Cineclub Marvel: El Increíble Hulk (2008)

the_incredible_hulkEl renacer cinematográfico de Marvel se basó en la explotación de licencias sobre sus personajes por parte de los grandes estudios de Hollywood, al contrario de DC, que autoproduce sus adaptaciones a través de su empresa matriz AOL-Time Warner (que adquirió la editorial en 1969). Pero no todas  aquellas primeras franquicias fueron igual de exitosas. Por ejemplo, en 2003  “Hulk” se quedó muy lejos de las expectativas comerciales de la Universal, y New Line fue incapaz de llevar a buen puerto su frustrada “Iron Man”. Ante el claro riesgo de saturación del mercado y para no seguir costeando en balde sus derechos, ambas productoras renunciaron a proseguir con la explotación de dichos personajes, y se los devolvieron a la Casa de las Ideas a finales de 2005.

Tras casi tres décadas mercadeando con sus personajes, Marvel volvía a disponer por fin de uno de sus principales iconos, el Goliath esmeralda. Esta situación no se había dado desde que recuperó judicialmente los derechos cinematográficos de Spiderman a finales de los 90, sólo para revendérselos a Sony unos meses después. Pero entonces Marvel estaba saliendo de su bancarrota, y ahora las cosas eran muy distintas…

La coincidencia de la recuperación de los derechos cinematográficos de Hulk e Iron Man con pocas semanas de diferencia no respondía a ningún plan mayor, pero lo cambió todo. Los mutantes, los 4 Fantásticos y Spiderman seguían bajo control de los estudios, pero ahora Marvel podía completar al menos la alineación original del cuarto gran pilar de su Universo de ficción, los Vengadores. Un sueño hecho realidad para el entonces presidente de Marvel Studios, Avi Arad, que tenía por fin la posibilidad de autoproducir su primera franquicia cinematográfica. En lugar de lanzarse a una saga coral como la de los “X-Men” de la Fox, apostó por exportar al celuloide el modelo editorial la Casa de las Ideas: abrir brecha con franquicias independientes de cada personaje, y conectarlas en un único universo fílmico compartido de cara al futuro megaproyecto de “Los Vengadores”. Podía parecer una idea nueva para Hollywood, pero él mismo la había ensayado ya a lo largo de los años 90 con sus producciones animadas para televisión, que compartían una continuidad común, crossovers incluidos.

david_maisel_y_avi_arad_en_el_estreno_de_the_incredible_hulkSin embargo, Arad no sería el capitán de este barco. El ansiado salto a la autoproducción era en esencia una cuestión financiera, y dicho área recayó dentro de Marvel Studios en David Maisel, un ejecutivo de varias agencias creativas (muy destacadamente la propia Disney), al que el propio Arad fichó en 2004. Su gran éxito fue la concesión de un crédito de 525 millones de dólares a Marvel Studios por Merrill Lynch, para autofinanciar 10 películas; la empresa quedaba además blindada al garantizar su devolución “sólo” por los derechos cinematográficos de los propios personajes adaptados. Maisel fue escalando por el organigrama hasta la vicepresidencia, y acabó chocando con Arad al pretender recortar los presupuestos de las futuras producciones para permitir la viabilidad de adaptaciones de personajes menos icónicos, mientras que su aún jefe estimaba demasiado comprimido su calendario de producción. Arad pretendió forzar su destitución, pero su socio Isaac Perlmutter, el copropietario de Toy Biz junto al que controlaba Marvel en calidad de accionistas mayoritarios desde 1996, decidió que finalmente había llegado la hora del relevo. Y así concluyó su reinado: Arad tuvo que venderle su paquete accionarial a Maisel y fundó su propia productora, desde la que sigue ejerciendo labores de producción para Marvel, pero también para otras empresas (¡está preparando una adaptación de las “Bratz”!). Maisel asumió la presidencia de Marvel Studios desde 2007 hasta consumar su venta a Disney en 2010, ganando en la operación un diferencial de 20 millones de dólares por la venta de sus acciones. Perlmutter recibió 900 millones en efectivo por las suyas, más otros 20 millones en acciones de Disney, y mantiene su puesto como CEO de Marvel. Según Forbes, ostenta la cuarta mayor fortuna de Asia, lo que no está mal para un israelí, veterano de la Guerra de los 6 Días, que según su propia leyenda llegó a Estados Unidos con sólo 250 dólares. En lo que a nosotros respecta, David Maisel se ocupó de la producción ejecutiva de los nuevos títulos de la franquicia, en este caso junto al propio Avi Arad y Gale Anne Hurd que repiten de la primera cinta, mientras que Universal retuvo sus derechos de distribución.

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Como heredero del Universo Cinematográfico Marvel, la primera pregunta a la que tuvo que responder Maisel fue lógicamente ¿por dónde empezar? De todos los Vengadores, Hulk era sin duda el más popular gracias a sus viejas adaptaciones televisivas, pero la comercialmente fallida adaptación de Ang Lee estaba aún demasiado reciente. Thor había asomado también en 1988 por el telefilme “El regreso de La Masa”, pero la mitología nórdica podía suponer un cambio de registro demasiado drástico para el espectador, al que era preferible ir introduciendo más gradualmente en el nuevo mundo fantástico que estaban forjando. Y por la misma razón, era igualmente demasiado pronto para saltar a la Segunda Guerra Mundial con el Capitán América, por no hablar de su desastrosa adaptación de 1991. Y la Avispa y el Hombre Hormiga no eran suficientemente conocidos para abrir brecha. La elección estaba clara: haciendo honor a su apodo de “el hombre del mañana”, Iron Man fue el primer vengador en llegar a las salas de cine, en mayo de 2008.

