Turno para una nueva entrega de las aventuras de los Vengadores correspondiente a la era de Roger Stern. Un tomo importante porque significa el inicio de lo que sería la segunda mitad del trayecto del guionista en los Héroes más Poderosos de la Tierra, sin lugar a duda la más brillante e importante en todos los sentidos.
Finalizada la etapa dibujada por Al Milgrom en el volumen precedente, es momento de pegar un vuelco absoluto en el apartado gráfico dando la bienvenida a uno de los más grandes dibujantes que ha dado la editorial Marvel. Me refiero al mismísimo John Buscema, en el que es su segundo ciclo en el título vengador.
Pero antes hay lugar para un pequeño tramo de transición entre dibujantes estables que ocupa la primera mitad del presente tomo. Una minietapa, dibujada al completo por Bob Hall, que estéticamente ya supera en mucho a la de Milgrom. Por fortuna, Hall sigue contando con el entintado de Joe Sinnott en la mayoría de números dibujados.
Cabe apuntar que los Vengadores, al inicio de este volumen, están integrados por la Visión, la Bruja Escarlata, el Capitán América, la Avispa, Zorro Estelar, la Capitana Marvel y Hércules. Bien es cierto que la Avispa se toma unas pequeñas vacaciones, ya en el primer número incluido, para regresar poco más tarde. No se puede decir que Jan abandone realmente la formación y, de hecho, durante varios episodios vivimos sus propias aventuras en paralelo a las de sus propios compañeros. Realmente, Roger Stern es un maestro en la escritura simultánea de dos o más hilos argumentales.
En cualquier caso, las aventuras solistas de la Avispa quedan en un segundo plano respecto a la trama medular de la colección. Se trata de algo así como una maniobra de desconexión de estrés superheroico, que Janet invierte codeándose con la alta sociedad, como heredera millonaria que es. El caso es que sus vacaciones se ven sorprendidas por el asalto de un ratero con poderes místicos llamado Barón Azufre, y por el mercenario que pretende acabar con él. Un mercenario que resulta ser Paladín, un antihéroe que disfruta ya de un puñado de apariciones en diferentes títulos de la casa, con quien Janet parece vivir una fugaz aventura amorosa.
Pero pasemos al hilo central de esta pequeña etapa dibujada por Bob Hall, que no es otro que el referente al caso de la Visión, que finalmente obtiene aquí su desarrollo.
Recordemos que la Visión, ya dos tomos atrás, tuvo que ser conectado a ISAAC, el ordenador central de Titán, para poder recuperar su forma corpórea. Desde entonces, la personalidad del sintozoide ha ido cambiando de forma palpable, haciéndose evidente que Roger Stern nos estaba preparando algo gordo. La cuestión es que ha llegado el momento de desvelar los planes del ahora líder de los Vengadores.
Tras experimentar en sus carnes algunas de las lacras de la sociedad, la Visión llega a la conclusión de que es necesario salvar a la humanidad de sí misma, y la única solución para ello es que dirija la Tierra él mismo.
El plan consiste en entrar en las redes de los organismos de poder mundiales y apropiarse del control armamentístico. Pero para eso necesita quedarse solo en la mansión de los Vengadores, por lo que manda a sus compañeros a diferentes misiones con las que mantenerles distraídos.
Por aquellos tiempos, prácticamente estábamos en el nacimiento de Internet. Apenas se sabía nada de la red informática mundial que iba a cambiar el mundo, pero lo cierto es que Roger Stern ya parece intuir por dónde irán los tiros en esta saga. No sé hasta qué punto se puede decir que Stern introdujo el concepto de ciberespacio en el momento en que vemos a la Visión viajar virtualmente por una supuesta red informática mundial. Un viaje en el que se encuentra con la oposición de un conocido villano virtual, Quasimodo, el ordenador viviente, que yace atrapado en la red interna soviética. En cualquier caso, imagino que Stern se basó principalmente en las redes informáticas de comunicación interna, que ya usaba el departamento de defensa de los EEUU, para diseñar su red cibernética internacional.
La cuestión es que la Visión accede sin oposición a las redes de todo el mundo, desde el Pentágono al Kremlin. Eso, mientras ha enviado a un grupo formado por el Capitán América, Hércules, Zorro Estelar y la Bruja Escarlata a examinar una vieja base dejada por Thanos, y la Capitana Marvel viaja más allá de Plutón a inspeccionar una vieja nave estelar, también de Thanos, llamada Santuario II.
