Serie: Spiderman
Número: #7
Autor: Narutaki & Ibaita
Título: Secretos de estado I
Descripción de la portada: De fondo el Monte Rushmore y sobre él, en transparencia una enorme y ondulante bandera de los Estados Unidos. Ante estos dos elementos patrióticos, Spiderman aparece encogiendo los hombros.
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Peter se encontraba en el Helitransporte de SHIELD. Había sido llamado hacía una hora, y una nave había acudido a su casa. Ahora Clay Quatermain estaba sentado delante suyo, con un informe en las rodillas.
-Esto es lo que tenemos. Dijiste que Morlun quedó reducido a polvo en una central nuclear.
-Sí, ¿pero desde cuándo detiene eso a alguien en éste oficio? –respondió Peter con lo que le parecía una obviedad.
-Tú lo has dicho. Bien... Afirmaste que Morlun te dio su palabra de honor de no volver a por ti.
-Así es.
-Y también te juró que su palabra de honor es muy importante para él.
-Sí -contestó Parker, tratando de intuir por donde iban los tiros.
-Pero lo necesita. –disparó- Su muerte lo ha dejado muy debilitado. Además, probablemente la experiencia le haya hecho olvidarlo. Fue enterrado en un cementerio a unos kilómetros de aquí. Por lo que sabemos, la urna estaba en tan malas condiciones, el gobierno cada vez gasta menos dinero en enterrar a criminales, que se abrió y el polvo de Morlun se esparció por la tierra. Allí fue absorbiendo la energía vital de todos los gusanos y otro tipo de insectos que se acercaban a él, hasta conseguir convertirse en una especie de lagarto.
Peter recordó que cuando Morlun estaba agonizando su piel se había vuelto verde y escamosa.
-Deambuló por los alrededores del cementerio alimentándose de pequeños animales -prosiguió Quatermain-. Una anciana informó hace unos meses de que su caniche había sido absorbido por un lagarto. Por supuesto, todos creyeron que era cosa de su edad. Otro informe que data de una semana después nos dice que fue vista una criatura humanoide con aspecto de lagarto de aproximadamente medio metro de estatura: ésta vez todos volvieron a pensar en la leyenda de los cocodrilos de las alcantarillas.
Quatermain hizo una pausa, tomó aliento y prosiguió ante el atento fotografo.
-Al parecer después comenzó a alimentarse de niños. Nos encontramos primero un informe de un bebé desaparecido y después de una adolescente de 14 años. Siguiendo adelante con los informes, vemos que pasa de adolescentes a adultos. Supuestamente en esa etapa es cuando va recobrando su aspecto humano. ¿Alguna duda?
-Ninguna -dijo Peter poco seguro-. Bueno, sí. Creía que necesitaba alimentarse de gente con poderes totémicos...
-Lo dudo. Según estos informes, absorbió a 5 personas por día. Así no creo que necesitase muchos tótems.
-Bien. Ehm… Y otra pregunta…
-Dispara.
-¿Me habéis llamado sólo para esto?
-Te lo iba a explicar ahora.
Quatermain se sacó un mando del bolsillo y apuntó a una pared. Ésta se retiró y dejó ver una pantalla de plasma que se encendió de inmediato.
-No tienes ni idea de cuántos secretos tiene el gobierno americano ahora mismo. Probablemente habrás oído hablar de OVNIs, reliquias religiosas ocultas, satélites que espían al ciudadano medio, control mental…
-Sí.
-¿Y si te dijera que todas esas cosas son ciertas?
-¿Qué?
-Todas y cada una de ellas. SWORD y SHIELD se encargan de asegurar su defensa.
-¿SWORD?
-Trabaja con alienígenas. Es una agencia algo más secreta que SHIELD.Pero a lo que iba: uno de los secretos más importantes del gobierno americano ha desaparecido. Por lo que sabemos se encuentra en algún lugar de New Jersey. Hemos enviado a los mejores agentes para investigar, pero uno a uno han caído todos.
-¿Qué ha pasado?
-Asesinos profesionales. Actuaban sin dejar rastro. Y lo peor de todo… Electro.
-¿Electro?
-Ése sí dejaba rastro. Sabemos que ha matado al menos a treinta agentes. Sin embargo, tú has sobrevivido a numerosas batallas contra él, y tienes mucha experiencia.
-Espera, espera. Ya no soy Red, vuelvo a ser Spiderman… Tengo muchas cosas en la cabeza ahora mismo…(1)
-Lo siento. Seguramente será la última vez que te llamemos, pero te necesitamos para esto. Sé que has perdido parte de tus poderes…
-Sólo parte.
-…y que últimamente estás más débil. Será la última vez, en serio.
