El personaje que esta vez nos ocupa, Dazzler, no se puede afirmar que esté inspirada en ningún superhéroe tanto como que es hija de la fiebre disco de finales de los años 70. Ya sabéis, el pop bailable que obtuvo su mayor impulso en la banda sonora de la mítica Saturday Night Fever. De hecho, en principio la idea de la Editorial Marvel fue precisamente la de impulsar la realización de una película del estilo de aquélla, pero con la joven superheroína de protagonista. Una idea que, finalmente, acabó quedándose en la serie mensual de comic-books que empieza a recopilar el tomo que tengo entre manos. Una serie cuyo lanzamiento, a principios de los 80, quedaría ya algo pasado respecto a la época dorada del disco-pop. Es más, las referencias musicales a las que alude Dazzler a lo largo de la colección no son precisamente de bandas del citado movimiento, sino de conocidos grupos de rock.
Dazzler fue presentada en la Patrulla-X de Chris Claremont y John Byrne, siendo este dúo mítico de autores sus creadores. Al poco tiempo nuestra protagonista haría también su aparición como invitada en un episodio del Asombro Spiderman de Marv Wolfman para, a continuación, y de forma inesperada, iniciar ésta, su aventura en solitario.
Los mencionados episodios de la Patrulla-X y de Spiderman son los que abren esta primera entrega en tomos de la crónica de la mutante luminosa, pero vayamos directamente a la serie propia, que es lo que nos interesa.
Tom DeFalco, uno de los guionistas más prolíficos de los 80 en Marvel, es el hombre elegido para escribir la colección, mientras que John Romita Jr. se ocupa del dibujo a lápiz, de modo que, al menos de entrada, Dazzler cuenta con un equipo creativo bastante potente.
DeFalco inicia su aventura empezando por contarnos el origen de Alison Blaire, y lo hace dentro del pertinente flashback salido de los recuerdos de la protagonista. Blaire es una joven cuyo sueño es convertirse en una artista, cantante para más señas. Hasta aquí, el argumento parecería más propio de una serie romántica de superación personal, si no fuera por la particularidad de que Alison posee superpoderes de origen mutante. Un poder que le permite transmutar el sonido (la música) en luz cegadora, resultando en un efecto, claro está, parecido al de una discoteca.
Siendo más concretos, Alison es una niña cuyo sueño de ser cantante se encuentra con la oposición de un padre estricto e intolerante que considera inaceptables las aspiraciones de su hija. Hasta que un buen día la joven descubre asustada sus capacidades mutantes en el transcurso de un concurso universitario. Ciertamente, una historia llena de tópicos y recursos de guion usados centenares de veces.
Hechas las presentaciones, DeFalco y Romita Jr. no se están de atestar la primera línea argumental de primeros espadas de la casa con los que atraer lectores a la causa por medio del escaparate de las portadas. Los elegidos no son otros que Spiderman, la Patrulla-X, los Vengadores y los Cuatro Fantásticos que, entre unos y otros, se pasan la nota referente al debut en escena de una reluciente nueva estrella del pop. Como curiosidad, la Bestia es quien da aviso a Dazzler para la audición para nueva cantante en el concierto que centra la historia. De este modo, DeFalco pone aquí la simbólica primera piedra de lo que tiempo más tarde de traduciría en la Limited Series «La Bella y la Bestia«.
El caso es que el cúmulo de superhéroes acaba formando equipo con Dazzler para derrotar a la villana de turno y a su horda de demonios transdimensionales. Una supervillana que no es otra que la Encantadora, la asgardiana, que no se está de invocar maldades con el fin de boicotear la actuación de Dazzler.
Pese a lo cogido con pinzas que resulta la participación de la Encantadora y al tono un tanto inocentón de la historia, lo cierto es que el buen humor que destila, sumado al espléndido dibujo de Romita Jr., hacen de ésta una historia bastante disfrutable.
Algo parecido ocurre con la segunda línea argumental, donde nuestra heroína se las ve con el mismísimo Doctor Muerte. Una aventura pura y dura en la que el déspota monarca se sirve de Dazzler para recuperar una de las poderosas gemas e Merlín de los dominios del villano Pesadilla. Otra entretenida y disfrutable historia a pesar de la pronta marcha de Romita Jr., quien sólo participa en el primero de los dos números que forman la aventura. Su sustituto, ya para lo que resta de tomo, es Frank Springer, habitual entintador aquí metido a labores de dibujante principal.
Es a partir de este punto cuando el porcentaje de contenido extrasuperheroico empieza a incrementarse. No en vano, DeFalco ha ido creando un elenco de personajes secundarios extrañamente extenso para un título que acaba de alzar el vuelo. Por un lado, está el sector familiar, formado por el padre y la abuela de Alison, Carter y Bella Blaire, respectivamente. Por el otro, el laboral, formado por el promotor de espectáculos y representante de Dazzler, Harry Osgood, su guardaespaldas Lance Steele y su secretaria Cassandra Ferlenghetti. La suma del Doctor Paul Hansen, que ocupa el plano amoroso, y de los tres compañeros de la banda pop-rock de Dazzler, completa la lista. Todos ellos, ciertamente, construidos desde modelos de personalidad más que manidos.
