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martes, enero 31, 2006

'La vertebración del Universo Marvel' por Julián M. Clemente

Comenzamos una nueva etapa en "Reseñas Marvel". Además de los textos de los habituales de la web, cada semana iremos presentando distintos artículos de diferentes firmas invitadas. Algunas estarán íntimamente relacionadas con el Universo Marvel, mientras que otras serán de autores bastante alejados de esta temática. Con todo ello queremos enriquecer esta sección, y ofreceros distintos puntos de vista sobre este Universo. Creemos que la experiencia puede ser muy interesante.

Y ya para empezar, os dejamos con el interesante artículo de Julián M. Clemente, "La vertebración del Universo Marvel". Disfrutadlo.



Dice la Biblia que Dios creo el mundo en seis días y al séptimo descansó. Mi gran duda es: ¿Sabía lo que se hacía cuando empezó el trabajo? ¿Tenía claro lo que estaba construyendo o simplemente improvisaba? Tiendo a pensar que, a la vista de los desastres que nos encontramos por todo el globo, le fue saliendo según se le ocurría.

Stan Lee y sus sucesores forjaron el Universo Marvel a lo largo de varias décadas. Hay quien dice incluso que todavía no han terminado de hacerlo. Probablemente sólo se termine el día que alguien decida echarle el cierre, y pese a los agoreros de cada momento, tal circunstancia parece lejana. El caso es que Stan Lee no tenía un plan definido cuando puso la primera piedra de su nuevo mundo. Ey, qué diablos, hizo el primer número de Los Cuatro Fantásticos con un pie en la editorial y el otro en la calle. No creo que estuviera pensando en construir algo que fuera a durar más de cuatro décadas, pero así fue.

Por lo tanto, los detalles que en aquellos primeros años sesenta fueron creando la impresión de universo compartido surgieron de manera espontánea, pero lo que resulta muy sorprendente es observar que esos lazos se lanzan, desde 1961, en todas las direcciones. Así, es cierto que el Universo Marvel, desde un punto de vista histórico arranca con ese Fantastic Four 1, pero apenas cuatro números más tarde, la colección muestra el regreso de Namor, un personaje que ya había aparecido en los cómics pre-Marvel de los años cuarenta, y ese pequeño suceso viene a significar que Lee asume la herencia de sus predecesores. De igual manera, en meses sucesivos, el Capitán América también resurgirá en las páginas de Los Vengadores, y los monstruos, vaqueros e incluso chicas románticas que aparecían en los cómics anteriores a la llegada de los Cuatro Fantásticos acabarán siendo incluidos en la cronología de la Casa de las Ideas. De esta forma, nos encontramos con un universo integrador, consciente de su prehistoria y que la hace suya desde su misma fundación.

El segundo signo de creación de universo será algo tan sencillo como la presencia, en forma de estrellas invitadas, de unos personajes en las series de los otros: tenemos pronto a Hulk visitando a los Cuatro Fantásticos y a éstos conociendo a Spider-Man. Pero el signo de cohesión definitivo tal vez se materialice con la integración de los principales espadas de la editorial en una única cabecera, la de los Vengadores, donde además acabamos viendo también a Mercurio y la Bruja Escarlata, dos villanos reformados que habían pasado antes por las páginas de La Patrulla-X.

Es ya en estos primeros sesenta cuando Lee, tras más de un año narrando las aventuras de Los Vengadores, desliga a tres de los grandes iconos que forman la serie para devolverlos exclusivamente a sus respectivas colecciones, dejando únicamente al Capitán América al frente de tres auténticos desconocidos. Quién sabe si, en aquellos momentos, Lee se encontrara con problemas de continuidad entre la serie troncal (Vengadores) y las raíces (las cabeceras de Iron Man, Thor y Hombre Gigante y Avispa) y prefiriera evitar complicaciones... y contradicciones, una actitud honesta que, en la actualidad, con Lobezno repartiéndose entre media docena de títulos, parece poco menos que incomprensible.

Con Los Vengadores “anulada” como colección integradora (durante muchos meses se mantendría la formación del Capi con sus alevines), Los Cuatro Fantásticos vendrán a quedar como principal fuente desde la que se expandirá el Universo Marvel. Pero mientras en el caso de los Vengadores nos encontrábamos con una serie que recogía elementos de otras, con la Primera Familia tendremos, también de manera espontánea, el lugar del que partirán los elementos que luego se desligarán y tendrán autonomía propia. Poniéndoles nombres propios: Inhumanos, Pantera Negra, Estela Plateada...

