Serie: Ultimate Marvel Knights
Número: #2
Autor: Ibaita
Título: Primeros golpes
Descripción de la portada: Frank Castle disparando hacia el lado izquierdo de la portada. Su chaqueta de cuero ondea al viento; los cartuchos saltan de las pistolas.
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Frank saltó a un coche patrulla y después a un helicóptero que volaba bajo. Se aferró al asa de la parte superior. El piloto, intentando acabar con él, ascendió. Los policías de abajo le apuntaron. Un policía del helicóptero abrió la compuerta y le apuntó también. Él no podía sacar sus pistolas, y estaba a punto de soltarse. Una situación complicada, sin duda.
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Nawa encendió la televisión del hotel. Podía sintonizar casi cualquier cadena. Puso la CNN.
-Malditas caricaturas-suspiró, cogiendo el mando. Justo cuando iba a cambiar de canal dieron otra noticia.
“Han aparecido muertos en un almacén un grupo de traficantes. Al parecer, llevaban a Oriente toneladas de drogas a la semana. Era, sin duda, una de las más importantes redes de traficantes de drogas hasta el momento. Se desconoce cómo han muerto. Les dejo con Frank Creed, uno de los científicos de la policía de New York.
-Estamos desconcertados. Las marcas de las balas demuestran que sólo se dispararon con dos pistolas. Es imposible que sólo dos personas acabasen con todos los traficantes. Estamos examinando los pulmones de las víctimas para ver si sufrieron algún tipo de intoxicación antes de que les alcanzasen las balas…”
Nawa suspiró aliviada. Jamás se pondrían a buscar a una sola persona, y menos a ella, que aparentemente era una simple iraquí que había emigrado a los Estados Unidos.
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Matt no podía resistir más, de modo que salió de nuevo del hospital a escondidas. Iría a jugar al billar: Le encantaba. Lo complicado sería calcular la trayectoria de las bolas, o incluso ver las bolas, pero seguro que se las apañaba. Las bolas recién limpiadas olían lo bastante como para poder situarlas. De forma que se metió en un bar al que solía ir su padre. A él nunca le había dejado entrar. Nada más entrar oyó los quejidos de un tipo al que acababan de ganar.
-¡Maldito ciego! No sé cómo se las apaña…
-Me llamo Stick, no “maldito ciego”-dijo una voz.
-¿Me estás vacilando?
-Quizás.
El tipo se lanzó a por el tal Stick. Stick mantuvo la calma. Le cogió de un brazo, se lo retorció y le arrojó contra la mesa de al lado, tirándola.
-¡Te voy a…!
-Tú no harás nada-dijo Matt, golpeándole con el palo del billar que acababa de coger y dejándolo inconsciente.
-Buen trabajo, chico-alabó Stick-. ¿Juegas?
Matt encogió los hombros, cogió el triángulo y colocó 8 bolas, 7 de banda y la negra. Nada más quitar el triángulo Stick golpeó la bola blanca fuertemente. La bola salió disparada contra todas las demás. Rebotando en las esquinas, se metieron todas las bolas menos la blanca.
-Je… ¿Qué te parece?
Stick dejó el palo en la mesa y se marchó.
-¡Ey! ¡Espera! ¿Cómo has hecho eso? ¿Eres…?
-Respondiendo a tu siguiente pregunta soy ciego. Como tú. Si quieres puedo ayudarte. Lo tomas o lo dejas.
-A… Acepto.
-Ven a verme mañana a las ocho.
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Elektra se desnudó de nuevo. Dejó el traje en un rincón del armario y se puso la ropa de casa. Después se sentó a ver la tele. Los ninjas no le molestarían más. Se quedó allí dormida.
Se encontraba a los pies de una montaña. Estaba de nuevo con su traje de ninjutsu. A pesar de que el traje la dejaba al descubierto los brazos, las piernas, la cara y la tripa y que nevaba, no tenía frío. Era curioso. Pero sabía que se congelaría si no se movía rápidamente. Poco a poco, comenzó a subir la gran montaña. Un pie. Otro. Una mano. Otra. La roca estaba helada, y ciertos asideros se despeñaban al agarrarlos. Aún así, siguió subiendo. El aliento no le llegaba a la garganta. El corazón no latía. Pero siguió subiendo. Ya quedaba menos… Y por fin, alcanzó la cima. Una montaña completamente desolada. La nieve y el viento no dejaban ver nada. Estaba ella sola… Y a su alrededor, todo blanco.
