Dick Grayson abrió un ojo. Se levantó de la cama con cuidado,
sigiloso, sin hacer ruido. Abrió el armario donde guardaba la ropa y
retirando un fondo falso, sacó una mochila. Suspiró antes de abrirla
(estaba muerto de sueño). De ella sacó un traje. Se quitó
su pijama para vestirse con la ropa que había sacado. Primero, unas mallas
negras. Luego, un chaleco antibalas y una camiseta sin mangas. Se colocó
también una enorme capa de color verde oscuro. La prenda llevaba una
capucha ancha, que ensombrecía su rostro. Para finalizar, se puso un
pasamontañas negro que ocultaba su identidad.
Tras ponerse este singular atuendo, volvió a abrir el armario y sacó una larga vara metálica, muy ligera. Se agachó y se puso unas botas con punta de acero, bien atadas. Abrió la puerta de su caravana y de un salto pisó el barro. Un montón de vehículos similares al suyo le rodeaba.
Era un hogar extraño, sí, pero estaba acostumbrado. Sus padres eran acróbatas en el famoso Circo Zucco. Se conocieron en el casting para el trabajo y dos años después, nació él. Se crió viajando de ciudad en ciudad, viendo a “Los Graysons Voladores” y a la temprana edad de los 6 años ya comenzó a entrenar con ellos. Soñaba con ser un acróbata como sus padres, y ahora con sus 16 años era uno de los mejores equilibristas de América.
Pero esa no era la única habilidad de Dick. Cuando comenzó a estudiar, demostró ser mucho más inteligente que los demás chicos de su edad. Al cabo del tiempo sus padres recibieron la noticia. El joven Dick Grayson era un chico superdotado. Tenía capacidades deductivas muy avanzadas, podía realizar cálculos muy complejos y muchas otras cosas. Pese a esto, el chico quería ser acróbata como sus padres y ellos no se opusieron.
Así, desde hace un par de años, el cartel que anunciaba a Los Graysons Voladores también hablaba del joven Robin, el acróbata más joven de América. Se hizo famoso por sus habilidades con rapidez y todo iba mejor que nunca en su vida. O al menos así lo veía Dick hasta hace un par de meses.
Tras una actuación más en el circo, la familia Grayson salió a cenar en un restaurante de New York. Mientras buscaban un lugar donde comer un hombre los paró. Sacó una pistola y les obligó a entregarle todo el dinero que llevaban. La madre de Dick le dio la cartera pero para el ladrón no era suficiente. Intentando librarse, el padre de Dick soltó una patada hacia el criminal, derribándolo. Este, al caer, disparó varios tiros al aire. Los seres más queridos del joven Robin murieron aquella noche.
Cuando la policía llegó al lugar del crimen, encontraron los dos cadáveres y al chico de rodillas junto a ellos, llorando. No había ni rastro del asesino.
A partir de ahí la vida de Dick se descontroló por completo. El espectáculo de los Graysons Voladores desapareció, pero Robin continuó con su vida como acróbata en el espectáculo que ya tenía montado. De todas formas no era lo mismo que antes, no tenía la misma ilusión. Más de una vez había estropeado el número por un error o por un despiste y el director del circo no sabía qué hacer con él. Hace una semana escasael Sr. Rotsock, el dueño, le dio una noticia al joven.
-Verás, Dick... Me acaban de decir mientras actuabas que han encontrado a un familiar tuyo.
Dick se sorprendió, pues sus padres no habían tenido hermanos, y por lo que sabía, sus abuelos ya habían fallecido. El Sr. Rotsock le enseñó una ficha. Allí vio la foto de una anciana y datos. Mientras los observaba, el dueño del circo continuó hablando.
-Esta mujer es Patty Grayson, la hermana de tu abuelo paterno, es decir, tu
tía abuela. Ya han hablado con ella las autoridades y después
de lo que te ha pasado, ella está de acuerdo en que vayas a vivir con
ella. Sé que lo que quieres es trabajar en este circo, chico, pero lamento
decir que después del accidente y siendo tú menor de edad... No
puedo hacer nada, créeme. La semana que viene irás a vivir con
ella. Ella vive en San Francisco. Continuarás tus estudios sin problemas,
por eso no te preocupes.
