A mediados de los 80 los Vengadores eran un supergrupo que había acumulado tal cantidad de integrantes a lo largo su historia, que su única colección había pasado a ser insuficiente. Supongo que ésta fue una de las principales razones para crear una segunda delegación del grupo.
El caso es que fue en la colección de siempre de los Héroes más Poderosos de la Tierra, donde Roger Stern nos avisaba de que algo nuevo se estaba cocinando. Y lo hacía desde el momento en que la Visión propone la creación de un grupo filial para los Vengadores que vendría a solucionar el problema de la limitación de plazas a los seis miembros estipulados. Y más, incluso, cuando vemos a Ojo de Halcón y su recién estrenada esposa, Pájaro Burlón, pasearse por esas mismas páginas buscando «pisito» en Los Ángeles con el que empezar a montar el chiringuito para el nuevo grupo. Aunque, puestos a enumerar embriones del nuevo grupo, yo no me olvidaría de la Limited Series de Ojo de Halcón, donde precisamente Clint conoce y contrae matrimonio con Pájaro Burlón.
La serie limitada.
La cuestión es que los nuevos Vengadores vienen para cubrir la mitad oeste de los EEUU, quedando su sede instalada en la ciudad de Los Ángeles. Un grupo que se estrena en otra Marvel Limited Series de cuatro números bajo la batuta del propio Roger Stern, guionista de los Vengadores. El apartado gráfico, por su parte, corre a cargo de Bob Hall, mientras que Brett Breeding se encarga del entintado. Los Vengadores Costa Oeste ya son una realidad.
La acción se sitúa justo tras la elección del cuartel para el nuevo grupo por parte de los, de momento, dos únicos integrantes, de modo que ya sólo falta completar la alineación hasta los seis acordados. Los únicos nombres disponibles parecen ser los del Hombre Maravilla, Tigra y Iron Man, que se presentan en la nueva sede tras la pertinente llamada a filas. Nombres no muy halagüeños, y no por sus capacidades superheroicas, sino por circunstancias personales de cada uno de ellos. Y es que Tigra cabe recordar que dejó los Vengadores porque se sentía inferior a sus compañeros y, por tanto, poco capacitada para estar en un supergrupo. La armadura de Iron Man, por su parte, no está en manos de su portador original, sino de un Jim Rhodes poco experimentado y que, de hecho, nunca ha sido vengador. En lo referente al Hombre Maravilla, también pasa por problemas de salud mental. Concretamente, tiene pavor a la muerte desde que ya pasara por ella en aquella recordada aventura de los Vengadores con la que se estrenó en el Universo Marvel.
Por otro lado, Ojo de Halcón ya hace tiempo que ha dejado atrás sus años de inmadurez y rebeldía, pero su experiencia liderando un supergrupo es nula, mientras que Pájaro Burlón acaba de aterrizar en el mundo de los superhéroes y, como su marido, tampoco dispone de superpoderes. Sin embargo, ese es precisamente el valor de esta colección, el factor diferencial respecto a la serie madre, el desorden y la espontaneidad que llevará a los integrantes a tener sus diferencias, pero siempre desde un planteamiento inofensivo y divertido.
Otro problema está en la difícil búsqueda del sexto miembro del grupo, un recurso argumental que empieza a dar mucho juego ya en esta primera miniserie. El primer nombre que Stern pone sobre la mesa es el del Mortaja, a quien los cinco vengadores inicialmente confunden con una amenaza. El superhéroe ciego en ningún momento tiene intención de convertirse en vengador, pero acaba ayudando al grupo frente a la amenaza central. Una amenaza que tiene dos caras. En primera instancia, Stern y Hall nos presentan a la Nada, un tipo corriente a quien, por casualidad, llegó a sus manos un invento capaz de crear un campo de fuerza invulnerable alrededor de su cuerpo. Un campo que le permite asaltar bancos sin ningún riesgo a ser dañado ni reconocido. Pero resulta que el aparatejo lleva incluida una sorpresa, y es que en su interior tenía encerrado a un viejo conocido de los Vengadores, Gravitón.
