Colección: Los Vengadores
Autor: Hiperion
Número: #3
Título: Camino a la victoria.
Descripción de la portada: El Visir en pie, con una sonrisa maligna en su boca. A su alrededor, una sala devastada y los Vengadores y Arkon derrotados a sus pies.

Palacio de Polemachus.

El que fuera Visir del señor de este lugar, ahora convertido él mismo autoproclamado rey, camina entre los pasillos de piedra, escoltado por 4 soldados.

-Esos Vengadores… su visita es un tanto… desagradable. Pero ya la había considerado al saber de la desaparición de Arkon. Pero, al igual que me he encargado del llamado Iron Man, los demás también caerán – dice en voz alta.

Entonces, al girar hacia otro pasillo se encuentra con uno de los cabecillas de su ejército, que no es otro que el Capitán América disfrazado.

-¡Capitán! – dice el Visir mientras se detienen ambos - ¿Qué ha pasado? ¿Y vuestros hombres? ¿Cómo va la batalla en el exterior?
-Señor, mis hombres han caído… el ataque exterior es muy poderoso, pese a los cañones. Se necesitarán más hombres.
-Está bien – el Visir se gira hacia dos de los soldados que le acompañan – Vosotros, id en busca de los demás grupos que he enviado al exterior y planead un plan de ataque, para a continuación reforzar la defensa en la entrada.

Los dos soldados obedecen y desaparecen entre la penumbra de los pasillos.

-Quedaros conmigo, Capitán, en suplencia de esos dos – el Visir se queda observando al Capi, mientras éste mantiene la calma – No recuerdo haber visto entre mis filas esos ojos tan puramente azules.
-Oh, señor. No soy natal de la ciudad, llegué hace poco para unirme a vuestra causa.
-Entiendo. Está bien, seguidme.

Así, el Capi encamina sus pasos tras el Visir.

Mientras, en una de las calles más transitadas de la ciudad, la Avispa y la Bruja Escarlata, ataviadas con capuchas que tapan sus rostros, observan como Arkon se reúne con su reina.

-¿Quién sois? ¿Acaso os conozco?
-Amor mío… soy yo, Arkón, tu esposo. ¿Qué te ha pasado? – Arkon coge una de las manos de su mujer.
-Sois muy atrevido diciéndome esas cosas, extranjero. No os he visto nunca – Thundra hace que Arkon la suelte.
-Arkon… - interviene Wanda – como bruja siento que tanto Thundra como el resto de la ciudad están bajo algún tipo de hechizo, que debe haberles autoconvencido de que tú no has existido nunca y el Visir es el señor de este lugar. Tampoco reaccionan ante la batalla en el Palacio.
-¿Y no puedes hacer algo, Wanda? – dice Arkon con cara de tristeza.
-No sin alertar al Visir de que estamos aquí. Lo siento.
-Comprendo… - Arkon dirige su mirada al suelo.
-Vamos, Arkon. No me esperaba esto de ti. Aún debemos encontrar a tu ejército – dice la Avispa.
-Tienes razón. No flaquearé. Vayamos, pues. Mi reina… - dice girándose hacia Thundra
-¿Arkón? – ella duda durante unos segundos - No… no os conozco… ¡No os conozco! – Thundra echa a correr.
-Arkon…

Pero el monarca se gira y sigue su camino, sin articular palabra.

Entrada del Palacio.

-Ooooh, mi cabeza – dice Ojo de Halcón mientras se incorpora - ¿quién ha contratado a Ben Grimm para que baile sobre ella?
-Vamos, guapetón. Levanta, que no se diga que esa caída ha podido contigo.
-¿Jen? Pero si… el derrumbamiento que provoqué…
-Nah, unas toneladas de roca no me afectan, aunque no se puede decir lo mismo de los soldaditos – Hulka señala al ejército inconsciente junto a ellos. Me liberé enseguida, aunque no fue muy cortés por tu parte echármelas encima.
-Lo siento, Jen. Los ramos de flores no abundan en este paraje roco…

Un fuerte estruendo proveniente del otro lado del castillo interrumpe las palabras de Ojo de Halcón. Entonces, ambos ven como un dragón de color blanco extiende sus alas desde allí, volando hacia el cielo y portando entre sus garras a Iron Man.