-Pero no quiero largarme de aquí. Este lugar tiene muchos recuerdos para
mí, quiero continuar con el legado de mis padres.
-Quizá sea mejor para ti que te vayas. Como has dicho, este lugar está
lleno de recuerdos y eso no tiene por qué ser algo bueno. Vives las 24
horas del día entre recuerdos y eso puede consumirte... Cuando seas mayor
de edad, si no has cambiado de opinión, nos volveremos a ver. O quizá
el gran Circo Zucco pase algún día por San Francisco y nos hagas
una visita, ¿eh, chico?
Dick se dio la vuelta y se fue sin decir palabra, dejando solo al sr. Rotsock.
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Había pasado ya una semana de aquella conversación. A la mañana siguiente, Dick iría a San Francisco y no podía hacer nada para impedirlo. Esta era la noche final. Desde la noche de sus padres, Dick tomó una decisión. Quería vengarse del asesino de su familia, y cada noche se vestía con el chaleco antibalas, las botas y llevaba su vara de acero. Salía por la ciudad cercana en busca del ladrón para acabar con su vida. Esta noche era la definitiva. Los últimos 2 meses los había pasado buscándolo y por fin sabía varios lugares que frecuentaba por la noche. Para conseguir la información Dick había tenido que juntarse con mala gente, amenazar a tipos peligrosos y meterse en varias peleas de las que había salido prácticamente ileso. Sólo notaba sus aventuras nocturnas al día siguiente, necesitando hacer un esfuerzo sobrehumano para trabajar en el circo.
Dick salió del lugar entre las sombras, asegurándose de que nadie lo hubiese visto escapar de su caravana. Llegó a la ciudad, a una zona donde se juntaban los traficantes y drogadictos de la ciudad. Entró a un bar, y pregunto por El Diablo (así era conocido el asesino de sus padres).
-Ey, chaval... ¿Qué cojones haces con esas pintas? ¿No
te han dicho tus papis que...?- Un varazo en la cara tiró al suelo al
tipo que había hablado. En ese momento varios tipos más se levantaron.
-Busco al Diablo. Me dijeron que suele venir por aquí.- Repitió
Dick.
-Y te han dicho bien, niñato. ¿Y bien? ¿Qué buscas?-
Dick se giró, viendo como entraba el asesino de sus padres por la puerta
del bar, sonreía maliciosamente, y Dick se puso rabioso.
-Tú... ¡Mataste a mis padres!- El chico se lanzó contra
el Diablo, lanzándose ambos fuera del bar.
Dick continuó pegándole sin piedad, mientras el Diablo intentaba defenderse como podía. De un empujón logró quitarse al chico de encima y se puso de pie. Sacó una navaja y amenazó a Dick.
-¿Que maté a tus padres? ¡Ah, joder, he visto llorar a tantos niñitos que no me suena tu cara, jajajaja! Nah, es broma, claro que sé quién eres, aunque has tardado en venir a por mí... ¿Cuánto has tardado en comprar ese disfraz?
Dick lanzó una patada al asesino, que este esquivó. El chico luchaba sin hablar, la rabia le había hecho perder el control. La navaja del Diablo se acercaba peligrosamente todo el rato, pero al fin Dick le atizó un varazo que le rompió el codo, haciendo que soltara el arma. Justo entonces sonó un disparo, y se giró asustado.
-Tú, chaval, ¿quién cojones eres?- Preguntó el
tipo al que le había dado un golpe en la cara. Llevaba una pistola en
la mano.
-Tú puedes llamarme Robin.- Dick salió corriendo hacia el tipo
ignorando la pistola. Se lanzó con valor hacia el hombre, y de un par
de golpes le arrebató el revólver. De otro varazo lo dejó
inconsciente.
Con la pistola en la mano, Robin se giró hacia el asesino de sus padres.
