Reseñas: Iron Man: Marvel Gold 10: «Duelo de Hierro» (1985)

Seguimos, un tomo más, recopilando la etapa guionizada por Denny O’Neil en Iron Man. Una etapa, de momento, más apreciable por la cantidad de cosas que ocurren que por cómo nos las cuenta O’Neil. Una etapa que el guionista sigue compartiendo con Luke McDonnell, aunque el dibujante se despide de la colección hacia la mitad de esta nueva entrega, dejando paso a un transitorio baile de diferentes artistas. Quienes sí que se mantienen a lo largo de todo el tomo son los entintadores Ian Akin y Brian Garvey, que siempre trabajan en equipo.

La redundancia argumental de los dos anteriores tomos sigue intacta en los primeros episodios incluidos en esta nueva entrega. Seguimos en pleno capítulo de la actitud exageradamente recelosa de Rhodey hacia Tony Stark, tras haberse recuperado este último de su crisis alcohólica e incorporarse al equipo que su amigo forma con los hermanos Morley y Clytemnestra Erwin. Y también continúa el misterio acerca de los episodios de fuertes migrañas del propio Rhodey.

El regreso de uno de los villanos presentados en estos últimos tomos, Vibro, pone al descubierto el peligro en que se ha convertido Rhodes dentro de la armadura del vengador acorazado. Un Jim Rhodes obsesivo y confundido por sus terribles dolores de cabeza, a quien Tony no tiene más remedio que frenar. Y aquí se nos presenta el primer momento especial del tomo, porque significa que Tony Stark vuelva a vestir una armadura. Pero no la oficial de Iron Man, sino la nueva que llevaba construyendo en los últimos números, inspirada en aquella primerísima armadura de su presentación en el Universo Marvel.

La inevitable batalla entre los dos Iron Man finaliza en una conversación en la que, al fin, Tony logra convencer a Jim de que no quiere quitarle la armadura por la sencilla razón de que no quiere volver a ser Iron Man. De hecho, después de tanto lloriquear, Rhodey le intenta devolver a Tony la armadura. Un cúmulo de reacciones, la verdad, que me resultan poco naturales.

Más convincente resulta la razón por la cual Tony descarta volver a ser Iron Man. Y es que considera que sus problemas con el alcohol son derivados de su actividad como superhéroe. Aparentemente, ambas cosas no tienen relación alguna, pero se entiende que piense algo así después de haber vivido aquel infierno que casi se lo lleva por delante.

Pese a todo, no perdemos la ocasión de ver a Stark accediendo a ayudar a sus compañeros de los Vengadores Costa Oeste pilotando su armadura gris de transición. Aquí, O’Neil rescata ni más ni menos que a Godzilla, el kaiju por excelencia, que obtuvo serie propia en el Universo Marvel durante los 70. El lagarto gigante está controlado por uno de los personajes creados para aquella serie, el Doctor Demonicus.

En paralelo, Jim Rhodes decide poner fin a sus migrañas acudiendo al Doctor Hank Pym. Visita que da lugar a otra trama cuando ambos, acompañados de un ratero de poca monta que pasaba por allí, caen a través de un portal interdimensional creado por el propio Pym.

Y eso no es todo, porque también vemos el regreso de Bethany Cabe a la colección. Para desesperación de una Clytemnestra que, de la noche a la mañana, parece haberse colado por Tony. Y también volvemos a tener noticias de Obadiah Stane, en una escena que significa el final para uno de sus sicarios, el Implacable. Una ejecución, llevada a cabo por alguien en las sombras, que no entendemos que función tiene en todo esto.

Hasta este punto, ciertamente, es todo bastante confuso. O’Neil parece ir metiendo cosas sin ton ni son, además de hacer gala de una escritura de diálogos bastante pueril. Bien es cierto que tampoco ayuda la parte gráfica, porque el dibujo de McDonnell, en lugar de ir a mejor, es cada vez más inexpresivo, al menos en lo que se refiere a las figuras. Un apartado, el gráfico, al que le vendría bien sangre nueva, como así ocurrirá en este mismo volumen.

Pero hay veces en las que el autor de turno se saca un as de la manga cuando ya no esperabas gran cosa de su trabajo. Precisamente en el último número con McDonnell, O’Neil logra dar un sentido a los episodios de migraña de Rhodey y, de paso, a la actitud hostil con su amigo Tony. Todo empieza cuando, por recomendación de Pym, Jim visita a Shaman, el curandero integrante de Alpha Flight, que rápidamente concluye que lo que hay que sanar es el alma de nuestro hombre. El caso es que, tras un viaje interdimensonal a un lugar llamado el Desfiladero, ya tenemos diagnóstico.

Rhodey, en lo más profundo de su mente, tiene la convicción de que la armadura no le pertenece, de que se está apropiando de una parte de la personalidad de su mejor amigo. Mientras su conciencia exterioriza su verdadero deseo, el de convertirse en un superhéroe, su subconsciente entra en conflicto y se manifiesta en forma de terribles dolores de cabeza. Ciertamente, me parece una explicación de lo más convincente.

El nuevo Iron Man.

