Colección: Uncanny X-Men
Autor: Narutaki
Número: #9
Título: Conflicto armado I
Descripción de la portada: Meggan, magullada y sangrando, entre los brazos del Capitán Britania que mira al frente tremendamente enfadado. Se encuentran entre escombros.
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El sol irradia con fuerza al mediodía, y mientras los alumnos hacen la digestión antes de volver a clase, Charles Xavier está reunido con Scott Summers en su despacho. Sentado en su silla sonríe cuando su hombre de confianza entra en la sala.
- Siéntate, Scott. ¿Todo bien?
- Sí, profesor –aposentándose en una butaca frente a Xavier.
Este saca de su cajón un portafolios de color amarillento y lo pone sobre la mesa, con cuidado, y lo abre. Los movimientos del profesor son siempre pausados, como si estuviese cansado y temiese moverse deprisa.
- ¿Qué tal te ha sentado tanta responsabilidad administrativa en mi ausencia? –afable, mientras revisa los papeles del dossier.
- Bueno, la verdad es que todo el mundo ha ayudado. Bestia se está encargando de formar nuevos profesores y dar algunas clases, Emma trabaja muy duro y comandos como Factor-X o X-Force trabajan con total autonomía.
- En cambio, los hombres X no pasan por su mejor momento...
- En los últimos meses solo ha habido cambios y dificultades. La muerte de Caín, Remy y Pícara... –algo avergonzado.
- Tranquilo Scott, esas cosas pasan. Simplemente deberíamos intentar reconstruir la situación y que la Patrulla se estabilice un poco, hay muchas amenazas como para tener problemas internos.
El mutante asiente con la cabeza.
- Bien. Entonces supongo que considerarás necesarios algunos cambios.
- Así es.
- Algunos de tus compañeros también lo piensan, y bueno, considero que tenéis razón. En cierto modo no puedo evitar sentir cierto caos a mi regreso.
- Usted dira, profesor Xavier.
Ofrece los papeles a su discípulo.
- Como bien dices Factor-X por ahora no necesita de nuestra atención. Forja y Bobby están llevando la situación de maravilla; X-Force está cumpliendo sus tareas de forma correcta, y parece que James y Sam pueden lidiar con Ororo, y estando allí los nuevos muchachos de Exalibur, Genosha no dará problemas.
Scott echa un vistazo a los documentos mientras escucha a Xavier.
- En cuanto a la escuela, pienso que Emma y Hank lo están llevando todo bien. Me extraña en sobremanera la poca actividad que está teniendo Logan y que no se haya quejado por ello... –medita un segundo-, pero eso está bien. Sobre Lucas Bishop, debo decirte que tu equipo no podrá contar con él, le ha surgido una buena oportunidad en Los Ángeles y ha decidido apartarse de este mundo por un tiempo. Rachel ha decidido permanecer en Genosha, Excalibur cuidará de ella y viceversa. Así que según mis cálculos la Patrulla X está formada ahora por Rondador Nocturno, tu hermano Alex, Sabia, Calibán y tú.
No es una pregunta, por lo que no hay respuesta. Scott espera en silencio a que el profesor continúe con su charla.
- Pienso que podrías incorporar a un par de personas más al grupo, que sean de tu confianza y que a tu juicio os permitan solventar vuestras misiones con mayor solvencia. ¿Qué me dices?
- Los cinco somos un buen grupo, pero no nos vendrán mal refuerzos –su mirada se desvía a los papeles del profesor-. Veo que usted tiene algunas sugerencias.
- Así es. En estos días me he puesto en contacto con algunos viejos amigos, ya que los que se encuentran en la Mansión tienen todos alguna ocupación...
- ¿Quiénes son?
- Brian y Meggan Bradock, hablé con ellos hace una semana y estarían dispuestos a formar parte del equipo. También Monet podría alternar su formación con el grupo.
- No, dejemos que M se entregue plenamente al cursillo. Será lo mejor.
- Bien... ¿Entonces que te parecen Brian y Meggan?
- Si pero... ¿No estaban en Otromundo?
- Sí, y tendréis que ir a buscarlos. Se ha desatado una extraña rebelión contra ellos en el lugar y están corriendo peligro. Solo unos cuantos fieles, que ahora son considerados rebeldes los apoyan. Tu equipo viajará a Otromundo para intentar pacificar la situación y traeros de vuelta a Meggan y al Capitán. De aquí a unas horas Roma intentará abrir un portal que os permita llegar a la ciudadela donde está su base de operaciones. Allí resisten como pueden las embestidas de los tauren, una raza que mantiene el frente abierto contra ellos.
Todo esto coge a Cíclope por sorpresa.