Luego vendrá Roy Thomas, con un concepto quizás más claro de “Universo”, del que tenía Stan Lee, y será él quien devuelva el papel vertebrador a los Vengadores, a cuyas filas regresarán los grandes y se unirán nuevos fichajes (el mencionado Pantera Negra). Todos ellos vivirán aventuras que, como la Guerra Kree-Skrull, aunarán elementos traídos de otras colecciones, colocándolos en paralelo a sucesos que ocurran en éstas y transformándolos, de forma que, desde finales de los años sesenta The Avengers será la serie en la que “ocurren las cosas”, la que hay que seguir para entender, en su globalidad, el Universo Marvel. Por decirlo de otra manera, The Avengers queda establecido como el título vertebrador por excelencia de la editorial, un papel que asume de manera consciente su guionista. Por primera vez, existe una determinación y una ambición de “crear universo”. Sí, es cierto que Lee lo venía haciendo anteriormente, pero no con la sofisticación que se hará a partir de este momento.

Los Vengadores mantendrán ese papel durante buena parte de los años setenta, hasta que, llegados los ochenta, la imbricación entre las diferentes series Marvel sea tan perfecta y ajustada que el Universo Compartido funciona como un perfecto mecanismo de relojería; en pocas épocas encontraremos mejor conectados todos los personajes de la Casa de las Ideas. Y en pocas ocasiones el lector tendrá una sensación mayor de que todas las colecciones deben leerse, no por encontrarse un cartelito de “continúa en”, que a veces también, sino porque todas son piezas de un inmenso puzzle. La perversión de ese concepto, en forma de crossover oportunista, dará lugar a la perpetración de historias cuya razón de ser termina en sí mismas, originando los primeros signos de cansancio entre los lectores, cuando ya llega la peor década de la historia de Marvel, la de los noventa.

Mientras que antes, la aparición de elementos procedentes de unas colecciones en otras, servía únicamente al propósito integrador, la continuación forzada de un título a otro en búsqueda de la compra obligada por parte del lector (es decir: siendo la editorial quien fuerce al lector, y no el lector quien se sienta interesado por el interés “de saber más”) supone la triste perversión de los propósitos vertebradores que tuviera Thomas en los setenta y compartiera y optimizara James Shooter durante buena parte de los ochenta.

Será también en los noventa cuando, paradójicamente, mientras el crossover se vuelve costumbre, más se deshilacha el Universo Marvel, hasta el punto de que, una parte de él se disgrega de facto, en el momento en que el éxito de los títulos relacionados con La Patrulla-X sea respondido por la editorial con la acumulación progresiva de nuevas series que, de manera endogámica, sólo se relacionarán entre ellas.

Dejando de lado algún momento anecdótico (el 25 Aniversario del lanzamiento de Vengadores y X-Men, que sólo se puede celebrar, como no, con un crossover, aunque pequeñito y de lo más modesto), los mutantes sólo se volverán a inmiscuir en lo que le ocurra al resto de sus vecinos del Universo Marvel a la hora de certificar la defunción de estos, en el despropósito que supuso Heroes Reborn y que vino precedido de la aventura en la que todo eso ocurrió, Onslaught. Resulta también demoledor que los héroes clásicos de la Casa de las Ideas caigan, primero, para que sean desvirtuados por los autores que más colaboraron en la crisis de los noventa, y segundo, derrotando a un enemigo surgido del corazón de la Patrulla-X.

Lo divertido es que, con el Universo Marvel en la UVI por culpa de los tejemanejes empresariales de los dueños que tuviera entonces la editorial, es el propio cuerpo de editores y guionistas de la Casa de las Ideas el que fabrica el remedio, en una serie de colecciones (Masacre, Héroes de Alquiler, Mercurio, Ka-Zar...) al frente de la cuál hay que colocar al título donde verdaderamente comenzó la reactivación del Universo Marvel: Thunderbolts.

Los “Héroes Más Buscados de Marvel” no sólo vendrán a llenar el hueco dejado por Vengadores y Cuatro Fantásticos, sino que jugarán un papel fundamental, tanto desde el punto de vista argumental como a la hora de servir de modelo editorial, en el momento en que se produzca el Heroes Return. Éste se presenta como el más inteligente movimiento jamás realizado por la editorial y no por nada tiene a Kurt Busiek, el guionista de Thunderbolts, como principal exponente. Busiek será quien, a partir de aquí, mejor sabrá entender y recuperar el concepto de colección vertebradora, aplicándoselo, indistintivamente, a los héroes (Vengadores) y sus villanos (Thunderbolts).

La recuperación de cierto orgullo de Universo compartido no se verá, sin embargo, expandida hacia otras colecciones. Mientras los mutantes seguirán sobredimensionados por el exceso de títulos, Spiderman se perderá en un bache continuo que le impedirá evolucionar como personaje y le mantendrá cuan fotografía fija, preso de su condición de icono. Las intenciones de Busiek serán poco a poco abandonadas, ante su cansancio, por él mismo, y derruidas de arriba abajo con la llegada de Joe Quesada y, sobre todo, Bill Jemas, a la dirección editorial de Marvel.

