Colección: Thor
Autores: Hiperion y Narutaki
Número: #1
Título: ¡Desterrado!
Descripción de la portada: Un Thor cabizbajo, con el pelo mojado cayéndole sobre la cara camina por el puente arcoiris dejandoatrás Asgard. En la parte inferior en letras grandes y rojas con bordes negros “THOR DESTERRADO”.

Thor, señor soberano de Asgard pasea tranquilamente por su palacio, dando un paso tras otro con serena calma, con una tranquilidad impropia de su reino. Piensa, y lo hace a placer por toda la quietud que le rodea, aun recuerda a su padre. Desde que Odín muriese, todo había sucedido algo precipitadamente, pero poco a poco, iba asimilando que él era realmente señor de la tierra de los dioses nórdicos, que no había tiempo para echar de menos a su padre, tiene un reino que gobernar. De pronto escucha dos gritos quebrados y una anciana mujer choca de bruces con él. Con el impacto, la fémina cae al suelo, y entonces, con sus ojos rojos se clavan en los de Thor Odinson. Éste siente un estremecimiento en todo su cuerpo y no duda en echar mano a su espada y apuntar con ésta al cuello de la mujer.

- Criatura infernal, ¿qué haces en mi palacio? –decidido.

Una diabólica sonrisa se dibuja en el rostro de ésta, sus labios cortados se estiran, y su forma de mirar a su soberano, es eternamente cínica.

- No se que te ha motivado a venir a mí, pero no voy a permitirte que salgas viva de aquí sierva del mal –sin titubear.

A causa de los gritos autoritarios de Thor, varios guardias acuden al lugar, y tras éstos, los curiosos asgardianos, que desde la lejanía, contempla atónitos como su señor amenaza a una indefensa anciana que resta en el suelo.

Sabedor del peligro que supone un emisario de las fuerzas oscuras, el monarca no presta atención a su entorno.

Los ojos de la mujer, alcanzan a ver que hay bastante gente pendiente de la escena; esto le permite a alguien ver esa misma imagen en un lugar lejano. Loki, hermanastro de Thor permanece en trance, con su mano derecha posada sobre una esfera de cristal. Entonces sonríe y la aparta. Ya no posee a la anciana, pero antes de hacerlo, hace brillar los ojos de ésta.

Sin compasión, Thor, ante todo el mundo, hunde la hoja de su espada en el cuello de la pobre mujer a la que había poseido el malvado Loki.

Entonces, el asgardiano de corazón gélido sonríe, sabedor de que su plan ha comenzado a funcionar. Ante todo su pueblo, su hermanastro ha asesinado a una pobre anciana, que no tenía culpa alguna; en efecto, había sido poseida por él, tomando apariencia infernal, pero al abandonar su cuerpo, no quedarían restos, y el señor de Asgard no podría explicar porque había arrebatado la vida a la mujer.

- Exquisito, Thor... Eres tan patético –habla para sí-. Disfruta de lo que se avecina.

Se gira, haciendo volar su capa de tonos dorados y camina hacia el interior de una sala anexa a la que se encuentra. Su gesto es jocoso, ha llegado su momento.

Mientras, en Asgard, sin comprender demasiado, el hijo de Odín contempla como su pueblo le mira con una mezcla de confusión, temor e incomprensión. Se agacha para descubrir el rostro de su víctima, y reconoce a la anciana que creyó un demonio, como a Gunnhilda, una vendedora de manzanas. Pronto, un miembro del Consejo de Asgard, aparece en el lugar, abriéndose paso entre los soldados y mira a Thor apesadumbrado.

- Thor, mi señor, habéis asesinado a un inocente incumpliendo las leyes de Asgard, al cometer tal acto, deberéis ser juzgado como señor de nuestra patria ante el Consejo –dice con la cabeza gacha.

El asgardiano besa la frente de la mujer y se pone en pie. Posa su mano sobre el hombro de quien le acaba de anunciar que deberá someterse al juicio de sus consejeros, y lo mira un instante. Sus ojos se entelan por un instante.

- Tranquilo, mi fiel Günter, habéis hecho lo que debéis. No os guardéis rencor por ello –posando una mano sobre su hombro.

Y sin decir nada más, Odinson se aleja, poco a poco hacia el interior del pasillo. Nadie habla.

Una hora después, Thor camina con gesto sombrío por los pasillos de su palacio, estremecido por lo acontecido, sumido en sus pensamientos.

Una vez ante las puertas de la Sala de Juicios alza la cabeza y las atraviesa, con gesto sereno y paso firme, como corresponde a una autoridad como él.

-Nuestro señor ha llegado – le anuncia uno de sus súbditos.

Los presentes se ponen en pie, en señal de respeto hacia el que es su monarca todavia. El hijo de Odin camina sintiendo como cada una de las miradas de cada uno de los presentes se clavan en él. La mayoría reflejan tristeza e incomprensión.

El Consejo está formado por algunos de los más sabios y mejores guerreros del reino. Vidar, el que es tan hijo de Odín como Thor, lo preside.

-Mi señor Thor – dice – sabéis los cargos que se os imputan, y nuestra misión en este triste día es dictaros sentencia por ellos.
-Así es. Es como debe ser, pues preferiría probar los labios de Hela antes que no cumplir pena por mis actos. La justicia ha de ser para todos igual espejo.
-Procedamos pues – Vidar muestra tristeza en su voz, que oculta como puede - ¿Günter?

Günter carraspea y comienza su intervención:

-Como dicta la sagrada Ley de Odín, debemos juzgar vuestro crimen. Pero también dice ésta que cualquier acusado tiene derecho a defenderse e intervenir. Así pues, mi señor, hablad si lo consideráis menester.

