Colección: Los Vengadores |
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Un puerto de Manhattan, a las 2 de la madrugada. La luna se escapa entre las espesas nubes para alumbrar ocasionalmente a quien este dispuesto a recibir su brillo. En estos momentos, las cinco personas presentes ni siquiera le prestan atención.
3 policías uniformados permanecen de pie alrededor de un hombre de media edad que se sienta en la acera y se tapa con una manta mientras bebe de un vaso de plástico. Un cuarto policía permanece en uno de los coches patrulla haciendo uso de la radio.
-Muy bien amigo… - dice uno de los policías – más vale que tengas una buena explicación de lo que ha pasado aquí.
-Sí… ¿Por…? - se acerca el vaso a los labios y da un rápido sorbo al café - ¿Por dónde empezar?
-Por el mejor principio posible. Tenemos toda la noche.
-Está bien… me llamo Josh. Josh Callaway. Soy de California, pero me crié aquí cuando mi padre cambió de trabajo. Estudié duramente como él quería, pero tuvo problemas y le despidieron. Necesitábamos el dinero y… - un nuevo sorbo de café recorre su garganta – me junte con quién no debía.
-¿Quién exactamente? – pregunta un policía diferente
-Los Garras.
-¿Quiénes son esos? No me suena haber…
-A nadie le suenan. Llevan años operando en secreto. Creo que desde después de la Segunda Guerra Mundial
-Genial. Pero eso no explica qué ha pasado aquí ni de dónde han salido tus moratones y rasguños.
-Los Garras han luchado con los Vengadores esta noche. Hace un par de horas.
-¡¿Cómo?! – la sorpresa invade a los tres policías, pero solo uno de ellos es capaz de hablar - ¿Quieres decir que todo esto ha sido cosa de una batalla entre supertipos? ¿Y dónde están?
-No lo sé… - deja el vaso en el suelo y agacha la cabeza – los he visto por última vez ahí…
Josh levanta su dedo y señala sin mirar hacia la derecha sin levantar la mirada. Los policías enmudecen por completo al observar un antiguo y enorme almacén totalmente derrumbado, convertido en una montaña de escombros.
-¡Maldita sea! ¿Quieres decir que pueden estar enterrados ahí? ¿Y no has dicho nada hasta ahora? Rápido, Ian – se gira hacia el policía que está en el coche – avisa a la maquinaria pesada para que quiten eso de ahí cuanto antes. Y vosotros dos, echad un vistazo por los escombros
-Yo… yo…
-Vale, está bien. Hemos recibido una llamada anónima de alguien que ha oído una gran explosión por la zona, pero esto se está volviendo más confuso todavía. ¿Dónde están los Vengadores? ¿Y qué tienen que ver los Garras o tú con todo esto? ¿Hay heridos?
-No… solo… o sea…
-Alan… - otro de los policías llama al agente
-¿Qué ocurre?
-Hemos encontrado… esto.
El policía se acerca y enseña a su compañero el objeto que porta entre sus manos. A pesar del polvo que lo recubre, ambos lo reconocen perfectamente. Más de una vez lo han visto cerca de ellos, mientras era usado para desarmar a pistoleros o ladronzuelos.
-El escudo del Capitán América…
-¿Significará eso que está…?
-No digas nada, Phil – Alan se gira de nuevo hacia Josh – ¿qué sabes de esto, Josh?
-He salido de allí gracias a eso. Me hubiera caído el techo encima de no ser por…
-¿Le has quitado el escudo al Capi? ¿Un don nadie como tú?
-No, yo…
-Está bien, tío, ya has agotado mi paciencia. Phil, Larry, hablado con Ian e id los tres a ver qué podéis hacer con esos escombros mientras avisáis a los Vengadores y llegan los equipos especiales. Espero que no tarden mucho, pero mientras, Josh, vas a contarme con pelos y señales lo que ha ocurrido esta noche, ¿de acuerdo?
-Sí…
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Unas horas antes, en uno de los famosas quinjets propiedad de los Vengadores, seis héroes se dirigen a su destino con la incertidumbre de lo que puede ocurrir. Hank Pym, con su indumentaria de Chaqueta Amarilla, es quien pilota la nave. Tras él, Triathlón y Estrella de Fuego se encuentran sentados en sendos asientos, mientras el Capitán América y Mercurio se mantienen en pie.
-En unos 5 minutos llegaremos al puerto, gente. Relajaos hasta entonces, si podéis.
-Gracias, Hank.
-¿Ocurre algo, Capi?
-No, Triathlon… simplemente estaba pensando en lo egoísta que puedo estar llegando a ser.
-Creo que no acabo de entender a lo que te refieres.
-Míranos. Cedí el liderazgo a Jan en la última reunión convocada, sin dudarlo ni un momento. Y he tardado bien poco en organizar un grupo creado casi por capricho.
-Capitán… mis obligaciones como padre y los deberes para con mi familia pronto me apartarán del camino que siguen los Vengadores. Puedo volver durante cortos períodos de tiempo, pero nunca seré una figura tan imprescindible como lo eres tú. El equipo te necesita, y todos lo sabemos. Simplemente has hecho lo que debías hacer para el bien de todos.
-Mercurio tiene razón. Quizá meta un poco la pata, los estudios me han hecho estar algo alejada de los últimos acontecimientos, pero sin duda el equipo está viviendo una crisis. Nos atacan diversas amenazas y ni siquiera sabemos de dónde proceden. Mientras Jan, Tony, Pantera y todos los demás se ocupan de un flanco, nosotros cubrimos otro.
-Pero debía haber sido idea de Jan, no mía.
