
El 1 de enero de 2010 llegará a la gran pantalla la adaptación del que fuera personaje de
Marvel durante unos años:
Solomon Kane. El personaje, nacido de la prolífica imaginación de
Robert E. Howard, es un inglés puritano del siglo XVIII que conoce a la perfección las artes guerreras.
El reparto está conformado por
James Purefoy (
Roma, Resident Evil) como Solomon Kane,
Jason Babson (
Hellboy, El ilusionista) como Skinhead y
Rachel Hurd-Wood (
El perfume) como Meredith Crowthorn. Está dirigida y guionizada por
Michael J. Basset (
Deathwatch) y producida por
Samuel Hadida (trilogía de
Resident Evil, Silent Hill).
Si quieres saber más sobre la película, incluyendo el argumento, y algunos fotogramas, pincha en "Leer más".

En el aspecto técnico, lo más destacable de la película es una estupenda fotografía. Es difícil encontrar un solo plano que no esté cuidado. De hecho, los pocos paisajes que aparecen durante el filme son espectaculares. Hay que reseñar también una banda sonora que acompaña oportunamente al desarrollo de la historia, compuesta en este caso por Klaus Badelt (
Piratas del Caribe).
Sin embargo, los efectos especiales dejan mucho que desear. Además de la falta de imaginación en el diseño de los villanos, las escenas de acción, especialmente la lucha final, parece sacada de un mal videojuego, y no de una cinta con 45 millones de dólares de presupuesto (el mismo que
Resident Evil: Extinción, para que sirva de referencia).

La interpretación también empobrece la película en los momentos más importantes. Entre que a Purefoy no se le ve la cara durante el 90% de la película por el cabello largo y el sombrero, y que cuando se le ve su credibilidad desaparece por completo, es muy decepcionante. Todo ello añadido a que es una fusión entre Van Helsing, Aragorn y El Zorro, provoca la sensación de ver más de lo mismo.

En cuanto al argumento, coge a los orcos de
El Señor de los Anillos, los malos de
Hellboy 2 y de nuevo la estética de
Van Helsing y no te hará falta ver la película. Tras una vida llena de muerte y destrucción, Solomon Kane se encuentra cara a cara con la Guadaña del Demonio, quien le dice que su alma está maldita. Cuando intenta redimir sus pecados para no pasar la eternidad en el infierno, el Diablo va en busca de su alma, y Solomon Kane se verá obligado a empuñar nuevamente la espada para salvar al mundo. Recuerda a cierto cráneo ardiente que gusta de ir en moto, ¿no te parece?
En resumen: La película se deja ver, y sirve para echar el rato, pero nada más. Con un 6,5 sobre 10 debería conformarse.