La irrupción de Gravitón pone, así, a prueba al nuevo grupo en su primera gran misión. Una buena historia de acción superheroica, destacando una batalla final de alto voltaje, que también hace las veces de punto confluyente y de colegueo entre los integrantes del grupo. Porque el punto fuerte, que ya Roger Stern viene a señalarnos, de esta serie de nuevas aventuras está más en la psicología personal de sus integrantes y en las dificultades a nivel colectivo. Quizás una reminiscencia de aquellos primeros Vengadores de Roy Thomas tras la primera entrada en el grupo de Ojo de Halcón, Mercurio y la Bruja Escarlata. Una etapa que centraba su interés en las riñas, infantiles en muchas ocasiones, entre sus integrantes, aunque en el caso que nos ocupa éstas están mejor llevadas por Stern.
De este modo, Tigra y el Hombre Maravilla siguen siendo un mar de dudas respecto a sus capacidades y miedos, al tiempo que Ojo de Halcón se muestra contrariado cuando descubre que quién viste la armadura de Iron Man no es quien él se imaginaba. Tigra, por cierto, descubrimos aquí que disfruta de una sorprendente capacidad, la de cambiar totalmente su aspecto para así hacerse pasar por una otra mujer.
En resumen, una miniserie entretenida sin más pretensiones, que sienta las bases para el futuro editorial del grupo.
La serie regular.
La buena acogida de la serie limitada pronto movería la maquinaria para una serie regular de los Vengadores Costa Oeste. Unos meses más tarde la nueva colección ya es un hecho, pero esta vez sin la participación de su creador Roger Stern. Steve Englehart es el hombre sobre quien recae la tarea de capitanear el barco, mientras que en el apartado gráfico también hay cambio, siendo Al Milgrom el elegido.
Pero lo más sorprendente es la forma cómo Englehart da inicio a la colección. Calificaría de insólito que la colección se inicie con un crossover con otra colección que precisamente se empezaba a publicar al mismo tiempo. Me refiero a la maxiserie de la Visión y la Bruja Escarlata, también guionizada por Steve Englehart, colección que, como digo, se estrenaba el mismo mes que Vengadores Costa Oeste.
A lo largo de estos meses de intervalo entre la serie limitada y el regreso en forma de colección regular, obviamente, en el Universo Marvel han seguido ocurriendo cosas. Una de ellas ha sido el regreso de Tony Stark a su condición de superhéroe acorazado. De modo que ésta es la principal novedad con la que nos encontramos en este nuevo título de los Vengadores de la costa del Pacífico, el cambio de identidad civil, que no superheroica, de uno de sus integrantes.
Precisamente, Englehart decide tomar el hilo del anual número 7 de Iron Man para desarrollar el primer ciclo argumental de la colección. En el citado anual que, por cierto, viene incluido en el tomo, Iron Man contaba con la ayuda de sus ya compañeros de grupo para reducir al villano de turno. Villano que no es otro que Goliat, pero la tercera versión del mismo, cuya identidad civil es la de un viejo conocido de los Vengadores, el villano Erik Josten (anteriormente conocido como el Contrabandista y anteriormente por el nombre de Power Man).
El caso es que Englehart se trae al nuevo Goliat para, a continuación, hacer lo propio con Hank Pym, Ultrón y el Segador. Si a ellos le añadimos al Hombre Maravilla y a la ya comentada participación de la Visión en la trama, nos da como resultado la suma al completo de una de las sagas familiares más clásicas y variopintas del Universo Marvel. La iniciada por Hank Pym cuando construyó a Ultrón, y posteriormente continuada por el propio Ultrón cuando dio vida a la Visión usando las pautas mentales del Hombre Maravilla, a su vez, hermano del Segador. No sólo eso, sino que Englehart también es capaz de reunir a los tres nombres que han asumido la identidad de Goliat, el original Hank Pym, el actual Erik Josten y el propio Clint Barton que, recordemos, también tomo esa identidad durante un periodo de su trayectoria. No cabe duda de que Steve Englehart es un crack en la elección de ingredientes irresistibles para el fandom.