Las subsiguientes tramas tampoco es que sean lo que se dice interesantes. Empezamos con la presentación de Escudo Azul, un justiciero que clama venganza contra un mafioso. Un episodio francamente malo en base a diálogos propios de telefilme barato y un dibujo de Frank Springer en consonancia. Un dibujo que incluso acabará empeorando con la entrada de Vince Colletta como entintador estable.
El siguiente invitado no es otro que Hulk. El gigante verde, totalmente fuera de control, siembra el terror en un recital universitario de Dazzler y su banda mientras ésta intenta detenerlo. Siguen, pues, los invitados de lujo en muchas de las tramas. Invitados que poco pueden hacer ante episodios que empiezan a ser vergonzantes, como es el caso.
Tampoco arregla las cosas la entrada de Danny Fingeroth como guionista en sustitución de Tom DeFalco. En realidad, DeFalco se queda varios números como argumentista, para luego ceder definitivamente el puesto a Fingeroth.
En cualquier caso, sea DeFalco o Fingeroth, la colección ha pasado a ser un cómic de género costumbrista en base de tramas de corte romántico y ocupacional en la carrera de Dazzler como cantante. Eso mientras la protagonista requiere de sus poderes para solucionar el conflicto de turno.
Siguen los invitados, ahora con la recuperación de unos viejos conocidos de Spiderman, los Forzadores. El trío de granujas es contratado por Techmaster, un tipo desfigurado y con manos mecánicas, para liquidar a Osgood. El villano, antigua mano derecha de Osgood, responsabiliza al representante de Dazzler de las lesiones que lo convirtieron en el monstruo que es.
Por fortuna, la colección descansa durante unos pocos números del culebrón urbanita para trasladar a Dazzler a un par de escenarios más propios de un cómic de superhéroes. Eso no significa que las líneas argumentales vayan a mucho mejor, que será que no.
En primer lugar, Alison es trasladada al Proyecto PEGASO, donde es recibida por Quasar. La razón no es otra que someter a estudio sus habilidades mutantes, hasta que la cosa se complica cuando Dazzler es engañada de la forma más tonta por uno de los reclusos, Klaw, el amo del sonido. Todo ello para que Dazzler acabe absorbiendo accidentalmente todo el poder del villano, incrementando así su propio superpoder hasta niveles de riesgo extremo.
Y, a continuación, hace su aparición otro clásico villano de los Cuatro Fantásticos, el mismísimo Galactus. Los nuevos superpoderes de Dazzler llegan a oídos del gigante cósmico, siendo seleccionada para un viaje a través de un agujero negro a la captura del traidor Terrax, el antiguo heraldo de Galactus. Nada que no hayamos visto anteriormente. El enésimo signo de clemencia por parte de Galactus, está vez provocado por su sirviente androide, más una decente batalla cósmica de Dazzler contra Terrax. Algo más interesante que lo leído anteriormente, más que nada por librarnos durante un rato de la ristra de aburridas dificultades mundanas de Alison y su entorno. En cualquier caso, entre la vena moralizante que destila la historia y la simpleza de los diálogos, la cosa se echa bastante a perder.
Los episodios que cierran el tomo vuelven a las andadas. Primero con el regreso de Techmaster en otra floja línea argumental. Un episodio en el que, para nuestra desgracia, la telenovela romántica de intensifica. Pero la sorpresa viene cuando, de golpe y porrazo, la relación entre Alison y Paul termina en ruptura, en una escena que difícilmente podría ser más anticlimática. Por desgracia, al mismo tiempo Danny Fingeroth amenaza con el inicio de un nuevo culebrón, ahora con la figura de la fallecida madre de Alison en el centro.
El número que cierra el tomo también es para dar de comer aparte. Fingeroth se saca de la manga la detención de Dazzler, por parte de las autoridades, bajo acusación por el asesinato de Klaw. De este modo, Alison ingresa en la prisión de Ryker especial para supervillanos, lugar donde es retenida por el grupo de supervillanas conocido como las Luchadoras (Titania, Maciza, Leta y Mimí Aulladora) que pretenden organizar su particular juicio a la joven. Desde las razones del encarcelamiento de Dazzler hasta la lucha entre féminas, es todo tan un sinsentido y está tan fuera de lógica, que hasta resulta increíble que pueda ser. El absurdo juicio final a la pobre Alison tampoco se queda muy atrás.
La historia también sirve para que haga su entrada en la colección un nuevo personaje de apoyo, el abogado Kenneth Barnett.
Conclusión.
Iniciamos esta recopilación en tomos de la colección protagonizada por Dazzler con una primera entrega en la que se puede afirmar que lo único que merece la pena son los dos primeros arcos argumentales.
Porque lo que es el resto del volumen, se mueve entre lo flojo y lo rematadamente malo.
Veremos hacia donde se dirige el título en las siguientes entregas.
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