Coleccionable Spider-Man #1: Tormento

Coleccionable Spider-Man #1

Coleccionable Spider-Man #1

Sin ningún género de dudas, este es el año de los coleccionables. Tanto es así, que la editorial italiana decide aprovechar el estreno de la nueva película de Spiderman para publicar una colección que recopila, en seis tomos, la serie original titulada Spider-Man.

No voy a entrar en si la elección del material es o no adecuada, porque, realmente, lo que a mí me interesa es centrarme en estas historias. Lo que hagan las editoriales son cosa suya, cuantos más tebeos se publiquen mejor, la cuestión es si debemos o no gastarnos el dinero en ellos. Seguramente, tampoco conteste a esa pregunta, ya que la decisión final siempre debe de estar en las manos del hipotético lector de esta humilde reseña. Lo importante es intentar no dejarse llevar por las fobias. Dicho esto, nos sumergimos en los años noventa de la mano de Todd McFarlane.

En este primer tomo tenemos el primer arco argumental, dividido en cinco partes. Para algunos, posiblemente el título sea la forma de advertir al lector de lo que se va a encontrar si decide leerla. Sin embargo, el exitoso dibujante pretendía transmitir una atmósfera de tensión terrorífica, que debía traspasar las viñetas introduciéndose en el lector. Tras la relectura de este tomo, debo confesar que algo de agobio si que transmite, pero quizá por los motivos equivocados.

Sinceramente, lo mejor de todo este tomo se encuentra en el prólogo que escribe Julián M. Clemente. No es por dorarle la píldora, pero consigue muy bien introducirnos en la época y trasladarnos al momento en que se iniciaba la colección. Explica muy bien los motivos comerciales que incitaron a Marvel para dar luz verde al proyecto, resaltando el ego del canadiense, o su vano intento de emular la oscuridad imperante en el universo de Batman, pese a la descarada alusión de la portada.

Spider-Man de McFarlane

Spider-Man de McFarlane

A partir de ahí, comienza un despropósito tras otro. A pesar de haber leído la historia antes, no salgo de mi asombro ante la sencillez de la trama, si es que se puede considerar como tal, o el nulo desarrollo de los personajes. Cabe destacar esa forma de retratar el idílico matrimonio Parker, en el que Mary Jane no solo es modelo, sino que también parece una mujer extraída de la época de los sesenta, cuyo único papel consiste en llorar la ausencia de su marido mientras lucha contra el crimen. Atrás queda esa mujer liberal, de carácter fuerte, intercambiada por una despampanante mujer perfecta para adornar los fondos de la historia. No me extraña que haya quién piense que este matrimonio sea un lastre para el personaje, con seudoguionistas como éste no es para menos. ¿Dónde estará un guionista de nombre impronunciable cuando se le necesita?

Pero en esta pareja, el héroe no se queda atrás. El brillante Peter Parker, da paso a un bobalicón talludito que tuvo la suerte de casarse con una top model, cuya vida va sobre ruedas. Al menos en lo que al aspecto personal se refiere, claro. En su vida superheroica, debe atravesar por una noche tormentosa, sangrienta y llena de oscuridad. En un intento vano por seguir los pasos de grandes autores que reconstruyeron el género en los noventa. Para ello, McFarlane elige a uno de los villanos clásicos, reinventándolo para la ocasión.

El Lagarto se convierte en un asesino despiadado que atemoriza a la ciudad. El autor deshumaniza al personaje, mostrándonos una versión más cercana a Killer Croc, perteneciente a la nutrida galería de villanos de Batman, que al personaje que todos conocemos. No obstante, el autor tiene la respuesta al enigma, utilizando una herramienta muy socorrida: lo sobrenatural. El vudú aterriza en la historia convirtiéndose en el responsable de todo y nada, al mismo tiempo. Quizá esto acabe de explicar el comportamiento del Lagarto, pero nos deja en las sombras de todo lo demás. Bueno, eso tampoco, la revelación del enemigo real de Spiderman, en esta historia, nos conecta con la venganza, obviamente. A pesar de ello, el propio autor quiere confundirnos en el texto final, ya que filosofa sobre el tormento que sufre nuestro protagonista, el cual debe sufrir el ataque injustificado de sus enemigos, sin obtener ninguna respuesta. Por lo tanto, todos los motivos expuestos se contradicen frontalmente con el soliloquio mostrado por el autor de la historia. ¿Quién soy yo para contrariar a McFarlane?