Y entonces, despertó. Menudo sueño… Se preguntó qué representaría.
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Frank agarró del pie al del helicóptero y le tiró, pero sujetándolo. Actuó como escudo al resto de balas. Entonces le soltó sobre los policías y subió al helicóptero. Allí, le rompió el cuello al piloto y puso en marcha el helicóptero hacia su casa.
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Al día siguiente.
Nawa leyó en el informe su próxima misión. Decidió que sería más inteligente ir vestida según alguna cultura oriental. De forma que se puso un turbante, un velo, una túnica y unas babuchas y se dirigió a donde quería ir.
A la entrada del edificio le esperaban dos hombres altos. Tenían pinta de ser árabes o iraquíes.
-<Apartad. Soy la Viuda Negra.>
Los dos hicieron caso al instante y la dejaron pasar. Ella atravesó las altas y doradas puertas.
-<No harán falta esos dardos con los que se me está apuntando, Sahand>.
-<Muy observadora, Nawa. No hará falta que te pregunte cómo te has enterado>.
-<No. Ten el informe>-dijo sacando de la túnica el informe que le había dado sus superior.
-<¿Ya has acabado con los traficantes?>-la Viuda Negra asintió-<Ahora que lo recuerdo, ha salido por la CNN. Muy bien, y necesitas la orden judicial para cumplir la siguiente misión… En un momento te la falsifico.>-Sahand pulsó un botón y un permiso falso apareció por una impresora situada en una mesa junto a Nawa.
-<Gracias>.
-<No hay de qué. Que tengas suerte con la misión>.
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Matt bajó las escaleras de la sala de billar.
-Ah, veo que ya has llegado…-dijo Stick sin mirar siquiera-Sígueme.
Matt siguió a Stick por una puerta. Bajo unas oscuras escaleras. Sólo sabía que estaban oscuras por el repentino cambio de temperatura. Al cabo de un rato avanzando por estrechos pasadizos, llegaron a una sala sobre la que había dispuestas unas colchonetas.
-Piedra, Garra, Flecha, éste es mi nuevo discípulo.
-No le noto buen oído-comentó el tal Piedra, surgiendo de entre la oscuridad.
-Parece ciego-dijo Garra, surgiendo también de la oscuridad.
-Sí, es ciego; y le queda mucho que aprender-añadió Flecha, que apareció también repentinamente.
-Pero, ¿cómo? No he notado vuestros latidos.
-Está empezando a desarrollar el resto de sus sentidos-explicó Stick-, pero le queda mucho que aprender.
-¿Qué se supone que tengo que aprender? ¿Si vosotros no sois ciegos, qué hacéis aquí?
-Novato-murmuró Piedra.
-¿Cómo te llamas?-preguntó Stick.
-Matt-respondió éste.
-Flecha, ponle a prueba-ordenó el maestro.
-Será un placer-dijo éste, lanzando una flecha a Matt. El adolescente la paró en el acto.
-¿Cómo has sabido que venía?-preguntó Stick, poniéndole a prueba.
-He notado un silbido en el aire-respondió Matt.
-Mierda-maldijo Stick.
-¿Por qué?
-Matt, nosotros cuatro tenemos un sexto sentido. Un radar, por así decirlo. Sabemos lo que ocurre a nuestro alrededor.
Piedra, Garra, Flecha, Stick y Matt entrenaron durante casi toda la mañana. Matt consiguió desarrollar el extraño sentido del radar, pero apenas sentía lo que ocurría a un metro de distancia. Además de eso aprendió muchos golpes: Puñetazos, patadas, llaves, barridos, etc.
-Vuelve mañana, ¿OK?
