Colección: Los Vengadores
Autor: Hiperion
Número: #2
Título: Asedio.
Descripción de la portada: Se ve a Arkon ocupando el centro de la portada, con semblante serio. Detrás de él, los Vengadores. Se encuentran en un paraje rocoso, y pequeños reductos de una nube de humo les rodea las piernas a todos.

Los Vengadores se encuentran sorprendidos. Tras una reunión en la cual han creado su nueva alineación, reciben la visita de quién menos esperaban, Arkón el Magnífico, señor de Polemachus, a quien acompañan dos policías.

-No hay tiempo para la palabrería, Vengadores. La situación es altamente…
-Esperad un momento – dice uno de los policías – Vengadores, este chicarrón insistió en venir hasta aquí, y lo hemos hecho. ¿Podemos irnos ya, no? Podéis salvar el mundo y todo eso, pero las calles no se patrullan solas.
-Por supuesto; muchas gracias por las molestias – contesta la Avispa.

Así, los dos policías son acompañados a la puerta por Jarvis, dejando a Arkon con los Vengadores.

- Está bien, Arkon. Explícanos que te trae hasta aquí – dice la Avispa, intentando calmar al impaciente gobernante.
- Eso, ¿se le han vuelto a gastar las pilas a los anillos de tu planeta? ¿O está de nuevo de picnic por allí la Brigada de Demolición?
- Ahórrate las chanzas, arquero. He venido a vosotros porque Polemachus necesita de vuestra ayuda – el monarca coge aire y prosigue – Como recordaréis, en nuestro último encuentro tomé la decisión de que en mi reino coexistiría lo tradicional con la tecnología más avanzada, los mecanismos más rudimentarios con las armas más tecnológicas. Pero eso ha resultado ser un caos. Los ciudadanos sublevados en aquella ocasión, lo han aprovechado y han organizado una nueva rebelión, lo que ha llevado a una auténtica guerra civil, que ha terminado con mi derrota y la de mis tropas.
- Arki – le interrumpe Hulka - ¿de veras un machote como tú, con todo tu ejército, ha sido derrotado?
- No es tan sencillo como crees, mujer. Los rebeldes contaban con un poderosísimo armamento, creado sin que yo lo supiese. Y el artífice de todo es el vil traidor de mi visir.
- ¿Tu visir? – interviene el Capitán América – Creía que, tratándose de ti, ya le habrías sometido al peor de los castigos por aliarse con el Destructor y su grupo.
- Antaño lo hubiese hecho sin dudarlo, sí. Pero los años me han ablandado, lo reconozco. Acepté que fuese mi visir de nuevo, y hasta ahora ha cumplido con su trabajo. Pero parece que las ansias de poder le han seducido de nuevo.
- Entiendo. Continúa – dice el Capitán.
- Poco más hay que contar. Los rebeldes, con sus armas, vencieron a mi ejército con ayuda del factor sorpresa. Tomaron mi palacio y nobles guerreros fueron apresados para que yo pudiese escapar en busca de ayuda. En busca de quien pudiera luchar contra el potencial de los rebeldes. Usé los rayos que conseguí llevarme en mi huida, y vine a vuestro mundo.

Un silencio llena la sala durante unos momentos. Los Vengadores han escuchado el relato de Arkón sin perder detalle, y esperan que Jan hable.

- Arkón, la situación parece urgente, por lo que partiremos de inmediato – dice finalmente la Avispa – Pero, pareces cansado y estás magullado. ¿Estás seguro de querer venir con nosotros?
- Por supuesto. No dejaré a mi reino de lado ni por un segundo. No hay descanso hasta que logre mi objetivo.
- De acuerdo.
- Ahora, acercaos todos, pues lanzaré uno de mis rayos, el cual nos llevará a mi mundo.

Así, los Vengadores se colocan a ambos lados de Arkon, quien lanza uno de sus rayos. Al instante, todos se desvanecen en una nube de humo, dejando solo a Jarvis, quien observa todo con absoluta pasividad, tras mucho tiempo acostumbrándose a sucesos así.

Polemachus, unos segundos más tarde.

