Colección: Ultimate Defensores
Autor:
Narutaki
Número:
#1
Título:
Tras la puerta verde
Descripción de la portada:
John Constantine, con su clásica gabardina marrón, de espaldas al lector frente a una puerta verde oscuro tras la cual vemos, por la abertura que se presenta, a Namor mirándolo frío.

John caminaba embutido en su gabardina marrón con las manos en los bolsillos y algo encogido a causa del frío. En su boca un cigarrillo humeante que al menos procuraba algún grado de confortabilidad a su destemplado organismo. De vez en cuando, con las manos temblorosas lo había apartado de sus labios cortados, pero vista la situación climatológica en Londres y en ese día prefirió hacer malabarismos con la boca para dar escape al humo.

Andaba entre los londinenses cargados con paraguas y bolsas de la compra o maletines con la cabeza puesta en la lluvia que iba a enturbiar uno de los primeros fines de semana del verano.

Él seguía al único transeúnte que no ocupaba lugar y a nadie estorbaba. No hablaron durante todo el trayecto.

Doblaron algunas esquinas más y el ambiente se tornaba grisáceo. Las tiendas de moda eran sustituidas por bazares de regencia asiática o colmados con dependientes bengalís. Entonces escupió la boquilla naranja de su cigarro a la carretera por la que no pasaban coches.

- ¿Desde cuando te has vuelto tan selecto? –irónico.

Su guía no contesto. Se trataba de un hombre adulto ataviado con ropas raídas y la tez extremadamente pálida. Los ojos eran redondos y azules y en su frente reinaba un profundo agujero de bala.

Finalmente el espectro se detuvo frente a unas escaleras que descendían hasta una puerta de madera verde oscuro adornada con un número 6 dorado y polvoriento como la mirilla.

- Es ahí, eh… Bueno, gracias Bob –guiñándole un ojo- Si ves que me pasa algo no sé, dile a tus colegas que me preparen una fiesta de bienvenida.

Sabía que no encontraría respuesta y así fue. Se marchó por donde habían venido.

Por fin sacó las manos de los bolsillos y golpeó la puerta con los nudillos.

Abrió un hombre joven de rasgos orientales aun siendo claramente occidental. El cabello desaliñado y negro coronaba un rostro varonil que habló para darle la bienvenida a su huésped.

- ¿John Constantine?

Asintió con la cabeza.

- Adelante, pase.

Descubrió en el interior algo que debía haber sido un antiguo pub. Se conservaba polvoriento. La barra con decenas de botellas de licores tras ella, un grifo de cerveza y taburetes de piel granate.

Por mitad de la sala, varias mesas y sillas de madera y una máquina con vinilos aun en su estómago.

Además del hombre que le había dado la bienvenida se encontraba otro, escuálido y encogido, con el rostro compungido y barba de días, sentado en una de las sillas.

- Bruce, te presento al señor John Constantine. Señor, este es Bruce Banner, una eminencia científica.
- Ehm… Salud, Banner.

El silencio se hizo por unos instantes.

- ¿Whisky? –dijo el otro detrás de la barra.
- Mejor una cerveza si puede ser.
- Sí, claro…

Salió con una cerveza y un botellín de agua que le tiró a su compañero. John tomó la botella de Murphy’s.

- Supongo que se preguntará que es lo que ha venido a hacer, señor Constantine.

Dibujó media sonrisa y tomó asiento.

- Ustedes dirán, señores.
- Primero permítame presentarme, soy Namor –tendiéndole la mano.

La estrecharon cordialmente.

- El caso es que el asunto que nos concierne, y que te concierne también a ti, espero que me permitas tutearte en aras de lo que tengo que explicarte- miró a Constantine que asintió-, es un tanto extraño, pero sabiendo lo que sabemos de ti, no creo que te asuste.
- Pues vosotros diréis. Soy todo oídos.
- Hace algunos años, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis invadieron Francia e instauraron el gobierno de Vichy no sólo el ejército o los gobiernos aliados quisieron tomar medidas. Un hechicero llamado Stefan Strange, un místico, encontró la llamada Profecía del Ajedrez. No hemos encontrado el texto íntegro pero sí referencias a él en uno de los cuadernos de Strange que por casualidad encontré en la abadía de Leffe, en Bélgica. Según entendí, los espíritus le confiaron al hechicero el secreto que debía derrotar a los místicos que los alemanes tenían de su lado. Un rey, una torre y un alfil. Tres hombres que al concluir el ritual de Strange sentirían el despertar de sus poderes y acudirían a su llamada para ayudarle a liberar su patria.

Namor se detuvo en su narración. Constantine seguía escuchando y Banner no hablaba.