Pero “El increíble  Hulk” sería el segundo plato sólo en términos de su estreno, mes y medio después. En todo lo demás, ambos títulos compartieron a todos los efectos la cabeza de playa del desembarco vengativo, incluyendo un presupuesto ligeramente superior (150 millones de dólares contra 140 de Iron Man), y una producción estrictamente simultánea, hasta el punto de que el cameo de Robert Downey Jr. fue rodado en realidad en el set de “Iron Man”. En su película, Tony Stark sólo ejerció de carta de presentación de la nueva franquicia expresamente en el epílogo con Nick Furia, siendo más bien a Bruce Banner a quien le correspondió introducir la red de interrelaciones que sustenta la nueva continuidad, muy destacadamente los lazos entre el ejército estadounidense, Industrias Stark y S.H.I.E.L.D. (todavía “E.S.C.U.D.O.” en su versión española), y el Proyecto “Supersoldado” (que aún no “Renacimiento”, aunque sea perfectamente visible el nombre del doctor Reinstein). Los mismos ladrillos con los que la línea Ultimate ha relacionado a la mayoría de los superseres de su universo alternativo, y que parece ir a asimilarse por la franquicia, no olvidemos que fue el Bruce Banner definitivo quien anunció que “todo está conectado”. Un origen único puede restar cierta riqueza al nuevo Universo Cinematográfico, pero le aporta una mayor cohesión.

Como primer nexo de unión de la naciente franquicia, le tocó a esta película dar el tono para las siguientes, y no debe sorprendernos por tanto que su guionista sea también el encargado de escribir la futura “Los Vengadores”, Zak Penn. Sonará a los lectores del Cineclub por haber escrito la segunda y la tercera partes de “X-Men”, así como “Elektra”, un perfil definitivamente alejado del mucho más introspectivo James Schamus que escribiera la versión de 2003. El guionista habitual de Ang Lee desplazó entonces al propio Zak Penn, que había escrito un borrador previo en 1996 junto a Jonathan Hensleigh, que hubiera dirigido Joe Johnston, igualmente resarcidos con “The Punisher” y la inminente “Capitán América”. Del mismo modo, hubiera sido difícil encontrar a otro director más distinto a su predecesor que el francés Louis Leterrier, que también sonó para hacerse cargo de “Iron Man” antes que Jon Favreau. Protegido de  Luc Besson desde que fuera su asistente en “Juana de Arco”, contó con  su producción y guiones para las dos primeras “Transporter” y “Danny the dog”, tres cintas caracterizadas por la acción más comercial, vacía y prefabricada, pero que también demuestran que sabe dosificar el ruido visual lo suficiente como para no llegar a abrumar al espectador (al menos hasta su sobrecargado remake de “Furia de Titanes” en 2010). Entretenimiento por el mero entretenimiento, justo lo que buscaba Marvel: alejarse de las pretensiones psicoanalíticas que habían lastrado la taquilla del primer “Hulk”, excesivamente reflexivo para un icono tan testosterónico.

La primera película se había inspirado en el replanteamiento de Hulk como externalización de los traumas infantiles de Banner, desarrollado en el cómic por Bill Mantlo y Peter David durante los años 80 y 90. Pero su icono popular no nos pertenece a los lectores; nosotros podríamos matizarlo a través de las muchas encarnaciones que ha experimentado a lo largo de los años, pero el público que acudió mayoritariamente a las salas llegaba con la referencia básica de la mítica serie de televisión de los 70, y acaso de sus adaptaciones animadas. Más aún, dado que la serie se prolongó mediante telefilmes hasta 1990, y la última versión animada databa de 1996, ya no se trataba de una referencia directa sino de una impresión emocional de su infancia. Por eso fracasaron Lee y Schamus al tratar de imponer su propia lectura. Penn y Leterrier prefieren apelar en esta segunda oportunidad al mucho más sencillo esquema de la serie: la fuga, el monstruo, y el héroe interior. Devolverle al espectador las sensaciones que le dejó el Bruce Banner fugitivo, siempre un paso por delante de sus perseguidores, viajando sin más objetivo que intentar curarse de su condición, pero encontrando paradójicamente por el camino el heroísmo de la misma.

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Los homenajes a la serie son continuos, desde el mismo título de la película. Cada vez que Banner se camufla bajo una gorra, en la apariencia de la máquina que le transformó en Hulk, cuando usa el pseudónimo “David”, con el uso del tema musical “The Lonely Man” que concluía cada capítulo; incluso el prólogo de los créditos remite a la entradilla de los episodios originales, y se llega a jugar con el final de su último telefilme, “La muerte de la Masa”, cuando Bruce parece no ir a transformarse al caer del helicóptero, con lo que se reivindica heredera de “El regreso de La Masa” frustrado por la muerte de Bill Bixby. Esta escena ya estaba presente por cierto en el antiguo borrador de Penn de 1996, y también la recuperaría Mark Millar en sus Ultimates. Otros guiños son más sutiles, como que uno de los estudiantes que graba el incidente de la Universidad se apellide “McGee” como el personaje de la serie, o que la base militar reciba el nombre de “Fort Johnson” en honor a su creador Kenneth Johnson, el mismo que nos trajo “V”. Y por supuesto, no podían faltar sus protagonistas. Lou Ferrigno aparece por partida doble: repite su propio cameo de la primera parte como guardia de seguridad (“eres auténtico”), y al igual que en la serie animada del 96, vuelve a poner voz al Goliath Esmeralda. Hasta el fallecido Bill Bixby se asoma a un televisor que muestra una película suya de 1969.