Tormento Parte 3

Tormento Parte 3

Como podemos constatar, el desarrollo de personajes no es el punto fuerte del autor, pero esto no es realmente grave, cuando utiliza de referencia una historia que da la sensación de no haberse leído. Se trata de “La última cacería de Kraven” (Spiderman los imprescindibles #3). Y digo esto, porque utiliza a un personaje en la historia, al cual no voy a mencionar para no estropear la sorpresa a quien no haya leído el tomo, y tenga intención de hacerlo, al cual no solo no nombra, sino que pone alegremente en la boca del protagonista que no sabe quién es. Este personaje, relacionado con el villano del trepamuros, no solo es un viejo conocido de Spiderman, sino que se ha enfrentado a él en varias ocasiones. A esto le unimos la forma que tiene de presionar la psique del arácnido, presentando pruebas más que suficientes para saber los motivos de su ataque. Pero la mente prodigiosa de Peter ha volado…

Trama relativamente absurda, mal desarrollo de los personajes, fallos en la continuidad, ¿entonces, que es lo que hizo que millones de jóvenes se lanzaran por estos tebeos hace casi veinticinco años? La respuesta es el dibujo. El problema radica en que el estilo moderno y anatómicamente incorrecto ya no está de moda. Unos dibujos que chiflaban a toda la chavalería han quedado totalmente desfasados. Las posturas imposibles de Spiderman ya no transmiten esa sensación de espectáculo en movimiento. Ahora todo queda reducido a un contorsionismo imposible y estructuras faciales anodinas. Quizá aún perdura algo de aquella narrativa espectacular. Es decir, si algo no han perdido estos tebeos es su carácter innovador en la composición de las páginas. Aunque este tipo de técnicas las practicaban mucho antes maestros como Jim Steranko o Neal Adams, con mayor sentido que la pura estética. Sin embargo, tengo que reconocer que se mantiene ese halo de estética guay, que podría estar en consonancia con los blockbusters cinematográficos veraniegos. Al fin y al cabo, cumple todas las cualidades perfectas para convertirse en un tebeo para pasar el rato, sin muchas complicaciones. Eso sí, que cada uno decida con que tebeo quiere pasar ese rato.

Finalmente, me gustaría hablar un poco de la edición. Anteriormente, Panini publicó estos números en Spiderman los imprescindibles #2. Esta edición mejora sustancialmente a aquella en varios aspectos. El primero, y significativo, es el precio, pese a que está sujeto a una oferta de lanzamiento, si no fuese así, seguiría valiendo más barato. Pero es que, además, el papel es mucho mejor. Las características del mismo permiten que los colores brillen con toda su viveza y el grosor del tomo sea inferior, por lo que ocupa menos espacio. Incluso al tacto es sensiblemente mejor. Esto, unido a una buena encuadernación y una presentación bastante atractiva, lo convierten en un producto muy cuidado. Mi más sincera enhorabuena a la editorial, aunque yo hubiese preferido que recuperasen otro material, la edición es excelente. Como colofón, para los fans del artista, tenemos un portafolio donde podemos ver portadas pertenecientes a la colección Marvel Tales, realizadas por McFarlane, en las que homenajeaba cubiertas originales y escenas de la serie The Amazing Spider-Man, que se reeditaba en aquella serie. Es absolutamente escalofriante.

Posiblemente, haya espantado a mucha gente con esta reseña, aunque no era mi intención, os lo puedo asegurar. No obstante, pese a haber afrontado una lectura sin ningún tipo de idea preconcebida, salvo con un recuerdo más o menos agradable de la historia, me he encontrado con esto. ¿Es una mala historia? Sinceramente, creo que no, ya que cumple un precepto esencial, que es el de no aburrir al lector. El problema radica en que McFarlane junto a David Michelinie no estaba del todo mal, pero en solitario se encuentra perdido. Se le nota que no tiene ni idea de escribir una historia. Hay cierta confusión en la trama, a pesar de que es más sencilla que el mecanismo de un botijo. Los diálogos están a la altura de lo peor de Fraction y los cuadros de textos incitan a perderte en una lectura que no termina de ser todo lo absorbente que debiera. El desarrollo de la historia es pésimo, y no hay una dirección clara a la que conducir a lector. No aporta absolutamente nada, y si nunca se hubiese publicado nadie se hubiese perdido nada. En definitiva, bienvenidos a los noventa, cerrad la puerta al entrar.

Tormento Parte 1

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