-Mira, Capi… - es Hank Pym quien habla ahora, sin desviar la mirada de los controles de la nave – Desde que te descongelamos hace tanto tiempo y te uniste al grupo, has sido, como ha señalado Mercurio, una pieza esencial para los Vengadores. En aquella época los líderes rotaban, ¿lo recuerdas? Un día podía tocarme a mí y al siguiente era Thor. Tú cambiaste todo eso. Has vivido mucho más que todos nosotros juntos, entre tu época como soldado y la actual. Eres uno de los héroes más experimentados de la Tierra. Y por eso piensas tan rápido. Simplemente, supiste ver el problema y la propia solución antes de que Jan o cualquier otro lo hiciera. Siempre lo has hecho. Sinceramente, no creo que debas culparte de nada. Solo enorgullecerte.
-No lo había visto así… - el Capitán baja la mirada.
El silencio es lo único que acompaña a los héroes en el resto de su viaje. Sin embargo, en su interior, saben que lo ocurrido hace unos instantes ha sido para bien, y se sienten aliviados.
-Vale, hemos llegado. Activaré el modo “invisible” para el quinjet.
-De acuerdo. Josh sigue en el baño. ¿Puedes decirle que salga, Delroy?
-Voy, Capi.
Triathlon se desabrocha su cinturón y se pone en pie. A continuación camina hasta un pequeño habitáculo que sirve como aseo de la nave. Golpea la puerta con sus nudillos.
-Ey, Josh, hora de salir.
-Sí sí… voy.
-¿Este tío no estará intentando comunicarse con alguien, no?
-No lo creo. La nave lo habría detectado.
-Y además de eso, Hank, Josh se ha mostrado como un… “rehén” modelo. Ha tenido total libertad para hacer lo que quisiera en la mansión, incluso salir a pasear, y no ha mostrado signos de traición alguna.
-Ya veo. Supongo que tan solo está asustado – Triathlon responde mientras piensa para sí mismo que el Capitán América ha contestado con la entereza que le caracteriza, sin mostrarse afectado en absoluto por la charla anterior.
Tras unos segundos, la puerta se abre. Josh sale del aseo con gotas de sudor en su frente y con aspecto de estar realmente nervioso.
-Tranquilo, Josh – el Centinela de la Libertad se acerca hacia él – Todo irá bien si colaboras con nosotros. ¿De acuerdo?
-Sí…
-Perfecto. Vengadores, preparaos para salir.
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Interludio. En un laboratorio escondido.
-Buenos días, caballeros. Espero que el estado de sueño posterior al proceso al que han sido sometidos haya sido lo más placentero posible.
El hombre únicamente conocido como Joe habla frente a cuatro figuras que se encuentran acostadas en otras tantas superficies metálicas, vestidas únicamente con su ropa interior. Mientras sigue hablando, estos se incorporan y se ponen en pie.
-Como serán capaces de comprobar en cuanto estén dispuestos a ello, el experimento ha sido un éxito. La caza de los Vengadores pronto podrá ser realizada por ustedes.
-¿Pero qué…? ¿Qué le has hecho a mis manos? – exclama uno de los cuatro sujetos mientras observa sus manos.
-Tranquilícese, Gruñón. Como puede comprobar, sí, tiene garras. Unas garras que podrían rajar la mismísima armadura de Iron Man, me atrevería a decir. Pero no solo eso. También cuenta con otros atributos, como sus demás compañeros. Si me acompañan por aquí…
Joe camina con tranquilidad hacia una puerta. Los demás le siguen por un amplio pasillo que les lleva, una vez subida una pequeña escalera, a una zona a cielo abierto, enmedio de un gran terreno sin edificar.
-¿Pero se puede saber dónde estamos? No se parece en nada al edificio al que nos llevaste. ¿Cómo…?
-No pierdan el tiempo con preguntas como esas. Simplemente saben lo que necesitan saber. Ahora, probemos sus habilidades.
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Un callejón lleno de cartones y papeles.
-Buf. Cuánta humedad. No me gusta nada – la mutante pelirroja hace una mueca de disgusto.
-Esperemos que esa sea la menor de nuestras preocupaciones, Angelica. Bien, Capi, ¿cuál es nuestro plan?
-Si lo que nos ha dicho Josh es correcto, Hank, ese es nuestro objetivo – el Capitán señala un viejo almacén al otro lado de la carretera. Su aspecto denota su antigüedad, y muchos de los cristales de su fachada se encuentran rotos.
-¿De veras se reúnen ahí los Garras? ¿En ese almacén cochambroso?
-Que su aspecto no te engañe, Pietro. Explícanos todo lo que sepas, Josh.
-Sí… el… el almacén tiene muchos años, pero aún se utiliza varias veces por semana para guardar diversas mercancías procedentes de barcos. Todas las veces que he… traído algún botín para los Garras, nos hemos reunido dentro. Solemos hacerlo siempre un viernes, cuando todo el material de la semana ha llegado y no se vuelve a abrir hasta el lunes.
-¿Sabes cómo se desplazan hasta aquí ellos? ¿Has visto algún coche, algún…?
-N-no… Chaqueta Amarilla, o sea, Dr Pym. Siempre que he venido no había ningún vehículo en los alrededores. De hecho… una vez, en uno de nuestros primeros encuentros… bueno, me olvidé preguntarle una cosa y cuando entré… cuando entré no había nadie. Apenas habían pasado un par de minutos.
-Muy interesante. Quizá haya algún tipo de trampilla secreta. O algún sistema de teletransporte.
-Te toca a ti descubrirlo, Hank. Introdúcete en el almacén y averigua lo que puedas. Angelica, una vez Hank compruebe que no hay peligro, acude dentro con él. Puede necesitar luz.
-A la orden.
La joven heroína se envuelve en una tenue aura de energía microondas en unos instantes, y echa a volar, parándose encima del almacén. Mientras tanto, Henry Pym disminuye su tamaño y echa a volar, entrando finalmente por uno de los cristales rotos.
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Interludio II.
El pub Windy City, en Chicago, sufrió hace unos días la furia del Hombre de Arena después de que el dueño del local, Parick Wind, se negara a darle el dinero al criminal. Por suerte, nadie sufrió ningún daño grave y el daño material era fácilmente reparable. Hoy, tras varios días cerrado, el local ha abierto de nuevos sus puertas, y los distintos habituales vuelven a ocupar la barra y las mesas.