romita_jrPero una producción Marvel no podía alejarse completamente del personaje original, por mucho que se quisiera contentar al espectador televisivo. Se mantiene por ejemplo al General Ross y a su hija Betty, que ni siquiera aparecían en la serie de televisión, pero a quienes el público ya conocía de la primera parte, pero se obvia en cambio al padre de Bruce, que era igual de importante que éstos pero no encaja igual de bien en la estructura básica de la versión televisiva. Lo que Zak Penn hizo en definitiva fue rastrear las sinergias entre ambas versiones, y no tuvo que ir demasiado lejos para encontrarlas: la etapa inmediatamente anterior de la colección, escrita por Bruce Jones de 2003 a 2005, se ajusta perfectamente al esquema básico de la persecución gubernamental. El guionista sustituye la enrevesada conspiración del original por el acoso de Ross, y aprovecha la trama secundaria del misterioso ayudante telemático de Banner en su huída, el Señor Azul, pero ya no para alertarle de los movimientos de sus perseguidores, sino para asistirle en sus esfuerzos por desarrollar un antídoto. Es decir, Penn parte de elementos del cómic, pero los asimila a la estructura argumental de la serie de televisión. Hasta el título es compartido por ambas fuentes. El objetivo  final es conciliar ambas referencias. Y por tanto, podemos disfrutar también de numerosos guiños al cómic: el otro estudiante que aparece con McGee se llama Jim Wilson en referencia al antiguo compañero de Hulk; Bruce utiliza un metrónomo pata aprender a controlarse como en los cómics de Bruce Jones; Betty le compra “los pantalones más elásticos que ha podido encontrar”, por supuesto morados; Hulk la lleva a la misma cueva de “Hulk: Gris”; Banner se retira precisamente a la Columbia Británica…

poster_4Otra cuestión fundamental era decidir algo tan aparentemente sencillo como ponerle o no un “2” al título, lo que acabó causando sin embargo buena parte de los problemas de la cinta. El estudio quería replantear completamente su perspectiva, aparte de que podría ser problemático integrar una cinta de otra productora dentro de su nuevo universo compartido. Por otra parte, en estos tiempos de sagas predefinidas, cinco años pueden parecer demasiados para una secuela, pero también son pocos para pretender borrar su recuerdo. Por ejemplo, la Fox acaba de anunciar hace un par de semanas que su proyectado segundo “Daredevil” respetará la continuidad del primero, que data ya de hace ocho años, pero sin continuarlo directamente. Del mismo modo, la nueva “Hulk” no estaba obligada a repetir el capítulo del origen ni reincidir en los puntos más problemáticos de aquella versión. El modelo era la saga “Alien”. Antes de trabajar con Luc Besson, Leterrier había debutado como asistente de dirección y técnico de efectos especiales de Jean-Pierre Jeunet en “Alien: Resurrección”, y citó precisamente el “Aliens” de James Cameron (estrenada 7 años después de la primera parte) como su principal referencia para plantearse cómo afrontar el difícil legado de Ang Lee: coger lo que le interesara de aquél, sin contradecirlo, pero separándose de su tono lo que hiciera falta, y sobre todo, multiplicarlo. Reorientar la saga partiendo del mismo punto de enganche que dejó la anterior, subiéndonos a la historia en marcha. Ni secuela ni reinicio sino algo intermedio, en palabras de la productora Gale Anne Hurd, “una recuela”.

Hasta que Edward Norton entró en el proyecto, según se dice a propuesta del propio Ferrigno, a quien su forma de actuar le recordaba a Bill Bixby. El cambio de rumbo de la franquicia implicaba renovar su reparto, al estilo del relevo de los “Batman” de Tim Burton a los de Joel Schumacher o los sucesivos “James Bond”. En cuanto le asignaron el papel protagonista, Norton revisó personalmente el guión, aunque finalmente no fuera acreditado por ello (sí que se coló en algunos teaser poster como “Edward Harrison”), como por otra parte ya había hecho antes en otras de sus películas. En primer lugar, eliminó a Rick Jones y devaluó la presencia de S.H.I.E.L.D. para centrar la historia en Banner, algo que parecía mucho más criticable antes del quizá excesivo peaje a la continuidad pagado por “Iron Man 2”. En ese aspecto, “El increíble Hulk” integra más naturalmente sus muchos guiños en la trama, sin llegar a dispersarla. Pero en segundo lugar, Norton también pretendía distanciarse más explícitamente de la primera película, para lo que propuso desplazar la fuga de Banner al Sudeste asiático en vez de a Sudamérica (aunque los productores no estuvieron de acuerdo mantuvieron el arranque en Brasil),  y mostrar expresamente el nuevo origen del personaje, más allá de las alusiones del General Ross al suero del supersoldado. Un verdadero reinicio de la saga, por seguir con el ejemplo del Murciélago, un “Batman Begins” en lugar de un “Batman Forever”.

