Los caminos de la Guerra Civil: Civil War #1
Ya está aquí el principio del nuevo régimen, el tebeo que, dicen cambiará el Universo Marvel para siempre (una vez más). La Guerra Civil está presta a comenzar y las piezas están en el tablero. Que empiece la función.
Este comentario, por supuesto, es todo un SPOILER.
Titulo: Civil War #1. (parte 1 de 7)
Fecha de publicación: 3/05/2006
Portada: Steve McNiven.
Guionista: Mark Millar.
Dibujos: Steve McNiven.
Entintado: Dexter Vines.
Color: Morry Hollowell.
Rotulación: Chris Eliopoulos.
Precio: 3'99 $.
Argumento: Los Nuevos Guerreros están preparándose para entrar en acción, con la mirada puesta en los ratings de su programa de televisión. Pero en esta ocasión se trata de unos enemigos mucho más poderosos de lo que pueden enfrentar, algo que resulta trágicamente evidente cuando Speedball está cara a cara con Nitro. La explosión de éste no sólo acaba con la vida del héroe convertido en estrella de televisión, sino con la de más de 700 personas de la población de Stamford.
Muchos héroes acuden a la zona de la catástrofe a ayudar, entre ellos la Patrulla X, cuyos miembros siguen siendo vigilados incluso aquí por los Centinelas.
En el funeral, la madre de uno de los niños fallecidos se enfrenta a Tony Stark, acusándole de ser el origen de la tragedia, al ser quien financia y promueve a los Vengadores, el grupo original al que muchos toman como referencia para su particular lucha contra el crimen.
Unos días después, Johnny Storm acude a un local de moda en el centro de Nueva York, donde es atacado por la gente que está en la cola, e ingresado en el hospital por las heridas. Un grupo de héroes (23) se reúnen en el edificio Baxter para discutir la situación y la propuesta gubernamental de creación de un registro para los super-seres. Mientras, en el helitransporte de Shield, la nueva jefa de la agencia de espionaje le pregunta al Capitán América su opinión sobre quiénes y cuántos héroes se opondrán a dicha ley, y le ordena que arreste a los que así lo hagan; al fin y al cabo, sigue siendo un soldado y miembro de la agencia, pero el Capitán se rebela y se enfrenta a los miembros del equipo de contención de súper-humanos que está prepando Shield para el momento en el que el registro sea obligatorio; mientras, en la reunión en casa de la familia Richards aparece el Vigilante, anticipando con su presencia lo que será un gran cambio.
Por último, en la reunión del presidente de los Estados Unidos con su equipo, mientras ante las puertas del Capitolio se lleva a cabo una manifestación que exige la entrada en vigor de la nueva ley y justicia para los fallecidos en Stamford, se discute la situación creada por la fuga de Steve Rogers; el Hombre de Hierro, quien asiste junto a Reed Richards y Chaqueta Amarilla a la reunión, contesta al presidente que continúe adelante con la ley, que ellos se encargarán del Capitán América.
Comentario: Con 33 páginas de historia comienza el siguiente paso en la transición del Universo Marvel hacia un ecosistema más peligroso, más oscuro, probablemente más real/realista. Con una nada velada crítica a los reality-shows que campan por las televisiones de todo el mundo, en los que cualquier argumento es bueno o cualquier actuación es posible con el fin de aumentar el número de espectadores, se produce una situación que sirve de espita, de mecha para que el conflicto se recrudezca. Las medidas institucionales ante la catástrofe son, por supuesto, exageradas; en la historia que cuenta Millar, pero también en la realidad, de donde se nutren las circunstancias que se cuentan y los argumentos que se esgrimen. No se olvida, pues, que los atentados sobre la Torres Gemelas de Nueva York de hace unos años han supuesto una limitación de las libertades civiles en los Estados Unidos y una mayor capacidad de intervención de las autoridades y las fuerzas del orden en aquel país.
Tampoco quedan bien los políticos en este primer episodio de la historia, ya que se muestran bastante pusilánimes (el chiste que hace el Secretario de Estado, el equivalente norteamericano a nuestro Ministro de Defensa/Interior, sobre el avión en el que escapa el Capitán; o la mirada de un muy reconocible Bush a los super-héroes para que se hagan cargo de una situación en la que no sabe cómo actuar) y excesivamente influenciables por la presión mediática y de los manifestantes. Y todo esto en sólo dos páginas.