Con calma, un hombre con canas en sus sienes, y ataviado con traje y una gabardina, entra con semblante serio.
-¡Vic! Bienvenido, amigo – es el propio dueño del pub quien le saluda – solo faltabas tú para volver a estar todos reunidos.
-Gracias, Patrick – responde mientras se dirige a estrechar su mano – a pesar del tiempo que pueda pasar en la ciudad, este es el único lugar que puedo llamar… hogar.
-Y yo me alegro de contribuir a ello. ¿Qué te parece cómo ha quedado esto?
-Estupendo, Patrick. Pero celebro más que te hayas recuperado de tus heridas.
-Bah, ningún supervillano de tres al cuarto puede con el viejo Wind, ¿eh, chicos?
Varios de los presentes alzan su copa y exclaman expresiones como “sí señor” ó “así se habla”.
-¿Qué va a ser, Vic? ¿Un…? – no termina su frase, pues unas finas manos tapan los ojos de Victor Shade desde detrás.
-¿Quién soy? – pregunta una dulce voz.
-¿Darby? No… no te veía desde que…
-Desde que coincidimos en Nueva York después de la reconstrucción de la O.N.U.
-Exacto – se gira hacia ella - ¿Cómo estás? ¿Qué tal el trabajo?
-Genial. Viajando de costa a costa. Pero este siempre será mi lugar favorito,
-Sí. Me pasa lo mismo.
-¿Y tú qué tal? No me has llamado desde aquella noche.
-He estado ocupado.
-¿Salvando el mundo, eh?
-Darby… yo…
-Era una broma, Vic. Allí en Nueva York estáis rodeados de héroes. En cualquier momento te puedes convertir en uno.
-Sí…
-Vamos, te invito a un trago.
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-Adelante, Angelica. Creo que puedes pasar a esta… bueno, humilde morada sería decir demasiado.
La mutante pelirroja recibe el mensaje de su compañero mediante su comunicador y entra a través de una claraboya abierta. Una vez dentro, aterriza junto a él mientras se lleva una mano a la nariz. El entorno es oscuro y frío, pero Chaqueta Amarilla ilumina una amplia zona con una linterna incorporada en su cinturón.
-¡Puagh! Huele a…
-Pescado. Parece que al fin y al cabo esto no es más un almacén de pescado. Y bastante pasado, debo añadir.
-¿Has descubierto algo?
-Sí. ¿Ves esa zona del suelo de ahí? – enfoca la luz de la linterna hacia una sección del suelo a escasos metros – Apenas se aprecia, pero esta un poco más limpia que el resto. Abajo hay una especie de pasadizo.
-¿Y cómo vamos a entrar? ¿Hay alguna especie de dispositivo?
-No. Supongo que cada miembro de los Garras debe de tener algún tipo de “mando a distancia” para entrar. Josh no tiene, por eso no podría haber seguido a los Garras aquella noche aunque hubiera querido.
-Entiendo. ¿Y cómo vamos a…?
-Supongo que Triatlón podrá levantar la trampilla con un poco de ayuda del escudo del Capi. Pero antes tienes que destruir esa columna de ahí – se gira de nuevo y enfoca la luz hacia una de las columnas más robustas de la zona central.
-Pero Hank, parece un pilar básico. ¿No se nos caerá todo encima?
-Confía en mí. No es más que una columna hueca con una alarma dentro. Si no nos encargamos de ella sí que podríamos volar por los aires al intentar hacer nada.
La joven mutante vuelve a sorprenderse ante el intelecto de su compañero vengador, quien lleva siempre consigo los aparatos miniaturizados necesarios para cualquier contingencia. Sin embargo, no duda de su palabra ni un segundo. A este hombre, el hombre que logró salvar su vida de los nefastos efectos de sus propios superpoderes, lo seguiría a cualquier parte ciegamente.
Se acerca a la columna, extiende los brazos, y haciendo uso de toda la potencia de su poder, desintegra la columna y lo que hay en su interior sin dañar un ápice el resto del almacén. Un poco más atrás, Hank Pym asiente con la cabeza y usa su comunicador para indicar al resto del equipo que ya puede entrar.
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Interludio III.
-Ya que usted ha sido el primero en manifestar su opinión sobre su nuevo aspecto, Gruñón, quizá debería usted ser el primero en probar sus nuevos poderes.
-Más vale que sean útiles. ¿Por qué Honcho y Guaperas tienen alas y Pichón y yo no?
-No las necesitan, créame. Su compañero y usted pueden volar sin necesidad de ellas. Compruébelo.
Ante la atenta mirada de sus compañeros, Gruñón comienza a ascender de manera errática después de unos segundos de concentración.
-No se preocupe. Se adaptará enseguida.
-Basta de cháchara. Debo admitir que esto mola. ¿Qué más puedo hacer?
-Ah… ahora mismo lo verá – Joe sonríe maliciosamente mientras saca un dispositivo de su bolsillo y pulsa un botón. Segundos después, se abren unos agujeros en el suelo y de ellos salen unos pequeños robots voladores que disparan rayos en dirección al matón que se encuentra en el aire.
-¡Eh! ¡Eh! ¿Quieres matarme?
-Fíese de su instinto.
-¿Pero qué…? – la frase no es terminada, pues una ráfaga de rayos le alcanza - ¡Argh! Du… duele… ¡Ha dolido!
De repente, Gruñón comienza a respirar profundamente, y un segundo después comienza a ascender a toda velocidad. Sus compañeros casi no pueden seguirlo con la vista cuando desciende en picado y utiliza sus garras para partir uno de los robots por la mitad. Con rapidez, vuela en una trayectoria circular mientras los presentes tan solo pueden observar un continuo borrón. Al instante, las piezas de los desmontados robots comienzan a llover hacia el suelo.