Fijémonos cómo el guionista no hace más que recuperar elementos del Universo creado por Jim Starlin en su saga de Thanos, cosa que cobra sentido por el influjo ejercido por ISAAC en la Visión. Es más, los cuatro Vengadores, en su misión en la base de Thanos, se encuentran con la amenaza de los Hermanos de Sangre, una pareja de villanos igualmente rescatados de la saga de Starlin.
La inesperada llegada del Caballero Negro a la mansión empieza a torcer los planes de la Visión, que pronto ve cómo el resto de los integrantes (excepto la Capitana Marvel) empiezan a sospechar que aquí hay gato encerrado. También el Hombre Maravilla, por su vínculo «familiar» con la Visión, se suma al grupo de oposición al sintozoide.
La Visión retiene, uno a uno, a sus compañeros, situación que da lugar a sendos discursos que poco a poco van haciendo mella en las convicciones del androide. Una serie de razonamientos personalizados, muy bien buscados por parte de Stern.
Sin embargo, considero que es un final de saga algo decepcionante, demasiado inofensivo para lo que se podía esperar. Más, cuando resulta que el origen de todo ello estaba en un cristal de control instalado en la sesera de la Visión por su creador, Ultrón, a través del cual ISAAC contaminaba su mente. La extracción del cristal trae como consecuencia otro cambio de personalidad en la Visión, pero en sentido contrario, hacia un lado más humano.
Con todo, no deja de ser una muy buena saga.
El regreso de John Buscema.
El final de la saga de la Visión fluye con naturalidad –como no podía ser de otra forma estando ahí Roger Stern– hacia nuevas líneas argumentales. Justo en el momento en que se produce el cambio más importante en el equipo de autores, haciendo su entrada como dibujante regular el mismísimo John Buscema. Pero no sólo eso, porque Buscema regresa acompañado de Tom Palmer, el entintador estrella de la era clásica de Marvel, sólo igualado por Joe Sinnott. Creo que ningún otro embellecedor ha sabido sacarles tanto partido a los lápices de Big John. El resultado ya nos podemos imaginar que es técnicamente insuperable, razón de más para elevar lo que queda de etapa Stern a los altares de la Marvel ochentera.
La nueva etapa se inicia abordando las consecuencias de la saga de la Visión. Unas consecuencias de carácter político, más que nada, y es que la pérdida de control de la red informática del Departamento de Defensa americano señala directamente a la Mansión de los Vengadores. A causa de ello, los Vengadores se meten en un problema que nos devuelve a los tiempos de Henry Peter Gyrich, con la diferencia de que Raymond Sikorski, el nuevo enlace con el Consejo de Seguridad Nacional, es mucho más dócil y llevadero. Quizás sea por eso por lo que, un asunto que amenazaba graves consecuencias no pase a mayores.
A decir verdad, de momento en esta etapa no abundan los interludios argumentales extra superheroicos. Además del citado politiqueo, Stern no se olvida de la relación entre los protagonistas y del desarrollo de sus personalidades, pero lejos de cualquier aspaviento.
Lo más reseñable, en este sentido, sería la dimisión de la Visión como presidente de los Vengadores y su posterior abandono del grupo junto a Wanda. Ambos, de camino a su maxiserie.
Luego, está el estreno de nuevo uniforme por parte de Hércules, después de que su clásica indumentaria quedara hecha jirones, y también la entrada del Caballero Negro como nuevo vengador oficial. En este caso concreto, resulta gracioso observar lo perdido que anda Dane Whitman tras pasar largo tiempo en el pasado, en quizás el único aporte de humor por parte de Stern.
Entrando en materia, este inicio de la etapa Stern-Buscema compagina dos líneas argumentales en paralelo. Una de ellas es la que hace referencia a la Capitana Marvel, que sigue perdida en los confines de la Vía Láctea, ajena a todo lo que ha venido ocurriendo en la Tierra. La otra, tiene su origen en la advertencia de una nueva amenaza a la que deben hacer frente los Héroes más Poderosos de la Tierra.
Centrándonos en esta última línea argumental, Stern echa mano aquí de un villano creado unos meses atras por John Byrne para los Cuatro Fantásticos. Se trata de Términus, un gigantesco robot alienígena que ahora se pasea por la Antártida destruyendo todo a su paso. Y ya sabemos que en la Antártida del Universo Marvel es donde se encuentra la Tierra Salvaje, hogar de Ka-Zar y Shanna, y escenario de multitud de aventuras.