peli_extras-comienzo_alternativoAsí se rodó y se montó la película: comenzaba con un dramático prólogo en el que Bruce llega a un paisaje nevado pretendiendo suicidarse, sólo para convertirse en Hulk como en el “Banner!” de Azzarello y Corben, y desaparece provocando una gran avalancha (no sin antes dejar entrever cierta silueta abanderada bajo el hielo, en una jugada muy similar al escudo que podía intuirse en “Iron Man”). La acción saltaba entonces directamente al comienzo en Brasil que conocemos, pero a lo largo de la cinta se iban integrando además varios flashbacks relatando paralelamente el nuevo origen, entre otras muchas secuencias finalmente recortadas, porque las reacciones a los primeros pases de prueba fueron muy negativas. Aún era demasiado pronto para pretender ignorar la película de Ang Lee, y los espectadores encontraban esta nueva versión demasiado similar y al mismo tiempo contradictoria a aquella. Casi parecía más un extraño remake que un verdadero reinicio. Y volvía a hacerse demasiado larga. Todo lo contrario a lo que esperaba Marvel, que no pretendía producir más que un blockbuster estrictamente veraniego, a estrenar para más señas en pleno agosto, con el que ir asentando su nueva continuidad. Ciertamente, aquella versión preliminar debió alcanzar una dimensión desproporcionada, a juzgar por los ¡70! minutos de escenas eliminadas que el director llegó a anunciar para la Edición Especial, a sumar a los 112 del montaje definitivo.  El estudio impuso semejante recorte en contra del criterio del director y del protagonista, que preferían haber llegado hasta los 135 minutos. Recuérdese no obstante que los mismos productores habían avalado en su momento los 138 minutos de la versión de Ang Lee, y que estaban por lo tanto más que prevenidos del dinero que les había costado su falta de síntesis.

peli_creditos_kyle_cooper_5El nuevo montaje reduce la historia al tiempo presente, pero Leterrier convenció a los productores de aprovechar parte del material sobrante para resumir el nuevo origen durante los créditos, de ahí que finalmente “sólo” acompañaran 42 minutos de cortes a la Edición Especial. Después de tantas vueltas, esta introducción nos presenta la película como una falsa secuela de un film que nunca existió, una extraña cuadratura del círculo que al menos supera el trámite de establecer su naturaleza desde el mismo principio, sin tener que retrasar por ello el comienzo la acción. De paso, se homenajea la entradilla de la serie televisión, que también abría con el experimento, igual que la propia versión de 2003, aunque ésta no llegaba hasta a la transformación. La secuencia es obra del gran Kyle Cooper, el mismo que realizó la cortinilla corporativa que antecede a todas las adaptaciones Marvel, así como los créditos de “Spider-man 3” o el resumen de la vida de Tony Stark en “Iron Man”. Un maestro del microrrelato, como certificará todo el que haya visto por ejemplo el comienzo de “Seven”. Sobresatura intencionadamente al espectador lanzándole toneladas de información en una sucesión de expresivos flashes, intercalándola con los títulos de crédito propiamente dichos, y recurre a planos subjetivos para evitar mostrar tan pronto a la criatura. Descubrimos que Bruce escapó de Ross dejando malherida a Betty. Cooper rodó además secuencias adicionales de registros policiales, y reconstruyó documentalmente los avistamientos de Hulk, para completar el hueco entre la huída de Banner y el comienzo de la película propiamente dicho, mostrando la posterior persecución militar desde la perspectiva del General. Hasta le da tiempo a colar guiños a Nick Furia, Rick Jones o Industrias Stark. Un salto de cinco años en apenas tres minutos. En cuanto al prólogo original del frustrado intento de suicidio, el propio Leterrier no quiso verlo reducido a un mero flash perdido en los créditos, y prefirió colgarlo en internet antes del estreno como un vídeo viral promocional.

Norton repudió públicamente el nuevo montaje, hasta el punto de preferir realizar un viaje humanitario a África en lugar de promocionar su estreno, porque entendía que se habían eliminado partes esenciales de la película. Ambas partes intentaron después reconciliarse de cara a su inclusión en “Los Vengadores”, pero la tensión rebrotó cuando llegó el momento de discutir los extremos de su participación, hasta acabar con el intérprete fuera del proyecto, en un caso muy similar a la salida de Terrence Howard de “Iron Man 2”. El presidente de Marvel Studios, Kevin Feige, llegó a recriminarle “no ser un jugador de equipo”, mientras que el actor asegura que el punto de ruptura fue simplemente la negociación salarial. Nosotros sólo podemos juzgar su reacción a la luz de las escenas eliminadas de la edición especial, en su totalidad diálogos desechados para agilizar la película, que en ningún momento afectan a la trama aunque sí que hubieran completado algunos huecos argumentales muy visibles en la misma, y hubieran perfilado mucho mejor a los personajes secundarios. Puede discutirse si su inclusión le hubiera restado comercialidad al estreno cinematográfico, nosotros creemos que no, y que mucho más daño debió causar la polémica con Norton, como también se lo hará su ausencia a “Los Vengadores”. Salvando las distancias, cuando a “Erase una vez en América” le recortaron 85 minutos en 1984, su director Sergio Leone no dudó en calificarlo de mutilación: “Cuando recortas un film que estaba destinado a ser largo, el film siempre parecerá más largo porque es más aburrido, al ser más incomprensible”. En cualquier caso, ya que el trabajo estaba hecho, sería esperable haber podido disfrutar al menos de una versión extendida para el mercado doméstico. De alguna manera, Jon Favreau se quejó de lo mismo al echar de menos media hora de su segunda Iron Man, con idénticos resultados. Por supuesto que Marvel está inmersa en un megaproyecto que ha de primar por encima de los nombres propios si pretende evitar tener que echar “marcha atrás” como la Fox con sus mutantes, pero eso no excusa estos desequilibrios entre planificación y libertad creativa.

