Colección: Thor
Autores: Hiperion y Narutaki
Número: #3
Título: Iconoclastia II
Descripción de la portada: Un Thor despeinado y malherido, con el torso desnudo y ensangrentado mira seriamente al lector con Mjolnir en sus manos, reposando la cabeza del martillo sobre el suelo. De fondo, varios coches de policía destrozados.
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Si las nauseas tuviesen sombra, ahora se mostrarían alargadas y pérfidas abalanzándose sobre mi pobre y encorvada figura. Me gustaría poder dar un paso firme, un único paso sin titubear, sin sentir esa horrible sensación, pero de un tiempo a esta parte, he olvidado que se siente al hacer tal cosa.
Es un sentimiento funesto, como si la muerte me acechase en cada esquina... Pero en realidad yo soy portador de muerte. De ser más valiente, de haber sido el típico caballero avatar de la virtud habría puesto fin a mi vida hace mucho tiempo. Cobarde, me insulto al espejo cuando reuno la valentía suficiente para mirarme en él. Pero en cierto modo, tampoco es un regalo llevar esta vida. La culpabilidad es peor que el odio, pues te devora a ti mismo, pero lejos de darte un motivo por el que seguir, cada vez te llena más de miseria, y pronto el bagaje empieza a ser demasiado pesado.
Cuando sostengo mis gafas sobre la nariz y las orejas y busco el calor de una lumbre no soy tan miserable... Mi mayor problema es cuando me siento vivo y la adrenalina me desborda. Esa realidad de mi existencia es mi peor pesadilla...
...
Ya se presenta la ciudad ante mí. Una nueva y corajosa ciudad, ingenua ante mi presencia, del riesgo al que se expone al acogerme con los brazos abiertos.
Querida Nueva Orleans, lamentaría que otro tifón volviese a destrozar lo que con tu esfuerzo has reconstruido.
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Otra vieja furgoneta, algo destartalada llega a la gasolinera. En ocasiones como esta resulta difícil imaginarse la ciudad colonial que Anne Rice narra en sus crónicas vampíricas, llenas de esclavos negros y burgueses europeos.
Thor Odinsson, con las mangas del mono de trabajo marrón remangadas se dirige hacia el vehículo con la manguera en la mano y pronto la introduce en la cavidad apropiada.
El conductor le hace una seña indicándole que llene todo el depósito, y así lo hace el asgardiano.
Habla de forma muy automatizada, sin pasión alguna por lo que hace. El pelo se le viene a la cara y en fusión con la barba de días le regalan un aspecto desgarbado.
- Son 20 dólares –pone la mano-. Gracias.
Y vuelve a colgar la manguera.
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Asgard, hogar de deidades. Una ciudad sobre la que se ha escrito casi tanto como hazañas y gloriosas batallas en ella se han realizado. Hoy, el mítico Reino dorado, afronta la ausencia de su monarca y señor, el poderoso Thor.
La bella Lady Sif, otrora la ocupante del corazón del tronador, ocupa el trono y da lo mejor de sí misma para cumplir la tarea.
Sin embargo, el malvado Loki conspira más allá de los muros del palacio, en Gundershelm, hogar de los belicosos trolls.
-Saludos, rey Geirrodur – El asgardiano aparece sin previo aviso ante el monarca de los trolls, quien se encuentra comiendo en su trono. La oscuridad y la humedad invaden la amplia cueva, y varios soldados se ponen en guardia ante la presencia del villano.
-¿Loki? – para de comer – Fuera de mi reino
Lanza con energía un pedazo de carne, pero a Loki tan solo le basta un pensamiento para hacerse intangible y le atraviese.
-Esperaba este recibimiento. Al fin y al cabo, sois un troll.
-¿Cómo te atreves? – Geirrodur da un fuerte golpe en su trono
-Calmaos. Tan solo busco vuestra colaboración en mi campaña contra Asgard.
-¿Otra vez? He colaborado contigo en mil y una de esas invasiones al hogar de los dioses, y en todas fracasaste.
-Quizá os interese saber que Thor está incapacitado en Midgard, y no puede retornar a su reino.
-Mmmm… En ese caso…
-Sabía que aceptaríais. Organizad a vuestro ejército y preparaos para cuando llegue mi aviso. Espero que traigáis a Ulik…
-Cuenta con ello – el troll sonrió con malicia
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Donald Blake, el alias tomado por Thor durante su estancia en Nueva Orleans, termina finalmente su jornada laboral. En la trastienda del puesto de la gasolinera donde se venden toda clase de aperitivos salados y dulces, deja su mono de trabajo y se enfunda unos vaqueros y una camisa. Coge su bolsa con sus cosas y se marcha.
Su más reciente amigo, Alan, el chico que le consiguió el trabajo, le ha ofrecido quedarse en su apartamento todo el tiempo que necesite. “Donald” encamina hacia allí sus pasos.
El tiempo es agradable. Ni frío ni calor. Pero Thor no lo nota, pues su pensamientos están puestos en otra dimensión más allá de las estrellas.
Súbitamente, el tronador vuelve al mundo real. Un par de camiones de bomberos pasan junto a él a máxima velocidad. Algo ocurre. Se mete en un callejón cercano, abre su bolsa, empuña su martillo, y en segundos su atuendo a cambiado. Ahora es Thor, el superhéroe, el Vengador.
En poco tiempo llega dónde el incendio. En las afueras, un enorme fuego consume todo un complejo industrial. El asgardiano no pierde tiempo, y se posiciona junto a lo valerosos bomberos.
