Presentación de “Spiderman: La historia jamás contada”

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Decir Marvel, y particularmente Spiderman, en España, es decir Julián M. Clemente. Así lo viene a ratificar este tercer volumen que le dedica al Trepamuros, quince años después de Spiderman: Biografía no autorizada y Spiderman: Bajo la máscara. ¡Y menudos quince años para Spidey! su salto al cine, el desenmascaramiento, el Mefistazo, Miles Morales, Superior Spider-man, el acuerdo Sony – Marvel Studios… pedían a gritos una actualización, como reconoce que inicialmente pretendía el propio autor. Pero acabó yendo mucho más allá, siguiendo la estela de Marvel Comics: La historia jamás contada, al atreverse a levantar también la máscara de sus personajes, y desentrañar la biografía de los autores y la editorial que les dieron vida. El resultado supera aún sin imágenes la suma de páginas de los dos anteriores, en un tomo enorme, por fuera pero sobre todo por dentro.

Spiderman: La historia jamás contada arrancó este pasado fin de semana su ruta de presentaciones en la céntrica librería madrileña de Generación-X, en horario extendido por su XXI aniversario, con la tienda a tope, una legión de Guardias Imperiales de Asalto controlando a la legión de brujas y vampiros jalogüineros que asaltaba la noche de la capital (aunque se les coló un Jawa incontinente), y la cripta de la tienda a rebosar de aficionados arácnidos, más algunos personajes del mundillo y el actor y monologuista Arturo González-Campos como maestro de ceremonias. Que desde luego, no decepcionó al arrancar su introducción con un rotundo: “Julián Clemente está loco”.

Un punto obsesivo, de necesidad, en palabras de Campos, de “volcar gigabytes de basura cultural”, sí que transmiten las 608 apretadas páginas que conforman el libro, que ocultan en realidad 700, según reveló Clemente, de no ser por la magia del maquetador Francis González. Ya es una locura que a nadie se le ocurra escribir sobre Spiderman desde España –continúa Campos-, pero éste es el tipo que nos obliga a volver a mirar cada cómic después de leer sus “spot on”, y esto no es más que un spot-on gigante. Todo lo que le cabe en la cabeza sobre Spiderman, que es todo lo que existe, te obligará a leerlo o releerlo entero desde el principio en paralelo a La historia jamás contada. Si lo lees bien te costará años exprimirlo, porque en el fondo lleva quince años escribiéndolo, y agota medio siglo de historias del Hombre Araña.

Como lector veterano, Campos le encuentra un valor añadido al libro que tal vez no valoren los lectores más jóvenes que para su sorpresa nutrían el acto, amamantados en los Omnigold y el legado de la anterior Biblioteca Marvel: el orden que no se pudo experimentar hasta la recuperación sistematizada de los clásicos, recordando los años que tardó de niño en resolver el mítico clifthunger de la Saga de Los seis brazos, en que se quedó colgado cuando su kiosquero-dealer decidió cortarle el suministro. –Es curioso que cites Los seis brazos-, enlaza Julián, –porque así es como dejó en su momento Stan Lee al personaje en su primera salida de la serie. Tuvo la oportunidad de escribir un guión que nunca se rodaría, y dejó plantado a Spidey en semejante tesitura, que tuvo que resolver Roy Thomas sobre la marcha. Años después Stan no recordaría la faena, pero curiosamente le hizo lo mismo unos meses después a Gerry Conway tras regresar de Hollywood, al dejar también en suspenso su segunda etapa-.