La cuestión es que el guionista recupera también el universo creado por Bruce Jones en la ya cancelada serie ochentera de Ka-Zar. Es decir, no sólo la Tierra Salvaje, sino también Pangea, la descomunal jungla adyacente habilitada por los antiguos atlantes como paraiso vacacional. Y Stern la recupera… para arrasarla.
Efectivamente, el paso de Términus por Pangea provoca innumerables cataclismos que significan la destrucción y exterminio de parajes y razas que nutrieron aquella colección, caso de los aereos y su ciudad Shalahn, los lemurianos o el mar de Gorahn.
La sorpresa viene cuando del interior del ya destruido Términus aparece una criatura rechoncha y discapacitada, que al parecer era quien pilotaba la mortífera máquina. Paradojas de la vida, el causante de la matanza de miles de almas no es otra cosa que una débil criatura que apenas puede andar. Un pelín desmesurado todo para tan poco villano, porque la tragedia no es precisamente menor. Estamos hablando, no sólo de la extinción de tribus enteras, sino también del aparente capítulo final para el paraíso tropical oculto en el polo sur. Porque los terremotos provocados por el paso de Términus significan también la destrucción de los volcanes que sustentaban el microclima cálido de Pangea y la Tierra Salvaje. A consecuencia de ello, Ka-Zar y su esposa Shanna (embarazada, por cierto) no tienen más remedio que abandonar su tierra de acogida, convertida ahora en un inhabitable desierto de nieve apenas distinguible de la propia Antártida.
De regreso a casa, es momento de ocuparse de la ya preocupante ausencia de la Capitana Marvel, pero antes hay tiempo para un curioso enlace con otra colección. Y es que los Vengadores cogen el testigo de Spiderman en su lucha con el Señor del Fuego. Una segunda parte de la visita a la Tierra del antiguo heraldo de Galactus, mucho menos interesante que la relatada en el título del Trepamuros. La cosa da para poco más que el relevo a Spiderman y la posterior reprimenda de Hércules a un Señor del Fuego arrepentido. En cualquier caso, la idea sirve para que el llameante alienígena expíe sus pecados acompañando a los Vengadores de camino a su nueva misión: el rescate de la Capitana Marvel. Porque, justo aquí, las dos líneas de guion confluyen.
Pero la trama relativa a la Capitana Marvel ya llevaba un buen trecho, y otro tanto que le falta hasta su conclusión. De hecho, estamos ante una saga tan extensa que ni siquiera cabe en el tomo.
Durante la inspección de la descomunal Santuario II, la integrante cósmica de los Vengadores descubre que no está sola. Un grupo de cuatro variopintos personajes llamados Skunge, Khel, Levan y Gunthar (este último un rigeliano) se presentan delante de la Capitana con dudosas intenciones. Pero eso no es todo, porque todavía falta el plato fuerte, la líder de estos recién llegados: Nebula. La alienígena azul, que hace aquí su primera aparición en el Universo Marvel, confirma que lidera una banda de mercenarios estelares, a los que les iría muy bien sumar a Mónica Rambeau, la Capitana, a sus fuerzas.
El traicionero desplazamiento de la nave a la Galaxia Andrómeda saca a relucir el verdadero objetivo de Nebula y los suyos: apoderarse del Imperio Skrull para conquistar toda la Galaxia. De lo que queda de los skrull, que sobreviven en un planetoide tras, recordemos, haber sido su planeta devorado por Galactus. En realidad, Nebula aprovecha astutamente una guerra civil entre bandos skrull por la supremacía del imperio. Y aquí es donde entra la partida de rescate llegada desde la Tierra, los Vengadores más la suma del Señor del Fuego, que no tienen más remedio que unirse a uno de los frentes skrull para pararle los pies a Nebula.
Pero eso queda para la próxima entrega de esta Biblioteca Marvel, porque la saga queda cortada por la mitad en esta particular fracción por tomos.
Conclusión.
Esto empieza ya a ponerse muy serio. Éste es el tomo que inicia el periodo más importante de la etapa de Roger Stern, y esto no hará más que mejorar.
Todo el volumen está muy bien, pero lo que sobresale es claramente todo lo referente a la saga de Nebula. Una epopeya galáctica de primera división que tiene la suerte de disfrutar de un despliegue gráfico estelar.
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Buena etapa. Reseña bastante acertada.👏👏👏 Salud y cómics.🤓🖖