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Elektra se quitó el camisón, se duchó y se vistió para ir al instituto. Cogió los libros y cerró la puerta de casa con llave. Su padre se acababa de ir. Tenía que preparar el discurso del día siguiente. De forma que cogió el autobús. Llegaría al instituto pronto. Estaba muerta de sueño. La pelea con Kirigi la había dejado agotada. Y después no había podido dormir por culpa de aquel extraño sueño. Se durmió en el autobús, de forma que cuando despertó se había pasado tres paradas. Sin pensárselo dos veces, pulsó el botón de parada de emergencia. Las puertas se abrieron. Ella saltó y se echó a correr. Tres cuartos de hora después llegó al instituto. Entonces, sonó la campana. Se había perdido la clase de física. Estupendo. Abrió la taquilla y dejó allí todos los libros menos el de música, que era lo que tocaba ahora. Después de una aburrida clase, se encontró con Molly en el pasillo.
-Ah, hola, Elektra; no te he visto en la clase de física.
-He llegado un poco tarde…
-Mmmm… Ya veo. Por cierto, ¿te acuerdas de mi ex novio, Chuck?
-¿Aquel al que le rompí la boca ayer? Claro, ¿por qué?
-Ha dicho que me estaría esperando a la salida del instituto, y…
-Ah, no te preocupes. Toca recreo, ¿no? Ahora mismo me ocupo.
Elektra salió del instituto con paso decidido. En el bar de enfrente divisó a Chuck a través de una gran luna.
-Se va a enterar…-murmuró.
Entró por la puerta y se acercó a la mesa en la que estaba sentado el ex novio de Molly.
-¡Elektra!-dijo sacando una pistola-¡No te acerques o…!
Elektra cogió un dispensador de servilletas y lo lanzó directamente a la cabeza de Chuck. Éste, semiinconsciente, soltó la pistola.
-¿Estás loca? Te voy a…-la peligrosa estudiante le cogió por el cuello y le lanzó contra el cristal. Chuck atravesó la luna y se golpeó contra un coche aparcado, haciendo sonar la alarma. Elektra pasó con cuidado por encima de los cristales diseminados por la acera. Chuck se lanzó a por ella furioso. Cuando la iba a golpear Elektra le agarró de la mano y presionó un nervio. El ex novio de Molly cayó al suelo totalmente paralizado.
-No te acerques a Molly-le advirtió Elektra-. O volveré.
Mientras se iba, se imaginaba a sí misma con su traje de ninjutsu lanzándole un sai a Chuck.
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Billy Russo controlaba un gran negocio de criminales. Era el siguiente blanco de Frank, al que la prensa había llamado el Castigador por el asesinato del camello y de los policías corruptos. De hecho, se le relacionaba con el asesinato de los traficantes que llevaban drogas a Oriente Próximo.
Frank se acercó al edificio de Russo. Entrar fue fácil. Desde la azotea de al lado acribilló a los vigilantes. Se metió por la puerta corrediza y subió en el ascensor, disparando a la cámara.
-Mierda-murmuró Russo desde un panel de control-. Es el Castigador-. Rápidamente cogió dos metralletas.
Desde allí podía ver en la aguja cómo el ascensor iba de un piso a otro. 14… 15… 16… Preparó las metralletas y apuntó al ascensor. 17… 18… 19… El Castigador aparecería de un momento a otro. 20. Vació una docena de cartuchos en el ascensor en cuanto se abrieron las puertas. Tenía que haber acribillado al Castigador. Entonces, el Castigador apareció boca abajo del techo del ascensor apuntando a Russo con dos metralletas.
-Mierda-murmuró éste agachándose tras una mesa blindada. Era obvio que el Castigador sabía que Russo dispararía al ascensor, de forma que había agujereado el techo y se había escondido allí, para permanecer a salvo y luego acabar con el criminal.
Russo asomó las metralletas y disparó al ascensor. Frank se escondió de nuevo en el techo. Entonces, al criminal se le acabaron las balas.
-¡Eh! ¡Ven aquí y lucha como un hombre!-dijo soltando las metralletas. El Castigador salió de su escondite y las soltó también.
Russo golpeó a Frank en el estómago, haciéndolo retroceder. Luego le golpeó en la boca, derribándole. Le iba a golpear de nuevo, pero Frank le dio una patada en la tripa desde el suelo. El criminal se encogió, dolorido.
El cristal era antibalas. Difícil de calcular con cuánta fuerza le lanzó el Castigador para que Russo atravesase la ventana. Tuvo suerte. El edificio estaba ligeramente inclinado, de forma que el impacto se suavizó. De hecho, no se rompió nada. Pero la fuerza con la que Frank le había lanzado contra la ventana bastó para dejarle desfigurado. Desde aquel día, a Billy Russo se le conoció como Puzzle, debido al maltrecho estado de su cara.