El guionista aprovecha la saga para rememorar el origen y descubrir parte del pasado de todos los miembros del extraño clan familiar en una serie de flashbacks que dan mayor colorido a la historia. Además, el grupo de villanos lo es como parte de la Legión Letal, el ya conocido supergrupo liderado por el propio Segador, que para la ocasión forman el Hombre-Simio, Nekra, Garra Negra, y los mencionados Goliat y Ultrón.
El plan del Segador viene a ser el habitual, recuperar a su verdadero hermano y destruir a lo que él considera aberraciones de Simon Williams: la Visión y el Hombre Maravilla. Sin embargo, el villano va un paso más allá, y es que su idea es extraer la conciencia pura de su hermano Simon, la no contaminada, del cerebro de ambos para luego implantarla en el cuerpo de una especie de muerto viviente, de un zombi debidamente retocado estéticamente para que parezca un calco de Simon Williams. Y el plan de Ultrón, por su parte, tampoco difiere del habitual, la destrucción de Hank y la Visión, «padre» e «hijo», respectivamente.
La saga no puede evitar ser pueril en su desarrollo y en la calidad de sus diálogos, pero no se puede negar que resulta entretenida, por momentos emocionante, y que cuenta con un final dramático, aunque también ideas muy discutibles en las formas como la estampa de Simon y la Visión convertidos en hermanitos del alma. Un Englehart de manual, vaya.
En lo referente al apartado gráfico, ya vamos asumiendo lo que nos espera. Un Al Milgrom correcto en lo narrativo, pero técnicamente muy deficiente. La fortuna hace que en la mayoría de números incluidos en este volumen Al Milgrom cuente con el entintado de Joe Sinnott, que hace lo que puede para hacer más vistosos los trazos del dibujante. Porque cuando son otros nombres los encargados de entintar a Milgrom los resultados son bastante desastrosos. Eso sí, peor, incluso, están las cosas en la maxiserie de la Visión y la Bruja Escarlata, donde Englehart se acompaña del muy flojo ilustrador Richard Howell. Por suerte, tan sólo los dos primeros números de esta serie forman parte del crossover con los Vengadores Costa Oeste.
Si algo queda confirmado en este primer ciclo argumental es que Englehart toma el testigo de Stern en cuanto a que todo gire en torno a la personalidad y trato entre sus componentes, pero llevado incluso más allá, derivando en un culebrón en toda regla. Sin embargo, el guionista utiliza básicamente los bocadillos de pensamiento de los diferentes protagonistas para desarrollar y describir lo que piensan unos de otros, quedando a menudo una impresión de falsa interactuación.
En cualquier caso, Tigra sobresale como el integrante que más incómodo se siente dentro del grupo. La personalidad felina de Greer parece pasar por encima de la humana, entrando en una vorágine de complejo de inferioridad, de intransigencia y de sensualidad desbocada hasta llegar a la promiscuidad con sus compañeros de grupo. El caso desemboca en un puntual encontronazo con Kraven, el cazador, que ayuda a reflexionar a nuestra gatita.
Pero si alguien parece elegido para ese fin culebronesco ese es Hank Pym. El que fuera vengador fundador no se presenta con una simple tarjeta de invitado, sino que su incorporación a la colección es de carácter fijo. Hank pasa a ser una especie de supervisor del funcionamiento de la base-complejo de los Vengadores Costa Oeste. Y bueno, teniendo en cuenta el currículum del personaje, una pieza que promete aportar mucho en el apartado más folletinesco.
Otra cuestión es la relativa a la búsqueda del dichoso sexto miembro del grupo. Algo aparentemente trivial que, sin embargo, nos ofrece algunos de los momentos más divertidos de esta etapa. De hecho, la otra gran saga de esta etapa incluida aquí, la última del tomo, se origina, en parte, en esa búsqueda del sexto miembro. Es el momento en el que entra en juego la Cosa, circunstancialmente fuera de los Cuatro Fantásticos y huérfano de grupo, para regalarnos una serie de gags muy graciosos junto a Ojo de Halcón. Y no sólo eso, porque entrando en el mismo juego, pero en sentido contrario, también está el otro personaje invitado, Ave de Fuego, una superheroína de origen mexicano aparecida anteriormente en la colección de Hulk.