-Magnífico. Como ha podido ver, cuando su adrenalina se dispara, entra en un estado que lo convierte en el más feroz de los cuatro. Su velocidad y sus garras le hacen casi invencible.
-Sí… - dice mientras se posa en el suelo – y dime, Joe… ¿qué me impide usar todo esto en mi provecho? – adelanta una garra hacia su interlocutor, quien se mantiene impasible. Segundos después, recibe una poderosa descarga eléctrica que le hace arrodillarse en el suelo.
-Eso, querido Gruñón, eso. Bien, ¿quién es el siguiente?
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-Cuando tú digas, Triathlón – el Capitán América coloca su escudo sobre una finísima y casi imperceptible ranura en la porción de suelo señalada antes por Hank Pym.
-Está bien, Capi… - el vengador se agacha y prepara sus manos - ¡Vamos allá!
El Centinela de la Libertad, haciendo uso de toda su fuerza, logra hacer palanca sobre la trampilla del suelo. Debido a las dimensiones de la ranura, tan solo la levanta unos milímetros, pero es todo lo que Delroy Garret J renecesita para lograr asirse a ella. A continuación, haciendo uso de su fuerza triplicada, logra levantarla un poco más, mientras el Capi retira su escudo.
-Solo… un poco más… - Triathlón alza el fino pero pesado bloque que les separa del pasaje subterráneo hasta una altura que les permita pasar – Ahora, Capi.
Steve Rogers coloca su escudo entre el bloque y el suelo, y así la trampilla queda abierta para que puedan pasar y cerrarla fácilmente una vez estén dentro.
-De acuerdo. Parece que ahora es el momento de la verdad. Debemos estar preparados para cualquier cosa. Ahí abajo podemos encontrarnos un grupo de matones o algo bastante más peligroso. Sed cautelosos.
Todos los presentes asienten ante las palabras de su líder. Excepto Josh, a quién el miedo impide concentrarse con claridad.
Uno a uno van introduciéndose en el acceso al subsuelo, siendo el último el Capi, quién retira entonces su escudo, quedando atrapados abajo para bien o para mal.
Cuando se gira, puede ver un pasadizo de roca de unos cuantos metros, iluminado con luz eléctrica en el techo. No parece haber señal de vida alguna.
-¿Cuáles son las órdenes, Capitán? ¿Quieres que haga un barrido y vea lo que hay al final?
-No, Pietro. Prefiero actuar pausadamente, sin precipitarnos. Estoy seguro de que aquí hay mucho más de lo que parece. Hank, ¿detecta tu equipo algo extraño?
-Me temo que no. De hecho, no detecta absolutamente nada. Quizá no haya nada aquí…
-O quizá saben de nuestra presencia.
-Ajá. Tal vez usan algún inhibidor.
-Está bien. Sigamos hacia delante.
Así, el sexteto avanza con paso firme por el pasadizo. El Capitán América lidera la marcha, y el resto de Vengadores forman una especie de escolta alrededor del atemorizado Josh. Todos y cada uno de ellos mantienen alerta sus cinco sentidos para detectar cualquier señal de peligro.
Tras un par de minutos que parecen eternos, llegan al final del pasillo, el cual se transforma en otros 3.
-Qué típico. Tres pasadizos para seis personas. Esto parece uno de esos malditos cómics tuyos que leía cuando era pequeño, Capi.
-Sea como sea, Triathlón, esto es mucho más serio. Sin el equipo de Hank no podemos dilucidar cual de todos es el correcto, si es que alguno lo es. A mi pesar, me temo que deberemos separarnos.
-Puede ser peligroso. Sugiero que nos sigamos moviendo en equipo y que retrocedamos de nuevo si es necesario.
-Yo no lo veo tan sencillo, Pietro. Puede ser que los Garras sepan que estamos aquí, y tienen dos opciones: huir o acabar con nosotros. Si nos dividimos, hay más posibilidades de que alguno de nosotros llegue hasta ellos y cumpla el objetivo por el que hemos venido.
-Está bien, Capitán. Tú eres nuestro líder. Sabes que seguiré tus órdenes.
-Muy bien, esto es lo que vamos a hacer.
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Interludio IV.
California. Edificio sede de la fundación Segundas Oportunidades.
Un hombre musculoso, de complexión fuerte, con el pelo gris y ataviado con un traje y gafas de sol observa por la ventana de su despacho cómo la luna ilumina la ciudad de la coesta oeste. Tras él, un hombre con frondoso bigote y también trajeado se muestra más inquieto.
-Debemos reconocer que esto ha sido… diferente, Simon. Muy diferente.
-Lo sé, Neal. Pero… nos dedicamos a dar segundas oportunidades. A quién sea.
-Pero no a villanos, maldita sea. ¿O se te ha olvidado que ese tipo se ha pasado años atracando bancos y luchando contra vosotros los Vengadores?
-Por supuesto que lo sé. Pero tú mismo le has visto. Estaba en un estado deplorable. ¿Y si ha visto la luz? ¿Y si ha comprendido que no gana nada siendo villano? ¿Cómo podemos ignorarlo?
-Ya ya… quizá si no hacemos nada creemos un monstruo aún peor. ¿Cuándo has madurado tanto para tomar decisiones así?
-Si hay algo que he aprendido con los años, Neal, es que no se puede titubear. Si tenemos una ocasión de hacer el bien, de reformar a un villano como Torbellino, no podemos desaprovecharla.
-Entonces, ¿respondemos ante él?
-Sí. Haz las llamadas que hagan falta. Y cuando despierte, que venga aquí a mi despacho.
-De acuerdo, Simon.
Neal se dirige a la puerta, aún más orgulloso de su jefe y amigo que cuando entró.
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Manhattan.
Estrella de Fuego y Triathlón recorren uno de los tres corredores en los que se había dividido el principal. La iluminación eléctrica ya no continúa mostrando el camino a seguir, pero la mutante hace uso de su poder y su envoltura de fuego produce luz.