01Es el tipo de intrahistorias en las que no pudo escarbar Clemente en sus anteriores libros por falta de una información que ahora internet ha hecho accesible, no tanto directamente en la red como facilitando rastrear libros de referencia así como revistas y fanzines de la época, destacando Foom, Comic’s Journal y Amazing Heroes, o modernas como Back Issues, e incluso contactar personalmente a los autores. La memoria de éstos se ha revelado sin embargo bastante frágil, teniendo que investigar ellos mismos en su obra para poder responderle, resultando a menudo más fructífero bucear en sus declaraciones pasadas y hasta reconstruir la evolución de sus versiones a lo largo del tiempo. Entre los pequeños tesoros a los que esta búsqueda le ha conducido, Clemente destaca unos viejos fanzines perdidos de Steve Ditko, que su propio amigo y editor tuvo a bien escanearle y enviarle, y en los que el co-creador de Spiderman daba la réplica a décadas de polémicas sobre su génesis en primera persona. Nada que no se pudiera haber hecho, con mucho más tiempo y trabajo, a base de cartas y bibliotecas, pero que aún en estos tiempos le llevó cinco meses sólo para documentar, revisar y ordenar sus fuentes.

El resultado de tan ingente volumen de información fue un manuscrito que alcanzó el techo previsto de un millón y medio de caracteres para toda la obra, un 20% más que toda La historia de Sean Howe, a la altura del año 2000, cuando supuestamente debía comenzar su revisión. Ahí fue cuando al Julián Clemente editor confiesa que le temblaron las piernas, pero el Julián Clemente autor fue incapaz de recortar apenas 10.000 caracteres. Quería desentrañar el origen, la muerte de Gwen, el matrinio, las pelis y el desenmascaramiento; pero también la historia con minúsculas de los Supaidaman y los Spider-Ham, cuando a la tele le bastaba con un solo lanzarredes (¡eso sí que eran dobles de acción!), y John Romita Sr. evitó que sacrificaran el azul del traje sugiriendo en el último momento que el croma fuera verde. No se trataba de exhibcionismo enciclopédico, sino que sólo desde la memoria de Nicholas Hammond y los tiempos en que el cine aún les miraba por encima del hombro, puede describirse la emoción que supuso la eclosión del Spiderman de Sam Raimi y el valor del icono arácnido.

Campos no se resistió a abrir él mismo el turno de preguntas, interesándose por los puntos creativamente más alto y más bajo de Spidey. Cuando La Saga del Clon ya se abría paso entre murmullos, el autor de Los chicos que coleccionaban tebeos dejó por un momento el tono nostálgico de la charla para condenar sin paliativos la mercantilización arácnida de los años setenta, a partir del final de la etapa del no obstante redescubierto Len Wein, a la sombra del éxito televisivo de su primera serie en imagen real. En opinión de Clemente, sacrificaron la coherencia del personaje en beneficio de la inercia de la tele, al propio Peter Parker por un cascarón vacío que valía para todo. Cuando proteger su marca era suficiente para crear a Hulka o Spiderwoman, sin ningún contenido. La cima vino justo después, en la década de los ochenta y la propia transición lectora de Julián de niño, del Spiderman multifunción a la recuperación por Tom DeFalco, quizá el editor más reivindicado del libro tras el mismísimo Stan Lee, de la integridad del Spiderman de Ditko y su lucha por el realismo. Porque era el editor lo que compartían las simultáneas series de Roger Stern, Bill Mantlo y J. M. DeMatteis, y quien abrazó por primera vez en la franquicia arácnida en su conjunto.

