Colección: Ultimate Defensores
Autor: Narutaki
Número: #3
Título: ¡Por las barbas de Merlín!
Descripción de la portada: Una foto en sepia. Stefan Strange, corpóreo, mirando al lector con la mano tendida, apunto de realizar un conjuro, y tras de él, un personaje vestido de licra, con antifaz y un anillo en el dedo corazón que mantiene una pose amenazadora.
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No se habían fijado en un primer momento pero Banner, Namor y Constantine estaban sentados en las banquetas de madera del laboratorio de un alquimista. La pared dibujaba un perímetro circular y estaba hecha de una roca húmeda y oscura. En el centro, a parte de ellos, había más de un centenar de libros polvorientos con encuadernación en piel y muchos artilugios de los cuales apenas distinguieron unos alicates oxidados y varias probetas.
Con ellos ¿estaba? el mítico Stefan Strange en aquella extraña forma etérea que solo el inglés podía ver.
- Habría que despertar a Banner y pensar en cuál va a ser el siguiente paso –dijo Namor.
John en cambio parecía menos tenso, curioseaba la estancia desde su asiento. Stefan estaba de pie al otro lado de la mesa de madera. Sonreía, y de haber sido material, en su rostro afilado se habrían dibujado unos hoyuelos.
El rey ya estaba acuclillado para despertar a Bruce Banner, quien dormía en el suelo con una expresión inocentemente serena.
- ¿Dónde estamos?
- En el laboratorio de Nicolás Flamel, en Francia.
El británico trató de asimilar aquello. Movió sus labios varias veces.
- Sí, tú nos has traído hasta aquí. Aunque no tenías ni idea de que esto existía, mis recuerdos sí.
- Vaya… Creo que lo entiendo a la perfección –bromeó.
- Tú eres el recipiente de toda mi magia, no solo de la energía que la hace posible, si no de mis recuerdos relacionados con la hechicería. Este lugar era recurrente en mis huidas así que, como no has sido capaz de pensar uno a causa de la tensión del momento, hemos aparecido aquí. Ha sido puro instinto.
Asintió con la cabeza, algo más convencido.
No muy lejos, la sala no era especialmente amplia, se escuchó a la torre desperezarse. Namor ya estaba de pie junto a los dos hechiceros.
Con la camisa blanca hecha harapos y los pantalones rahídos pero sin una sola herida, Bruce saludó alzando una mano tímidamente y se sentó en otra de las butacas libres.
- Hemos encontrado a Strange.
Miró a su alrededor y no dio crédito a las palabras de su compañero.
- Hola, Bruce. Saludos.
Bruce abrió los ojos como platos.
- Tranquilo, sólo lo ve éste –señalando con el pulgar y a desgana a John.
Se pasó las manos por la cara y luego encogió los hombros.
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Callejeando por Bruselas uno acaba dando de frente con la Casa Horta, un edificio modernista de paredes color canela que resalta en la monotonía arquitectónica de la capital europea.
Dentro, todo el suelo está enmoquetado en rojo y las paredes pintadas de verde pastel, con lámparas de aceite en las paredes. Muchas lámparas de aceite.
En una de las salas de estar, en la segunda planta, se encuentra sentada la señorita Jean Grey. A su lado, de pie y tembloroso, el hermano Celeste.
Pronto aparecen en la sala dos caballeros vestidos con galas del siglo XVIII acompañados de un tercero con una vestimenta un tanto más estrambótica y colorista. La dama pelirroja sonríe convencida al verlos.
- Buenas noches. Ko’or –inclina la cabeza a modo de saludo-, Mengele, Gitt –repite el gesto.
Los dos hombres toman asiento en dos butacones frente a ella.
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Fuera del planeta conocido como tierra, más allá de sus satélites, perdido entre estrellas, en mitad de algún cinturón galáctico se encuentra una ciudad flotante. La Guarida tiene todas sus calles adoquinadas, los edificios hechos de cristal y aleaciones metálicas y una farola de luz verde en cada esquina. Es el hogar de los Green Lantern Corps, un cuerpo de élite milenario que cuida del bienestar de cada uno de los lugares habitados del universo.
En el centro de la ciudad, en el edificio del Consejo, el líder de los Green Lantern observa con gesto paciente al guardián de la Tierra, el ser conocido como Kyle Rayner.