comparativa_hulk_spidermanLo que no significa que “El increíble Hulk”, aún recortado, se reduzca a peleas y persecuciones. En realidad, la propia etapa de Bruce Jones que adapta estaba lejos de ser el mejor material para producir una liviana cinta de acción escapista, en primer lugar porque padece un desarrollo desesperantemente lento, y en segundo porque su verdadero protagonista era mucho antes Bruce Banner que el propio Hulk, y los combates superheroicos eran relativamente escasos. De hecho, Hulk aparece menos en esta versión que en la de 2003. En el fondo, la criatura (al menos su componente psicológico) les interesaba mucho más a Lee y a Schamus, que a Leterrier, Penn y Norton, para quienes no es más que un secundario de lujo al que lucir en las escenas de acción. Como en la serie de los 70, el centro de la historia es el drama humano, la doble fuga interna y externa de Bruce como viaje hacia la autoaceptación; por eso es apropiado el “Hulk no more” del cartel de la película, aunque hubiera sido preferible una referencia a la mitología del propio personaje en lugar de la arácnida. Ya la anterior película de Leterrier, “Danny the dog” trataba sobre la lucha por recuperar su humanidad de un hombre al que habían educado como a un perro de pelea.

Edward Norton encarna a un Banner mucho más tridimensional y matizado que el de Eric Bana, que aparecía tan traumatizado y contenido en la primera película que resultaba plano. Su apariencia apocada resulta mucho más creíble para el físico de Norton que para el de su predecesor, y paradójicamente ya no resulta tan frágil bajo la misma. Sigue estando atormentado, pero se ha rehecho a sí mismo durante su huída, como un prófugo lleno de recursos y con unos objetivos muy claros. Esta vez el espectador sí que es capaz de empatizar con él, entre otras cosas porque Leterrier consigue hacerlo avanzar a través de la acción, su punto fuerte, sin necesidad de caer en las más farragosas que profundas disquisiciones psicológicas en las que se enfangaba Lee, pero sin renunciar a una perspectiva mucho más intimista de lo esperable.

comparativa_betty-bruceSi Banner es el protagonista absoluto, los demás personajes se limitan a ejercer de funcionales apoyos para su desarrollo. Pese a la solidez del reparto, ningún actor es capaz de superar el esquematismo con que son presentados. Liv Tyler ofrece una superficial Betty, ni remotamente creíble como científica, que no consigue que nos olvidemos ni por un momento de Jennifer Connelly. Por si no bastara con que Penn rescate de su antiguo borrador de 1996 una anticlimática escena de cama aderezada con el pulsómetro de Bruce Jones, la trama romántica es saqueada por los excesivos  recortes del montaje. En los cinco años que Bruce lleva huido, Betty ha rehecho su vida nada menos que junto a Leonard Samson, al que Zak Penn escribió inicialmente como un tipo mezquino que no pudiera hacerle sombra a Bruce, pero Norton le añadió muchas capas de grises hasta convertirlo en un buen tipo que comete un error. Fue él de hecho quien propuso a Ty Burrell para el papel tras coincidir ambos en una obra de teatro, en un registro muy distinto a su papel  en el remake de “El amanecer de los muertos. Pero todo ese trabajo se quedó en la mesa de montaje. Faltan algunas escenas fundamentales para comprender por qué Betty ignora a su actual relación para escaparse con Bruce, ni porqué el despechado psiquiatra les traiciona fuera de plano. Pretender que el público complete los huecos por sí mismo es esperar demasiado, y la consecuencia es que el triángulo se vacía de contenido hasta constituir un estorbo.

comparativa_ross-hurtTambién se antoja forzada la excesiva crueldad del General Ross hacia su hija, pero en este caso no se trata de ningún problema de montaje ni de interpretación. Es prácticamente imposible que un gran actor como el oscarizado William Hurt no esté correcto, pero está reducido desde el guión a un villano de una sola capa de mucho menor profundidad que el original. A pesar de la novedad que supone el que Hulk malhiriera a su hija en su primera manifestación, ya no persigue a Banner para protegerla (no duda en espiarla ni en ponerla en peligro), sino sólo porque lo considera como un arma de su propiedad. Aunque es justo reconocer que tampoco hubiera tenido demasiado sentido reincidir sobre las relaciones paterno filiales, más que exploradas ya en la primera parte; igualmente, podría haber sido problemático explotar su registro cómico en una cinta tan decididamente épica; y si Ross solo deseara destruir a Hulk y no beneficiarse de él, un Banner que ya habría estado dispuesto a suicidarse en el desechado prólogo, simplemente se entregaría a sus manos. Marvel quería en definitiva una trama sencilla y Hurt cumple con tal registro, pero no por ello añoramos menos la dignidad de la anterior encarnación del general por Sam Elliott.

peli_blomsky_8Ross necesita un arma para recuperar la que ha perdido, y si no quieres andarte con sutilidades, el anti-Hulk por antonomasia del Universo Marvel siempre ha sido Emil Blonsky. En el cómic, era un agente soviético de origen yugoslavo que, intentando apropiarse de la tecnología de Banner, se transformó accidentalmente en la monstruosidad gamma conocida como la  Abominación. En su versión cinematográfica ya no es un espía extranjero sino un soldado de élite, de origen ruso pero cedido a la unidad de Ross por el ejército británico, asignado para capturar a Banner. Descubierto en Brasil, Bruce comienza un desesperado regreso a casa en busca de su última posibilidad de cura, el Señor Azul. Pero Blonsky sobrevive milagrosamente a su primer encuentro con Hulk, y desde ese momento su única motivación será hacerse con semejante poder. En ese sentido, su papel en la trama es el mismo que el del débil y mezquino Glen Talbot de la primera película (Josh Lucas), al que Tim Roth supera aquí en todos los sentidos. Primario y obsesivo, funciona como personaje precisamente por su sencillez. Es el cazador. Ya no achaca a Banner la culpabilidad por su propia transformación, sino que se presta voluntariamente a perder su humanidad tras ver de lo que Hulk es capaz. Primero, consigue que Ross pruebe con él el suero del supersoldado, convirtiéndose en una moderna versión oscura del Capitán América (¿Nuke?), un adelanto que nos deja con muchas ganas de más. Pero  no tarda en descubrir que sigue sin ser rival para a su pretendida presa, al tiempo que el propio suero empieza a consumirlo como a un yonki, pues Ross se olvidó de advertirle que hasta la fecha sólo un sujeto ha sido capaz de asimilarlo.