-Oh, mierda... Mierda, mierda, mierda... Eh, chaval... Je, je, je... ¿
No irás... No irás a dispararme con eso, verdad?- El Diablo estaba
de rodillas en el suelo, agarrándose el brazo roto con la otra mano.
Estaba lloriqueando. Dick le apuntó con la pistola a un par de centimetros
de su cabeza.
-No puedo creerlo. ¿De verdad estás pidiéndome piedad?
¿Después de lo que me hiciste? ¿Después de matar
a mis padres estás pidiendo piedad?- Dick estaba descontrolado, gritaba
mientras apuntaba al Diablo a la cabeza. La pistola temblaba en la mano.
-Necesitaba... el dinero...- El Diablo estaba llorando.
Robin miraba al asesino con furia. Solo mover un dedo, un solo movimiento...
“Click”
La pistola no tenía balas. El tipo aquel debía haber cargado la pipa con una sola bala. Dick se dio cuenta de lo que había estado a punto de hacer. El Diablo había dejado de llorar. La tensión del momento en que había sonado la pistola había sido demasiada, y había caído desmayado. Robin cogió al ladrón y lo dejó en la comisaría. Habló con el policía, diciendo que aquel era el asesino de los Grayson. Al día siguiente el Diablo confesó todo lo ocurrido, salvo la pelea con Robin y la verdadera identidad del chico. Aquel momento se lo llevaría a la tumba.
Pero mientras el Diablo confesaba Dick ya estaba lejos, rumbo a San Francisco. Se sentía liberado en parte. Sí, había detenido al asesino de sus padres, y pasaría los años que le quedaban pudriéndose en la cárcel, pero... Si la pistola hubiera tenido balas hubiera acabado con una vida. Se había dejado llevar completamente. Completamente. Sabía que no se hubiera perdonado el hecho de haberlo matado y se prometió que aquella sería la última vez. Robin no volvería a actuar.
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Tras varias horas en el coche del Sr. Rotsock, que se había ofrecido a llevarle, llegaron a San Francisco a la casa de su tía abuela Patty. Era un bloque de pisos y su tía vivía en el ático, el 9º piso. Antes de subir se despidió del viejo amigo de sus padres, Rotsock. Se prometieron volverse a ver y Dick se quedó un rato viendo como el coche desaparecía por la calle girando una esquina. Suspiró y apretó el botón del timbre.
-¿Diga?- preguntó una voz anciana.
-¿Sra. Grayson? Soy Dick. Dick Grayson.
-¡Dick! ¡Qué ganas tenía de verte! ¡Sube, hijo,
sube!- sonó el ruido de la puerta al abrirse y como colgaba el telefonillo.
Dick observaba el patio de la casa, un lugar algo destartalado, poco cuidado. Subió en el ascensor hasta el 9º piso, encontrando la puerta abierta y allí una mujer sonriendo con los brazos abiertos. Se acercó a él y le dio un fuerte abrazo.
-¡Ay, Dick! ¡Ay, cómo te pareces a tu padre! No te veía desde que tenías un año, cuando tu abuelo y yo fuimos a visitaros al circo... Sabes que siento mucho lo que pasó... Pero podremos superarlo, ya verás. ¿Cómo te encuentras tú, hijo?
La mujer hablaba muy rápido y Dick estaba algo tímido, pero no le costó soltarse. Se pasaron el día hablando y el chico se dio cuenta de que la mujer, pese a ser ya anciana, desprendía una fuerza que la hacía muy joven, tenía mucha energía. Era una mujer inteligente que adoraba leer. Su marido murió hace 10 años por un paro cardíaco y desde entonces vivía allí, en una piso demasiado grande para ella sola. Dick notó que le hacía muy feliz volver a tener compañía. Los días posteriores, Patty se dedicó a enseñarle toda la ciudad a Dick, de arriba a abajo.
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En otro lugar de San Francisco, como otro día más, Raven se encontró con Anna en la puerta de su casa y fueron juntas al instituto. Anna parecía emocionada, pues traía una noticia.