Los acontecimientos vividos en los últimos episodios han terminado con los dos protagonistas extraviando sus respectivas armaduras. La dorada y roja perdida en otra dimensión y la gris en el fondo del océano. El caso es que, mientras la primera sirve de caparazón a un ente llamado el Omnos, la segunda cae en manos del Doctor Demonicus, lo que desemboca en una insólita batalla entre dos Iron Man pilotados, ambos, por elementos ajenos. Mientras, Tony Stark sigue convencido en no volver a ponerse en la piel de Iron Man, por lo que se inventa una identidad transitoria para pasar desapercibido, el Hombre de Retales.

Es el primer número sin Luke McDonnell, que cede su puesto a Rich Buckler para este número y el siguiente. Los tres números que completan el tomo corren a cargo de otros tres dibujantes, Sal Buscema, Herb Trimpe y Mark Bright. O sea, baile total de dibujantes para una serie de episodios que poco o nada tienen de transición. Episodios, además, sensiblemente superiores a los de la primera mitad del volumen. Y no creo que ello sea debido a la mejora en el apartado gráfico, sino principalmente a un Denny O’Neil que da un paso adelante merced a ideas más interesantes y a unos diálogos más maduros.

El episodio integrado en las Secret Wars II, como es habitual, mantiene un hilo de continuidad con el mega evento que debe ser leído en conjunto. Una trama en la que Iron Man debe detener a un chiflado que se hace llamar Espada Tronante. Pero también significa el inicio de la conclusión de mucho de lo que ha venido introduciendo O’Neil en todo su trayecto. Una saga que concluye en un número doble conmemorativo, el 200 de la colección. Un final de ciclo que debe esclarecer de una vez por todas quien se queda con la armadura de Iron Man y que también va a significar el enfrentamiento definitivo con la némesis de Tony Stark de esta etapa, el hombre que no deja de ser el origen de todos los problemas vividos por nuestro protagonista: Obadiah Stane.

Al ahora propietario de la antigua Stark Internacional, le sigue sobrando Tony Stark. La crisis alcohólica no ha sido suficiente, por lo que Obadiah necesita destruirlo definitivamente. A él se suma una Madame Máscara con sed de venganza al considerar que Tony la dejó tirada. Pero O’Neil pronto nos deja claro que sólo existe un villano en esta saga y Madame Máscara pronto pasa a ser en una víctima más del maquiavélico juego de Obadiah: el secuestro de los seres más queridos de Tony Stark con el fin de hacer mella en su estado anímico y volver a hundirlo en la miseria. Además de Whitney Frost, completan la lista Bethany Cabe, Mrs. Arbogast, Happy, Pepper y hasta el bebé de Gretl Anders, Timothy, la mujer alcohólica que falleció en los brazos de Tony. A Bethany, por cierto, Obadiah se la queda para sí mismo, mediante lavado de cerebro para que le obedezca como una esclava.

Sin embargo, en su afán de destruir moralmente a Stark, Obadiah provoca justo el efecto contrario. Primero, reconciliando definitivamente a Tony y a Jim, que finalmente hacen frente a las amenazas de Stane en equipo. Y, en segundo lugar, al provocar la desgraciada muerte de Erwin Morley, y con ello encender la chispa que le faltaba a Tony para autoconvencerse de que nunca debió dejar de ser Iron Man.

El número, y la saga, concluyen con la esperada batalla final entre Tony Stark y Obadiah Stane. Una escena final para la que Dennis O’Neil nos tiene preparadas un par de jugosas sorpresas. Por un lado, Obadiah se presenta con una potente armadura a la que bautiza con el nombre de Iron Monger. Por el otro, es el propio Tony quien también estrena armadura. Una variante sensiblemente diferente, que por primera vez prescinde del clásico color dorado. Ahora, el habitual rojo viene acompañado de plateado (en los dibujos viene pintado de blanco, pero entiendo que en realidad es plateado). Es la armadura comúnmente denominada «Transformer«, muy característica de este periodo, aunque no creo que sea especialmente agraciada.

En definitiva, mucho ingrediente, e interesante, para un último tramo de la colección que cierra un largo ciclo argumental. Un ciclo con demasiados oscuros, por cierto.

Es el fin para Obadiah y su imperio, el fin para Circuitos Máximos y un nuevo comienzo para Tony Stark, armadura nueva incluida. Por no hablar de que, por primera vez, tenemos a dos Iron Man oficiales. Y ya veremos qué ocurre con Clytemnestra, Bethany y Madame Máscara. Pero para eso habrá que esperar a la próxima entrega de esta colección.

Conclusión.

Ahora sí, un tomo que incluye una serie de episodios francamente interesantes y muy entretenidos. Más que nada, los correspondientes a la segunda mitad del tomo, porque los de la primera siguen la línea discreta de los dos precedentes.

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rockomic
One comment to “Reseñas: Iron Man: Marvel Gold 10: «Duelo de Hierro» (1985)”
One comment to “Reseñas: Iron Man: Marvel Gold 10: «Duelo de Hierro» (1985)”
  1. No es la etapa de Layton, Michelinie & Romita Jr., pero es una buena etapa …y lamentablemente el vengador de la armadura anda escasito de ellas pese a ser uno de los primeros de la Era Marvel de los cómics y de haber tenido una serie longeva y varios revivals (de hecho tiene lamentablemente lustros enteros infumables). Incluso sin el factor nostalgia (está etapa, al fin y al cabo, es pura «Generación Fórum») hay que valorarla. Buena reseña. Salud y cómics.🤓🖖

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