazos a los tres mientras Deathlok y Paladín lanzaban unos disparos de advertencia. El Doctor extraño, aunque vio que los disparos pasaban lejos, creó un escudo invisible. X-51 fue a envolverlos, pero se encontró con el escudo.
-¡Id a por Aubrey!-gritó Extraño-¡Yo los detendré!
-¿Crees que puedes?-fanfarroneó Paladín. Como única respuesta, Extraño le envolvió en las bandas carmesíes de Cyttorak.
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Mi nuevo amigo es muy extraño. No para de hacer cosas raras con un cinturón. Aparece y desaparece unos segundos después. Dice que puede dominar el tiempo. A mí me da igual. Mi única misión es protegerle. Estoy contento. Volveré a ver a Primera Línea. Recuerdo sus nombres. Efigie, Zorro Negro, Rebote, Ballesta… ¿Hada?
-¿Frank? ¡Soy yo, Hada!
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Aubrey contempló en silencio cómo Yanqui Clipper y Hada se reunían con Frank. “Esto puede estropearlo todo”, pensó mientras retrocedía unos segundos en el tiempo.
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¿CÓMO TERMINARÁ TODO ESTO? NO PUEDES PERDERTE EL NÚMERO FINAL DE ESTA GRAN MINISERIE... ¡MUY PRONTO!