Colección: Thor
Autores: Hiperion y Narutaki
Número: #2
Título: Iconoclastia I
Descripción de la portada: Dos columnas de estilo griego cayéndose y Thor las sostiene con sus musculosos brazos evitando que aplasten a un niño mientras que el Hombre Toro, a sus espaldas se prepara para embestir. Esta imagen se ve en el interior de un orbe que está siendo contemplado por el perverso Loki que sonríe con agrado.

Mediodía en Nueva Orleans.

El murmullo de la ciudad disminuye poco a poco. Los trabajadores se dirigen a comer a sus hogares o en sus puestos de trabajo, al igual que los niños, que cesan sus juegos. También un forastero en la ciudad realiza tal acto. No es otro que Thor, Señor de Asgard, condenado a vagar por la Tierra como castigo, hasta que demuestre la pureza de su corazón.

Ataviado con las ropas que comprara el día anterior, las cuales ha manipulado con el poder de Odín para que sean sustituidas por su atuendo guerrero en cuanto empuñe su martillo, oculto bajo su chaqueta, entra en un restaurante.

El olor a aceite y humo no es agradable, pero pronto se acostumbra a él. Se dirige a una de las mesas vacías y se sienta.

-¡Mesonero! – dice alzando una mano, llamando a un chico joven que se encuentra recogiendo platos un par de mesas más adelante pronunciando con su voz ronca.

El chico se gira, sorprendido al oír aquellas palabras. Deja los platos de nuevo en la mesa y se dirige hacia Thor pensando que aquel puede ser un tipo ciertamente pintoresco.

-¿Qué desea, señor?
-Con unas libras de carne y una abundante jarra de hidromiel me conformaré.
-¿Disculpe? – el chico hace un gesto de total extrañeza.

El tronador sabía que algo así podía ocurrir, pero centrado como está en su exilio, no ha advertido sus propias palabras. Piensa rápidamente en unos segundos.

-Ruego que me disculpes, muchacho. Soy… europeo, y parece que… las cosas no son iguales en este lugar que en mi hogar.
-Oh, entiendo. –esbozando una pequeña sonrisa- ¿Qué va a ser entonces?
-Dos filetes, muchacho. Y cerveza, cerveza fresca –jovial.

El camarero toma nota y se aleja, pensando para sus adentros la suerte que tiene de que siempre le den a él los turnos con clientes más variopintos. Es toda una experiencia sin salir de casa.

Thor se acomoda en la silla, con la mirada perdida, pensando en qué sucederá en Asgard sin supervisión y guía.

En el Palacio Real del Reino Dorado, se hallan reunidos Balder, Vidar y Lady Sif.

Es Vidar quien habla:

-Así es, milady. Vos debéis ocupar el trono de Thor durante su exilio en Midgard, pues Odín, en su infinita sabiduría, ya os designó para ello en el pasado y actuasteis excelentemente.
-Sé que Odín lo decretó así tiempo atrás, pero cierto es que es un pesado cargo para cualquier asgardiano.
-Hermosa Sif, daría mi propia vida por vos, y sé que cumpliréis con el papel mejor que nadie – Balder sonríe.
-Gracias, viejo amigo. Pero una preocupación mayor me invade, centrada en que estará haciendo Loki, ahora que Thor no se encuentra en Asgard.

“Bien, bien. Los gigantes ya están sobre aviso y pronto mi plan estará culminado” – piensa el dios de mal, mientras observa la dorada Asgard desde una ventana – “Pero ahora, debo contemplar el lugar conocido como Nueva Orleans, donde debo mantener “ocupado” a mi querido hermano”.

Con una pícara mueca marcada en la cara, se dirige a otra estancia, donde activa un orbe en el cual se ve la Tierra. Lo toca y transporta su esencia a las afueras de Nueva Orleans, de manera que solo puedan verle quiénes él quiera. Poco después encuentra lo que buscaba.

Cerca de allí, William Taurens, el villano conocido como Hombre Toro, cuyo aspecto es una combinación de humano y el animal del que toma el nombre, vaga enfundado en una gabardina, con bolsas repletas de alimentos en sus manos. Loki no tarda en comprender la situación y decidir cómo aprovecharse de ella.