- Pero algo salió mal. El ritual quedó inconcluso cuando uno de sus aprendices lo delató a sus enemigos y varios conjuradores nacionalsocialistas lo asaltaron en su casa, detuvieron el ritual y lo hicieron prisionero.
- Y…
- Quedó inconcluso, lo cual quiere decir que algunos de sus efectos sí tomaron forma. Conocedores de esto, esos hombres intentaron usar sus poderes y conocimientos arcanos para retrasar lo suficiente el despertar de la profecía, al menos para que el Eje ganase la guerra a los aliados. Y aunque finalmente no fue así y cayeron derrotados, la energía mística del ritual siguió latente hasta el año 2001 en que el rey, la torre y el alfil recibieron la gracia que les otorgó Stefan Strange.

Los ojos de John recorrieron la sala percibiendo allí tres presencias humanas. Antes no le había dado importancia.

El atlante sonrió.

- Tú debes ser el caballero que llevamos un año buscando.
- ¿Cómo lo sabéis?

En sus experiencias con seres extraños había aprendido lo necesario de conocer los pormenores de todas las situaciones para evitar disgustos.

- ¿En qué año se te apareció el primer espíritu y por ayudarlo terminaste con la marca que tienes en los abdominales?

John se mantuvo sereno.

- ¿Y qué se supone que debemos hacer ahora? ¿Ir apalizando skinheads?
- No –intervino Banner por primera vez-. El rey, la torre y el alfil no sólo fueron concebidos como los que debían derrotar a los nacionalsocialistas. Esa era la parte de la Profecía que interesaba a Strange.
- …
- En realidad, Constantine, somos guardianes místicos de la tierra. Yo soy el rey, y algún día lo fui no solo a los ojos de la Profecía. Pero ahora soy la parte aristócrata y estratega del triángulo que concibió el hechicero. Banner es el guerrero y la defensa, y tú… Bien, tú sabrás que eres.

John miró de soslayo al delgado Bruce y rió para sus adentros.

- Yo no subestimaría sus capacidades de combate –rió vanidoso Namor.
- No, claro… -algo avergonzado incluso.
- El caso es que sabiendo quienes somos y las amenazas que hemos sufrido en los últimos años, cuando comencé a investigar el porqué de lo que me sucedía y descubrí esto, desee encontrar a mis otros dos compañeros y enfrentarnos juntos a lo que quiera que intente destruirnos.
- ¿Me habéis traído una máscara de colorines?
- Esto es más serio de lo que crees. Los enemigos de Strange, entre los conjuros que lanzaron contra su ritual, contaron algunos destinados a destruir a los recipientes, nosotros, si algún día llegábamos a sentir el despertar de nuestra fuerza mística.
- Y decidisteis sobrevivir siempre a las amenazas, peleando hasta que nos toque palmar hechos unos vejestorios…

No le respondieron. Era demasiado crudo en sus afirmaciones.

- ¿No se os ha ocurrido buscar al tal Strange y decirle que nos libere de toda esta historia?
- No hay indicios fiables de que siga vivo.
- Tú mismo dijiste que sus enemigos no lo mataron, lo hicieron prisionero.
- Suponemos que para torturarlo, robarle sus secretos y luego asesinarlo. Constantine, todo en lo que tú piensas ahora, ya lo hemos valorado antes Banner y yo.
- ¿Visitasteis la abadía de Leffe?
- En dos ocasiones. La primera, cuando encontré el cuaderno, y luego al encontrar a Banner.
- Creo que tal vez mis ojos puedan contemplar algo que pasasen por alto los vuestros.
- ¿Vamos a jugar a los detectives? –recordando la frase pronunciada por John unos minutos antes.
- Siempre es más sexy que ser un superhéroe.

Ninguno de los tres pudo reprimir una sonrisa, cada uno en su estilo.

- Deberemos preparar el viaje.

John Constantine fuma un cigarro junto a Bruce Banner sentados en un banco metálico en la sala de espera del local mientras que frente a ellos, Namor se aclara con la dependienta.

De pronto el europeo se gira hacia la puerta. Allí se encuentra una mujer de mediana edad.

- Molly, vaya, un placer verte… ¿Todo bien? Bueno a excepción de…

El científico lo mira, pero no es el único, Namor, la dependienta que lo atiende y sus compañeros así como el resto de clientes lo observan entre asustados y divertidos.

Al percatarse de la situación John se gira mirándolos.

- ¿Ustedes nunca hablan con los fantasmas? Uno de cada cuatrocientos psicólogos lo recomiendan.

Sin decir nada más, tranquilo, sale del lugar.

- Bueno chica, ¿qué quieres?

El especto no contesta, no acostumbran a hacerlo. En cambio ésta le entrega una nota etérea al alfil que la toma en sus manos sin saber exactamente como, notándola como una brisa hecha materia sólida y lee una frase con una caligrafía poco decente.

“Peligro. Corre”.

Alza los ojos, luchando por vencer el peso de los párpados y ve como su ángel de la guarda se ha desvanecido mientras siente la nota huir de sus manos.