La saga es todavía más loca que la anterior, pero también más divertida. Un ciclo argumental consistente en dos hilos argumentales que acaban confluyendo. Por un lado, la irrupción de un nuevo villano, Pandemónium, que parece tener connotaciones demoníacas. Por el otro, el creciente dominio que la mitad felina está ejerciendo sobre Tigra. Todo ello desemboca en el viaje de una parte de nuestros protagonistas, más la Cosa y Ave de Fuego, al mundo gato, a la llamada Tierra Interior situada, supuestamente, en otra dimensión. A resultas de ello, Englehart vuelve a rebuscar en la hemeroteca marveliana para insertar una serie de flashbacks que hacen referencia a un puñado de títulos menores de los 70, concretamente las colecciones de la Gata, el Hombre Lobo, Tigra y Morbius. De hecho, el doctor Michael Morbius y el Hombre Lobo (Jack Russell), también participan en la historia. Colecciones de las que el guionista extrae diferentes ideas con las que construye un puzle argumental que acaba siendo divertido de tan disparatado.
Pero no todos los protagonistas viajan a la Tierra Interior, por lo que el ciclo da para desarrollar otro hilo en paralelo. Por un lado, el Hombre Maravilla pide permiso para irse a actuar en una película, cosa ya de por sí inusual, lo que da para unas buenas dosis de humor. Por el otro, Hank Pym vuelve a cruzarse con Ultrón, proponiéndole, éste último, hacer las paces y pasar a ser el encantador hijo que todo padre desearía. ¡Y Pym acepta! Cuando creíamos que la cosa no podía ir en serio, aparece un Ultrón malvado, el anterior (Ultrón-11), para rendir cuentas con Hank y confirmar las bondades de su sucesor (Ultrón-12). La historia termina con la delirante imagen de Hank Pym llorando la muerte de Ultrón-12.
La trama es de lo más descabellada, pero al menos nos deja los divertidos interludios sobre cómo Ultrón-11 llega hasta aquí. Y es que éste no es otro que una reconstrucción a partir de la cabeza de Ultrón que Ben Grimm se trajo del planeta de las Secret Wars.
Ya fuera del título madre, el tomo también incluye tres números sin incidencia real en las tramas de la colección. El mencionado anual de Iron Man y el número 250 de los Vengadores, que relata el primer team-up entre las dos formaciones de Vengadores, ya son objeto de análisis en las correspondientes reseñas de los tomos pertinentes.
Diferente es el caso del otro cómic incluido. Se trata del único número aparecido de lo que supuestamente iba a ser la primera colección del Hombre Maravilla. Un número que hasta ahora permanecía inédito en castellano.
David Michelinie y Kerry Gammill se ocupan de realizar un episodio que se sitúa en un tiempo anterior, pese a ser publicado en plena etapa Englehart de los Vengadores Costa Oeste. El propio Michelinie ya se había encargado de guionizar la, hasta el momento, única aventura solista del Hombre Maravilla, la que se publicó en la cabecera Marvel Premiere. Para la ocasión, el guionista escribe un episodio en clave de comedia que, sin embargo, discurre sobre un hilo conductor dramático. Concretamente sobre el miedo a morir de Simon y sobre cómo ello condiciona sus acciones.
Dos episodios tienen lugar a lo largo de este número doble. En el primero, Simon pasa a trabajar para la Cordco, donde un torpe científico pone en aprietos a la compañía al abrir un portal hacia otra dimensión. En el segundo, el Hombre Maravilla es reclamado por los Vengadores para solucionar un conflicto originado por el Hombre de Arena en el centro médico en el que está siendo tratado del cáncer que padece. Un número francamente divertido, en su conjunto, y muy bien dibujado por Kerry Gammill.
Conclusión.
En resumen, un volumen que da lo que promete. Aventuras entretenidas, tanto en la Limited como en la serie regular. Historias que sufren los delirios e idas de olla de Englehart, pero que, por esa misma razón, nos resultan divertidas. Eso sí, el apartado gráfico es bastante mejorable.
Buen tomo.
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