-Tenemos que dejar de vernos así, Angel.
-Aquí es el único sitio en el que mi querido novio Vance no puede encontrarnos, fortachón.
-Touché, supongo. Me temo que tendré que dejar el papel de chistoso también.
-¿Ocurre algo? Si quieres hablar…
-Gracias, pero no es nada. Lo que pasa es… que soy un perdedor. Sí, he salvado a la gente, y todos vosotros sois geniales y una auténtica familia. Pero el público, la gente… para ellos soy poco más que otro héroe uniformado del montón. Si apareciera mañana en las necrológicas, los pocos que lo leerían no sentirían pena. He intentado hacer carrera en solitario, ser un héroe callejero. Ahora un bromista. Pero nada de eso me llena. Solo… ser vengador.
-Delroy, yo…
-No digas nada.
-¿Cómo? Pero si…
-Chist – comienza a susurrar – he oído algo. Apágate.
La antigua componente de los Nuevos Guerreros hace caso a su compañero y el pasaje vuelve a quedar a oscuras.
-¿Qué es?
-No sé. Gracias a mi oído superior he escuchado… unos pasos… metálicos. Y pesados. Sea lo que sea debe estar todavía lejos, no debe ser muy rápido… Oh oh…
-¿Oh oh?
-Agáchate.
Triathlón empuja a su compañera hacia el suelo, mientras un rayo láser pasa a escasos centímetros sobre ellos.
-Enciéndete, corre – grita a su compañera mientras se pone en pie. Cuando Angelica Jones obedece, pueden ver delante de ellos un androide de más de dos metros de alto, robusto y pintado de amarillo.
-¡Un Mandroide!
-¿Qué leches es un Mandroide?*
-Tu muerte, hombrecito – exclama una voz desde el interior del robot, mientras alza su poderoso brazo y dispara una ráfaga de rayos. El joven héroe usa su poderosa agilidad y la esquiva sin complicaciones, aterrizando de nuevo junto a su compañera – Este sitio es muy estrecho, Angelica. No podré esquivar esas cosas siempre. ¡Quémalo si puedes y vámonos!
-Dalo por hecho – la mutante concentra todo su poder de nuevo, como hiciera minutos atrás para quemar la columna del almacén, y baña al robot con una ráfaga de rayos microondas durante interminables segundos. El sudor recorre las frentes de ambos héroes.
Finalmente, el flujo cesa, y lo siguiente que pueden ver es al mandroide completamente quieto, y al rojo vivo.
-¿Ya… ya está? – dice ella respirando profundamente. Al mismo tiempo, una luz roja comienza a parpadear en el cañón del brazo del mandroide.
-Me temo que no. Nuestro amigo aún quiere guerra. Y solo se me ocurre un sitio dónde golpearle si tu fuego ha fallado.
Con gran velocidad, atrae la atención del robot, quien dispara hacia él. Cuando el disparo llega a su destino, golpea el suelo, pues el vengador ya se encuentra dando un poderoso salto que le sitúa frente a él. A continuación, se cuela entre sus piernas con una rápida voltereta y con un salto hacia atrás sobrepasa la altura del robot, gira en el aire, y propina una patada en su visor de cristal. De esa zona comienzan a salir chispas.
-¿Qué has hecho?
-No tengo ni idea. Pero parecía su parte más débil. Ahora solo queda.
-Ahora nada. Ya me habéis cabreado.
El mandroide clava su puño en el suelo y una poderosa corriente eléctrica es disparada en todas direcciones. Ninguno de los héroes puede hacer nada, y sucumben ante el ataque.
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A escasos metros de allí, pero a un mundo de distancia, Mercurio y Chaqueta Amarilla avanzan al amparo de la luz de la linterna de este último. Ambos podrían recorrer el pasadizo con gran velocidad, ya sea corriendo o volando, pero las palabras del Capi han calado en ellos y anteponen la cautela ante todo lo demás.
-Sé que este no es tu estilo, Pietro, pero…
-No tengo nada que objetar, Pym. El Capi es un hombre sabio. Yo no. Mi temperamento… mi duro temperamento me juega malas pasadas, pero reconozco mis errores y acepto órdenes cuando es necesario.
-¿Sabes, Mercurio? El psicoanálisis no es lo mío. De hecho, muchos de los expertos en eso se me rifarían. Pero creo que te machacas demasiado sin razón. Eres un héroe, tienes buen corazón y eres un excepcional padre de familia. Puede que no te lo creas, pero es así.
-Puede… que tengas razón. Pero es mi forma de ser.
-Hablando de tu familia… ¿qué tal Crystal y Luna? ¿Están disfrutando en Attilan?
-He hablado con ellas antes de salir. Parecían contentas, sí, a excepción de algún pequeño problema con los Alfa Primitivos.
-Sabéis que si podemos ayudar en algo…
-Tranquilo. No es grave. Si la Familia Real Inhumana necesitara algo, sería de los primeros en saberlo. Además…
-Eh, superpayasos… -una fría y robótica voz les interrumpe desde atrás – quietos dónde estáis.
-¡Un mandroide! – exclama Hank Pym mientras ambos se giran al unísono - ¿Qué se supone que significa esto?
-No lo sé. Pero si piensa que nos vamos a achantar…
-No, Pietro. Corre, ve al final del pasillo. Yo me haré cargo de él – el bioquímico reduce su tamaño hasta hacerse casi invisible al ojo humano.
-Está bien, Pym. Pero sobrevive – dicho esto, el veloz mutante echa a correr.
-Ah, ah. Estamos preparados para eso.
Un dispositivo interno es activado, y del pecho del robot surge un cohete a toda velocidad, persiguiendo al borrón celeste. Este lo advierte, y sigue corriendo todo lo que sus piernas le permiten. Pronto, no tarda en divisar el final del pasillo, donde una pesada puerta impide el paso. Piensa sin duda que saben que están ahí, que sus compañeros deben correr el mismo peligro que corre él ahora mismo. Tiene segundos, décimas de segundo para actuar.
