Coleccionable Spider-Man #4: La venganza de los Seis Siniestros

cspp14Tras la despedida, como se merece, de Todd McFarlane, en la anterior entrega, debemos dar la bienvenida a Erik Larsen. Se trata de un autor que seguiría los pasos del canadiense, aunque sus motivos no estarían relacionados con su ego, sino con su cariño hacia los tebeos y sus ganas de hacer pasar un rato divertido con sus ideas. Pero, pese a que le pone muchas ganas, el resultado no dista demasiado de lo que hemos podido “disfrutar” en esta colección desde el inicio. Si bien es cierto que Larsen deja de lado las intenciones de realizar un tebeo pretencioso y oscuro, tenemos un guión ligero en el que todo sucede de forma apresurada, incluso sin demasiado sentido.

Desde el principio, Larsen establece las bases de la que, a la postre, sería su única historia en la serie, donde predominaría por encima de todo la acción a raudales y una cantidad ingente de personajes invitados. De esa forma, durante los seis primeros números de este tomo, se nos presenta el regreso del grupo de villanos liderados por el Dr. Octopus, en lo que parece ser un homenaje a Steve Ditko, sobre todo manteniendo una estética a caballo entre McFarlane y uno de los padres del Universo Marvel. Y es que otra de las características de esta saga es la referencia constante a hechos pasados, acompañado de un vano intento por homenajear a autores como el legendario Gil Kane, utilizando una nueva, y misteriosa, incorporación a la formación primigenia de los Seis Siniestros.

3La década de los noventa se deja notar en todo momento, por lo que vemos viñetas y páginas que buscan, de forma algo fallida, la espectacularidad de los constantes combates. Larsen hace acopio de una mejor técnica que su predecesor, pero su narrativa se vuelve confusa y recargada hasta decir basta. Los escombros, las explosiones y cualquier elemento propio de un blockbuster veraniego distraen al lector de lo que realmente importa: la historia. Pero es que la trama no da para mucho: una historia de venganza truncada; un deseo de conquistar al mundo; una amenaza desproporcionada para estos villanos, que nunca antes fueron considerados un peligro de tal magnitud; y la constante aparición de invitados que no es más que un eco de la, hace tiempo, cancelada Marvel Team-Up. A esto hay que unirle el pésimo tratamiento de la relación matrimonial de Peter, que sigue siendo una excusa para impactar al lector con una Mary Jane desproporcionadamente sexy, y si es en ropa interior mejor. Además, damos un paso atrás en la liberación de la mujer cuando el papel de la pelirroja queda relegado al de una esposa preocupada por su heroico marido, destinada a coser el uniforme de Spiderman. Pero lo realmente curioso es ver como, en plenos noventa, una pareja discute sobre si una actriz debe aceptar un papel si va a salir desnuda. Entiendo la idea, pero queda desfasada y mal planteada, dando como resultado una interpretación vacía de Mary Jane. Una forma triste de atentar contra la esencia de un personaje, que queda claro que nadie comprende en esta serie, ni siquiera lo intentan.

2Quizá lo realmente destacable sea la faceta de dialoguista, ya que Larsen si parece ser capaz de crear simpáticos diálogos entre los personajes, destilando cierta dosis de humor irónico. Aunque también es cierto que cae en el exceso y dota a, prácticamente, todos los personajes de esa característica. Huelga decir que ver al Motorista Fantasma hacer chistes mientras castiga los pecados es algo poco común. Además, la incorporación de este personaje concreto parece albergar la intención de homenajear los Nuevos Cuatro Fantásticos de la etapa de Walter Simonson, al igual que Hulk. También se unirían a la fiesta Sonámbulo, Nova, Solo y la Primera Familia, dejándonos la sensación de un abuso en la utilización del concepto de universo compartido. Sobran páginas y personajes en una historia que no es más que una ensalada de tortas con un sabor típico de aquella década, incluidos grandes pistolones para todos.

1Para concluir tenemos una historia que  acompañó como complemento a dos números de la saga, y que sirve para llevarnos hasta los límites más insospechados de la insatisfacción lectora. Tampoco me extraña cuando miro los créditos y me encuentro a Terry Kavanagh (aquí encajaría perfectamente la sintonía de Psicosis) en los guiones. Por si fuera poco, le acompaña un primigenio Scott McDaniel. Escalofriante es poco…

Con este tándem creativo, sufrimos uno de los enfrenamientos más insustanciales entre Esteban Diablo y Spiderman. Nunca entenderé por qué se acuerdan de nosotros para crear este tipo de personajes. Sea como sea, tenemos un enfrentamiento entre la alquimia y los poderes arácnidos con un resultado que puede aburrir al más pintado. Es obvio que los autores no supieron transformar sus ideas en oro, sino en algo de un color menos brillante y más ajado. La alquimia no es fácil de dominar…

Poco a poco esta colección va llegando a su final, pero nadie parece ser capaz de construir historias con algo de sentido durante poco más de un número. Con tebeos como éste, los noventa se ganaron merecidamente su fama. ¿Veremos en el próximo número la luz al final del túnel?

 

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