La parte más larga y más interesante de la historia, como en los tebeos que han servido de prólogo, es la de las argumentaciones de unos y otros. Queda por ejemplo clara la indefinición de Cíclope, un buen reflejo de lo que está sucediendo con el personaje en las colecciones de la Patrulla X, cuando tras horas de discusión tiene que preguntar: “Bueno, ¿y cuál es el consenso general?”; parece no darse cuenta que en la sala hay dos posturas completamente dispares, irreconciliables. Sus dudas supongo que tendrán un reflejo en la mini-serie de los hombres x relacionada con el evento; ya veremos.
Los argumentos son sencillos: aceptar el registro, que supone revelar ante el gobierno los datos personales, recibir un sueldo del mismo y estar a sus órdenes (con insignia oficial y todo), mientras se sigue con la actividad normal de salvar el mundo y sobre todo a los americanos; o no aceptarlo y ser, por lo tanto, perseguidos como cualquier otro ciudadano que no acata la ley.
Es en este punto donde la intervención del Capitán América se hace más pertinente. Como se ha escrito en muchos lugares ya y como ha dicho Quesada allí donde le han dado la oportunidad de hacerlo, no representa a un país, sino a los ideales que dan forma a un país; la del Capitán es una interpretación de esos ideales, con las que no todos han de estar de acuerdo. El héroe asume una responsabilidad, la defensa de la libertad del individuo frente a la interferencia y el control gubernamental. Así se lo explica a su jefa, la comandante Hill, que está al frente de Shield: “Yo no soy quién para juzgar” qué actitud tomarán los superhéroes ante la decisión gubernamental de ordenar el registro obligatorio. “Debemos asegurarnos que los Vengadores están de nuestro lado y que usted los dirige”, para frenar a aquellos que se opongan al proceso. “Olvídelo”, contesta el Capitán, “me está pidiendo que detenga a gente que se juega el pellejo todos los días por su país”. “No, se lo estoy ordenando”, replica Hill.
Y empieza la guerra.
Porque el Capitán huye. Porque, como decía al principio, cada pieza ya está en el tablero y ya ha escogido un lado para comenzar la partida.
Los diálogos de Millar son muy fluidos. Los temas son interesantes, y la mala leche del inglés se deja ver de vez en cuado (poco, para mi gusto). Las elipsis son correctas, avanzamos a lo largo de varios días de una manera fluida y, poco a poco, se observa cómo la paranoia se va extendiendo entre la gente de a pie. Los personajes tiene una voz bastante personal, sus argumentaciones son sólidas y, como él mismo ha dicho, cuando no sabe controlar lo suficientemente a uno de ellos, lo deja en un segundo plano; sale en la foto, pero no dice nada (como los miembros de los Jóvenes Vengadores). Hablan aquellos que más controla el guionista, aquellos cuya voz conoce bien al haber escrito en otras ocasiones sus historias: Lobezno, Spider-Man, el Capitán América, el Hombre de Hierro… Aunque se producen algunos roces entre personajes que chirrían para los viejos aficionados marvelitas, como las gruesas palabras que le dirige la Cosa a Logan, un compañero de póker y tropelías de muchos años.
Los dibujos de McNiven son bastante buenos, sobre todo en los planos más largos, con una selección del encuadre muy adecuada en cada momento. No me terminan de agradar, sin embargo, sus rostros, un poco forzados, aunque algunos detalles resultan muy interesantes (la manera en la que se arruga la máscara del Capi cuando se cabrea con la jefa de Shield).
El color, sin embargo, no lo veo muy acertado. Se opta por una paleta oscura y con tendencia a la saturación de rojos. La piel de los personajes tiene mucho brillo y muchas variaciones de matiz, se ve que no han pasado por un buen maquillador; y la luz parece que le llegue a cada personaje por un lado, como en el caso de la viñeta final.
Por último, las 6 páginas que cierran el tebeo son un gran anuncio en el que Joe Quesada se dirige a los “nuevos creyentes”, a todos esos aficionados que han comprado este tebeo y que no son asiduos al Universo Marvel, ofreciéndoles una selección de lo que la compañía ofrece para su entretenimiento –bastante patético–, seguido de un repaso a todos los coletazos que va a dar la colección: en 9 series regulares, con tres mini-series nuevas para la ocasión.
