Serie: Ultimate Marvel Knights
Número : #1
Autor : Ibaita
Título: Orígenes
Descripción de la portada: La estudiante Elektra Natchios con unos vaqueros y una sudadera azul golpeando a un ninja mientras otros cinco la rodean.

Frank Castle cogió a su hija en brazos. Aquel era un día perfecto en NY. Un día soleado, Central Park despejado…
-¡Mira, Frank!-dijo su esposa, Maria-Es un lugar perfecto para el picnic.

Sí, era un claro soleado, rodeado de una espesa mata de arbustos. De forma que Frank colocó el mantel allí y se sentó en el suelo. Rápidamente, él y su familia comenzaron a devorar la comida. Matt, el hijo menor, intentaba atrapar una mariposa. Sarah, su hija, comía junto a él y Maria.

Entonces, un disparo cruzó el aire. Y Maria cayó muerta al suelo.

-¡Maria!-gritó Frank.
-¡Mamá!-gritaron Matt y Sarah a la vez.

Entonces empezaron a llover disparos. Frank recordó su entrenamiento en las Fuerzas Aéreas y se agachó, evitando todos los disparos. Intentó proteger a sus hijos, pero era tarde. Ya estaban muertos.

Nawa se encaminó por el pasillo. Tenía prisa. Tenía que llegar a la reunión a tiempo.

-<Viuda Negra, veo que ya estás aquí>.
-<Sí. ¿Continúan los atentados?>
-<Sí. Los judíos y los palestinos están destrozando todo el territorio>.
-<Lo sé. Por eso me has llamado>.
-<Cumple tu misión, Viuda Negra. Tienes el avión esperándote>.

Batallador Murdock golpeó una vez más. Su rival cayó al suelo.

-1… 2… 3…

Los combates eran fáciles de ganar. Necesitaba algo más difícil… Cuando le concedieron la victoria, se duchó, se vistió y salió a la calle. Allí le estaban esperando unos hombres. Un negro con chaqueta vaquera rasgada se adelantó.

-Eh, viejo… Tenemos algo que puede interesarte-Murdock retrocedió.
-Tranquilo-dijo otro-, es sólo un trato. Él quiere ganar –aclaró señalando al negro de la chaqueta rasgada con la cabeza-. Y tú te dejarás perder.
-¿Y si no lo hago?
-Je… Eres valiente, viejo. Pero no durarás nada contra nosotros juntos. Pierde… Y vivirás para contarlo.

Elektra Natchios avanzó por el pasillo del Instituto mientras sonaba la campana. Se acercó a la taquilla y la abrió.

-¡Ey! ¡Elektra!

Elektra se dio la vuelta. Era Molly, su mejor amiga.

-¡Ah! ¡Molly! ¿Qué tal van las clases?
-Examen el jueves.
-No…
-Pues sí. Lo siento, el miércoles no podremos quedar.

Entonces apareció un chico alto y fuerte.

-¡Ey! Molly, ¿qué…?
-¡Aparta, cerdo! ¡Ya te he dicho que no…!

El chaval empujó a Molly contra una taquilla. Esta cayó al suelo dolida. Iba a golpearla otra vez cuando una mano le detuvo.

-¿Qué…?-dijo alzando la vista. No lo vio venir. Elektra le cruzó la cara de una patada.
-Payaso…-murmuró ayudando a Molly a levantarse-¿Estás bien?
-Unffff… Sí. ¿Cómo has…?
-Mi padre se empeñó con que estudiase ninjutsu-contestó con una mueca-. Ya sabes, artes marciales y todo eso…
-Ah, sí. Ey, hablando de tu padre, el sábado va a dar una conferencia muy importante. ¿No hay riesgos de atentados?
-Oh, sí, pero la seguridad es muy buena…

-Le digo que no. No vi de dónde salieron los disparos. Supongo que detrás de los matorrales, no sé nada más…-testificó Frank entre sollozos.

Un policía apuntó algo en el bloc de notas.

-Muy bien, puede irse… Lamentamos lo de su esposa y sus hijos…
-8 años. Sarah tenía 8 años…-dijo, volviendo a llorar.

Horas después, Frank se preparó. Se puso unos guantes de cuero blanco para no dejar huellas y una máscara negra para que no le reconocieran. Se puso también una camiseta de manga corta y una chaqueta de cuero por encima. Los pantalones eran también negros, y las botas eran las de las Fuerzas Aéreas, que le llegaban casi hasta la rodilla. La camisa llevaba una calavera blanca grande. Se la habían regalado hacía años. Frank cogió su rifle de las Fuerzas Aéreas y dos automáticas por si acaso.

Nawa llegó a América. Pistolas de plástico especiales, pasaban perfectamente sin ser detectadas.

