Continuamos con el
pressbook que nos ha facilitado
20th Century Fox.
ACERCA DE LA PRODUCCIÓN
“He disfrutado más interpretando a
Lobezno en esta película que en ninguna otra”, afirma
Hugh Jackman. El ilimitado entusiasmo que Jackman siente por el personaje –y por todo el mundo de
X-Men- queda reforzado por su nueva condición de productor. Junto con el director
Gavin Hood, con
John Palermo, socio productor de Jackman en
Seed Productions, y con los productores L
auren Shuler Donner y
Ralph Winter, Jackman supervisó prácticamente cada aspecto de las etapas de preproducción, producción y postproducción de la película. Disfrutó con sus nuevas responsabilidades. “Yo me formé en el teatro, donde uno participa en todo”, explica. “Cuando sales a escena en la noche de estreno, sabes mucho, no sólo de tu papel, sino del diseño del decorado, del de vestuario, del desarrollo del argumento…de todo. Esa emoción, ese conocimiento y esa preparación son parte fundamental de la experiencia”.
Quizá el aspecto de sus obligaciones como productor con el que más disfrutó fue la confección del reparto. “Esta película tiene un sinfín de grandes personajes que aparecen por primera vez en las películas de X-Men”, dice Jackman. “Fue especialmente gratificante crear estos nuevos personajes y encontrar a los actores idóneos para interpretarlos”.
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El productor
Jackman no dudó en obligar al actor Jackman a demostrar lo que éste era capaz de hacer, incluido un extenuante régimen de ejercicios físicos que le pusieron en la mejor forma de su vida. Aunque se había entrenado con dureza para cada una de las anteriores entregas de
X-Men, el mantra de Jackman de que había que superar las expectativas de
X-MEN ORÍGENES: LOBEZNO le llevó a adquirir nuevos niveles de preparación física. “En las anteriores películas de X-Men, nunca había hecho que Logan tuviera exactamente el aspecto que yo quería que tuviese”, explica Jackman. “Para ésta, quería que Logan tuviera la apariencia de un animal, con las venas resaltadas y tenso como un resorte. Yo quería que el público dijese: ‘Pues sí. Este tipo mete miedo; éste le arrancaría la cabeza a cualquiera’”.
Además de pasar un número incontable de horas en el gimnasio, Jackman incrementó su consumo de calorías y de proteínas hasta niveles propios de un atleta profesional. Un día cualquiera empezaba a las 04:00, cuando se despertaba para tomar acto seguido un batido de proteínas especialmente preparado. Luego, se levantaba definitivamente las 06:00 para hacer levantamiento de pesas, durante el cual a veces seguía caracterizado para sacar el máximo de su sesión de ejercicios. “Como
Lobezno, levantaba y me esforzaba un veinte por ciento más que si me entrenara sin caracterizarme”. Jackman explica, riéndose, que “siendo yo mismo, podía decir sin dificultad ‘¡Bueno! Ya basta de levantar [pesas]’. Pero como Lobezno, pensaba: ‘Me encanta levantar peso extra’”.
Por muy físicamente impresionante que llegara a ser Jackman, no perdió la condición de atleta que aportaba no sólo a sus papeles en películas de acción, sino a su trabajo en el teatro. “A la cámara le encanta
Hugh”, señala la productora
Lauren Shuler Donner. “Tiene la gracia de un bailarín, está haciendo mucho más que ‘mentalizarse’ para el papel”.
La ética de trabajo y el régimen de entrenamiento de Jackman impresionaron a todo el equipo de producción, especialmente a
Liev Schreiber, cuyo personaje,
Víctor Creed, se enfrenta varias veces a
Logan, el personaje de Jackman, su Némesis en la pantalla. “Hugh me obligó desde luego a mejorar mi juego”, afirma Schreiber, que ganó veinte kilos de músculo para interpretar el papel. “En nuestro entrenamiento y en nuestras acrobacias había sin duda química y competencia. Simplemente interpretar una escena con Hugh era impresionante, porque, como bailarín, tiene la disciplina y la coreografía necesarias. Juntos hemos rodado algunas asombrosas escenas de lucha”.

Además de subir la apuesta inicial de la acción y de incorporar a nuevos personajes a la franquicia de las películas de X-Men, los realizadores decidieron cambiar los lugares de rodaje. Si bien los exteriores de Toronto fueron muy útiles para “
X-Men”; y “
X2” y “
X-Men 3: La Decisión Final” aprovecharon al máximo los impresionantes decorados y estudios de sonido de Vancúver, la mayor parte de
X-MEN ORÍGENES: LOBEZNO fue rodada en Nueva Zelanda y en Australia, estando previsto rodar en Vancúver unas pocas secuencias clave. “Mi deseo de enfrentarme a retos para esta película incluía encontrar una nueva sede para la producción”, asegura Jackman. “Aun respetando el estilo de las anteriores entregas de X-Men, yo quería que ésta pareciera más grande y diferente. Hay en Nueva Zelanda algo que parece de otro mundo. ¡Tiene tanta magia! Ayudó a elevar nuestro mundo y la realidad de la película”. A lo que el productor
John Palermo añade: “Rodar en Australia y en Nueva Zelanda ha ampliado el universo de X-Men. El público se va a entusiasmar de verdad con la apariencia de las imágenes de la película. Tuvimos una suerte enorme pudiendo acceder a los recursos y a los asombrosos exteriores de esos países”.