-Permitidme que os ayude
-Eh, tíos. Es el tipo ese, el Vengador del martillo – dice un sorprendido bombero.
-Adelante, Thor. Nos viene bien tu colaboración – dice otro, que parece ser el jefe.
Así, Thor golpea dos veces su martillo en el suelo, y una gran banco de nubes oscuras surge, cubriendo toda la ciudad. A continuación, echa a volar, y a su señal, las nubes descargan toda su furia en forma de lluvia sobre el complejo.
En pocos minutos, el fuego se consume.
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Tres hombres corren exasperados en dirección a las afueras de la ciudad.
Un hombre camina con paso quedo en dirección a la ciudad. Sostiene las asas de la mochila que lleva a las espaldas.
De pronto… ¡Pum! Uno de los que huyen topa con el preocupado doctor Banner. Ambos caen al suelo.
- ¡Eh, imbécil, mira por donde vas!
El hombre no contesta, está encogido sobre si mismo con una mano en el brazo. Su mirada hacia ellos parece llena de ira.
- Mira, hombretón, mejor guárdate tu rabieta, tenemos prisa y no queremos entretenernos en darte una buena paliza.
Vuelven a salir corriendo en dirección opuesta a la civilización cuando un enorme grito lleno de fiereza los detiene. Un enorme escalofrío recorre sus columnas vertebrales.
Delante de ellos, en el suelo, pueden ver una gran sombra antropomórfica, gigantesca y musculosa.
De un solo golpe el gigante verde conocido como Hulk hace volar varios metros al último de los criminales que se había dirigido a él para amenazarle. Su cuerpo parece de trapo al sobrevolar varios metros el suelo y terminar estampándose contra le suelo.
Los otros dos se miran en un instante y tras gritar como dos críos asustados corren tan velozmente como pueden lejos de ese monstruo, olvidando su huída y llegando a encontrarse con Thor y las fuerzas de seguridad.
Hablan tartamudeando mientras varios agentes los reducen.
- U… u… un… Hohoho… ¡¡¡hombr’e verde!!!
Los agentes se miran también con cara de tremenda preocupación.
Thor, decidido, da un paso adelante quedando al frente de todos los presentes, serio. El viento que se levanta mece su larga melena rubia. Sus ojos, al fondo de la llanura alcanzan a ver la monstruosa e imponente figura de Hulk.
El señor desterrado de Asgard se quita la parte de arriba del mono dejándola que cuelgue de cintura para abajo. Muestra así su torso musculoso. Cruje su cuello y comienza a caminar en dirección a su enemigo.
Hulk, que daba vueltas golpeando con furia el suelo se detiene un instante a contemplar a su antiguo compañero.
- ¡Detente!
Una nueva voz estruendosa y varios golpes seguidos en dirección al dios asgardiano que se estrellan contra el suelo agrietándolo.
- Sabía que no funcionaría…
Thor grita con furia lanzándose a la carga y en mitad del salto Mjolnir aparece en su mano. Sin más dilación lo usa para golpear con dureza el pecho del hombre verde que gimiendo cae de espaldas al suelo.
Salta sobre su pecho y se dispone a darle otro golpe cuando una mano gigantesca lo lanza sin contemplaciones lejos, contra los coches de policía. Con su espalda rompe la luna delantera del coche patrulla.
Los pocos hombres que allí quedan lo miran estremecidos y echan a correr viendo como Hulk se acerca a Thor a toda velocidad, a grandes zancadas.
Un nuevo derechazo contra el cuerpo del vengador que rueda hasta el suelo previendo el contundente ataque y lo que aplasta el puño de Banner es la parte delantera del turismo que explota saltando por los aires.
Antes de que el nórdico pueda reaccionar su rival ya está tomando una lechera de la policía para lanzarla contra él.
Thor muestra ya algunas heridas y magulladuras en su cuerpo. El torso está sucio y lleno de sangre, sus cabellos rubios, enmarañados ahora le tapan gran parte de la cara. Mira seriamente a Hulk.
- Esto va a dolerte, Banner, pero no voy a permitir que hagas daño a nadie…
Comienza a voltear su mítico martillo a gran velocidad y con decisión hasta que de pronto lo toma firmemente con las dos manos y golpea contra el suelo de modo que en un instante el cielo se torna negro y un enorme rayo que ciega a todos cuantos se encuentran cerca del lugar cae sobre el enemigo verde que tras emitir un brutal alarido cae al suelo volviendo lentamente a tomar la forma de un malherido Bruce Banner.
La furgoneta de los antidisturbios cae justo a su lado.
Odinsson está fatigado, observa algo apenado el cuerpo maltrecho de su compañero. Mira ahora a su alrededor. No hay nadie.
Camina como puede hasta Bruce y lo toma en brazos, comienza a caminar poco a poco, luchando porque las rodillas no le traicionen. Huye de Nueva Orleáns en dirección al llano por donde apareció Banner.
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Frente al reino de Asgard una horda de trolls liderados por su rey y su aliado Loki se prepara para el ataque.
- Dime, dios Loki, ¿por qué Thor está lejos de su hogar ahora que caerá?
- La voluntad caprichosa de los dioses asgardianos –cínicamente-. Cuanto más lejos, menos molestará.
- Tu astucia es admirable…
- Lo sé.
Un tambor de guerra suena.
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EL PERIPLO DEL DIOS DESTERRADO CONTINUA