-¿Qué demo…? Dime que esa lagartija no lleva a Cabeza de Lata a darse un garbeo.
-No te quiero mentir. Y parece que se acercan más refuerzos – responde Hulka mientras varios soldados comienzan a salir de nuevo por la puerta principal, esquivando las montañas de escombros.
-Voy a ayudar a Iron Man, Jen. Tú entra, el Capi puede necesitar ayuda – el arquero dispara una flecha a una de las patas del dragón y con ayuda del cable retráctil que hay en ella sube hasta donde éste se encuentra.
-Siempre me tocan las cosas fáciles… - Hulka se prepara para arremeter contra los guardias que se acercan a ella.

Mansión de los Vengadores:

Jarvis observa a Pantera Negra mientras éste seca el sudor de su frente, tras mucho tiempo de trabajo.

-¡Lo conseguí! – exclama T`Challa – lo he conseguido Jarvis. Creo que funcionará, al menos durante un tiempo limitado.
-Oh, señor, es magnífico, pero… ¿está seguro de que funcionará?
-Hay pocas cosas seguras, viejo amigo. Es algo que he aprendido. Si este dispositivo no me lleva con mis compañeros, ninguna otra cosa lo hará, Ahora… aléjate un poco – T'Challa se pone su máscara – Deséame suerte - Una vez está listo, pulsa el botón central del mecanismo, y desaparece en un haz de luz ante Jarvis, quien ha presenciado este mismo espectáculo en dos ocasiones en un mismo día.

Pantera aparece prácticamente al instante en el interior del propio Palacio Imperial, algo que supera todos sus cálculos. Otea a su alrededor y se dirige a un murmullo de voces procedente de uno de los pasillos cercanos. Aprovechándose de los retazos de penumbra, escasa en general debido a las grandes antorchas que iluminan todo, se esconde a la espera de que lleguen los dueños de las voces.

-Señor, ¿hacia dónde nos dirigimos? – el Capitán América intenta sonsacar algo de información al Visir.
-A una sala especialmente tratada para potenciar mi poder mágico. Esos malditos invasores son una molestia que debe ser eliminada, o aprovechada, como he hecho con este reino.

Ambos, acompañados por los otros dos soldados, pasan de largo el punto donde se encuentra T`Challa, quien a continuación salta hacia una pared, rebota en ella y cae con un pie sobre la cabeza de cada guardia, dejándolos inconscientes.

-¿Qué ha ocurrido? – exclama el Visir, mientras Pantera se escabulle de nuevo entre las sombras.
-Hay alguien, señor – dice el Capi, con voz aguda, para que T`Challa reconozca su voz – Sal, seas quien seas.

Pantera aparece ante ellos, en postura defensiva.

-¡Es uno de ellos! Rápido, atácale, mi seguridad es vital.

El Capi se lanza hacia Pantera, quien le esquiva de un salto, propinándole una patada a continuación. El Capi cae al suelo. Pantera coloca su rodilla en su pecho y le inmoviliza.

-Siento esto, Capi, pero así podemos tener unos segundos – susurra.
-De acuerdo. Finge tu derrota. El tiempo apremia.

Pantera asiente con la cabeza y así, el Capi le propina un par de leves puñetazos. Cae, como semiconsciente, con una actuación convincente.

-Señor… - el Capi se levanta, cogiendo a T`Challa de bajo el brazo.
-¡Magnífico, Capitán! Llevémoslo con nosotros, no hay tiempo que perder.

Al mismo tiempo, en el exterior, Iron Man, atrapado en la poderosa presa del flamante dragón blanco, se percata de la presencia de Ojo de Halcón unos metros bajo él.

-¡Clint!
-Hola, cabeza de Lata. ¿Qué tal todo? ¿Te ayudo?
-No me vendría mal algo de ayuda, pero este dragón es increíblemente poderoso, ha soportado una ráfaga de mis rayos repulsares.
-Ops. Pues entonces esto es un poco peliag… ¡¡Wooooo!!

El dragón comienza a volar más rápido, trazando círculos en el aire, provocando que Ojo de Halcón se agite.

Pero Iron Man divisa un pico cercano y cuando el dragón gira hacia él, alza las piernas y pone en funcionamiento su mecanismo de vuelo, quemando el estómago de la criatura con la potencia de sus botas. El dolor hace que el dragón siga volando en recto, soltando a Iron Man en el pico. Ojo de Halcón también aprovecha el momento y suelta su flecha retráctil.