Suerte que dijeron que no iba a inundar el resto de títulos.
Este comentario, por supuesto, es todo un SPOILER.
Titulo: Civil War #1. (parte 1 de 7)Fecha de publicación: 3/05/2006
Portada: Steve McNiven.
Guionista: Mark Millar.
Dibujos: Steve McNiven.
Entintado: Dexter Vines.
Color: Morry Hollowell.
Rotulación: Chris Eliopoulos.
Precio: 3'99 $.
Argumento: Los Nuevos Guerreros están preparándose para entrar en acción, con la mirada puesta en los ratings de su programa de televisión. Pero en esta ocasión se trata de unos enemigos mucho más poderosos de lo que pueden enfrentar, algo que resulta trágicamente evidente cuando Speedball está cara a cara con Nitro. La explosión de éste no sólo acaba con la vida del héroe convertido en estrella de televisión, sino con la de más de 700 personas de la población de Stamford.
Muchos héroes acuden a la zona de la catástrofe a ayudar, entre ellos la Patrulla X, cuyos miembros siguen siendo vigilados incluso aquí por los Centinelas.
En el funeral, la madre de uno de los niños fallecidos se enfrenta a Tony Stark, acusándole de ser el origen de la tragedia, al ser quien financia y promueve a los Vengadores, el grupo original al que muchos toman como referencia para su particular lucha contra el crimen.
Unos días después, Johnny Storm acude a un local de moda en el centro de Nueva York, donde es atacado por la gente que está en la cola, e ingresado en el hospital por las heridas. Un grupo de héroes (23) se reúnen en el edificio Baxter para discutir la situación y la propuesta gubernamental de creación de un registro para los super-seres. Mientras, en el helitransporte de Shield, la nueva jefa de la agencia de espionaje le pregunta al Capitán América su opinión sobre quiénes y cuántos héroes se opondrán a dicha ley, y le ordena que arreste a los que así lo hagan; al fin y al cabo, sigue siendo un soldado y miembro de la agencia, pero el Capitán se rebela y se enfrenta a los miembros del equipo de contención de súper-humanos que está prepando Shield para el momento en el que el registro sea obligatorio; mientras, en la reunión en casa de la familia Richards aparece el Vigilante, anticipando con su presencia lo que será un gran cambio.
Por último, en la reunión del presidente de los Estados Unidos con su equipo, mientras ante las puertas del Capitolio se lleva a cabo una manifestación que exige la entrada en vigor de la nueva ley y justicia para los fallecidos en Stamford, se discute la situación creada por la fuga de Steve Rogers; el Hombre de Hierro, quien asiste junto a Reed Richards y Chaqueta Amarilla a la reunión, contesta al presidente que continúe adelante con la ley, que ellos se encargarán del Capitán América.
Comentario: Con 33 páginas de historia comienza el siguiente paso en la transición del Universo Marvel hacia un ecosistema más peligroso, más oscuro, probablemente más real/realista. Con una nada velada crítica a los reality-shows que campan por las televisiones de todo el mundo, en los que cualquier argumento es bueno o cualquier actuación es posible con el fin de aumentar el número de espectadores, se produce una situación que sirve de espita, de mecha para que el conflicto se recrudezca. Las medidas institucionales ante la catástrofe son, por supuesto, exageradas; en la historia que cuenta Millar, pero también en la realidad, de donde se nutren las circunstancias que se cuentan y los argumentos que se esgrimen. No se olvida, pues, que los atentados sobre la Torres Gemelas de Nueva York de hace unos años han supuesto una limitación de las libertades civiles en los Estados Unidos y una mayor capacidad de intervención de las autoridades y las fuerzas del orden en aquel país.
Tampoco quedan bien los políticos en este primer episodio de la historia, ya que se muestran bastante pusilánimes (el chiste que hace el Secretario de Estado, el equivalente norteamericano a nuestro Ministro de Defensa/Interior, sobre el avión en el que escapa el Capitán; o la mirada de un muy reconocible Bush a los super-héroes para que se hagan cargo de una situación en la que no sabe cómo actuar) y excesivamente influenciables por la presión mediática y de los manifestantes. Y todo esto en sólo dos páginas.