Al llegar al hotel se quitó su túnica y su turbante y se vistió como una americana. Se puso unas gafas de sol, una camiseta blanca con una chaqueta de cuero por encima y unos pantalones y unas botas militares. Organizó los rifles en el armario y cogió dos automáticas. No le haría falta más para esta misión.

Matthew Michael Murdock se paró ante el semáforo rojo, junto a muchas otras personas. Pero no todas se pararon. Un anciano cruzó el semáforo en rojo. Y se acercaba un camión de productos químicos. Matt tenía que hacer algo. No podía quedarse de brazos cruzados viendo cómo le atropellaban. Calculó el salto y agarró al ciego, empujándolo para evitar el choque. Al ver lo que ocurría, el conductor del camión dio un giro brusco, evitando así atropellar a Matt. El camión chocó contra los coches aparcados allí y explotó.

Fue casi un milagro. Los productos químicos junto con la gasolina podían haber volado una manzana, pero no lo hicieron. Parte de la explosión fue a parar a un edificio en obras, destrozándolo por completo, y las fuertes compuertas del camión absorbieron el resto. Aún así, la radiación alcanzó a Matt, que se llevó las manos a los ojos.

-ESO ES. ESTÁ CIEGO-Matt dejó escapar unas lágrimas. Ciego. Estaba ciego-. AUNQUE A LO MEJOR SE LE PUEDE OPERAR DENTRO DE UNOS AÑOS-. Se tapó los oídos. ¿No podían hablar más bajo?

-<Es ésa. Ataquemos ahora>.
-<Habla más bajo. Dicen que la entrenó Stick. Podría oírnos.>
-<De acuerdo. Ataquemos.>

Los dos ninjas saltaron sobre la desprevenida Elektra Natchios. Ella consiguió interponer su carpeta entre su cara y el pie de un ninja por un pelo. Tras parar el golpe, arrojó su carpeta contra el otro, derribándolo al acertarle en el cuello. Y después le propinó una patada en el estómago al primero. Éste se dobló, poniendo la cara a tiro para el rodillazo de Elektra que le rompió la mandíbula. Elektra comenzó a oler el aroma a carne quemada. No sabía cómo la hacían; quizás fuera veneno; pero cuando fallaban, los miembros de la Mano se fundían.

Frank se agachó para que no le vieran. Estaba en la azotea de un edificio. Los criminales… Mataron a Sarah… Y a Maria… Y a Matt… Ahora pagarían por ello… Apuntó directamente a la cabeza del camello. Un disparo y cayó muerto al suelo. Frank tuvo mala suerte. En aquel momento pasaba un coche patrulla por allí. Él no podía matar a los policías. Eran sus aliados en su lucha contra el Mal… Frank corrió por el tejado todo lo que pudo y saltó al tejado de al lado, que estaba unos metros más abajo. Rodó con la caída y no sufrió daño. Se agazapó en el tejado. Entonces vio a unos policías contando billetes. Por la forma en que los contaban reconoció un claro soborno. Entonces oyó por la radio del coche patrulla:

“Aviso a todas las unidades cercanas a la Gran Manzana. Francotirador peligroso. Interceptadlo.”

-Busquémosle-propuso uno de los policías.
-No hace falta-dijo Frank-. Aquí me tenéis.

Sacó las dos automáticas y disparó contra uno de los policías que cayó muerto al suelo. Los otros dispararon contra Frank, que se tiró hacia atrás esquivando todos los disparos. Entonces comenzó a correr por el tejado, disparando hacia abajo con las dos pistolas a la vez. Hubo dos muertos más. Eran varios coches patrulla. Los otros debían estar aparcados lejos. Frank saltó a la escalera de emergencia, produciendo un gran estruendo debido al metal del que estaba hecha. Un policía se acercaba por el callejón. Disparó una vez. El disparo dio en la barandilla y se desvió. Frank comenzó a correr escaleras abajo mientras disparaba al policía. Otros tres llegaron al callejón. Frank saltó desde las escaleras mientras disparaba contra ellos. Una vez hubieron muerto, Frank se dio cuenta de que estaba rodeado.

La Viuda Negra comprobó el informe. Sí, era aquel almacén. Sacó las dos automáticas y entró por una ventana. Una veintena de hombres la miraron sorprendidos. Sin pensárselo dos veces, Nawa comenzó a disparar contra ellos mientras corría por el almacén. Cuando sacaron las primeras armas, La Viuda Negra se tiró al suelo y dio varias volteretas poniéndose a salvo tras una caja. Los que quedaban vivos acribillaron la caja.

-Está muerta, ¿no?
-<No>.

