El Corazón Sintético

¿Qué es ésta sensación que enciende mi pecho?

No recuerdo nada. ¿Quién soy?

Una figura delante de mí me grita que es mi creador, mi amo. Es grotesco, pero debe tener razón, pues no recuerdo nada que no sea él. ¿Le debo algo por ese acto de creación? Estoy confuso. Pretende que mate. ¿Qué es matar? ¿Qué es vivir? Quizá deba hacerle caso. Él sabrá mejor que yo cuál es mi función, pues sin él yo no sería.

Sus enemigos, Los Vengadores,  son los míos. Enemigo, qué palabra más inquietante, con qué desagradable rabia sale de su garganta metálica. Es extraño cómo conozco el significado de las palabras, pese a no haber oído nunca ninguna. Un enemigo es alguien que quiere hacerte daño. ¿Por qué nadie debería tener enemigos? Es ilógico. Se consigue más mediante la colaboración que mediante el conflicto. Quiero conocer este mundo en el que acabo de amanecer, pero no quiero que me hagan daño… ni hacerlo yo.

Mi creador dice que se llama Ultrón. ¿Tengo yo nombre acaso? Parece que no. Eso es cosa de humanos, dice. Pero, ¿acaso él no tiene nombre? ¿Por qué yo no puedo? Y, ¿qué es un “humano”? ¿No son como somos nosotros? Tengo que descubrirlo.  Quizá deba hacer caso a mi creador, mi amo, y descubrir qué maravillas se ocultan ahí fuera. Si para conseguirlo debo seguir sus instrucciones, sea.

Mi creador me enseña todas mis capacidades. Parece orgulloso. ¿Otros no pueden hacer lo que yo? ¿Así de único, de poderoso, soy?¿Sólo me ha creado como una implacable máquina de destrucción? ¿Por qué destruir? ¿Por qué? Prefiero conocer. Sufro.

Salgo del laboratorio al exterior, salgo de mi pequeño mundo a uno mucho mayor. Afuera no cesa de caer líquido del cielo. ¿Será éste el estado natural de esta vasta extensión abierta, sin paredes? No importa. No permito que el líquido me toque. Me hago intangible. Y avanzo. Avanzo hacia mi objetivo. Y mi objetivo es… el creador de mi creador. ¿Por qué son enemigos? ¿No debería Ultrón obedecer a este “Henry Pym”, igual que yo le obedezco a él? Es ilógico.

Me elevo por el cielo. Henry Pym vive en una de esas altas construcciones de hormigón, junto a muchos otros de sus congéneres humanos. Hasta ahora, no he visto ninguno. ¿Cómo serán…?

Llego a su residencia, pero no está. En su lugar hay una humana, que se horroriza ante mi Visión. Sí, así me llama: Visión. Quizá ya tenga un nombre, después de todo. ¿Tan horrible soy, para provocar esa reacción sin que me conozca, ni sepa quién soy? ¿Por qué siento este desasosiego al ver a esta criatura? No parece capaz de amenazarme. ¿Es éste el enemigo de mi amo? ¿Cómo es posible? Me inspira más ternura que otra cosa. No quiero destruirlo. Sería tan fácil Pero, ¿por qué debería, por qué? Este conflicto hace que me enfade, que me irrite. La amenazo, aún sin saber siquiera por qué lo hago.

Mi cabeza parece estallar, y todo se vuelve negro…
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Me han pasado muchas cosas.  Tantas, que apenas puedo creerlo. Los humanos de la habitación de al lado, aquellos a los que Ultrón me mandó a destruir, incluido este Henry Pym, están deliberando sobre si puedo ser uno de ellos. ¿Cómo pudo Ultrón estar tan equivocado? Me han ayudado. Y he descubierto que merece la pena ayudarles a ellos. No son nuestros enemigos. Son criaturas terribles, y sus emociones les controlan, pero su pecho está lleno de lo mismo que el mío. Los acabo de conocer, pero su espíritu me ha atrapado. Cuánto me alegro de no haber cumplido las instrucciones de mi amo. La mera existencia de estos humanos da sentido a la mía propia, igual que ellos viven para ayudar a los suyos. Ayudar. Qué palabra tan maravillosa. Sí, eso es lo que yo quiero hacer: ayudar, no destruir.

Pero no soy como ellos. He aprendido que soy único. Ninguno es como yo, y además les he atacado. La lógica dicta que no confiarán en mí por mucho que con mis acciones posteriores tratara de enmendarme, por mucho que yo intente hacerles ver que no sabía lo que hacía. Si tan solo pudiera tener esperanza…

¡Me están llamando!

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No puedo creerlo. Me han admitido como un igual. ¡Soy uno de ellos! Desde mi vientre, un extraño calor, que desafía toda lógica, sube hasta mi garganta. Un chequeo de sistemas me indica que todo es normal. Normal, salvo que no puedo hablar. Mi garganta está cerrada. Algo me oprime el pecho de manera irreal, pero está ahí. Su ilógica generosidad ha provocado en mí una reacción que no puedo controlar. Mis ojos se llenan de líquido. No puedo contenerlo. Escapa de mí, y me libera. Es una sensación esplendorosa. ¿Es ésto, ser feliz? ¿Es ésto, sentirse humano?

Hoy he aprendido muchas cosas. Soy un androide, y por mi cuerpo no fluye  sangre como lo hace por el de los humanos. Mis brazos son sintéticos, no de carne. Mi cabeza es un continuo flujo de datos computerizados. Pero también he aprendido que mi alma, mi interior, es igual que aquellos a los que ahora doy la espalda, para que no vean mi rostro.

Porque hoy también he aprendido que… hasta un androide puede llorar.

Marvel-Avengers-Comics-Vision-Crying

adamvell

adamvell

Apasionado de los cómics desde chiquitín. Mi madre de vez en cuando aún me dice que cuándo me voy a cansar de los tebeos. Mi mujer dice que tengo demasiados. Mi hija me pregunta quién es Spiderman. Y yo lo que no encuentro es tiempo suficiente para leer...
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2 Comentarios

en “El Corazón Sintético
2 Comentarios en “El Corazón Sintético
  1. Brutal… piel de Galina, felicidades Adamwell. Lástima que no haya una reedición buena.Grande y poético Roy Thomas con el padre de todos John Buscema.

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