En un último esfuerzo, usa su impulso para correr por la pesada compuerta y a continuación por el techo, desafiando a la gravedad y salvando su vida. Una vez aterriza en el suelo, se dirige de nuevo al lugar del que partió, con el insistente pitido del cohete a escasa distancia de él. Puede ver a su compañero de equipo disparando descargas , “aguijones”, a su enemigo, sin aparente éxito. Sin dudar, se abalanza sobre el robot, se agarra a uno de sus poderosos brazos, y en una singular pirueta se coloca por encima de él y luego atrás, provocando que el cohete estalle sobre el mandroide. Pero la mala suerte acompaña al mutante, pues la onda expansiva de la explosión lo lanza contra la pared de dura piedra, sumiéndole en la inconsciencia.
-Uh… menos mal que este traje es duro, jefe – dice el mandroide segundos después – No está 100% operativo, pero podré llevar al mutante. El insecto ha desaparecido.
Desde una grieta en el techo, Hank Pym reflexiona sobre el siguiente paso a seguir.
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En el tercer pasillo.
Una figura vestida con el símbolo de los Estados Unidos y otra con ropas más humildes avanzan sin pausa pero sin prisa.
-¿Cómo te juntaste con los Garras, Josh?
-Fue en la universidad. En segundo curso, mi familia estaba casi en la ruina. Mi padre había sido despedido a pesar de todos los años que había pasado en la oficina dejándose los cuernos. Intenté buscar infinidad de maneras de pagarme los estudios, pero no podía seguir ese ritmo. Mis notas bajaron, y tuve que recurrir a patearme los bajos fondos. Me hice matón, chivato y demás trabajos de los que no estoy nada orgulloso. No recuerdo cómo, pero de repente alguien me habló de los Garras, de lo bien que pagaban… y comencé a trabajar para ellos. Eran los que mejor conocían el mundo criminal, y los que menos conocidos eran por los demás. Una mina para alguien necesitado como yo. Pero ya estoy harto.
-El último atraco, ¿fue para ellos?
-Sí. O sea, no. Era para pagar una nueva deuda. Mi padre es muy mayor, y ahora necesita ayuda médica, y…
-No digas más, Josh. Eres un hombre honrado. Puedes deshacerte de todo esto y llevar una vida normal. Solo tienes que poner de tu parte.
-¿De… de verdad? Yo… gracias, Capitán. Gracias. Cumpliré condena si hace falta por los atracos. Yo…
Detrás de ellos, amparado en la oscuridad, otro mandroide les observa y espera órdenes.
-<Objetivos localizados. Dardos letales activados. ¿A cuál
ataco primero?>
-<Encárgate primero de Josh. Ya no nos sirve de nada.>
Así, levanta el brazo en silencio, y dispara una ráfaga de dardos hacia uno de los presentes en el pasillo. Este se derrumba en el suelo.
-<Objetivo abatido. Ahora… ¿pero qué…?>
El hombre que ha recibido el impacto se levanta como si nada hubiera pasado. Se quita su gabardina, y suelta un escudo pintado de blanco, rojo y azul de su espalda. Los dardos se encuentran a sus pies, pues han rebotado en su fiel arma.
-<Maldición, habían intercambiado sus ropas. Es…> - el escudo impacta contra él antes de poder seguir hablando.
El Capitán América salta y recoge su escudo en el aire, y con un par de piruetas aterriza frente al mandroide y le golpea de nuevo diversas veces con él. El robot reacciona con velocidad e intenta aplastar al Capi con sus puños. El abanderado se protege con su escudo.
-<No tienes ninguna oportunidad. Ríndete ahora que puedes>
-Nunca. No tienes nada que mi escudo no pueda detener, y yo no puedo dañarte.
Estamos en tablas.
-Yo no diría eso, héroe…
Un nuevo botón es pulsado en el interior del androide, y un penetrante ataque sónico surge de él. Josh cae a los pocos segundos inconsciente. El Capi aguanta cuanto puede, y arrodillado intenta lanzar su escudo, pero pronto cae derrotado.
-<Magnífico.> – una voz complacida habla al mandroide.
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Sus ojos se abren.
Pronto lo nota. Está encadenado de pies y manos, formando una X con su cuerpo con grilletes que nacen del suelo y del techo. Se siente magullado, y la cabeza le da vueltas. Alza la vista. Puede ver a Triathlón atado de la misma manera, pero pegado a una pared, no como él, no el centro de la estancia, como si fuera un trofeo a admirar. Estrella de Fuego está también ahí, inconsciente gracias a algún tipo de aparato que impide que despierte y haga uso de sus poderes. Mercurio cuelga de otra cadena que proviene del techo, boca abajo. Cerca de él, Josh, todavía inconsciente. Se pregunta quién ha podido hacer esto.
-Willkommen, mi buen Capitán – un hombre alto, calvo, de complexión fuerte y vestido con traje aparece ante el héroe con su escudo en las manos – Realmente un arma formidable.
-Vogel…
-¿Cuántos años han pasado? Demasiados, sin duda. Mírate, tú sigues siendo el mismo pánfilo de entonces, el héroe perfecto.
-¿Tú lideras los Garras? ¿Cómo…?
-Tranquilízate, mein freund. Como puedes ver, en efecto, yo dirijo esta organización. Me parece muy burdo ser el líder de estos patanes. Simplemente soy el fundador y dirigente de una empresa. Todo empezó tras la guerra. El imperio nazi había caído, y yo tuve que aceptar la realidad. No había lugar para mí en la sociedad, así que me escabullí entre las sombras y traté de comenzar una nueva vida en América, fundando un imperio criminal. Pero no ha sido tan fácil como se podía esperar. Innumerables bandas y jefes mafiosos luchan por el poder en este país, el tal Kingpin es el amo de los bajos fondos. Y decidí hacerme una pregunta: ¿y a mí qué? Que sigan luchando en batallas estúpidas que no pueden ganar. Que sigan peleando por algo que nunca lograrán. Fundé esta organización que conoce a todos y de la cual nadie sabe nada. Lo sabemos todo de todos. Ofrezco información, armamento y demás bienes, a cambio de cuantiosas cantidades monetarias, claro. Mis clientes son muy exclusivos. Si se van de la lengua, saben qué les espera. Y así, he crecido en la sombra mientras otros perdían.