- Genial…

Abrochándose la gabardina, sintiéndose extraño al recordar que después de todo estaban en verano abrió la puerta del lugar.

- Ehm… Banner, Namor, yo iría finiquitando el asunto.

Sin decir nada más el rey agradeció la atención de la muchachita y le ofreció su tarjeta de crédito. Cuando se levantó, la torre le siguió también fuera de la agencia.

Una vez allí se miraron.

- Me han anunciado que estamos en peligro aquí.
- Tal vez la idea de ir a Bélgica no se te ocurrió porque sí… Ya sabes, quizá los espíritus no solo se comuniquen contigo de forma que tú te enteres.

Se encogió de hombros.

- El aviso decía “Corre”, así que no creo que sea tan pausado como todo eso. No creo que la amenaza esté en la Gran Bretaña buscándonos mientras visita el museo de los Beatles. Lo interpreté como algo más inmediato.
- En cualquier caso deberíamos pasar a recoger las maletas y salir lo antes posible. El vuelo despega en cinco horas.

Disolvieron el pequeño concilio improvisado en mitad de la acera y echaron a andar.

Poco a poco las nubes, oscuras, ennegrecían el cielo sobre sus cabezas y descendían lentamente creando una humeante neblina alrededor de sus pies. El suelo mojado les hacía salpicar en alguna ocasión la parte más cercana al tobillo de sus pantalones.

El viento arreció llevándose de un golpe algunos paraguas y llenando de frías gotas de agua a los viandantes.

El agua del suelo comenzó a recorrer las calles junto a los tres despertados por la Profecía, aglutinando cada vez una mayor cantidad de líquido en un riachuelo que para cuando quisieron mirarlo ya estaba tomando forma humanoide.

Siempre alerta, Namor trató de golpearlo en vano pues la silueta se descompuso al notar el contacto y finalmente se mostró ante ellos naciendo de un charco a sus espaldas.

Los defensores de la tierra lo contemplaron asombrados durante unos instantes para luego ponerse a la defensiva.

- Banner, tú encárgate de que no se acerque nadie, hay demasiada gente como para que entres en combate.

El científico asintió y comenzó a impelir a la gente para que se cruzase de acera y se apartase de allí. Por suerte no resultó una tarea difícil al asustarse todos los londinenses ante la presencia de una mole de más de dos metros de alto formada por agua en estado de movimiento.

- ¿Alguna idea, Namor?
- Es nuestro día de suerte, Constantine, resulta que el agua es lo mío.

El rey extendió las manos con las palmas abiertas en dirección al elemental y en tensión las movió exageradamente de izquierda a derecha por un par de ocasiones.

La silueta del enemigo se descompuso en un extremado vaivén para luego volver a su estado natural. La criatura emitió un sonoro lamento y decidió lanzarse contra el atlante que no pudo hacer otra cosa ante la inmediatez del golpe que cubrir su cuerpo con los antebrazos cruzados.

John se mantuvo quieto sin saber que hacer. En un gesto de moderada desesperación tiró la colilla aun encendida contra el humanoide de agua que no sintió absolutamente nada.

- No te preocupes, déjame a mí. Tú solo procura que yo resista.

Asintió con la cabeza.

Namor volvió a la carga pero esta vez, sin dudarlo, ante la previsión de un nuevo ataque el elemental volvió a atravesarlo lanzándolo al suelo esta vez. Mientras, pequeñas gotas de agua formaron unos duendecillos que comenzaron a trepar por el cuerpo de John y de Bruce en dirección al cuello para asfixiarlos.

El atlante se levantó y miró a ambos lados de la vía. Nadie a la vista.

Extendió de nuevo las manos y abrió las palmas, siempre en dirección a su enemigo, de pronto, cerró los dos puños mientras gritaba provocando la explosión de su rival que mojó los pisos más altos de los edificios colindantes.

Los duendecillos explotaron también causando pequeñas heridas superficiales en los brazos descubiertos de Banner.

Volvieron a reunirse. Sentada en el suelo, no muy lejos de ellos una anciana se llevaba la mano al corazón y mostraba dificultades para mantener la respiración. Banner utilizó su teléfono móvil para llamar a una ambulancia.

Se escuchaban ya sirenas, la policía no andaba lejos.

- Habría que encontrar a Strange.
- Habría…

Y antes de que llegasen la decena de coches patrulla que se encontraban en camino desde hacía un rato, el rey, el alfil y la torre habían desaparecido del campo de batalla sumando su primera victoria.

Al día siguiente Londres amaneció húmeda pero soleada.

¿POR QUÉ ELLOS? ¿QUÉ SUCEDIÓ CON STRANGE? BRUSELAS Y MUCHOS MISTERIOS AGUARDAN A LOS HIJOS DE LA PROFECÍA