El presentador tampoco quiso retrasar más la inevitable pregunta sobre el “Mefistazo de los cojones”. Clemente atribuye la frustración que desató a que le habíamos comprado La Luna a Joe Quesada. Nos creímos que las consecuencias de la Civil War durarían años, se nos cayó la mandíbula al suelo cuando Peter se desenmascaró al final del segundo número, y nos sentimos estafados al descubrir que era la inminencia de Mefisto lo que había permitido subir las apuestas, nada más que un golpe de efecto. Esa decepción se traslucía por ejemplo, cuando Peter Sanderson hizo público su memorando para descartar a Mefisto del final de La Saga del Clon. El matrimonio era un problema para el Editor Marvel, nunca le gustó, por considerar que fue una construcción artificial, ni siquiera eran novios cuando se casaron ni casi nadie supo qué hacer con él. Campos reivindicó la participación de una Mary Jane recién casada, en La última cacería de Kraven, señalando Clemente a J. M. DeMatteis, a quien entrevistó para el libro, como uno de los pocos guionistas a favor de la boda porque le permitía escribir historias distintas desde la perspectiva de una pareja real. Todo lo contrario a los años de supermodelo en lencería que seguirían, porque la mayoría de escritores lo percibieron como un añadido impuesto y lo trataron irrealmente. Pero eso no quita para que optaran por la respuesta más cobarde para solucionarlo, alienando además al único guionista que había logrado hacerlo sentir real, por intentar usar las reglas lógicas de la ciencia ficción en lugar del todo vale de la magia. Cargando, eso sí, él mismo con los hijos, la historia, para Clemente, de  una mala idea que por interferencia editorial se hizo aún peor, recordando que el padre iba a haber sido Peter Parker en lugar del malo para todo en que se ha convertido Norman Osborn. Cerrando el capítulo, Clemente afirma no ser capaz de apostar a estas alturas si llegará la tercera parte que vaticinó en su día del Mefistazo, pero advierte que Renueva tus votos no lo es.

Con todo, Spidey emerge de La historia jamás contada, para Campos, como el superhéroe con la biografía más coherente. Clemente añade que en parte por estar ya acabado desde su mismo origen, a diferencia por ejemplo de Los Vengadores, Daredevil o La Patrulla-X, que tardaron años e incluso décadas en consolidarse. El Peter Parker moderno, con toda su evolución contemporánea y las capas de glamour que le pudo añadir John Romita Sr., y sus posteriores vaivenes editoriales, sigue siendo reconocible desde la primera viñeta de Steve Ditko. Campos también lo identifica como el héroe romántico por excelencia, el héroe adolescente, en contraposición a Superman y Batman como el sueño infantil y el adulto. Aquel al que el lector siempre vuelve en busca de su propia esencia, porque todos hemos sido Peter Parker, hasta el punto de asegurar que fue quién le enseñó a enamorarse, y que lo que verdaderamente importa no son los villanos a los que te enfrentas sino por quién lo haces. Si bien, Clemente se queda personalmente con la esencia del Peter Parker súper-nerd de Ditko.

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A la pregunta de si ha traducido el libro pensando en el mercado norteamericano, Clemente reconoce haber guardado todas las entrevistas para que llegado el caso se puedan recoger directamente las declaraciones de los autores, pero señala que todas sus fuentes eran anglosajonas ni creía poder entrar allí con su apellido. Campos apuntó directamente al público para recordar que Superman se ha hecho en San Roque, alusión más que suficiente para que se levantara Carlos Pacheco, añadieran una tercera silla y se sumara los ponentes. Y también para que la charla se alejara del libro que se presentaba, sin que nadie se quejara ante lo jugoso de los chascarrillos del gaditano. Comenzando nada menos que por la polémica salida de Rafa Marín de Marvel, porque una cosa son los dibujantes y otra muy distinta los guionistas, co-guionizando junto a Pacheco Los Inhumanos y Los Cuatro Fantásticos. El problema, señaló, no fue su condición de guionista de habla no inglesa (aunque le recomendara a Clemente que adoptara el apellido literario de “Clements”), ni que Rafa no gustara en Marvel, sino que se le ocurrió comentar las interferencias editoriales en el mismísimo correo de Fantastic Four. Algo que el dibujante considera normal y más dado el nivel de integración actual de los guionistas en la editorial, como nuevos niños bonitos de la industria, siendo comparativamente muchos menos los dibujantes que trabajan hoy en día en exclusiva para ningún sello. Anteriormente ha comentado su participación creativa en otros proyectos como Siempre Vengadores, pero esta vez fue más allá y reveló que recientemente le ha sido rechazada una propuesta para convertir al envejecido Steve Rogers, cuyo cuerpo habría crionizado S.H.I.E.L.D. para evitar su degeneración, en el futuro Vance Astro. Y de nuevo no se toma la negativa como una cuestión étnica, sino que Tom Breevort le respondió simplemente que llegaba dos semanas tarde. Irónicamente, el único “malentendido” que ha tenido al respecto, en sus comienzos, fue cuando Marvel ¡le incluyó por error en una lista de autores negros!