-¡Raven!¿Sabes qué he oído por ahí? ¡Van
a meter a un alumno nuevo a nuestra clase, chica! Me encantan estos momentos,
estoy impaciente por ver como será. Espero que sea guapetón.
-Pero Anna, ya tienes a Billy...- Contestó Raven.- Además, seguro
que acaba siendo el típico chulito que se va con la panda de tíos.
-Nunca se sabe, Ravencita, yo tengo buenos presentimientos.
-Siempre dices lo mismo...
Cuando las chicas llegaron a clase encontraron ya un pupitre nuevo vacío. Ambas chicas se decepcionaron cuando tras la primera hora seguía abandonado. Pero cuando empezaron parte de la 2ª hora, historia, un chico entró corriendo por la puerta.
-¡HOLA!- Entró gritando, y totalmente exhausto, parecía
que había venido corriendo.- Siento llegar tarde, de verdad, pero me
he quedado totalmente dormido...
-Bonita forma de empezar su primer día, Sr.... Grayson, ¿verdad?-
Preguntó la profesora de historia.
-Eso es. Dick Grayson. ¿Cuál es mi sitio? Bueno, imagino que el
pupitre vacío, sí.
-Imagina usted bien, me alegro que esté despejado, después de
tanto dormir.
Se oyeron susurros y cotilleos acerca del chico nuevo.
-¡Pues sí que es guapo! Jajaja, ya te lo he dicho, Raven, buenos
presentimientos.
-Psé, no sabría decirte, yo te digo que realmente me parece un
chulito...
Las horas más aburridas de la vida de Dick pasaron a continuación. Hacía un par de años que no iba al colegio, aunque ya estaba acostumbrado a ser el nuevo, dado que cuando estaba en el circo, no paraban de viajar de ciudad en ciudad, y tenía que estudiar en muchos sitios distintos. Cuando comenzó a trabajar profesionalmente en el circo, dejó sus estudios, aprendiendo por su cuenta. De hecho, todo lo que le explicaron ese día él ya lo sabía. Notaba que esta nueva vida iba a ser un coñazo.
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Mientras, en Noruega, Módi y Magni, los dos hermanos dioses nórdicos, conversaban acerca de su destino.
-¿Salvar Midgard? ¿Entonces el cuervo no era un mensajero del
todopoderoso Odín?- Preguntó el semi-gigante nórdico.
-Me temo que no, Magni. El oscuro animal también era un mensajero divino,
pero venía de las profundidades del Reino de Hela. Ha sentido nuestra
presencia en su tierra, y ha acudido a nosotros para pedirnos ayuda. Como dioses
que somos, cree que podemos ser un gran apoyo.- Módi había escuchado
al cuervo, que tras decir lo que debía, había desaparecido.
-Pero el padre Odín ya nos ha dado una misión, Módi. Recuerda
que la existencia de todo Asgard pende de un hilo. Que el Ragnarok se avecina
sobre nuestras cabezas si no cumplimos la misión. Hemos sido honrados
al ser nosotros aquellos guerreros cargados con la responsabilidad de salvar
nuestro hogar. No debemos distraernos con los asuntos de los mortales.
-Habláis como un necio, Magni. ¿Qué creéis que pensaría
de vos el gran Odín si llega a saber que habéis rechazado la ayuda
que os pedían los mortales?
-¡Un maldito cuervo, Módi! La ayuda no nos la han pedido los mortales,
no. ¡La ayuda la ha pedido un maldito cuervo! ¿Cómo sabemos
si realmente es cierto que debemos salvar Midgard? ¿Y si el ave es en
realidad el vil Loki, que pretende distraernos de nuestra tarea?- Gritó
Magni con su vozarrón.- Propongo ignorar esto y continuar en nuestra
búsqueda de padre, el gran dios del trueno Thor.
-Está claro que no os dáis cuenta de la gravedad del asunto. Culpa
mía por no explicaros con detalle. Escuchadme sin interrupciones. Veréis...