-¡Uuff! – cae sobre un montón de tierra.
-¿Estás bien, Clint?
-Sí, nada que un masaje y 3 días tirado en el sofá no arreglen. ¿Cómo veas la situación?
-Un poco difícil. Y ahí se acerca nuestro amigo escamoso – Iron Man vuela hacia el dragón, quien se acerca a toda velocidad. Iron Man le asesta un puñetazo, que hace que se tambalee.
-No está mal, Iron Man. Ahora haz que vuelva al acantilado.
-De acuerdo. Ven, lagartija, ¡prueba esto! – El Vengador Dorado lanza una ráfaga de sonido a alta intensidad, que desorienta al dragón, quien comienza a volar sin rumbo fijo. A continuación, con un par de rayos repulsores a plena potencia, hace que vaya hacia el acantilado.
-De acuerdo, Escamitas, pilla esto – Ojo de Halcón dispara dos flechas, una a cada ala del dragón, de las que sale una sustancia pastosa que las pega. El dragón cae por el acantilado.
-Vaya vaya. ¿Trucos nuevos?
-No va a tener siempre el Trampero la exclusividad de estas cosas pringosas.
-Vayamos al castillo, pueden necesitarnos – Iron Man coge a Ojo de Halcón y parten volando.

En la ciudad:

-¿Es aquí, Arkon?
-Sí, Avispa. Esta penitenciaría fue hecha para los rebeldes, tantos que era imposible encerrarlos en los calabazos de mi palacio. Ahora en ella están mi valeroso ejército, y supongo que la idea del Visir fue la misma que la mía…
-Eso no importa ahora, Arkon. Esperad aquí.

Jan reduce su tamaño y vuela por entre los barrotes de una de las ventanas.

-¡Malditos insectos! – uno de los presos intenta atizarle con la mano, pero Jan le esquiva. Luego, vuelve a su tamaño normal dentro de la celda.
-¡Una mujer! – exclama otro de los presos - ¿qué clase de brujería es esta?
-Nada de eso. ¿Qué hacéis aquí? Sois el valeroso ejército de Arkon, deberíais luchar contra la tiranía del Visir.
-No, mujer. Somos traidores. Arkon huyó, nos dejó abandonados, hasta que llegó el Visir y puso orden. Al ser el séquito del monarca traidor, fuimos encerrados aquí en justo castigo.
-No fue eso lo que ocurrió. El Visir es quien os traicionó, y os ha lavado el cerebro ara que creáis sus mentiras.
-Eres muy atrevida al decir eso, pero aún así…
-¿Qué es ese escándalo? – exclama el guardia de ese sector desde unos metros más allá, quien se acerca con una espada en mano - ¡Un intruso! Debo advertir… -pero no termina su frase, ya que recibe en la cara uno de los “aguijones” de la Avispa a plena potencia, cayendo al suelo inconsciente.
-¿Jan? – se oye la voz de Wanda desde el exterior.
-No pasa nada, Wanda. Entrad, está despejado.
-¿Arkón? – exclama uno de los presos segundos después, una vez su monarca entra – Habéis vuelto.
-Así es. Para eliminar de vuestra mente el veneno de las mentiras del Visir. ¡Venid conmigo a la batalla!
-¡Sí! ¡Ahora recuerdo! ¡Vamos, compañeros!
-¡Por Arkón! – exclaman todos.

El Palacio:

-Al fin hemos llegado. Aquí aumentaré mi poder.

El Visir y sus acompañantes entran en una amplia estancia, con muchas velas formando un círculo, en el centro del cual hay un altar con un libro.

-No estés tan seguro – el Capi se deshace de sus vestiduras de soldado, mientras Pantera se incorpora firmemente – Tu tiranía acaba aquí y ahora.
-Oh, Capitán… ¿así que la charada ha terminado? ¿Crees que me has engañado? ¡Ja!

El anciano gesticula, y un par de brazos de piedra surgen del muro tras los héroes. Uno de ellos logra capturar al Capi, pero Pantera esquiva el otro.

El Visir vuelve a gesticular y varios brazos más surgen del suelo, alrededor de T'Challa, quien finalmente es agarrado por ellos.

-Bien… ahora leeré aquél libro que veis, y vuestra existencia se apagará como una vela ante una ventisca, con mi renovado poder.
-No te hagas ilusiones, vejestorio.
-Oh, sí, la llamada Hulka. Bien… cuanto más seáis juntos, más placentero será. Pero no mereces mis esfuerzos. Adelante, atacad.

