Cualquiera que haya seguido la crónica mutante de Chris Claremont, dentro de la colección vertebral, la de la Patrulla-X, habrá notado cómo, en plena etapa dibujada por John Romita Jr., Lobezno y Kitty Pryde se ausentan durante un puñado de números. La explicación está en esta serie limitada que me dispongo a reseñar. Una serie que encaja perfectamente en dicho hueco y que debería ser de obligada lectura si no queremos perdernos ningún capítulo indispensable del minucioso culebrón claremontiano.
En realidad, la miniserie acostumbra a venir integrada de los tomos cronológicos de la Patrulla-X, pero al tratarse de un título aparte, dispone aquí de su propia reseña.
Curiosamente, Kitty Pryde and Wolverine es la primera Limited Series que se sale de la norma de los cuatro números, puesto que consta de seis comic-books. Seis números en los que el guionista se acompaña del dibujante Al Milgrom. Un Milgrom que se trabaja todo el apartado gráfico él solito, incluso sin necesidad de contar con un entintador externo.
Kitty Pryde y Lobezno, viene a ser una segunda parte de la primera Marvel Limited Series de Lobezno, la que se conoce por el título «Honor», en la que Chris Claremont se valió del arte de Frank Miller. Sin embargo, pese a que ambas comparten escenario y temática, la historia de la que nos ocupa no es una continuación de aquella, sino que parte de una nueva premisa.
Lo que es evidente es que Milgrom echa la vista atrás para modificar su habitual estilo de modo que se asemeje al de Miller. Y bueno, el resultado queda lejos del de aquél, pero tampoco me parece un mal trabajo, ni mucho menos. Creo que es un Milgrom bastante digno, no a nivel técnico, porque estéticamente es más de lo mismo de siempre, pero sí en el plano narrativo, donde el dibujante da bastante el pego.
La premisa cuenta cómo Kitty viaja al País del Sol Naciente al rescate de su padre. Carmen Pryde (así se llama el padre), propietario de una entidad bancaria, es obligado a viajar a Tokio en pro de ultimar la adquisición de su negocio por una oscura corporación. En realidad, una organización yakuza liderada por Heiji Shigematsu que pretende usar el banco de Pryde como blanqueador de sus operaciones turbias. Kitty no se lo piensa y se las apaña para desplazarse de incognito a Tokio. Tras meterse en un sinfín de líos, la mutante es capturada por Ogun, uno de los «secuestradores» y supuesto colaborador de Shigematsu.
Sin embargo, toda esta premisa resulta ser un juego del despiste por parte de Claremont, porque todo el asunto del banco pasa a un segundo plano, siendo Ogun quien se hace dueño de la función. Y es que el objetivo del villano no era Carmen Pryde, sino la propia Kitty. La incorporación de Lobezno al reparto pone definitivamente las cartas sobre la mesa del eje argumental.
A partir de aquí, la historia es puro Claremont.
El guionista pone el foco en la relación entre Kitty y Logan, una relación que tiene en esta serie un punto culminante. No sólo eso, sino que la trama también nos descubre capítulos del pasado de Lobezno hasta ahora desconocidos.
Ogun, que resulta ser un ninja, se apodera de la voluntad de Kitty mediante la administración de una droga. El villano quiere convertir a la chica en su nuevo pupilo, en su nueva asesina, y eso es algo que Logan conoce muy bien. Ogun fue el maestro de Lobezno, su sensei, el hombre al que le debe todo lo que sabe en el arte de la lucha, pero ahora debe rescatar a su amiga de las garras de su antiguo instructor. Para ello contará con la ayuda de su amiga Yukio, la ronin que Lobezno conoció precisamente en la primera Limited Series, la de Claremont y Frank Miller.
No terminan aquí las referencias a aquella miniserie, porque la escena final de la saga tiene lugar en la mansión Yashida de Mariko, la amada de Logan. Hogar también ahora de Amiko, la niña que la pareja tiene bajo tutela tras quedar huérfana en la reciente aventura de la Patrulla-X en Japón.
Lobezno se ocupa de librar a Kitty de la influencia de Ogun, en un proceso que desemboca en el paso a la madurez de la joven. Una Kitty, todavía afectada por la ruptura sentimental con Coloso, que necesita encontrarse a sí misma y dar un paso adelante en su crecimiento. Un proceso que se pone de manifiesto en dos determinaciones de la joven mutante. Primero, haciendo gala de una gran fuerza de voluntad para librarse del influjo de Ogun, y segundo, aceptando que sólo se librará del ninja para siempre si es ella misma quien le hace frente. Un paso a una personalidad más adulta de Kitty que, además, viene simbolizado por su nueva imagen, con el pelo corto, y por un cambio de identidad. Porqué justo aquí es donde Kitty adopta el alias de Gatasombra.
En cuanto a su relación con Lobezno, ésta se estrechará pasando el canadiense a ser una figura paternal para ella, en la línea de lo que ya significa Ororo para Kitty.
En definitiva, materia jugosa a incorporar al culebrón mutante de Claremont.
Conclusión.
Una estupenda serie que se resume en un importante avance en el desarrollo de los personajes, como parte de una historia muy bien tramada por Claremont.
Si bien no está entre los trabajos más destacables del guionista, en lo que se refiere a la continuidad de la crónica mutante ésta es una serie infaltable.
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