Los Vengadores y Arkón aparecen de la nada, en una nueva humareda, en medio de una colina, desde la cual pueden avistar el gran palacio Imperial, en lo más alto de las montañas.

- Viaje entre dimensiones. Nunca me acostumbraré a él – dice Ojo de Halcón – No sé, debería haber algo que evite que te dejes el estómago en casa en cada uno de estos viajeci…
- Silencio, Clint – dice súbitamente Iron Man – Oigo pasos… se acerca alguien.
- Ocultaos detrás de esas rocas – ordena la Avispa, señalando a un cúmulo de rocas a poca distancia de ellos.

Todos obedecen la orden, y aguardan el momento en que los propietarios de aquellos pasos pasen por allí, descendiendo.

Pronto aparecen. Se trata de cuatro soldados ataviados con armaduras, que portan extrañas armas. Llevan presos y atados por cuerdas a tres hombres, vestidos con harapos y con un aspecto deplorable.

- Son parte de los rebeldes, sin duda – dice Arkon – Y esos tres son parte de mi ejército. Vamos, vengadores, haced honor a vuestro nombre.

Arkon salta desde su escondite y se abalanza sobre uno de los soldados, a quien asesta un fuerte golpe en la cabeza, dejándolo inconsciente.

- ¡Mi señor Arkon! – exclama uno de los apresados.
- ¡Maldición! ¡Rápido, carga tu arma y dispara! – ordena uno de los dos soldados que quedan en pie al otro.
- Usad esas extrañas armas, no podrán detener mi furia.
- ¡Iron Man! – exclama la Avispa, al ver el brillo que comienza a surgir del cañón del arma.

Pero simultáneamente el Vengador Dorado ya ha activado sus jets, poniéndose finalmente en la trayectoria del mortal rayo, evitando que éste alcance a Arkon. Iron Man se tambalea durante unos instantes, quedando sorprendido por la potencia del arma.

- Capi, impide que vuelvan a disparar

El Centinela de la Libertad obedece la orden de Jan y lanza su escudo, el cual desarma a un soldado, rebota en un saliente y arrebata su arma al otro, dejándoles indefensos. Arkón coge a uno de ellos, amenazante, mientras los Vengadores ayudan a los maltrechos hombres atados.

- Habla, carroña traidora.
- Nuestra misión… era encontrar a estos tres soldados, que forman parte de vuestro disgregado ejército. No sé nada más… tan solo cumplimos órdenes.

Arkon le suelta y le lanza al suelo. Ambos soldados son atados a continuación.

- ¿Qué hacíais aquí, soldado? – pregunta Arkon a uno de ese trío de sus hombres, posando una mano en su hombro.
- Nos refugiábamos, señor, esperando el momento de lanzar algún tipo de ofensiva, hasta que fuimos descubiertos. Quizá seamos el único reducto que queda de nuestro antaño poderoso ejército. Todos están en las mazmorras.
- Habéis resistido valerosamente. Descansad ahora, y mantened vigilados a estos traidores – Arkon señala con un movimiento de cabeza a los cuatro hombres atados – Nosotros lucharemos ahora.

- Así es, Arkon. Y creo que sé cual va a ser nuestro plan a seguir – dice la Avispa, con una sonrisa de satisfacción.

Mansión de los Vengadores.

Edwin Jarvis aguarda el regreso de los Vengadores distrayéndose en la cocina, preparando platos que sabe que quizá nadie coma. Pero evita esos pensamientos.

De repente, escucha el aviso de que alguien ha usado su tarjeta para atravesar la entrada, por lo que se dirige a la puerta de la mansión, a tiempo de abrirla y recibir al visitante:

- ¡Oh! Es usted, señor T'Challa. Pase.
- Gracias Jarvis – el Vengador conocido como Pantera Negra atraviesa la puerta, y nota que ambos se encuentran solos – Parece que llego tarde para la reunión, ¿me equivoco?
- Así es, señor. La reunión finalizó hace apenas una hora.
- He tenido algún problema para llegar a tiempo. Según parece, el Caballero Luna está limpiando a fondo las calles y deteniendo a un gran número de criminales, pero aún así yo me he topado con un par de atracos de camino. Sin embargo, parece que a mis compañeros también les ha ocurrido algo mientras llegaba, ¿no es cierto, Jarvis?
- Sí, señor. Déjeme que le explique – Jarvis cerró la puerta y se dispuso a contar lo sucedido.