Jackman, el director
Gavin Hood, el director de fotografía
Donald M. McApline,
ACS/ASC (“Moulin Rouge”) y el diseñador de producción
Barry Robison utilizaron una muestra transversal de los platós y exteriores de los países de rodaje para reproducir cinco guerras, la ciudad de Nueva Orleáns, escuelas secundarias de los EE.UU. y la remota selva canadiense. Según McAlpine, las soberbias vistas de Nueva Zelanda fueron inestimables; en especial, para las escenas ambientadas en el ficticio lugar canadiense de Alkali Lake (sede del programa de Armas X) y en el paraíso rural, rodado en la Isla Meridional de Nueva Zelanda, donde Logan encuentra un descanso demasiado pasajero con su amada,
Kayla Silverfox. Explica McAlpine: “Lleva una existencia idílica en una cabaña (diseñada por Robison) plantada en una cumbre y rodeada de cordilleras aún más enormes”.

La Isla Meridional de Nueva Zelanda también sirvió de escenario para una de las grandes e inevitables escenas de acción de la película, en la que se desarrolla una persecución en helicóptero seguida de estrellamiento.
Peter MacDonald (“El Ultimátum de Bourne”), director de la segunda unidad, trabajó con Hood en la supervisión de la espectacular secuencia, que también incluyó la voladura de una granja y una emocionante carrera que Logan realiza en su Harley Davidson, que adquiere categoría de icono.
A continuación, la producción se desplazó a Sidney, Australia, donde se rodó en exteriores de toda la ciudad, incluidos un hospital abandonado; un teatro de los años veinte, en desuso desde hace muchísimo, que se transformó en un cuadrilátero de boxeo en el que Logan se enfrenta a los más de trescientos kilos de
Blob; Centennial Park, la deslumbrante playa de la Costa Norte, y un campo de fútbol que la producción transformó en una feria ambulante. Pero el más notable de los exteriores fue Cockatoo Island, convertida para la ocasión en una central abandonada de energía nuclear, la sede del laboratorio de
Stryker y “zona de contención de mutantes”. La isla fue en tiempos el astillero más grande de Australia y contaba con un dique seco construido por penados en 1857, además de haber albergado una prisión del imperio. El lugar fue la paleta perfecta para que el departamento artístico de la película creara el siniestro y aislado mundo de Stryker y sus experimentos con mutantes.
El esperadísimo debut cinematográfico de
Gambito nos presenta al mutante rodeado de admiradores en su territorio, Nueva Orleáns. Los realizadores captaron la magia del personaje y de su ciudad en los Estudios Fox de Australia, en Sydney. El equipo de diseño creó un callejón de Nueva Orleáns, escena de una explosiva lucha en que se enfrentan
Logan,
Gambito y
Wraith. El entorno controlado de estas instalaciones de última tecnología permitió a los equipos de dobles y de efectos especiales llevar a cabo su elaborada acción. El reparto y sus dobles escalaron paredes, saltaron de un tejado a otro y sintieron toda la fuerza de las explosivas cartas de póker y del bastón bö de GAMBITO.
Para las escenas que nos muestran a Logan y a Víctor en mitad de los campos de batalla, no de una sino de cuatro guerras, cuando los dos hermanos se enfrentan al Ejército Confederado durante la Guerra de Secesión, sortean las trincheras de la Primera Guerra Mundial, desembarcan en las playas de Normandía en la Segunda Guerra Mundial y se enfrentan a los horrores de la de Vietnam, a la diseñadora de vestuario
Louise Mingenbach se le encargó la difícil tarea de diseñar el atuendo militar apropiado para centenares de extras que hacían de soldados. Fueron contratados especialistas de museos de armas para que ayudaran a lograr precisión en los uniformes y en el manejo de las armas.
Esta secuencia supuso el final de la fotografía principal en Australia y Nueva Zelanda. Quedaba pendiente la parte canadiense del rodaje, planeada desde muy atrás, y que exigía captar determinados fondos de paisajes canadienses y condiciones atmosféricas que no podían reproducirse en ningún otro lugar; y al acabar esa fase, comenzó a todo ritmo el fundamental periodo de postproducción. Mientras Jackman seguía trabajando incansablemente en el proyecto, se tomó un descanso para reflexionar sobre sus propios “orígenes” con el personaje de Lobezno. Como muchos saben, su inclusión en el reparto de “X-Men” en el año 2000 –su debut cinematográfico en Hollywood – se produjo escasos días antes de que hubiera de colocarse ante las cámaras. Al principio, el escaso conocimiento que Jackman tenía del personaje y de la mitología de X-Men le llevaron a pensarse dos veces la aceptación del papel. “Yo pensaba que ‘X-Men’ era un tema inusitado para convertirlo en película. Pues, ¿y un tío con garras que le salían de las manos? Naturalmente, aún no conocía la historia, increíblemente rica, del personaje y del resto del material, y, de haberla conocido, probablemente habría pensado que el papel suponía excesiva presión y exigía demasiado como para estar a su altura.
“Si alguien me hubiera dicho que un día yo figuraría en una película de Lobezno, me habría dado la risa”, prosigue Jackman. “No tenía ni idea del efecto que causarían las películas de X-Men. Y mi agradecimiento a los incondicionales y al público en general no podría ser mayor”.