-No te saldrás con la tuya, Vogel, aunque tus mandroides te ayuden…
-Ah sí, los mandroides… un producto de tu gobierno que acaba en manos de cualquiera que ofrezca un buen precio. Cuán orgulloso debes estar de una nación que regala sus juguetes de defensa así como así. Supongo que te preguntarás qué pienso hacer contigo y con tus amigos en pijama, ¿no es así? – Steve frunce el ceño y mira al antiguo nazi lleno de odio – Verás, hay alguien que va tras vosotros, pero me ahorraré detalles puesto que todo eso ya lo sabéis. Nos enteramos de que pretendíais usarnos a los Garras como método de ganar información, y lo cierto es que habría estado dispuesto a negociar incluso contigo, pero recibí unos cuantos millones de dólares para que no os dijera nada. Habéis caído en la trampa, y pronto lo hará también el Doctor Pym. He sellado herméticamente los túneles en los que estabais. Pero tus amigos no me interesan en absoluto, pero la única condición que puse en el contrato fue una: encargarme de ti cómo me plazca.
-Vogel, siempre has sido un títere. Eras tan solo uno de los subalternos del Barón Strucker en la guerra. ¿Por qué iba a ser ahora diferente? Te siguen utilizando.
-Palabras, Capitán, palabras. ¿Crees que podrás concenciarme a mí como hiciste con Josh? ¿Quién te crees que me avisó de que vendríais? Fue él, siempre miente para ayudar al bando ganador.
-No…
-Basta de palabras. Me temo que ha llegado la hora de hacerte pagar todas las derrotas que infringiste, la hora de abatir al campeón americano con las formidables armas que dan nombre a mi organización… ¡Las garras de Satán!**
Mientras el Capitán América sigue sus movimientos con la mirada, su viejo enemigo deja el escudo del abanderado en manos de uno de los mandroides, y se equipa con tranquilidad sus fatídicas armas. Una vez hecho, con paso firme se dirige hacia la leyenda viviente, y le propina un fuerte puñetazo con el puño derecho. Le siguen dos puñetazos de la misma intensidad con la otra mano.
-¿Qué tal sienta ser quién sufre el dolor? ¿Quien pierde? - el villano no obtiene respuesta. Un nuevo puñetazo hace sangrar la nariz del Capitán - He esperado décadas para esto, y nadie podrá… ¡argh!
Una patada de Triathlón lo derrumba.
-¿Pero qué…? ¿Cómo te has liberado?
-Digamos que he tenido una pequeña ayuda – el criminal nazi se gira y puede ver un pequeño destello en la cadena que sujeta a Mercurio. Este cae al suelo y se incorpora rápidamente.
-Pym… ¡ha sido él! Pero es imposible, no puede haber entrado…
-Entró conmigo – es el Capi quien habla – Cuando Mercurio fue derrotado volvió atrás y nos avisó a Josh y a mí. Ahora gracias a él vas a pagar.
-Eso habrá que verlo, mein freund. Mandroides, acabad con ellos. En cuanto a ti, mi amigo de color…
-En cuanto a mí, nazi de tres al cuarto, he tenido bastante del rollo del racismo para toda una vida. Vuelve a llamarme así y te daré mucho más fuerte – el vengador corre hacia el villano, quien intenta atacarle con su garra, pero la agilidad triplicada del héroe le permite esquivar el ataque y aprovechar su inercia para propinarle un puñetazo.
-Parece que hay todo un tigre en tu interior…
En la otra punta de la sala, los Mandroides han alcanzado la posición de Mercurio y Chaqueta Amarilla, antes de que estos pudieran liberar a Estrella de Fuego.
-¿Cuál es el plan a seguir, amigo mío?
-Corre en círculos alrededor de ellos, Pietro. Elévalos.
-Hecho.
El velocista hace honor a su nombre, y fluye ante los mandroides como el mercurio. Estos son incapaces de fijar un objetivo, mientras el héroe alcanza mayor velocidad con cada vuelta. Con todo su poder al límite, logra crear un pequeño tornado que eleva la pesada masa de sus enemigos en el aire.
-En un pasadizo y a tamaño de mosca no podía haceros nada, amigos – Henry Pym crece hasta una altura de 4 metros mientras habla – pero aquí, y con tamaño gigante… bueno, creo que ya os podéis imaginar lo que va a pasar.
Con sus enormes manos, coge a un mandroide y lo lanza con fuerza contra el suelo. Un segundo enemigo sigue el mismo camino. A continuación los recoge de nuevo y los lanza a varios metros de su posición.
-Y ahora, el coup de grace – agarra al tercer mandroide y lo lanza con fuerza a los otros dos, quienes se tambalean. Con gran estruendo, los tres titánicos androides chocan, quedando seriamente dañados. Finalmente, dispara uno de sus rayos procedentes de sus guantes, el cual causa cortocircuitos que inutilizan completamente a los robots.
-Buen trabajo, Chaqueta Amarilla. Ahora liberemos al Capi y a Estrella… - el mutante se gira y ve que la chica ya no se encuentra dónde estaba.
-Ríndete, Vogel. Te has quedado anticuado, esos cachivaches no tienen nada que hacer contra un hombre de habilidades triplicadas. Puede ser muy útil contra gente indefensa, pero contra mí no – Triathlón esquiva de nuevo otra arremetida de Vogel.
-Me he cansado de ti, hombrecito – logra agarrarle del traje, y usa la electricidad de las garras para atacarle – Tengo cosas más importantes que hacer.
-¡Argh! – grita mientras se derrumba.