Todos miraron hacia el techo, de donde venía la voz, y vieron a Nawa sujetándose a unas vigas como una araña humana. Así se había ganado el apodo de Viuda Negra. La primera pistola se alzó. La Viuda Negra saltó hacia el dueño de esa mano. Mientras caía, sacó de nuevo sus pistolas y disparó contra los otros. Entonces, le dio una patada al que había alzado la pistola.

Matt comenzó a estudiar el tablero de braile que le había preparado su padre, Batallador Murdock. Se estaba dando cuenta de que todos sus sentidos se habían ampliado. Menos la vista, por supuesto. Aún estaba en el hospital, pero al menos tenía una buena habitación. Su padre competía al día siguiente contra Triturador Dawson. Sería una buena batalla. Matt estaba estudiando para ser abogado. Seguro que convencía a los médicos para que le dejasen salir a “ver” la batalla. Entonces oyó una batalla en la calle, 20 pisos más abajo. Parecía un atraco o una violación. O quizás las dos cosas. Su oído mejorado le proporcionaba un buen sentido del equilibrio, y además con todos sus sentidos podría adelantarse a los movimientos de su contrincante. El atracador recibiría una buena paliza. Cogió la sábana y la utilizó como paracaídas hasta llegar a la calle. Allí vio a un tipo con una navaja. Sin pensárselo dos veces, le dio un puñetazo en la tripa con todas sus fuerzas. El tipo cayó al suelo dolorido. Entonces empezaron a aparecer los curiosos. Matt corrió por el callejón, saltó hacia la escalera de incendios y después a una ventana que daba a una habitación vacía en el hospital. Corrió por los pasillos y regresó a su habitación.

Elektra llegó a su casa. Sabía lo que querían aquellos ninjas. La Mano la buscaba. Se desnudó completamente y se puso la ropa con la que solía entrenar. Por último, se ató el pañuelo a la cabeza, cogió sus dos sais y saltó por la ventana.

Avanzó por las sombras, tal y como le había enseñado Stick. Por fin, llegó al edificio que servía como base a la Mano en NYC. Saltó la valla de hierro y se adentró en el oscuro jardín. Entonces aparecieron de la nada dos enormes perros. El primero saltó hacia Elektra, directo al cuello. Ella se agachó y cuando el perro estaba justo por encima suyo alzó un sai, matando al chucho. El siguiente estaba más lejos. Emprendió una carrera contra Elektra. Esta vez ella saltó contra un árbol, se impulsó y golpeó al perro tan fuerte que le rompió el cuello. Entró sigilosamente por una ventana.

Delante suyo se mostraba un ninja. No estaba vestido de negro, como los que le habían atacado antes, sino de rojo. Era Kirigi, el Ninja Inmortal. Elektra aún estaba en cuclillas sobre la cornisa. No pensaba dejarse caer. El suelo estaba recubierto de tetsubishis. Diminutas púas cargadas de un potente veneno. Atravesarían las botas de piel de Elektra. De forma que optó por el ataque directo. Un sai al pecho. El sai atravesó por completo a Kirigi. Elektra saltó y le cruzó la cara de una patada. Kirigi cayó sobre los tetsubishis. El veneno que corría por sus venas hubiera podido matar a una pequeña manada de elefantes. Él se levantó, con la mandíbula rota y atravesado por un sai, además de todos los tetsubishis que tenía clavados en la espalda, cabeza, brazos y piernas.

-No soy de la Mano-dijo Elektra entre jadeos, con todo el cuerpo recubierto de sudor-. Kirigi, mi alma pertenece a la Casta, ahora y siempre.

Kirigi no hablaba. Se arrancó los tetsubishis uno a uno. Se colocó bien la mandíbula. Se arrancó el sai y se lo lanzó a Elektra a la frente. Un buen tiro, justo entre los ojos. Elektra cogió el sai en el último momento. Lo lanzó de nuevo hacia Kirigi, clavándoselo en el cuello. Después saltó y golpeó a Kirigi en el aire, haciéndole atravesar una puerta de madera y rodando por unas escaleras hasta caer en un oscuro sótano. Desde allí, Kirigi lanzó un dardo. Otro tiro perfecto. No se podía alcanzar a Elektra desde el sótano, pero él lo tiró contra la pared, rebotó y se dirigió hacia la pierna de la adolescente. Ella apartó un poco la pierna y el dardo la alcanzó en el taparrabos, rasgándolo. Comenzó a bajar las escaleras. Por fin, llegó al sótano. Allí, había oscuridad total. Elektra oyó un siseo a sus espaldas. Distraídamente, lanzó un sai y se lo clavó a Kirigi, en un brazo. La katana que había cogido éste cayó al suelo. Elektra la cogió y le cortó la cabeza. Era la única forma de matar a Kirigi.

NUEVA YORK ES UNA GRAN CIUDAD... TURBIA Y PELIGROSA