Tratando de volver al libro, Pacheco le recriminó en broma a Clemente que no tenga dibujitos –tú lo que quieres es que [el director de publicaciones de Panini] José Luis Córdoba me mate-; más allá de su extensión, habiendo anunciado su intención de complementar gráficamente el libro en internet, posiblemente en nuestra web hermana Bajo la máscara, cuando tenga tiempo, la ausencia de imágenes responde a su condición de licenciatarios de Marvel en España, al no tratarse de una publicación oficial de La casa de las Ideas.

El turno de preguntas del público arrancó, como no podía ser de otra manera, por el punto negro que se había quedado antes en el tintero: La Saga del Clon. Concretamente, cómo acabó perdiendo el control desde su prometedor punto de arranque. El plan inicial, confirma Clemente, llegaba sólo hasta Amazing Spider-Man #400, y Ben Reilly sólo iba a reemplazar a Peter Parker durante unos meses. El problema no fue argumental sino editorial, más aún, empresarial, con la llegada de la bancarrota, el baile de editores y los centenares de despidos, estirando el chicle hasta degenerar agónicamente entre interminables bandazos. Aun así, los implicados recuerdan las reuniones de coordinación de la Saga de lo más divertidas, los lectores opinarían que demasiado. A este respecto, Pacheco ratifica que la presión en las oficinas de Marvel era terrible, y cita como uno de los escasos supervivientes de aquella era (junto a Salvador Larroca, Tom Breevort y muy pocos más), que su agente de originales Scott Dunbier llegó a buscarle un hueco en Wildstorm, como agradecimiento del cual sacó después Arrowsmith junto a Kurt Busiek en su sello Clifthunger!

No obstante, hubo quien se atrevió a reivindicar el traje original de Ben Reilly como uno de los grandes uniformes arácnidos, y reconozco que para mi sorpresa, el consenso fue generalizado tanto entre el público como en la mesa. Para no confundirlo con la nostalgia, González-Campos puntualizó que el desastroso desarrollo de La Saga del Clon impidió explorar un personaje con mucho potencial, y que cuando por fin se retomó el concepto de la Araña Escarlata, el nuevo traje ha sido horrible. Pacheco llevó más allá la reflexión para reprochar a la actual Marvel desperdiciar la carga icónica de sus personajes, en aras del cada vez menor impacto de sus continuos cambios estilísticos. De paso sacó pecho de su rediseño del Capitán Marvel en Siempre Vengadores. Le dijeron que el existente estaba pasado de moda, pero lo que intentó fue hacerlo aún más viejo, basándose en el look de Marlon Brando en Julio César. La propuesta cuajó hasta el punto de derivar en una nueva serie, y cuando Joe Quesada le solicitó a Alex Ross volver a cambiarlo, éste asumió el encargo pero abrió el dossier del nuevo diseño con una nota de que era innecesario. Una tendencia que no sólo carga en los hombros de la editorial, sino en los de muchos autores a los que realmente no les gustan los superhéroes, concluyendo cuando alguien mencionó al “Bat-Conejo”, que nunca habrá ninguna razón suficientemente buena para alterar los trajes de Superman, Linterna Verde o Flash porque ya son perfectos. Para Clemente, Pacheco es uno de los autores que es consciente de los personajes con que trabaja, señalando que dibuja a Spidey como si llevara calcetines y no botas, para que se pueda pegar a las paredes. El gran mérito del traje negro, para Julián, es que no tiene nada que ver con el original, y por eso mola, lo feo son las variaciones. Más concretamente añadirle rodilleras al nuevo traje del Capi, que según Pacheco, cada vez que las dibujaba sólo les veía una utilidad sexual muy concreta. “Yo les pasaría el Handbook de los ochenta a los dibujantes, y punto”, remata Clemente.