-Hola, William
-¿Qué…? ¿Quién eres tú? ¿Cómo me has encontrado?
-Oh, solo soy… un amigo –cínico.
-Yo no tengo amigos. Los monstruos no tienen amigos.
-Hum. Te veo algo… alterado. Cálmate chico.
-¿Alterado? ¡Por supuesto! Tú no estás condenado a ser un monstruo, a robar comida para sobrevivir y estar siempre apartado de la gente.
- ¿Sueles ser tan abierto con todo el mundo? No me interesan demasiado tus problemas aunque... Creo que puedo sofocar tu dolor, amigo mío. Si me hicieras un favor, yo podría devolverte tu humanidad.
-¿En serio? ¿Qué tipo de favor?
-¿Conoces a Thor, el vengador? – Loki sonríe maliciosamente, para disponerse a contar a William su plan.

Mastica todavía el último trozo de carne dejándose ya caer sobre la silla de plástico cuando el joven camarero se acerca de nuevo, y el asgardiano recupera, como avergonzado, la compostura.

- ¿Va a tomar café?
- Eh... Sí, sí. Tomaré café, con un chorrito de cognac.
- De acuerdo.

Al volver a encontrarse sólo comienza a darle vueltas a la cabeza.

Ahora, ¿qué iba a hacer? Aún tenía algunas cosas en Nueva York, y por supuesto la amistad de los Vengadores, pero de cualquier modo resultaba terriblemente vergonzoso presentarse ante sus amigos siendo objeto de su lástima. No desconfiarían de él, pero seguramente le compadecerían y eso no tendría porque aguantarlo. La compasión es para los débiles. Deberá ganarse el pan él solito.

Ve un restaurante de comida rápida enfrente de donde se encuentra. Ahora resulta más comprensible que el restaurante esté vacio. Toda la chiquillada se encuentra en aquel SuperLunchTime engullendo hamburguesas, patatas fritas, nuggets de pollo y pizza. En la vieja radio suena ahora música rock genuinamente americana.

Le trae el café, pero al verlo con la mirada perdida lo deja sobre la mesa sin hablar para no interrumpirle. Al percatarse Thor parece despertar.

- Eh, gracias.
- No hay de qué –caminando hacia detrás de la barra.

En ese instante el hijo de Odín se levanta para pagar.

Mientras el chico busca en la caja registradora monedas que devolverle hablan.

- Oye, muchacho, ¿no te hace falta alguien que os eche un cable en el bar?
- La verdad es que no, como ve, no tenemos demasiada clientela, además desde el desastre, la gente no suele gastar demasiado dinero. Pero ahí enfrente seguro que le pueden ofrecer algo si busca trabajo... Es nuevo en la ciudad, ¿eh? –dándole un par de dólares.
- Sí, así es.

Comienza a caminar hacia la puerta.

- ¡Oiga! –le llama la atención- Mi primo Ernest tiene una gasolinera en las afueras, a una media hora de aquí en coche. Creo que buscaba alguien que le ayudase... Si le interesa... –sugerente.
- ¿Dónde está exactamente esa gasolinera?
- Si se espera un cuarto de hora le llevo en un momento en mi buga.
- Espero, entonces.

Se sienta en una silla mientras el chico pasa la fregona por el suelo del local.

Minutos más tarde, en un gigantesco y concurrido centro comercial a las afueras de la ciudad, el joven Danny Benkey, de 11 años de edad, pasea junto a su madre por las diferentes tiendas de ropa y complementos, llenas de mujeres absortas en la última moda y niños aburridos como él.

De repente, advierte algo unos metros más allá de donde se encuentra.

-¡Mamá! Mira… ¿puedo ir a la tienda de videojuegos?
-Un momento, cariño… ¿y esto cuanto vale? – la madre de Danny se dirige a una dependienta
-Pero mamá… - Danny frunce el ceño

Entonces, decide ir en un momento a la tienda, casi seguro de que su madre ni notará su ausencia.

Fuera de allí, el Hombre Toro, guiado por el maligno Loki llega finalmente hasta su objetivo.