comparativa_mr_sterns-tim_blake_nelsonParalelamente, Banner consigue llegar hasta el misterioso Señor Azul. En la saga de Bruce Jones, la agencia gubernamental que le perseguía quería obtener una muestra de su sangre contaminada, pero aquí es él mismo quien se la ha enviado inocentemente a su supuesto aliado, en su búsqueda de un antídoto. Pero cuando por fin se conocen, en lugar de ser un pseudónimo de la propia Betty como en los cómics, resulta tratarse de otro de los grandes enemigos clásicos de Hulk, Samuel Sterns (Tim Blake Nelson). Sin el consentimiento de Banner, ha clonado su sangre para experimentar con ella; como Ross, Sterns  sólo pretende apropiarse de Hulk, con la única diferencia de excusarse en el progreso científico en lugar de en la defensa nacional. Cuando Bruce y Betty están a punto de destruir sus muestras, un Blomski ya muy deteriorado por el suero irrumpe en el laboratorio, y fuerza a Sterns a usarlas con él para convertirse finalmente en un anti-Hulk… no sin que antes caiga accidentalmente una gota de sangre contaminada sobre una herida de la cabeza del Doctor Sterns, adelantando su futura conversión en el Líder. La mutación secundaria de Blonsky es inversa a la del Ultimate Hulk gris, donde un ya contaminado Banner se inoculaba sangre del propio Capitán América.

Como buen team-up de villanos, la alianza de Ross y Blonsky se rompe cuando éste decide ir por libre, y el general tiene que aliarse con Banner para detenerle, dándole la oportunidad de redimirse. El salto de fé desde el helicóptero es el punto de inflexión sobre el que se articula el último acto de la cinta. Simboliza su muerte y resurrección a través de Hulk, la catarsis de la Pasión de Bruce Banner. Hasta ese momento, ambos habían mantenido un precario equilibrio, emergiendo sólo en los enfrentamientos con Blonsky, que puntúan respectivamente el planteamiento, nudo y desenlace del relato. En su primer encuentro en Brasil, Banner es claramente predominante, protagonizando una colorida persecución entre las favelas que bien podría haber salido de “El caso Bourne”, mientras que Leterrier juega a ocultarnos a Hulk entre las sombras, desmintiendo por cierto su espíritu de secuela; en la Universidad, con Blonsky ya reforzado por el suero de Ross, ambos supersoldados se enfrentan abiertamente, pero la persecución previa a Banner ocupa el mismo espacio; la fuga y el melodrama sólo acaban cuando Bruce acepta finalmente a su otro yo, y Hulk se queda a partir de entonces con toda la pantalla.

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Sin embargo, la explosión del desenlace les puede saberle a poco al espectador que sólo buscara una simple cinta de acción heroica, mientras que el cambio de tono será demasiado abrupto para otros. El problema es que al haberse centrado tanto en Banner hasta ese momento, Leterrier no ha hecho suficientemente interesante a su criatura más allá de su capacidad destructora, como para pretender resolverlo todo en un duelo de monstruos. A Ang Lee le pasó justo lo contrario: el único personaje emocionalmente relevante de su cinta era el propio Hulk. Basta comparar en qué versión resulta más emotivo el encuentro final de la criatura con Betty, para comprender por qué en ésta no revierte a forma humana cuando ve a su amada. Tales desequilibrios no son extraños, muy pocos autores han logrado compensar los pesos relativos de Bruce y Hulk en el propio cómic.

comparativa_peleaLeterrier intenta compensar la balanza con una apoteósica batalla final. El enfrentamiento entre Hulk y su Némesis la Abominación recuerda demasiado en su planteamiento al de Iron Man contra su propia versión oscura, el Iron Monger de Obadiah Stane, que acabábamos de ver apenas un par de meses antes. Obviamente, la reiteración perjudica al segundo en llegar, pero como director de acción, Leterrier sale muy victorioso de la comparación. Exhibe toda su artillería de ralentizaciones de la imagen, acumulaciones de planos y cámaras frenéticas para entregarnos una de las peleas más espectaculares y violentas nunca vistas en una película Marvel. Prescinde de la sangre para mantener la calificación moral PG-13 (+7 en España), pero su Hulk, a diferencia del de Ang Lee,  sí que mata aunque no tan indiscriminadamente como la Abominación, y es mucho más agresivo. Consigue trasladar a la pantalla la brutalidad de los combates entre ambos titanes, con una narrativa muy pegada a los explosivos lápices con los que Mike Deodato Jr. plasmó su último encuentro, en la cuarta saga de Bruce Jones.