Con gesto malicioso, Vogel alza el puño para asestar un último golpe a Triathlón. Pero un calor repentino le invade, y observa como la garra de Satán se comienza a fundir lentamente. Entonces advierte que lo mismo está pasando en la otra.
-La zorra del fuego – se gira hacia arriba, donde se encuentra Angelica Jones volando.
-Da gracias de que no te funda a ti. ¿Estás bien, Delroy?
-Mejor que nunca, pelirroja – propina un puntapié a Vogel que hace que este caiga al suelo – gracias por la ayuda.
-No me la des a mí, sino a Josh. Sino me hubiera liberado a tiempo…
-¿Josh? Maldito… traidor…
-A callar – Triathlón coge a Vogel por la parte de atrás del traje y lo mantiene levantado en el aire.
En el centro de la estancia, Josh trata inútilmente de liberar al Capitán América.
-Capi, todo lo que ha dicho de mí…
-Tranquilo. No me he creído una palabra. Gracias, Josh.
Mientras Josh enmudece, Chaqueta Amarilla, a tamaño normal de nuevo, se acerca y rompe una de las cadenas que atan al Capi con su rayo.
-Déjanos a los profesionales, Josh. Ya has hecho más que suficiente.
Así, una vez los hombres del interior de los mandroides han sido liberados del interior de los inutilizados robots, las Garras de Satán quitadas de las manos de Vogel, y el Capi desatado, los Vengadores se reúnen para decidir el siguiente paso.
-Parece que hemos venido para nada, Capi. Tan solo hemos atrapado a un viejo enemigo tuyo, que no es poco.
-Le llevaremos a la mansión, Triathlón. Allí nos dirá todo lo que necesitemos.
-Creo que la primera cuestión será preguntarle cómo salimos de aquí.
-Antes de eso, Angelica, quiero deciros… y a Josh también… que estoy orgulloso de vosotros. Habéis actuado como un verdadero equipo, a pesar de haber sido derrotados por la sorpresa al principio.
-¡Idiotas! – Vogel es quien habla – ¿de verdad creéis que habéis ganado? No sacaréis nada de mí, ¡nada!
Vogel activa un dispositivo escondido bajo la manga de su camisa, y todo comienza a temblar.
-¿Qué has hecho, maníaco?
-Voy a… tiraros todo esto encima, mutante. Hay mucho dinero en juego, no puedo permitirme perder. Me vengaré de ti, Capi, lo lograré.
-Capi, ¿qué?
-No hay tiempo que perder. Angelica, Hank, intentad destruir todo lo que nos caiga encima. Mercurio, protege a los pilotos de los mandroides. Y tú, Josh… toma – coge su escudo con una mano y se lo cede.
-Yo…
-Vamos, cúbrete.
A pesar de las rápidas órdenes del Capi, el complejo comienza a derrumbarse. Los héroes que disparan energía ponen todo su empeño, pero aún así hay demasiado material que cae. Rápidamente, las paredes, el techo y todo lo demás se derrumba. Diversos almacenes sobre el punto en el que se encuentran corren la misma suerte, al ceder el suelo. Pronto, una sección del puerto se cubre de polvo.
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Epílogo I.
-Maravilloso, caballeros. Han probado sus nuevos poderes y han demostrado que son casi invencibles si cooperan juntos. Ahora intenten relajarse, pues pronto tendrán que cumplir con su misión. Los Buitres volarán de nuevo… para capturar a un vengador.
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Epílogo II.
-Darby, debo reconocer que me has asustado cuando… bueno, creía que habías desvelado mi otra identidad.
-Tranquilo. Por lo que a aquí respecta, nadie sabe que eres la Visión. Nunca diría nada si no me lo dijeras tú. Si no estuvieras preparado.
-¿Crees que debería hacerlo?
-No puedes negar quién eres, Victor – posa su mano sobre la suya – eres…
-¿La Visión? – desde la barra llega la voz de Patrick Wind – no, sargento Smith. No se ha pasado por aquí.
-Lástima. Pensaba que lo haría después de ayudarnos a ir tras el Hombre de Arena después de que atacara este pub. Si lo ve…
-Le diré que le busca, señorita.
-Perfecto, gracias. Si logramos contactar con él… bueno, quizá tengamos un superhéroes actuando como policía en Chicago.
Victor Shade enmudece ante lo que acaba de oír.
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Epílogo III.
-Buenas noches, Dave.
-Dave… se me hace raro ver al Hombre Maravilla llamándome así, y no Torbellino.
-Por lo que has dicho, creo que ya no quieres seguir siendo el Torbellino. Ni el Trompo Humano. Quieres una segunda oportunidad.
-Sí, bueno… pero la cuestión es que… a parte de que no quiera seguir siendo un villano… es que no puedo.
-¿Cómo dices?
-He perdido mis poderes, Williams.
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Epílogo IV.
-Y… y eso es lo que ha pasado. No sé cómo, pero he logrado salir al exterior. No sé qué habrá sido de los Vengadores, ni del tal Vogel, ni de nadie – Josh agacha la cabeza.
-Está bien, amigo. Parece que ya lo has pasado bastante mal. Relájate y ya hablaremos de tus antecedentes. Ahora, esperemos encontrar a los Vengadores. De no ser así, me temo que el mundo entero lo sentirá.
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*Los Mandroides son androides tripulados creados por Anthony Stark para SHIELD, capaces de hacer frente a cualquier tipo de superhumanos, incluídos los Vengadores. Aparecieron por primera vez en Avegers #94 (Biblioteca Marvel: Los Vengadores #15)
**La Garra de Satán es un arma utilizada por diversos criminales y especialmente el Barón Strucker, para quién fue creada. Es de suponer que Vogel, como colaborador suyo, pudo tener acceso a los diseños de esta y pudo confeccionarse unas propias. El arma apareció por primera vez en Strange Tales #157 (Best OF Marvel Essentials: Nick Furia #1)