03

Nuestro compañero Fernando el Catódico, del Podcast de La casa de El, recogió el guante y le preguntó al de San Roque si una de las pocas cuentas que le pueden quedar aún pendientes en Marvel  es precisamente el Trepamuros. Pacheco reveló que Ralph Maccio le ofreció en su día ilustrar la adaptación al cómic de la primera adaptación de Sam Raimi, guionizada por Stan Lee, para tratar de evitar su marcha a DC. Recibió la llamada de hecho en casa de Juanjo Garnido, en París, y llegó a cruzar algún correo con Stan, quedándole claro que quien escribiría realmente el cómic sería su negro Michael Uslan. Finalmente el apartado gráfico corrió a cargo de Alan Davis, si bien recuerda que ni siquiera se puso a la venta (en Estados Unidos), sino que acompañó alguna edición doméstica de la película. Arturo González-Campos subió la apuesta, preguntando a Pacheco por su hipotética visión si se encargara de Spidey. Tras una primera respuesta en broma –un Spidey de seis brazos junto a un J.J. Jameson robotizado en La Tierra salvaje-, los elementos que le darían forma para el gaditano serían devolverle a su esencia solitaria, alejándolo de los supergrupos y del gran escenario superheroico, que mantuviera sus secundarios tradicionales incluyendo a la Tía May, volviera a Queens y la Soap Opera y su galería de villanos con nombres de animales, que considera la segunda más rica después de la de Batman. –“Por eso no me lo dejan”-.

Nuevamente El Catódico, se interesó por qué otros autores, aparte de sus creadores, han aportado más al mito de Spiderman. Clemente reconoció que cada vez destaca a uno distinto, y descartó por sus altibajos la etapa aparentemente más obvia de Stan Lee y John Romita Sr., recordando que se despidieron con El Gibón y El Canguro. En su lugar prefirió destacar la restauración del personaje por el sucesor de Lee, Gerry Conway, que tenía entonces sólo 19 años. En sólo cuatro números, le habían quitado el glamour a Peter con una úlcera, devolvió a Spidey a la tierra con una paliza y Tía May se había ido a vivir con el Doctor Octopus. Asimismo salieron a colación los dos grandes autores del Spiderman contemporáneo, con dos lecturas ciertamente contrapuestas que ahora van a encontrarse, Dan Slott y Brian Michael Bendis. Pero de su encuentro, no sabría decir si más misterioso o travieso, Pacheco sólo afirmó “no saber nada… o no poder decir nada”. Prefirió detenerse en otro cruce de la etapa Conway, que no sin provocación considera el mejor tebeo de ambos personajes: Superman vs The amazing Spider-man. Es engañoso adscribirlo a dicho etapa, comentó Clemente, porque lo guionizó Conway, que venía de Spiderman, pero en realidad se acababa de pasar a DC, y Marvel aportó en realidad al dibujante Ross Andru. Más aún, el entintado corrió a cargo del estudio Continuity de Neal Adams, y pidió permiso para redibujar las apariciones de Superman, mientras que Jon Romita Sr. hizo lo propio con las caras de Spiderman. Como curiosidad, el cruce surgió a consecuencia de una entrevista a Stan Lee, en la que le preguntaron si sería posible hacerlo, y bastó la idea para que la maquinaria. Al mismo tiempo, ambas editoriales preparaban sendas adaptaciones paralelas de El Mago de Oz, y el primer fruto del entendimiento fue la publicación conjunta de la versión de Marvel, que iba más avanzada, como antesala del enfrentamiento de sus dos grandes iconos.