Mientas Quesada lleva una encomiable labor de recuperación de interés hacia los personajes de la factoría, el elemento integrador acaba más hundido que nunca, llegando hasta el punto de perseguirse de oficio y convertirse en anatema, al menos mientras Jemas, tan oportunista como mentiroso, se mantiene en el puesto. Es la sustitución de Jemas por Dan Buckley la que lo cambia todo, pero también la influencia de lo que está pasando al otro lado del charco, en una DC a la que ha llegado un nuevo director, Dan Didio, fan de la Marvel vertebrada de los ochenta, que pretende aplicar el mismo modelo a los personajes de la Distinguida Competencia, dándose la paradoja en un momento dado de que, lo más parecido a la Marvel clásica hay que buscarlo en las series de DC, mientras en Marvel, la eliminación de los elementos conectores entre unas series y otras –y no confundamos elementos conectores o vertebradores con la existencia de crossovers- hace que muchas de ellas se vuelvan innecesarias, con la consiguiente pérdida de interés por parte del lector, algo de lo que acaban siendo conscientes en la editorial. ¿Acaso van a permitir que en DC alcancen el éxito siguiendo el esquema con el que triunfó Marvel y que ahora parece haberse abandonado, más por pereza que por otra cosa?

De esta forma, Joe Quesada y sus mayores espadas, Mark Millar y Brian Michael Bendis, inicialmente remisos a utilizar cualquier elemento vertebrador (probablemente más por ignorancia del mecanismo y por indicación de Jemas que por interés personal), acaban descubriendo el pequeño juguete de la continuidad, de la conectividad del Universo Marvel. Así, Bendis enseguida tiende lazos entre sus series, Daredevil y Alias, despertando el interés del aficionado de toda la vida. Pero quizás el momento en el que todo cambie sea el lanzamiento de Nuevos Vengadores, colección que utiliza los mismos patrones seguidos en su momento por Lee, Thomas y Shooter y que pasa enseguida a ser, por derecho propio, la cabecera vertebradora por excelencia, y hacia la que además atrae elementos de las series mutantes y arácnidas, que al fin vuelven a confluir con el resto de títulos Marvel.

Lo más divertido es que Bendis hace suya la continuidad casi de manera casual: lo que parecía una solución de emergencia, Vengadores Desunidos, con la caída en desgracia de la Bruja Escarlata, acaba resultando útil a la hora de que cambien las tornas. Así, lo sucedido en la colección de los Héroes Más Poderosos de la Tierra da lugar a un suceso que acaba repercutiendo en el destino de los mutantes, a través de La casa de M. Es con esta aventura con la que Marvel parece de nuevo consciente de los mecanismos que hacen funcionar a su universo de ficción, y comienza a utilizarlos. Sí, se trata de un crossover, pero funciona independientemente en cada colección, sin que el lector tenga que seguir todas y cada una de las series que lo conforman para entenderlo, hasta el punto de que basta leer el título principal para saber lo que ocurre, y la lectura de los tie-ins sólo se producirá por interés de cada aficionado, no por obligación narrativa. Puede decirse, por tanto, que Quesada, consciente de la mala fama que tuvieran los crossovers en su momento, hace una historia honesta consigo misma, un mensaje que cala hondo entre los lectores, mientras la difícil comprensión de Infinite Crisis para quien no haya leído sus series precedentes ofrece un buen ejemplo de lo que no hay que hacer.

Más importante que La casa de M será su final, y las repercusiones en el resto de títulos, que esta vez sí se acomete de manera global y organizada, recuperando las reuniones de editores que fueran moneda común en la Marvel de Shooter y que nunca se celebraron en los primeros años de Quesada. Es a partir de la Decimation cuando se engrasa la maquinaria marvelita, y ésta echa a rodar como en sus mejores tiempos: dejamos de ver miniseries aisladas sobre sí mismas, sino de alguna manera entroncadas con lo que está ocurriendo, sin que por ello pierdan su condición de historia con principio, nudo y fin. En un segundo movimiento, las consecuencias de La Casa de M, unidas a las de Secret War, confluyen en Nuevos Vengadores, que en su papel de título vertebrador, da pie a la siguiente gran historia global: Civil War.

Marvel vuelve a tener, por primera vez en largo tiempo, un universo cohesionado. Falta por ver si ese renovado interés en la creación, día a día, de esa maravillosa sensación de “todo tiene sentido” será una moda o estará aquí para quedarse. Ojalá que el Universo Marvel siga expandiéndose, que la piedra lanzada hace cuatro décadas por Stan Lee sigue produciendo ondas; que lo que pasó ayer tenga consecuencias en lo que ocurra mañana, y lo de mañana en lo que pase al otro. Será la mayor constatación de que ese Universo continúa vivo.