El Visir cierra los ojos y detrás de él empieza a formarse una densa neblina, de la que surge una horda de murciélagos vampiros, los cuales atacan a Hulka.

Mientras ella se defiende, él sube al altar en el centro de la habitación, y, tras pasar mohosas páginas, comienza a recitar extrañas palabras prácticamente impronunciables.

Una vez acaba, el Visir se convulsiona, hasta que se detiene, con los ojos brillando.

-¡Sí! Al fin el auténtico poder para destruiros.

Entonces, Iron Man aparece atravesando un muro, y tras él, entra Ojo de Halc-on.

-Parece que llegamos a tiempo.
-¡No! – el Visir lanza un rayo de pura energía a Iron Man, quien cae derribado.
-Eso no ha estado bien, no señor. El viejo Ojo de Halcón debe castigarte – el arquero dispara una flecha, de la cual sale un red que cae hacia el Visir, pero éste hace que dé media vuelta, atrapando a Clint.
-Ahora… ¡Aaargh! – algo golpea al Visir súbitamente - Tú… la bruja…

Wanda acababa de entrar, acompañada por la Avispa y Arkón y su ejército.

-Ríndete, mago. No tienes nada que hacer.
-¡Ja! Permíteme, querida – el anciano hechicero lanza un poderoso rayo mágico, que es interceptado por la propia magia de la Bruja Escarlata.
-Veamos… quién… permite qué.

Durante agónicos segundos, que se transforman en minutos, ambos contendientes utilizan su poder al máximo, sin ceder ni un momento. El sudor resbala por sus frentes, sus piernas tiemblan, pero no ceden.

-Arkón… se acercan soldados – dice la Avispa al monarca.
-Adelante, mi ejército – a su orden, sus tropas atacan – Avispa, el libro, debemos destruir el libro.
-De acuerdo – Jan vuela hacia el altar, pero el Visir lo advierte y usa una fracción de su poder para crear una corriente de aire, que la aleja.
-¡Maldición! – Arkon se lanza a correr hacia el altar, y una vez en él, coge el libro y desenvaina su espada. Pero el Visir vuelve a adelantarse y un gran fragmento de piedra cae del techo sobre Arkon.
-¡Se acabó! – El Visir canaliza un gran rayo mágico que anula el de Wanda y la tumba - ¡Sí! Adiós, Vengadores, fuisteis dignos rivales.
-¡No! ¡Tu maldad acaba ya! – Thundra, quien había entrado sin que lo advirtiesen con una antorcha en mano, usa ésta para incinerar el libro.
-¡No! ¡Estaba tan cercaaaaagh! – el Visir cae al suelo, mientras el maligno poder le abandona.

El producto de la magia del Visir desaparece y todos vuelven a quedar libres. Thundra despierta a su esposo, mientras los Vengadores atienden a Wanda.

-Thundra… ¿cómo?
-Mi amor fue mayor que cualquier mentira, cariño. Me debes una – dice dando una fuerte palmada en la espalda a Arkon

Ambos se funden en un beso, mientras el ejército de Arkon llega, y cuenta a su monarca que han salido victoriosos.

Horas más tarde, un copioso banquete se celebra en honor de Arkon y los Vengadores, consagrados como héroes de Polemachus para siempre. Todo el pueblo, ya repuesto de su pérdida de memoria se encuentra invitado.

Finalmente, la fiesta acaba y los Vengadores deciden regresar, con ayuda de los rayos de Arkon.

-Gracias de nuevo, Vengadores. El Visir tendrá su justo merecido. Sabed que Arkon siempre os llamará amigos.
-El sentimiento es mutuo, Arkon. Cuidaos.

Así, el grupo se teletransporta, apareciendo en su Mansión, donde Jarvis aguardaba su regreso.

-Han vuelto, señores. Y todos bien.
-Claro, Jarvis. Nada puede con nosotros. ¿Por qué no preparas unos pastelillos y…?
-¡Wanda! – exclama la Avispa, mientras la mutante hechicera se desploma repentinamente.
-¿Qué ha pasado, Iron Man? – pregunta el Capi mientras el Vengador Dorado la atiende.
-No lo sé, Capi, pero debemos averiguarlo.

¡VEN-GA-DO-RES! ¡VEN-GA-DO-RES! ¿MÁS AVENTURAS? ¡¡¡EN LA PRÓXIMA ENTREGA!!!