- Vaya... Supongo que se trata de una guerra por el poder.
- En efecto. No obstante Meggan y Brian, sin pretensiones ambiciosas dejaron el trono, pero el líder de esa raza de hombres bestia, Kornu los quiere expulsar de la dimensión y que regresen a la Tierra, ante lo que los fieles a nuestros amigos decidieron plantar cara.
El profesor se acerca a Scott dejando atrás el escritorio.
- Después de varios meses de enfrentamientos, Meggan y Brian no quieren más muerte y están convenciendo a sus aliados de que les dejen marchar, pero saben que si lo hacen, éstos morirán a manos de los tauren.
- ¿Qué se supone que debemos hacer, profesor? La situación es muy compleja.
- Lo sé, Scott, pero todo tiene solución. Debéis poner fin a la amenaza que supone Kornu, ya que sin líder, se verán perdidos, pues es una raza que no destaca por su arrojo ni táctica. El problema es que a su líder lo poseyó un espíritu llamado Aureum que le confirió grandiosos poderes y un aura de majestuosidad que hace que todos le sigan. Posiblemente su caída devolvería la paz a Otromundo.
- No pretendo juzgar sus razonamientos, pero si ellos no han sido capaces, nosotros...
- A ellos los conocen y los hostigan. Vosotros seréis totales desconocidos.
- Entiendo... –no muy convencido.
- Reúne a tus hombres y preparaos. Nos vemos de aquí a tres horas en el jardín.
- De acuerdo.
Algo contrariado tras la charla mantenida, el mutante Cíclope vuelve al pasillo y camina por él.
En ese instante suena el timbre. Los muchachos vuelven a clase.
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Una masa enfervorecida de hombres toro ruge y alza los puños, bate sus armas golpeándolas contra los escudos metálicos creando un sinsentido nada harmónico de ruidos furiosos. Frente a ellos, en lo alto de un saliente de la montaña, camina de un lado a otro, majestuoso y con gestos agresivos, uno de ellos que parece al menos el doble de robusto. Su cornamenta se retuerce para acabar en una incipiente punta de marfil y viste una lujosa armadura dorada y una larga capa esmeralda.
Tras él hay varios palmeros y los que parecen, a juzgar por su aspecto, sacerdotes o algo similar, por su indumentaria parecida al de los cardenales terrestres. Estos últimos tienen reducida la cornamenta y no acaba en punta. Su expresión es mucho más triste y relajada.
Cuando habla, la voz cruda del líder tauren se escucha en todo el valle en el que se encuentran sus tropas.
- ¡Ave, pueblo tauren! Las noticias son buenas en Otromundo. El enemigo, reducido y desarmado prácticamente, se encuentra atrincherado en su palacio. Los traidores a nuestra madre patria lloran y patalean ante nuestra inminente victoria. Pero para que sea una realidad, debemos todavía embestir una vez más con el poder de nuestra cornamenta y derrocar al enemigo que tanto daño y ofensa nos ha causado. ¡Que no haya tregua para Britania y sus gentes! ¡La traición es muerte para tauren!
Después de escuchar con sumo interés el discurso triunfal del líder, el sonido es todavía más ensordecedor y los bramidos viajan por el aire, poderosos y pesados, perdiéndose sin poder llegar hasta el escondite del enemigo.
En un castillo con numerosos desperfectos, un ejército de aspecto mucho menos fiero, formado por humanoides de orejas puntiagudas armados con ondas y arcos se refugian el Capitán Britania y Meggan, que en una sala charlan con sus más allegados en el lugar. Se trata del elfo conocido como Brachellae, delgado, agil y de casi dos metros; el otro, una mujer obesa de piel azul eléctrico y grasienta, calva y voluptuosos senos y labios, a ella la llaman Ma’Baba.
- Nos informan los vigías del este que los tauren han vencido al último poblado élfico y ya nada les impide la llegada hasta nosotros.
Todos, pero sobretodo el que fuese avatar del Excalibur primero, se hayan consternados y pensativos.
Él se frota la barbilla.
- Esta guerra debió terminar hace mucho.
Meggan, viéndose venir un nuevo monólogo del mea culpa, niega y su mirada se torna triste.
- Miuuucho hiemos hiablado die iesto, Quiapitan Britania. Lia tiuya miarcha nio hiubiese piarado iambición die lios tiauren –habla la extraterrestre.
- Ma’Baba tiene razón. Por más que hubieseis vuelto, ellos ahora seguirían en su propósito de destruirnos, y lo que es peor, no os tendríamos de nuestro lado.
De pronto la conversación se ve interrumpida por varias campanas que repican y pasos veloces y estresados que corren en dirección al patio.