La parte más larga y más interesante de la historia, como en los tebeos que han servido de prólogo, es la de las argumentaciones de unos y otros. Queda por ejemplo clara la indefinición de Cíclope, un buen reflejo de lo que está sucediendo con el personaje en las colecciones de la Patrulla X, cuando tras horas de discusión tiene que preguntar: “Bueno, ¿y cuál es el consenso general?”; parece no darse cuenta que en la sala hay dos posturas completamente dispares, irreconciliables. Sus dudas supongo que tendrán un reflejo en la mini-serie de los hombres x relacionada con el evento; ya veremos.
Los argumentos son sencillos: aceptar el registro, que supone revelar ante el gobierno los datos personales, recibir un sueldo del mismo y estar a sus órdenes (con insignia oficial y todo), mientras se sigue con la actividad normal de salvar el mundo y sobre todo a los americanos; o no aceptarlo y ser, por lo tanto, perseguidos como cualquier otro ciudadano que no acata la ley.
Es en este punto donde la intervención del Capitán América se hace más pertinente. Como se ha escrito en muchos lugares ya y como ha dicho Quesada allí donde le han dado la oportunidad de hacerlo, no representa a un país, sino a los ideales que dan forma a un país; la del Capitán es una interpretación de esos ideales, con las que no todos han de estar de acuerdo. El héroe asume una responsabilidad, la defensa de la libertad del individuo frente a la interferencia y el control gubernamental. Así se lo explica a su jefa, la comandante Hill, que está al frente de Shield: “Yo no soy quién para juzgar” qué actitud tomarán los superhéroes ante la decisión gubernamental de ordenar el registro obligatorio. “Debemos asegurarnos que los Vengadores están de nuestro lado y que usted los dirige”, para frenar a aquellos que se opongan al proceso. “Olvídelo”, contesta el Capitán, “me está pidiendo que detenga a gente que se juega el pellejo todos los días por su país”. “No, se lo estoy ordenando”, replica Hill.
Y empieza la guerra.
Porque el Capitán huye. Porque, como decía al principio, cada pieza ya está en el tablero y ya ha escogido un lado para comenzar la partida.
Los diálogos de Millar son muy fluidos. Los temas son interesantes, y la mala leche del inglés se deja ver de vez en cuado (poco, para mi gusto). Las elipsis son correctas, avanzamos a lo largo de varios días de una manera fluida y, poco a poco, se observa cómo la paranoia se va extendiendo entre la gente de a pie. Los personajes tiene una voz bastante personal, sus argumentaciones son sólidas y, como él mismo ha dicho, cuando no sabe controlar lo suficientemente a uno de ellos, lo deja en un segundo plano; sale en la foto, pero no dice nada (como los miembros de los Jóvenes Vengadores). Hablan aquellos que más controla el guionista, aquellos cuya voz conoce bien al haber escrito en otras ocasiones sus historias: Lobezno, Spider-Man, el Capitán América, el Hombre de Hierro… Aunque se producen algunos roces entre personajes que chirrían para los viejos aficionados marvelitas, como las gruesas palabras que le dirige la Cosa a Logan, un compañero de póker y tropelías de muchos años.
Los dibujos de McNiven son bastante buenos, sobre todo en los planos más largos, con una selección del encuadre muy adecuada en cada momento. No me terminan de agradar, sin embargo, sus rostros, un poco forzados, aunque algunos detalles resultan muy interesantes (la manera en la que se arruga la máscara del Capi cuando se cabrea con la jefa de Shield).
El color, sin embargo, no lo veo muy acertado. Se opta por una paleta oscura y con tendencia a la saturación de rojos. La piel de los personajes tiene mucho brillo y muchas variaciones de matiz, se ve que no han pasado por un buen maquillador; y la luz parece que le llegue a cada personaje por un lado, como en el caso de la viñeta final.
Por último, las 6 páginas que cierran el tebeo son un gran anuncio en el que Joe Quesada se dirige a los “nuevos creyentes”, a todos esos aficionados que han comprado este tebeo y que no son asiduos al Universo Marvel, ofreciéndoles una selección de lo que la compañía ofrece para su entretenimiento –bastante patético–, seguido de un repaso a todos los coletazos que va a dar la colección: en 9 series regulares, con tres mini-series nuevas para la ocasión.
Suerte que dijeron que no iba a inundar el resto de títulos.



1 Comentarios:
es muy bueno totalmente recomendable el que lo haya escrito por su puesto que sabe sobre marvel pero sera totalmente bueno para ganar en un duelo de quien sabe mas de marvel
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