- Maestro, es necesario que me autorice a viajar a la Tierra, ¡es necesario!
- Joven centinela Rayner, os honra la forma en que defendéis el territorio cuya seguridad se os ha concedido en nombre de los Guardianes del Universo, pero de nada servirá, aún peor, restará de beneficio al planeta JQ4-17 que tratéis de liberarlo esta vez.
- Pe…
- En esta ocasión se requiere paciencia. Es lo mejor. Sois joven e inexperto aún, pese al anillo que portáis y el coraje que día tras día mostráis tener no sois aún rival para el ente llamado Jean Grey.
- Pero si no hacemos nada, si ni siquiera los Green Lantern Corps intentamos actuar, ¿qué será de la Tierra? Si logran hacerse fuertes allí, ¿quién los detendrá entonces?
El Maestro calló y Kyle pudo ver un extraño brillo en sus ojos, tal vez se le estaban empañando.
- Es lo que tiene que ser… ¿Verdad?
- El nombre de Jean Grey posee los acordes del sonido de lo inevitable, Kyle Rayner. Ella gobernará el planeta JQ4-17 y luego otros. Finalmente podremos combatirla todos juntos y entonces, sólo entonces, derrotarla.
Desde el piso de arriba de la sala del Consejo, se escuchó la voz del veterano Hal Jordan.
- Maestro, con el debido respeto, creo que no actuáis de forma correcta. Los sentimientos de Kyle son los que deben ser y merecen ser respetados.
- Centinela Hal Jordan, bienvenido a la sala del Consejo.
Kyle miró a su maestro sorprendido, hacía casi un año desde la última vez que pudieron hablar. Ahora estaba allí, ya no era un centinela, pero el Maestro seguía considerándolo así. Después de haberse retirado, después de haber legado sus responsabilidades en él, Hal Jordan se había retirado de la vida de Green Lantern en activo y ahora sólo aleccionaba a los futuros guardianes.
Descubrió su rostro, oculto entre las sombras que creaba la capucha de su túnica verde esmeralda.
- Morirá, sí, pero lo hará de la forma en que desea hacerlo, morirá con honor y defendiendo el juramento que realizó. ¿Es mejor que viva traicionando su palabra, Maestro?
El líder de los centinelas separó los labios y no habló.
- Se trata de sentimientos, de redaños, de sentir la sangre correr por las venas.
- Se trata de defender el universo, centinela Jordan. Ese es el deber de los Green Lantern Corps.
Todos callaron entonces.
- Yo le acompañaré.
- Sin tu anillo esmeralda, sin tus poderes, no serás ninguna garantía.
- Mis enseñanzas van con él.
- También tu temeridad.
- Entonces tendrá alguna opción de vencer.
- Un solo Green Lantern no puede derrotar a Jean Grey.
- No estará sólo.
- Centinela Jordan, no viajarás con él al planeta JQ4-17 –algo más autoritario.
- No seré yo quien le ayude.
Un nuevo silencio breve y enigmático se instaló en la sala del Consejo.
- ¿Recordáis a Stefan Strange, maestro?
- El hechicero que hace años durmió al espíritu maligno encerrado en el cuerpo de la niña Grey.
- Sí. ¿El vive aún?
- De algún modo. Y le acompañan tres discípulos, tres aprendices que están haciendo frente a Grey. Kyle puede ayudarlos y juntos derrotarla.
- No sé…
- De esta forma tal vez caiga Kyle. Si aguardamos a la guerra caerán muchos más centinelas y sobretodo, muchos más inocentes. Eso es lo que debemos evitar los Green Lantern, ¿no?
Kyle observó orgulloso a Hal Jordan, quien mostraba una expresión totalmente seria, seguro de si mismo. El Maestro finalmente asintió.
- Que el centinela Kyle Rayner viaje al planeta JQ4-17 y busque los discípulos de Strange. Nunca antes ni sólo intentes enfrentarte a Grey o todo habrá sido en vano –dirigiéndose ahora al centinela de la Tierra.
El muchacho asintió y cerró el puño. Se quedó mirando el anillo esmeralda en su dedo corazón y luego alzó la vista hacia Jordan que ya caminaba de nuevo fuera de la sala del Consejo, en el centro de La Guarida.
Tras hacer una leve reverencia al Maestro, Kyle también abandonó la estancia.