-¿Es aquí? – pregunta el villano
-Sí, amigo mío. Causa el suficiente daño en esta construcción de mortales y Thor acudirá sin duda, te lo garantizo.
-De acuerdo. Acabemos rápido, ¿dónde está el poder que prometiste?
-Tranquilo, mi impetuoso aliado, ya se en encuentra en tu interior, ¿no los sientes? ¿No sientes el poder que recorre cada fibra de tu ser?
-Sí, siento como si pudiera levantar con mis manos el maldito centro comercial.
-No eres capaz de tal proeza, pero ahora eres más fuerte que nunca. Ve, y espera a la aparición del Asgardiano. Te garantizo que aparecerá

Así, la presencia de Loki desaparece mientras el Hombre Toro se adentra en el recinto.

Con una fuerte embestida derrumba una de las paredes de lateral del edificio, provocando inmediatamente el caos entre la gente que se encontraba al otro lado.

Poco después, Thor y el joven chico del restaurante se dirigen a la gasolinera por una carretera en mitad del campo montados en el modesto coche del chico, cuando se encuentran súbitamente con un considerable atasco.

-¡Oh, genial! Parece que de repente esto se ha transformado en hora punta.
-Tranquilo, muchacho. Una de las más poderosas armas es la paciencia. Créeme, he vivido lo suficiente como para entenderlo bien.
-Si usted lo dice…

De repente, un par de helicópteros de la policía pasa sobre su cabeza, mientras una moto también del cuerpo de policía, proveniente de dirección contraria, frena ante la miríada de coches.
-¡Atención! ¡No se alarmen! – el policía que conducía la moto echó mano de un megáfono – el centro comercial está siendo asediado por un hombre que se llama a sí mismo Hombre Toro. El centro comercial está siendo evacuado. Conserven la calma.

-Debo ir… - el tronador frunce el ceño
-¿Cómo dice? ¿No ha oído…?
-Tranquilo – sale del coche de un salto – Soy, o mejor dicho, era médico. Puedo ayudar.
-Oh, vaya.

Así, Thor salta hacia un seto y se esconde ante ojos imprevistos. Coge el martillo bajo su ropa, y esta cambia en un haz de luz a su vestimenta de guerrero, al mismo tiempo que su compañero de viaje aún le busca entre la muchedumbre.

En breves segundos, tras agitar a Mjolnir, ya se encuentra volando hacia su objetivo.

En pose resuelta Thor se muestra magno ante un desbocado esbirro que siguiendo las órdenes del pérfido Loki se prepara para embestir a un chiquillo, cuyo rostro enrojecido se ve humedecido por las abundantes lágrimas a las que el miedo invita a brotar.

- ¡Vamos, niño! ¡No tengas miedo! –cínico- Sólo estamos jugando hasta que...
- ¡Hasta ahora! –interviene el dios caído.

Sin previo aviso Thor asesta un derechazo a la mandíbula de William Taurus que da un paso hacia detrás. Sonríe ahora divertido, como el animal que tiene a la presa a tiro.

- Oh, parece que ahora estamos de caza mayor...
- ¿Por qué atacas a un crío? –autoritario- ¿Acaso temes a los mayores?
- No estés tan confiado, Señor de Asgard, sé como derrotarme.
- ¿De veras, lo crees? Permíteme dudarlo...

Tras arrastrar el pie en un par de ocasiones por el suelo se lanza con brutalidad contra su nuevo objetivo que se interpone entre el sicario y el pequeño norteamericano y justo un instante antes de recibir el impacto previsto por el Hombre Toro, Thor hace dos rápidos movimientos y apartándose de su trayectoria lo esquiva y usando los dos puños lo hace caer al suelo sin remedio. Una vez allí se vale de su fuerza y sus conocimientos marciales para apresarlo y dejarlo a merced de las autoridades.

Los agentes, y los civiles que han podido contemplar la escena restan atónitos y en silencio un instante y luego rompen en un aplauso fervoroso acompañado de vitores dirigidos al dios nórdico.

Éste mira al público con una leve sonrisa y luego camina tratando de salir del centro comercial por un lugar diferente al que se encontraba la masa.

LA SINGLADURA DE THOR DESTERRADO CONTINÚA EN ICONOCLASTIA II