Pero donde realmente se juega la aprobación del público es en la plasmación de los monstruos. Por ejemplo, Tony Stark contaba con las armaduras físicas de Stan Winston para convencer al espectador de que estaba dentro el vengador dorado, pero Hulk y la Abominación tienen que ser recreados completamente por infografía, lo que permite una escala y dinamismo inalcanzables para la acción real pero también puede distanciar al público. En 2003, el costosísimo Hulk digital de la Industrial Light & Magic fue de hecho ridiculizado por su aspecto excesivamente animado, aunque Marvel no debió quedar tan disgustada cuando volvió a llamarles para los efectos de “Iron Man”. Pero “El increíble Hulk” pretendía desmarcarse de su anterior encarnación también en el aspecto visual de las criaturas, replanteándoselo desde cero, para lo que recurrieron a Kurt Williams y los técnicos de Rhytm and Hues Studios, con los que Marvel ya tenía una larga experiencia desde la primera la primera “Blade” y toda la trilogía “X-Men”, “Daredevil” y “Elektra”.

diseos_conceptuales_aaron_simsEl diseño conceptual es obra de un antiguo protegido de Stan Winston, Aaron Sims, que desarrolla un Hulk visceral y primario, sustancialmente más atlético, ágil y estilizado que el de la primera película, y al mismo tiempo muy reconocible para el lector. Concretamente, se basó en el que dibujara  Dale Kneown a principios de los 90, añadiéndole el flequillo de Mike Deodato Jr. para suavizar su tradicional apariencia de bruto de cara ancha y cráneo diminuto, aunque sin llegar a la media melena de la serie de televisión, que se basaba a su vez en el look de Sal Buscema. Por el contrario, su abominación se separa abiertamente del cómic, pudiendo recordar acaso a la del propio Deodato por su complexión. Se descartó su aspecto reptilesco original, al no relacionarse directamente con su origen, y específicamente sus orejas membranosas, porque Leterrier argumentó que en una pelea Hulk se las mordería. Queda el concepto básico, la versión deformada del propio Hulk. El suero se le administra a Blonsky directamente en la médula y la columna, provocándole un crecimiento descontrolado de los huesos. En un primer borrador formaba una auténtica coraza escamosa, limitada finalmente a su espinazo y la caja torácica para mantenerlo fundamentalmente humano.

Se rebaja también el característico verde gamma de su piel por un tono más apagado, pardo en el caso de la Abominación que siempre fue más clara. Sims razonó que tampoco nosotros somos del mismo color rojo de nuestra sangre porque nuestra propia piel lo mitiga, más en el caso de Blonsky por tenerla más gruesa (o la sangre menos verde). Al darles una apariencia más natural, sus criaturas son más integrables en un contexto realista, algo esencial tras el defenestrado “Shrek” de Ang Lee. Además, así deja libre un espectro cromático con el que poder “sonrojar” a Hulk, igual que nosotros nos ponemos más rojos al al hacer un esfuerzo o emocionarnos porque concentramos más sangre bajo nuestra piel. Puede parecer un detalle menor, pero requiere una menor suspensión de la realidad por parte del espectador que el recurso homólogo de la versión de 2003, en la que Hulk aumentaba de tamaño proporcionalmente a su excitación como en el cómic.

comparativa_altura_beeeettyEl umbral de credibilidad de toda adaptación viene marcado por qué elementos del personaje original funcionan al traspasarlos a la pantalla y cuáles no. Hulk y la Abominación serán más creíbles cuanto más asimilen nuestras propias reglas, aunque también menos sobrehumanos. En este sentido, Ang Lee se acercó más al cómic, desde su misma narrativa al diseño de producción, pero se alejó del espectador; Leterrier pretende ser más verosímil, manteniendo a Hulk en nuestra escala para recuperar la conexión con el público. Por eso su Hulk es más pequeño (tres metros contra cinco), no le vemos desplazándose a grandes saltos, o no se nos muestra su factor curativo. Además, pertenece a un universo compartido en el que deberá ser creíble tanto que pueda hacer equipo con el Capitán América como enfrentarse a Thor.

peli_fx_captura_movimientos_2La misma idea está tras la decisión de primar, al contrario que en la primera película, la captura de movimientos frente a la animación: darle a los CGIs una gestualidad más humana. El responsable de coreografiar sus movimientos es un antiguo acróbata del Circo del Sol que está también tras los Na’vi de “Avatar”, Terry Notary. Ya había trabajado antes con Marvel en los movimientos de Rondador Nocturno y Estela Plateada para “X-Men 2” y “Los 4 Fantásticos y Silver Surfer”, y toma los cómics como referencia para diferenciar la “interpretación” de Hulk y la Abominación. Su Hulk es mucho más explosivo que el de Ang Lee, pero aún retiene lo suficiente de Banner para relajarse al menos cuando está con Betty. La Abominación es mucho más reactiva, como un tiburón impulsivo y agresivo; su transformación es permanente, pero contrariamente a Banner sí que mantiene toda la (psicótica) personalidad de Blonsky, está ebrio de poder, y es ligeramente más grande (exactamente 40 centímetros) y fuerte,  lo que se traduce en un estilo de pelea más directo y sucio, mientras que el de Hulk es más defensivo. Se recurrió a dobles de movimiento para la captura, incluido el propio Leterrier (al igual que Ang Lee en 2003), pero sí que se escanearon distintas expresiones faciales de Norton y Roth para integrarlas en el repertorio interpretativo de sus monstruosos alter egos, pero sus rasgos y voces eran no obstante independientes, tal vez para no depender en futuro de sus intérpretes. Consecuentemente, la necesaria identificación de Banner con Hulk no es intuitiva, y probablemente hubiera sido mejor mostrar al menos la transformación desde el principio, otro de los peajes de los cortes impuestos en la mesa de edición. Por muchas texturas, dinamismo y credibilidad que se les imprima a sus criaturas, sin conexión no hay drama.