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Al día siguiente.
La Viuda Negra se acercó a escondidas al edificio en el que tenía que cumplir parte de su misteriosa misión. En la entrada había un vigilante. Sin pensárselo dos veces, le partió el cuello. Después siguió avanzando agachada hasta ver una ventana que daba a un sótano. La rompió de una patada y se introdujo dentro. Sacó una caja de cerillas y encendió una. La estancia se luminó con una luz tenue. Cajas y cajas de armas, como se imaginaba.
Había venido desarmada, ya que en el informe decía que había un detector de metales en cada barrote de la verja. Por supuesto, también informaba de todas las cámaras, que para un espía experimentada como Nawa eran fáciles de eludir. De forma que abrió una caja haciendo palanca y sacó varias armas. Dos metralletas, dos pistolas, una serie de cuchillos, dagas, navajas y nunchakus, etc. Dejó caer al suelo el velo, el turbante, la túnica y las babuchas. Debajo llevaba un ajustado traje de cuero con unas cintas en piernas y brazos en las que colocó sus armas. En el cinturón colocó también algunas.
El cinturón lucía un símbolo que representaba dos triángulos unidos. Ella lo llamaba el símbolo de la Viuda Negra. El traje era sólo para las misiones más arriesgadas, y estaba equipado con unas pequeñas ventosas que ayudaban a la Viuda Negra a aferrarse a asideros imposibles –ese era el motivo por el cual le llamaban la Viuda Negra, junto con otro; que tenía relación con su anterior marido-. De forma que comenzó a reptar por el techo.
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La batalla acababa de comenzar: Triturador Dawson contra Batallador Murdock. Matt estaba sentado en las gradas, oyendo los golpes y oliendo el sudor. Batallador Murdock sabía que acabarían con él si no se dejaba perder; pero Matt estaba en las gradas, viéndole. Dawson derribó a Murdock.
-1… 2… 3… 4…-los amigos de Dawson sonrieron desde las gradas-5… 6…-Dawson gritaba y reía. Iba a ganar-7… 8… 9…-todo el público contuvo el aliento.
Batallador Murdock se levantó. Todo el público aplaudía y gritaba. Dawson y su pandilla estaban desconcertados. Murdock golpeó al gigante negro hasta derribarlo. El árbitro contó hasta 10. Había ganado. Había ganado. Matt aplaudía con especial entusiasmo. Estaba orgulloso.
Murdock salió a la calle.
-Eh-oyó. Dawson y sus amigos le estaban esperando, armados con navajas y nunchakus-. Viejo, la has cagado.
Murdock golpeó al primero de ellos, dejándolo inconsciente.
-¡Ja! ¡No durarías dos asaltos contra Mickey Mouse!
Derribó también al siguiente. Y al siguiente. Y al siguiente.
Cuando los primeros curiosos llegaron –entre ellos Matt-, Batallador Murdock sólo pudo decir.
-Je… Les metí una paliza… Pero no vi la navaja. No vi la navaja…-y murió.
-¡NOOOOOOO!-rugió Matt.
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Elektra y Molly salieron del Instituto.
-Hoy es el discurso de tu padre, ¿no?
-Ah, sí. Se ha pasado horas ensayándolo.
-¿Y de qué va a hablar?
-Oh, pues chorradas de ese tipo; ya sabes, que si la importancia histórica de Grecia y su trato de paz con los Estados Unidos, y eso.
-Tiene pinta de ser un rollo.
-Lo es-contestó Elektra entre risas-. ¡Y tendré que tragármelo!-dijo cruzando los brazos y poniendo cara de triste. Molly rió.
-¡Oh, seguro que encuentras una forma de divertirte! ¿Cómo se llama ese chico que te gusta… Matt? ¿Sabes si va a ir?
-No, no creo; hace poco tuvo un accidente.
-¿Qué? ¿Qué le pasó?
-Se quedó ciego salvando a un anciano. Salió en todos los periódicos.
Molly y Elektra siguieron hablando hasta que Elektra se despidió para ir al discurso.
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LOS CABALLEROS DE MARVEL REGRESAN EN BREVE