Polemachus, frente a la entrada al Palacio Imperial, una hora más tarde:

- ¿Estás preparado, guapetón?
- Siempre lo estoy, Jen. Aunque no sé porque Jan ha elegido al viejo Ojo de Halcón para enfrentarme junto a ti a unos soldados con armas que hacen pupa hasta a Cabeza de Lata.
- Confía en Jan. Sabe lo que se hace.
- Como todos, Jen, como todos… - Ojo de Halcón tensó su arco, cerciorándose de que estaba preparado.

Mientras, unos metros más arriba, sobre el Palacio:

- ¿Listo, Capi?
- Cuando quieras.
- De acuerdo – Iron Man conecta con la frecuencia de la tarjeta de vengador de sus compañeros – Clint, Jen, ¡Ahora!
- ¡Comienza la diversión! – Hulka coge una de las grandes piedras que tenía preparadas a sus pies y la lanza contra las puertas del Palacio.

Cuatro soldados surgen del interior, investigando la fuente del ruido.

-¡Hola chicos! ¿Podríais atender a una chica perdida como yo? – Hulka lanza una nueva piedra, esta vez menor, que tumba a dos de ellos.

Los otros dos escapan y entran de nuevo al Palacio. Segundos después, las puertas se abren totalmente, y de ellas comienza a salir una auténtica horda de soldados.

-¡Oh! ¡Cuántas atenciones! Hacéis que me sienta especial – Hulka salta desde su posición, arrollando a varios soldados, y comienza a pegar puñetazos a diestro y siniestro.

En ese momento, en las torres, varios grupos de soldados comienzan a manipular los paneles de control de unos sofisticados cañones, apuntando hacia Jennifer.

-¡Ah, ah! La dama no viene sola, amigos – Ojo de Halcón dispara dos flechas cegadoras, dejando a un grupo de soldados palpando el aire en las torres – Tiene a su fiel Arquero de la Guarda, preparado para protegerle de cualquier amenaza imponente. Pero como no hay ninguna cerca, me contentaré con vosotros – Clint dispara una flecha con cable retráctil, la cual usa para impulsarse a la torre donde se encuentran los soldados cegados, a quienes lanza escaleras abajo con una fuerte patada con ambos pies, aprovechando su inercia. – Hum, vaya juguetito más mono – dice mientras se acerca a uno de los cañones.

Al mismo tiempo, cerca de allí, en el aire:

-Vamos, Capi, es el momento

Iron Man comienza a descender en picado portando al Capi, a quien, en el momento indicado, suelta. El Capitán gira en el aire y atraviesa una de las ventanas del Palacio, cayendo agachado en el suelo.

Iron Man detiene su picado y vuelve a ascender. A continuación, usa sus rayos repulsares para abrir un agujero en la pared de la parte más alta del castillo, por el que entra. Entonces, al observar a su alrededor todos los lujos que allí se encuentran, sabe bien donde se encuentra, la Sala del Trono.

- ¡El llamado Iron Man!
- ¡Tú! ¡Ríndete Visir! No me obligues a usar la violencia.
- ¡Ja! La violencia es el último recurso de los necios – el Visir gesticula con sus manos e Iron Man al verlo avanza hacia él, pero es detenido por una fuerza invisible.
- ¿Un campo de fuerza? – Iron Man golpea al muro invisible ante él.
- Quizá en tu mundo. Aquí lo llamamos magia – el Visir gesticula de nuevo, y, como Iron Man comprueba poco después, un nuevo muro invisible cubre el agujero por donde ha entrado.
- Maldito…
- Murmura cuanto quieras, amigo mío. Ahora debo dejarte. Pero pronto tendrás compañía.