La pregunta era obligada, y la formuló Arturo desde la mesa: ¿sería posible un cruce así hoy en día? Evidentemente depende del acuerdo de las empresas, pero en opinión de Julián cada una va a su rollo, y ya ni siquiera se pueden editar los cross-overs existentes. –“Lo más parecido a un Marvel vs DC”, ironizó desde la primera fila  Fran Calderón, de ECC Cómics, “es cuando tú y yo salimos a tomar algo”-. Pacheco tampoco lo ve posible en el cómic de hoy en día, por la simple razón de que ya no tiene el impacto de los setenta ni existe la necesidad empresarial de los noventa, como fue el caso del Universo Amalgam, que surgió en plena explosión de la burbuja especulativa comiquera; pero si hiciera falta, lo veríamos en el cine.

Entre tanto bandazo editorial y mercadotecnia, Pacheco concluyó la charla reivindicando un cierto sentido de continuidad en los personajes, con independencia de los equipos creativos por los que pasen. Las series  actuales tienden a estructurarse por el contrario en etapas cortas y cerradas, que él identifica con el estilo de la “vieja DC”, igual que en los ochenta se identificaba a Los Jóvenes Titanes con la “nueva Marvel”. En su opinión, no se trata de agitar al público con cambios que no conducen a ningún sitio, sino de evolucionar con él, parafraseando a Rafael Azcona, “darle lo que quiere pero no lo que espera”. ¿Quién esperaba en los setenta un tebeo como Los Defensores, Killraven o Maestro de Kung-fu?. –“Eso, ¿quién?”, respondió Julián, ejerciendo por un momento de Editor Marvel, mordiéndose la lengua consciente de la expectación por la reedición de las aventuras de Shang Chi-. Los cambios ya no responden a las tendencias del público, sino a su propia inercia, aunque en algunas ocasiones como el Spiderman Superior, puedes disfrutar de ellos precisamente porque saben que son temporales. Dan Slott recibió de hecho una reprimenda de Tom Breevort por hacer un chiste en Spiderman a cuenta de la provisionalidad de la “muerte” de La Antorcha Humana. Pacheco echa de menos la sensación que tenía de niño de estar leyendo biografías, que incluso le motivaba a hacerse con etapas de sus personajes favoritos que sabía que eran malas porque en cualquier momento podía pasar algo. Así disfrutaría él ahora, como imagina que disfrutaban los autores de entonces. Y como se nota que ha hecho, le devolvió Clemente la cuña publicitaria, en Escuadrón Siniestro. Y seguro que él escribiendo su libro, por mucho que asegure por ahí lo contrario. Y ojo, que ésta aspira a ser la primera de muchas Historias jamás contadas.

04-

Y así, entre anécdotas, revelaciones, alguna reflexión y muchas firmas y dedicatorias,  llegamos al filo de la medianoche. Porque cuando salen los monstruos, también es la hora de los héroes. Y en Spiderman: La historia jamás contada encontrarás al más grande de todos ellos.

Texto: Iñigo de Prada

Fotografías: José y Generación X

Jata y Promethea

Jata y Promethea

Sara García Rodríguez, periodista, e Iñigo de Prada, abogado, son co-autores de "El viaje del Superhéroe: la historia secreta de Marvel en el cine" (Dolmen, 2012, y una continuación en camino), sobre la base de sus colaboraciones en el Cineclub Marvel y el blog TBO en el cine de las webs de Universo Marvel y Panini Comics. Han participado, juntos o por separado, en la extinta Marvelmanía, el Podcast de Spider-Man: Bajo la Máscara o la revista Dolmen, e Iñigo es Redactor Jefe de "Marvel Age". Siguen viajando con los superhéroes en Twitter (@MarvelCineComic) y Facebook (Marvel: El viaje del superhéroe).
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