comparativa_bruce_yogaLa mejor prueba del rol secundario de Hulk respecto a Banner es que, tras la pelea, la película no cierra con el monstruo saltando hacia el horizonte. Tampoco, como hubiera sido esperable dentro del homenaje a la serie de los 70, con el Banner fugitivo perdiéndose entre la multitud. Termina con Bruce sólo, en su exilio, mirando directamente a cámara y relajado, pero controlando por fin su transformación como consecuencia lógica de su evolución. Queda abierto cómo será este nuevo Hulk nacido no de la furia de Banner sino de su fuerza interior, si será capaz de controlarse también en este estado o si lo corromperá el poder absoluto. Su sonrisa final no puede ser más inquietante, como calculadamente ambiguo el cameo final de Stark. No es eso lo que importa ahora, sino que la próxima vez que volvamos a verle tendrá la posibilidad de trascender los límites impuestos por su propio icono mediático. Hulk siempre ha evolucionado gracias al desarrollo de Banner y no al revés, y conseguirlo en la duración de una película pasaba necesariamente por centrarse en el hombre antes que en la bestia.

alex_rossTodo ese esfuerzo volvió a estrellarse contra el muro de la taquilla. “The Incredible Hulk” recaudó 263 millones de dólares en todo el mundo, la tercera parte de la caja de un “Spider-man” o la cuarta de un “Batman”. Sólo 18 millones más que la denostada “Hulk”, para un presupuesto 13 millones superior. De nuevo en la incómoda zona gris entre el éxito y el fracaso, muy por debajo de las expectativas de sus productores. Por lo pronto, Marvel lo ha dejado cinematográficamente en cuarentena a la espera de ver cómo funciona en “Los Vengadores”, pero ha lanzado dos cintas animadas del personaje para el mercado doméstico, “Hulk Vs.” y “Planet Hulk”, centradas estrictamente en la acción más palomitera, lo que parece indicar cual será su próxima receta para el éxito. De hecho, Jeph Loeb tomó las riendas de su colección al mismo tiempo, ignorando completamente el tono de la película, algo prácticamente inaudito. Desde 2010, precisamente Loeb preside Marvel Televisión, y su primer anuncio fue que Hulk volvería al medio donde más ha triunfado, probablemente a finales del año que viene, de la mano de Guillermo del Toro.

Porqué le cuesta tanto despegar a un icono tan universal como la Masa, es algo digno de estudio. Probablemente su herencia televisiva esté envenenada y la encadene a otra época, o simplemente aún no se ha dado con la tecla para actualizarla. Nadie podrá decir que Leterrier no contara con una producción de lujo, un reparto sólido y una realización ajustada, ni que no intentara aprovechar los méritos de la cinta de Ang Lee y enmendar sus defectos. Tal vez hubiera sido preferible plantearlo como una secuela directa, incluso con el reparto original, y no enredarse con la continuidad. En realidad, Schamus dejó suficiente espacio para revelar que detrás del proyecto de Banner estaba el programa Supersoldado, y el guión de Zak Penn (y Norton) apenas habría necesitado un par de retoques para ello, pero es inútil planteárselo a estas alturas. En nuestra opinión, la película resulta tan correcta como olvidable. Todo está tan medido que resulta impersonal; hasta la banda sonora del habitualmente colorido Craig Armstrong (“Moulin Rouge”) abunda en lugares comunes. No consigue ser una película seria, ni desinhibida, ni clásica, ni transgresora; se queda a medio camino de todo, entretiene pero no sorprende. Deja la sensación de que le falta algo, aún peor, de que debajo de tanta mediocridad late la que podría haber sido una película mejor. Quizá la hipotética versión extendida por la que abogaba Norton mereciera un mejor juicio. Sólo hacía falta conectar el drama de Banner con la épica de Hulk.

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Jata y Promethea

Jata y Promethea

Sara García Rodríguez, periodista, e Iñigo de Prada, abogado, son co-autores de "El viaje del Superhéroe: la historia secreta de Marvel en el cine" (Dolmen, 2012, y una continuación en camino), sobre la base de sus colaboraciones en el Cineclub Marvel y el blog TBO en el cine de las webs de Universo Marvel y Panini Comics. Han participado, juntos o por separado, en la extinta Marvelmanía, el Podcast de Spider-Man: Bajo la Máscara o la revista Dolmen, e Iñigo es Redactor Jefe de "Marvel Age". Siguen viajando con los superhéroes en Twitter (@MarvelCineComic) y Facebook (Marvel: El viaje del superhéroe).
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3 Comentarios

en “Cineclub Marvel: El Increíble Hulk (2008)
3 Comentarios en “Cineclub Marvel: El Increíble Hulk (2008)
  1. No me entero:
    “Por ejemplo, la Fox acaba de anunciar hace un par de semanas que su proyectado segundo “Daredevil” respetará la continuidad del primero, que data ya de hace ocho años, pero sin continuarlo directamente”
    Fox puede y va a sacar un segundo Daredevil? Y no es de hace 8 años, hace más.

  2. Es que estos artículos de Cineclub están escritos hace años. Los vamos rescatando poco a poco de la antigua web de Universo Marvel. Y no pueden actualizarlos debido a un acuerdo con la editorial en la que han publicado el libro.

    Cuando hay un estreno, entonces el artículo sí es actual.

  3. Más por deferencia a la editorial que por un acuerdo expreso, aclaro por si lo ven y les extraña la explicación, de ahí también el anuncio del libro tras el artículo, pero sí, esa es la idea. Y no pisarnos nuestra futura posible actualización y/o continuación del libro, si lo permiten las ventas de la primera y que también venimos preparando paralelamente, claro…

    Perdonad la falta de contexto, quizá en próximas recuperaciones deberíamos añadir una nota con su fecha original de publicación.

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