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- No debéis intentar enfrentaros directamente a Jean Grey, no podéis destruirla –aseveró Strange a sus piezas de ajedrez.
- ¿Entonces? –Namor estaba algo inquieto.
La torre, el rey y el alfil estaban sentados en taburetes de madera junto a la mesa, el espectro de Stefan Strange se paseaba por la sala, aunque eso sólo podía verlo Constantine.
- Hace algunos años, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, Jean Grey era sólo una niña, un arma en manos de los hechiceros del Reich. Aquella cría de cabellos rojizos y gesto inocente albergaba ya al espíritu cósmico del Fénix en su interior, pero no sabía como utilizarlo. De ello querían encargarse los nazis.
- ¿Lo consiguieron?
- No.
John miraba al mago, que se había detenido, y Namor y Banner a su compañero.
- Cuando el Reich cayó, la pequeña Grey quedó sola. Ningún enemigo tuvo el coraje para asesinarla, era sólo una cría. Fue un error, pero fue así. Yo ya no podía hacer nada, pero uno de mis camaradas, Harry Houdin trató de despojarla del espíritu maligno que guardaba en sus entrañas. No pudo. El espíritu Fénix es el ente más poderoso y el más terrible que he conocido, su propósito es el caos.
Banner intervino.
- Entonces ahora, Jean Grey ya controla al espíritu Fénix.
- No. El Fénix la controla a ella. Cuando uno mira a los ojos de aquella niña, ve ahora el auténtico mal. Y nadie puede derrotar al Fénix.
- ¿Por qué no ha sido una amenaza real hasta ahora? –preguntó el atlante.
- Sucedió diez años después de la guerra. En el 55. El día en que el Fénix logró poseer a Jean Grey el mundo tembló. Llegó a la Tierra un hombre llamado Hal Jordan, centinela de la organización interplanetaria conocida como Green Lantern Corps. Gracias a poderes que se escapan a mi comprensión, me encontró y me dotó de corporeidad de forma temporal, sólo 24 horas. Él distrajo a Grey de forma que yo pude hacer dormir al Fénix durante un tiempo…
- Hasta ahora –concluyó Constantine.
- Así es. El Fénix despertó el año pasado y ha estado recuperando su poder y sus adeptos. Él notó que os reunisteis pero aún no posee todo su poder, está agotado, somnoliento, por eso no ha atacado directamente, sólo mediante secuaces.
- ¿A qué estamos esperando, entonces? –dijo Namor poniéndose en pie de golpe- ¡Ataquemos antes de que sea más poderoso!
- No sin que yo os haya enseñado antes unas cuantas cosas. ¿Crees que Banner sería muy útil siendo un monstruo fuera de control?
Al escuchar aquellas palabras, el joven Bruce Banner se encogió y notó como cada letra se le clavaba en el cerebro. Sus musculos se tensaron.
- Tenéis que aprender rápido, entonces tendremos alguna opción, no de vencer al Fénix, pero tal vez sí de dormirlo medio siglo más.
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En el cielo de Barcelona brilló una fulgurante llama verde.
Y luego Kyle Rayner apareció sobrevolando el Paseo de Gracia, a unos 100 metros del suelo.
Miró al este, al horizonte. Vió el mar fundirse con el cielo azul y sonrió.
Pasó sus dedos largos entre su pelo negro y luego se miró a si mismo. Miró una vez más el anillo y también su uniforme de centinela.
- Vamos allá.
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Fuera estaba lloviendo. Occitania era una región donde era corriente que eso sucediese.
El espectro de Strange estaba frente al flacucho de Bruce Banner. Namor y Constantine estaban cenando dentro, en silencio y con curiosidad.
- Bien, Banner, intenta en todo momento recordar quien eres. Quiero que tengas bien presente tu imagen en tu mente. Imagina que tu mente es un espejo de tu rostro. Pase lo que pase, recuerda que eres Bruce Banner, ¿de acuerdo?
Tragó saliva y asintió.
- ¿Preparado?
Los músculos de la torre comenzaron a tensarse. La sangre circulaba por sus venas acelerándose poco a poco.
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¿PODRÁN BANNER, CONSTANTINE Y NAMOR DERROTAR AL FÉNIX CON LA AYUDA DE KYLE RAYNER?