El muro invisible desaparece mientras el Visir deja la sala, y el suelo comienza a temblar. Una poderosa garra blanca surge de él, abriéndose paso.

Más abajo, el Capitán América avanza por los pasillos en una incierta búsqueda, hasta toparse con un grupo de cinco soldados, quienes se dirigen a socorrer a sus compañeros en el caos de la entrada.

El Capitán se interpone en su camino de un salto.

- ¡Un intruso! ¡Cogedle! – grita el cabecilla del grupo.
- Podéis intentarlo, amigos.

El Capitán América lanza su escudo, tumbando a uno de sus atacantes. Después lo coge, mientras salta para esquivar la embestida de otro, el cual queda inconsciente al golpearse en la pared. A continuación esquiva varios puñetazos de otro, a quien acaba propinando un codazo que le deja KO. Finalmente, se coloca ágilmente tras los dos restantes y entrechoca sus cabezas, sumiéndolos en la oscuridad.

Entonces, decide probar de nuevo una táctica que ya llevó a cabo en su anterior visita al Palacio.

Le quita la armadura al cabecilla y se viste con ella, escondiendo el escudo tras su capa. Entonces se dirige hacia el interior del Palacio.

En el exterior:

- Chicos, chicos. Tranquilos, ponéos en fila, hay para todos – Hulka continua recibiendo el ataque de las tropas, sin muchos problemas, debido a que nadie puede disparar sus poderosas armas sin poner en peligro al resto - ¿Cómo va la cosa allá arriba, guapetón?
- Menudos pulmones, Jen. Te he oído entre todo el jaleo de allí abajo. Porque, ¿sabes? Aquí se está muy tranquilo – Ojo de Halcón dispara en ese momento tres flechas consecutivas que alcanzan las restantes torretas, soltando gas, que duerme a los soldados – No sé si me oyes, pero ve con cuidado, voy a probar una cosa.

El arquero apunta la boca del cañón que tiene al lado hacia el suelo bajo él, y después pulsa una secuencia de botones en el panel de control.

-Allá va, Jen – dice mientras dispara una nueva flecha retráctil y salta para irse de su posición – si esto funciona, toda esta parte hará…

¡¡¡¡BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM!!!!!

El plan de Ojo de Halcón surte efecto, y la explosión causa que esa sección del muro del Palacio se derrumbe, atrapando a la mayoría de soldados, y también a Hulka. La onda expansiva alcanza a Clint, quien cae al suelo y queda semi-inconsciente.

En ese momento, en plena ciudad de Polemachus, tres figuras encapuchadas oyen el estruendo y se giran hacia su fuente:

- Parece que vuestros compañeros están pasándoselo en grande… a costa de mi Palacio.
- Más bajo, Arkon – dice la Avispa – no nos arriesguemos a que te descubran.
- Estamos buscando a tu ejército, ¿pero por qué en la ciudad y no en las mazmorras de tu Palacio? – pregunta la Bruja Escarlata.
- No creo que el Visir se arriesgue a tener a sus enemigos tan cerca, así que pienso que debe haber encerrado a mis tropas en las prisiones del pueblo y… Arkon se queda mirando fijamente en otra dirección, sin articular palabra unos segundos - ¿Thundra?
- ¿Arkon?
- Espera, Jan… ¿no notas algo raro? – dice la Bruja Escarlata – La gente del pueblo no se ha girado a ver la explosión, y no se asombran ante la presencia de su reina… ¿no notas como si... les hubieran lavado el cerebro?

Epílogo:

Mansión de los Vengadores:

- Señor T'Challa… sé que está ocupado, pero me preguntaba si querría usted algo…
- No te preocupes por eso ahora, Jarvis. Lo importante es encontrar a mis compañeros, podrían necesitar mi ayuda. Esperemos que pueda terminar este prototipo de viaje interdimensional, basándome en las teorías de Iron Man. Sino… solo hay una cosa que se pueda hacer, Jarvis…
- ¿Y qué es, señor?
- Rezar, viejo amigo, rezar.

MÁS ACCIÓN EN EL NÚMERO #3, ¡HASTA PRONTO!