Thor agacha la cabeza, durante eternos segundos. Su cabello rubio cuelga por encima de su pecho, y su mirada se pierde en el suelo blanco bajo sus botas.

-Sí – dice finalmente alzando la cabeza – En este funesto día he arrebatado la vida a Gunnhilda, una anciana que ningún mal había hecho en su vida. Ni yo mismo sé como ha ocurrido, es algo impensable, pero ha sucedido, y no podría ser un digno monarca si intentase exculparme sin razón alguna. No tengo excusa ni perdón, y se debe cumplir la Ley que mi padre dictase en su eterna sabiduría, que bien sé que recoge que en estas ocasiones el acusado debe ser exiliado del Reino Dorado.

Encoge levemente los labios y el cuerpo, se estremece levemente ante la idea del destierro y recuerda algunos pasajes de su vida en un instante. Siente un gran peso sobre su cabeza, como si fuera a estallar, como si le apretasen con fuerza. Desearía huir de esa sala.

Un silencio repentino invade la estancia, hasta que Vidar lo rompe:

-Habeis demostrado ser quien sois con esas palabras. Así pues, que el Tribunal proceda con su veredicto. Que el luto embargue nuestras almas por tener que aplicar la ley en caso tan inverosimil. Pero que la voluntad de Odín sea cumplida.

Tras varios minutos parlamentando, el Tribunal, con voz en el bravo Balder, hace saber su decisión.

-Hemos dirimido que seáis exiliado a Midgard. Pero en honor a vuestras gestas pasadas y vuestro consabido amor y protección hacia Asgard, podréis volver a él si demostráis que sois puro de corazón. Sabiendoos quien sois, hayaréis la manera de que vuestra eminencia vuelva a este reino para ocupar el trono que en este funesto día abandonáis.
-La sentencia ha sido dictada. La divina voluntad de Odín ha sido cumplida.

Todos los presentes abandonan la sala, dejando a Vidar, Balder y Thor a solas.

-No deberíais haberme dado esa oportunidad. Con otro no hubieseis actuado de semejante manera.
-Mi señor Thor, a vos os seguiría hasta el fin y más allá, sabiendo que puedo confiar en vos. Nadie niega lo que habéis hecho, pero nadie de vuestro coraje y honor actuaría de esa manera, por lo que sabemos que todo debe tener una explicación – dice Balder-. Además, si la ley es igual para todos, para vos también es la oportunidad del regreso merecido al reino de Asgard.
-Así es. Ahora, vayamos al Puente del Arco Iris, donde podréis viajar a Midgard, para cumplir con vuestra prueba. Muy apenado os aguarda allí el fiel Heimdall, que llora amargamente desde que conoce la nueva.

Minutos después, los tres se encuentran en la legendaria entrada al Reino Dorado, vigilada por el valeroso Guardián Heimdall, ante la atenta mirada de una gran muchedumbre.

-Balder, ¿quién ocupará el trono en mi ausencia?
-No te preocupes por eso, amigo mío. Ahora, vete – Balder y Thor se abrazan en señal de despedida.

El Dios del Trueno se sitúa en el puente del Arco Iris, y una vez en él, comienza a agitar su martillo, el cual crea un vórtice que le hace desaparecer de su hogar, mientras piensa que puede ser la última vez que vea las doradas agujas de su querido reino.

Mientras, observando desde una ventana de un edificio cercano, Loki sonríe satisfactoriamente. Da media vuelta y crea un portal, el cual atraviesa. Debe hacer una visita, piensa, y no debe demorarse.

El desterrado de entre los poderosos dioses de Asgard aparece a las afueras una ciudad. Ante él, derruida se muestra la húmeda Nueva Orleans. Entonces se mira a sí mismo un instante sin comprender porque sin pensar ha llegado allí.

Se ve vestido como el señor de las tierras de Odín y comprende que quizá no sería la manera adecuada de comenzar la búsqueda de su destino con tal de poder regresar a su reino. Deberá buscar ropa.

Loki se haya en mitad de unas altas montañas donde se ve rodeado por enormes gigantes que portan mazas y bastones de robusta madera y oxidados metales. Visten desaliñados y su piel está completamente grasienta. El que parece el líder la tribu balbucea en algo parecido a la lengua euskera, y pese a que difícil de comprender por su trabada lengua, el hermanastro de Thor logra comprender sus palabras.

Asiente con la cabeza y luego hace una semireverencia para desaparecer del lugar.

Y en las montañas se escucha entonces un fiero rugido, del gigante Rufgar que alza su maza, gesto que enherva a los demás de la manada a hacer lo propio. Sus voces cazayeras provocan un pequeño desprendimiento en la montaña.

Los hijos del mal marchan ya abandonando sus montañas.

Entra en una tienda de ropa y sin mediar palabra con el dependiente trata de buscar algo de su agrado. Los otros compradores le miran ciertamente extrañados ante la excentricidad del atuendo vikingo. Algunos lo consideran una falta de respeto, la herida del Caterina aún no ha cicatrizado.

Poco después sale de la tienda vestido con unos pantalones vaqueros y una camiseta ajustada blana y una chaqueta de piel por encima.

Caminando hacia el núcleo urbano Thor recuerda.

“Y aquel que sea puro de corazón
logrará con su espíritu
superar las cuatro hazañas
que para sus predecesores
Odín padre dejó en Midgard.

Extracto del Liber Odinson”.

- Empieza un duro camino...

Y silbando una vieja canción que recordaba de cuando estuvo por última vez entre mortales, se escuchan emanar de sus labios el ritmo y las notas de Born to run mientras recoge su larga melena en una coleta.

LAS AVENTURAS DEL SEÑOR DE ASGARD CONTINÚAN EN EL THOR #2