Allí, en mitad de la ciudadela se ha levantado un enorme vendaval provocado aparentemente por un enorme haz de luz rosa.
El consejo regente de Otromundo corre hacia allí, pero cuando se deciden a hacerlo, el combate parece haber comenzado.
Decenas de flechas silban en el aire haciéndolo ondular al ser disparadas contra los cinco cuerpos que acaban de aparecer. Pronto, al ver a demonios con tales poderes que les atacan ante la hostil bienvenida, el pavor y la garra se hacen dueños de los corazones de los últimos defensores élficos que atacan con mayor fiereza.
La voz del Capitán detiene la gran acción. Su pose es autoritaria y mantiene el brazo en alto.
- ¡Detenéos! ¡Todos! No son una amenaza…
Miran a su rey con incredulidad. Este cambia su expresión y ahora sonríe ampliamente.
- Son viejos amigos.
Meggan corre para abrazar a Rondador Nocturno que se muestra alegre de poder volver a ver su compañera. Cíclope, Calibán, Sabia y Kaos esperan a que el religioso acabe de saludarse efusivamente con sus antiguos compañeros para hacer ellos lo propio.
- ¡Habéis llegado muy pronto! No os esperábamos hasta al menos dentro de una semana… -sorprendida Meggan.
- Nosotros nos enteramos hace unas horas de que cual era la situación –recuerda Cíclope-. El profesor nos ha puesto al corriente y aquí estamos.
- Muchas gracias por la presteza, compañeros –agradece Brian.
- Roma necesita concentrarse y descansar para volver a abrir un portal de regreso. Al menos 48 horas de nuestra dimensión. ¿Creéis que podremos derrotar en ese tiempo a vuestro enemigo?
Los soldados, alrededor, contemplan a los recién llegados con pavor ante esas palabras.
- ¿Bromeas, Scott? Lo que ves es lo que resta de nuestras defensas…
Sabia sin decir nada hasta el momento, camina a través del corro formado por los mutantes hasta llegar a Brachellae.
- ¿Tenéis documentación sobre la guerra? Pienso que puede sernos de utilidad.
- S… Sí, claro. Venid conmigo, señora.
Ambos entran en el interior de lo que resta de castillo.
- Diisculpe siñior, piero mie piarece quie oilvida quie Iaureum, iespiritu miagno, iesta quion Kiornu.
- Disculpeme, señora…
- Ma’Baba –interviene el Capitán.
- Señora Ma’Baba, pero si él cuenta con un dios, nosotros contamos con el factor sorpresa y con un punto de vista distinto.
- Creedme muchachos, que enfrentarse a un dios vivo como Kornu no es nada que hayamos hecho antes. La asociación entre ese ente y ese cuerpo es algo increíble.
Alex escruta con curiosidad el semblante de Brian y descubre en sus ojos un gesto de pesimismo innegable.
- Debemos intentarlo, al menos –se decide a intervenir.
Sin mucho convencimiento, el monarca asiente.
- Y si no… -se ve cortado Scott.
- Moriré defendiendo a mis fieles.
Triste y a la vez lleno de rabia, el Capitán Britania aprieta con fuerza su puño.
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Demasiado lejos de allí, el profesor Xavier atiende a una presencia etérea en su despacho.
- Sus pupilos han llegado al lugar acordado, profesor. Ahora debo retirarme.
- Gracias, Roma…
El rostro del director de la academia se muestra afligido ante la inseguridad que le supone la misión. En su interior, la fe en las capacidades de sus muchachos lucha contra el temor a perderlos.
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Lejos del último refugio de las fuerzas defensoras, las poderosas pezuñas de la infesta horda tauren aplastan la hierba en su paso firme hacia el enemigo.
A lomos de una enorme criatura de aspecto similar a un jabalí, dirige a sus súbditos el caudillo Kornu. Un pájaro blanco vuela cerca de él a gran velocidad pero es capaz de cogerlo en el aire y darle pasaporte hasta su estómago.
Tambores de guerra resuenan a lo largo y ancho de Otromundo.
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En una estancia oscura y mohosa, soportando la humedad en una estricta soledad física, Rondador Nocturno se encuentra arrodillado y tan sólo un haz de luz penetra a través de una rotura en la pared iluminando su pecho.
Las manos juntas, con los dedos azules entrelazados y los labios juntándose y separándose muy rápidamente sin que pueda escucharse lo que dice hasta que se pone en pie y se dispone a salir de la habitación.
- Amén.
La puerta se cierra tras de sí con un sonido delicado.
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LA GRAN BATALLA POR OTROMUNDO ESTÁ COMENZANDO...