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Peter Parker estaba algo conmocionado. La nocturnidad le resultaba abrumadora, no por la naturaleza mágica que le concedían los románticos al manto estrellado sino por los giros que su vida había dado desde que alguien, tal vez él mismo, había decidido que era un justiciero enmascarado. Momentos como ese los había vivido antes... Pero era de lo poco que le permitía sentirse un hombre más, dudando, ante planteamientos o disyuntivas totalmente increibles en ocasiones, pero dudando.
Allí estaba, sentado en el escalón, con la espalda recostada en la puerta.
Spiderman nunca había pretendido salvar al presidente, por muy simpático que le hubiese caído Clinton. Él quería salvar a viejecitas a las que le robaban el bolso unos rateros del tres al cuarto, o años más tarde al ciudadano medio de Nueva York ajeno a las grandes maldades... La administración Bush no era su ideal de centro de trabajo, ni tampoco un organismo como SHIELD.
El sentido del deber... ¿Quién debió inventar palabras para ese nefasto sentimiento?
Un niño de apenas diez años pasaba ahora ante él, rubio, pálido y con las mejillas rosadas, vivo rostro de la inocencia. Agitó la mano tímidamente al pasar por delante. Era el hijo de los vecinos. Peter apenas lo había visto.
- Buenas noches señor Parker.
Con algo de retraso, salió de sus cábalas para volver al mundo cotidiano.
- Buenas noches Josh. ¿Cómo es que llegas tan tarde a casa? –extrañado.
- Iba leyendo unos tebeos en el autobus y me pasé de parada... Cuando me di cuenta estaba al final de la línea y tuve que esperar a otro y volver.
El chiquillo enseñó dos comics que sostenía con la mano izquierda.
- Pues vamos, ve a casa que tus padres deben estar preocupados.
- Oh, no, los llamé desde una cabina –sonriendo y echando a correr hasta casa.
Cuando su madre abrió la puerta, algo agitada, el niño volvió a saludar con la mano a Peter.
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Peter se agazapó. Su sentido arácnido le guiaba hacia lo que buscaba SHIELD: Los científicos que trabajaban para el gobierno eran realmente buenos. Habían conseguido adaptar la frecuencia del rastreador que llevaba incorporado el secreto de estado con la de los rastreadores que solía usar Peter, para que pudiera detectarlo con su sentido arácnido.
Tras la oreja llevaba un microcomunicador. Al fin, había tomado la decisión de ayudar a SHIELD. No por el gobierno ni la administración Bush, sino por ciudadanos americanos como Josh.
-¿Qué tal vas, Parker?-la voz de Quatermain sonó por el microcomunicador.
-Creo que lo estoy encontrando. He dado vueltas por todo New Jersey y hace unos 5 minutos ha empezado a zumbar mi sentido arácnido. Ahora me estoy acercando mucho.
Peter lanzó una telaraña y continuó balanceándose. Al doblar una esquina, un rayo casi le fríe. Peter soltó la telaraña y se dejó caer, ocultándose así en la copa de un árbol.
-Mierda. La presencia de esa cosa hace que no sepa si mi sentido arácnido se refiere a eso, o a otra amenaza…
Otro rayo partió en dos el árbol. Peter lanzó una telaraña y se agarró a un edificio, saltando del árbol.
-¡Tú!-gritó Electro, que con la oscuridad del anochecer no lo había visto bien-¡Esta vez te freiré, cabeza de red!
Electro lanzó otro rayo, que también falló, aunque por muy poco. Entonces Peter se sacó una esfera metálica con el logotipo de SHIELD de una pequeña bolsa del cinturón y la lanzó al aire.
-¿Qué demonios es eso?-preguntó Electro, lanzando un rayo directo a la cabeza de Peter. Sin embargo, el rayo se desvió y alcanzó a la esfera-Oh, mier…
Peter golpeó a Electro con una buena patada, tirándole al suelo entre unos contenedores. El supervillano quedó inconsciente, y Peter aterrizó con agilidad junto a un extraño contenedor abierto. Su sentido arácnido le perforaba el cerebro.
-¡Aaargh! ¿Qué es eso?
El contenedor tenía una puerta en un lado. Peter echó un vistazo dentro, lo cual bastó para que casi se desmayara de la sorpresa. No podía ni siquiera imaginarse que SHIELD hubiera escondido aquello, que supiera que existía.
Su sentido arácnido seguía perforándole el cerebro, de tal modo que nunca podría saber si otra amenaza se cernía sobre él. Tampoco pudo oír el lejano sonido de un rifle de francotirador al cargarse.
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(1) Ver Veneno #1 (por Venenofan).
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¿QUÉ SECRETO DE ESTADO PUEDE PREOCUPAR TANTO A PETER PARKER? DESCÚBRELO EN LA PRÓXIMA ENTREGA.