El cuervo me ha dado un aviso de lo que podía acontecer a Midgard si
no hacemos nada. El Rey de los Infiernos, el temible Mefisto, ha encontrado
el momento ideal para invadir el reino mortal con sus demonios. Acabar con todos
los humanos, creando un infierno en la Tierra, y Magni, ¿preténdeis
dar la espalda a esto? ¿Qué diría Odin cuándo viera
en lo que se ha convertido Midgard? Además pensad, si Mefisto llegara
a controlar Midgard y el Infierno, no creo que tardara en pretender conquistar
Asgard, lo que nos metería en una larga guerra con muchas bajas asgardianas.
Ganaríamos sin duda, pero tendríamos una oscura y larga etapa
de muerte y guerra.
-No me decido, Módi. Pero vos sois mi hermano mayor, y os haré
caso. Rezo a Odín por que sea la decisión correcta. ¿Qué
debemos hacer ahora?
-El cuervo me habló en acertijos. Me dijo que debía viajar al
reino de San Francisco.
-¿El reino de San Francisco? Me temo que no conozco a ese tal Francisco.
Quizá sea un déspota conocido por los mortales. Dejadme preguntar
a uno de ellos.
El semigigante, hijo del dios del trueno Thor y de la giganta Jarnsaxa se levantó precipitadamente. Módi, al ver que este medía más de dos metros, le dijo:
-Tranquilo, Magni, tu altura les hace temeros. Será mejor que pregunte
yo.- Módi se dirigió hacia algunos viandantes.-¡Disculpad!
¿Podríais indicarme donde se encuentra el reino de San Francisco?
-¿El reino de San Francisco, joven?- Le dijo una anciana que pasaba en
ese momento.- ¿Se refiere usted a América?
-Desconozco del paradero de aquel lugar, anciana. Por eso os pregunto.
-Vaya, joven. Está lejos de aquí, desde luego. En California,
América del Norte.
-Desconozco los lugares donde habitan los mortales. No importa la lejanía,
anciana. Solo señale el lugar en este mapa.
Módi sacó un pergamino de su mochila, se notaba lo antiguo que era, parecía tener siglos, todo escrito en runas. Pero el mapa estaba completo por los lugares. La anciana señaló aproximadamente el lugar, y tras agradecerle el favor a la anciana con 3 monedas de oro, Módi continuó hablando con Magni.
-El lugar, como me ha dicho la anciana, está lejos de aquí. Puedo hacer un hechizo de transporte hasta allí, pero sigo sin saber el lugar exacto, quizá me equivoque y sigamos estando a kilómetros del lugar. En fin, probaré de todos modos.- Módi pronunció varias palabras asgardianas, y Magni se colocó tras su hermano.
Una nube de azufre los cubrió, y al segundo siguiente se encontraban en pleno San Francisco, en un callejón donde, por suerte, nadie los había visto.
-Me alegra ver que la anciana estaba en lo cierto. Hemos llegado a este lugar
sin problema alguno.
-Bien, hermano... ¿Que haremos ahora? ¿Buscamos al rey San Francisco?
Quizá él conozca la situación.
-No sé. El cuervo me dijo que aquí encontraríamos a aquel
guerrero que nos lideraría contra el ataque a Mefisto.
-¡¡Lo que me faltaba por oír, por la oronda barriga de Volstagg!!
¿Además de salvar Midgard hemos de ser liderados? ¡Vaya
ofensa la de ese vil cuervo!
-Magni, déjame pensar... Mientras esperamos a que el destino nos junte
con aquel que buscamos, deberíamos acostumbrarnos a las costumbres de
los mortales, para no llamar tanto la atención. Lo mejor será
buscar un núcleo donde se reunan todos los mortales...
Ambos hermanos salieron del callejón para mezclarse con los humanos. Pero si en aquel preciso momento uno de los dos se hubiera girado para mirar el lugar a donde habían ido a parar, hubieran visto moverse a algo entre las sombras... Algo que olisqueaba carne humana... Y que había captado el rastro de los hermanos asgardianos...
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En el próximo número de Ultimate Jóvenes
Titanes... ¡El esperado encuentro de varios de nuestros héroes!
y...¡nuevos enemigos para el futuro equipo!